Colección Hojas Mutisianas Diego Jaramillo Cuartas, CJM Vegetal 7. Ecología Diego Jaramillo Cuartas, CJM Ecología Vegetal Jaramillo Cuartas, Diego Ecología Vegetal / Diego Jaramillo Cuartas (autor). Bogotá: Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO, ©2024. 50 páginas. Colección Hojas Mutisianas ISBN: 978-958-763-726-7 (digital) ISBN: 978-958-763-725-0 (impreso) 1.Naturaleza -- Aspectos religiosos -- Colombia 2.Reforestación -- Aspectos sociales -- Colombia 3. Ecología humana -- Cristianismo 4.Protección del medio ambiente -- Aspectos religiosos 4.Conservación de los recursos naturales -- Aspectos religiosos. CDD: 261.88 J371 BRGH Registro Catálogo UNIMINUTO No. 107347 Archivo descargable en MARC a través del link: https://tinyurl.com/bib107347 Título: Ecología Vegetal Autor: Diego Jaramillo Cuartas, CJM Coordinación de la obra: Leonidas López Herrán Subdirectora Centro Editorial: Pilar Montoya Chacón Diseño y diagramación: Andrea Sarmiento Bohórquez Imagen de portada: Begonia ferruginea. L.f Jord, bot. Madrid: 2078 Villaorriel LAM. 43. Proyecto de digitalización de los dibujos de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), dirigida por José Celestino Mutis: www.rjb.csic.es/icones/mutis. Real Jardín Botánico-CSIC. Colección Hojas Mutisianas: ISBN digital Volumen: 978-958-763-726-7 ISBN impreso Volumen: 978-958-763-725-0 Primera edición: Junio de 2024, Bogotá, D.C. Impreso: Editorial Minuto de Dios Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO Calle 81B No. 72B - 70 Teléfono (571) 291 6520, extensión 6012 Bogotá, D.C. Comisión Mutis y la Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO. Todos los documentos publicados en este libro Ecología Vegetal fueron seleccionados de acuerdo con los criterios de calidad editorial establecidos en la Comisión y en la Institución. El libro está protegido por el Registro de propiedad intelectual. Se autoriza su reproducción total o parcial en cualquier medio, incluido electrónico, con la condición de ser citada clara y completamente la fuente, siempre y cuando las copias no sean usadas para fines comerciales, tal como se precisa en la Licencia Creative Commons Atribución – No comercial – Sin Derivar que acoge UNIMINUTO y la Comisión Mutis. Diego Jaramillo Cuartas, CJM Ecología Vegetal Presidente del Consejo de Fundadores Padre Diego Jaramillo Cuartas, CJM Rector General Padre Harold Castilla Devoz, CJM Vicerrectora general académica y de Asuntos Estudiantiles Stéphanie Lavaux Presidente Padre Diego Jaramillo Cuartas, CJM Asesor Académico Alberto Gómez Gutiérrez Secretario Leonidas López Herrán 5 Tabla de Contenido Seamos ecólogos ............................................................................7 Sembrar árboles............................................................................13 Reverdecer a Colombia...............................................................17 Cantos al árbol..............................................................................19 El Señor Jesús y las plantas.........................................................27 Cristo, árbol de vida....................................................................31 La Iglesia es un jardín..................................................................35 El fruto del Espíritu.....................................................................37 Los árboles estériles.....................................................................41 La ecología en el magisterio pontificio.....................................43 La ecología en el magisterio episcopal latinoamericano........49 Este libro es una invitación al cuidado de la tierra, desde la comprensión de la Ecología como cuidado de la casa común; como lo dice el padre Diego Jaramillo, CJM en las páginas de esta obra “el amor con que tratamos a toda la Creación y el deseo de conocer y proteger los diversos elementos de la naturaleza, así sean inanimados, como los gases de la atmósfera o los minerales que pueda haber en los astros, en la corteza terrestre o en el agua de nuestras nubes, mares o ríos. Pero también se encuentran en nuestro hábitat terreno, multitud de seres vivos, en una increíble biodiversidad de vegetales y animales y, por supuesto, la hermosa familia humana, y de todos ellos también nos hemos de ocupar”. 7 Seamos ecólogos Seamos ecólogos El ser humano está invitado a cuidar la Tierra y la biodiversidad que hay en ella: microorganismos, vegetales, animales, seres humanos. Pero también los seres inanimados que nos acompañan: el aire, el agua, los minerales. Todos ellos configuran el universo, la bella creación que brotó del querer divino, cuando Dios dijo: “Hágase”. Desde hace siglo y medio se viene aludiendo a esa toma de conciencia a la que denominamos “ecología”, palabra que alude al respeto, interés y cuidado que debemos tener por nuestra casa común, la Tierra, y los seres que en ella nos rodean. La palabra “ecología” apareció por vez primera en la obra Morfología General de los Organismos, en el año de 1866. Con ese neologismo se alude al cuidado de la naturaleza, designada como Casa Común de la humanidad. 8 Ecología Vegetal Su autor fue el científico alemán Ernesto Haeckel, quien la definió como la ciencia del conjunto de las relaciones de los organismos vivos con el mundo exterior ambiental. La palabra se fue difundiendo en el ámbito de las ciencias y ha sido asumida en el ámbito religioso, en el magisterio de los últimos Sumos Pontífices y también por las Conferencias Episcopales Latinoamericanas de Puebla, Santo Domingo y Aparecida. La palabra Ecología se define como el cuidado de la casa común, como el amor con que tratamos a toda la Creación y el deseo de conocer y proteger los diversos elementos de la naturaleza, así sean inanimados, como los gases de la atmósfera o los minerales que pueda haber en los astros, en la corteza terrestre o en el agua de nuestras nubes, mares o ríos. Pero también se encuentran, en nuestro hábitat terreno, multitud de seres vivos, en una increíble biodiversidad de vegetales y animales y, por supuesto también, la hermosa familia humana, y de todos ellos también nos hemos de ocupar. Quien habla de la Creación alude al Hacedor de cuanto existe: al Padre, de quien todo proviene; al Hijo, Palabra que existía antes de todo y por quien todo fue hecho (cf. Jn 1, 1) y al Espíritu Santo, por quien todo fue creado y en quien todo vive y llega a su plenitud y perfección. Toda esa creación está invitada a revelar a su Autor y a alabarlo. Cuando se habla del Creador, normalmente se alude a Dios Padre, de quien todo procede, a Dios Hijo, Palabra eterna por quien todas las cosas fueron hechas y sin la cual nada se hizo (cf.. Jn 1, 1-3) y a Dios Espíritu Santo, dador de vida, el que se cernía sobre las aguas primordiales del caos (cf. Gén 1, 2) y de quien santo Tomás de Aquino dijo que era “el principio mismo de la Creación de las cosas” (Contra Gentiles 20, n. 3570). 9 Seamos ecólogos El Padre sopló su Espíritu sobre el primer hombre, también lo hizo Jesús sobre sus apóstoles. Ese es el soplo de vida, el aire divino que llena a la Iglesia y a la Creación entera. De Él viene toda vida, todo amor, toda verdad y toda renovación. Ese es el aire espiritual: el Espíritu de Dios. Los creyentes reconocemos que la base de toda ecología es teológica. Toda la Creación procede del Padre, su Todopoderoso Creador. Toda la Creación fue asumida por el Verbo de Dios, quien se encarnó en un cuerpo humano, y quien, al morir crucificado, nos redimió y nos lleva permanentemente a su perfección por el Espíritu, que da la vida y que renueva. Es el Espíritu, amigo de la vida, que llena y conserva la faz de la Tierra (cf. Sab 1, 7; 12, 1; Sal 104, 29-30). Es lo que expresamos en el salmo 33, 6 al decir: “Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos, por el aliento de su boca todos sus ejércitos”. Al comprender la naturaleza como obra de la augusta Trinidad y tratar de explicarla a la luz de la Teología, de la Cristología y de la Neumatología, nos abandonamos al querer de las Personas Divinas, procurando conocerlas en su poder, en su amor y en su silencioso actuar, experimentamos que ese Dios, uno y trino, es quien crea, hace brotar, mantiene, sostiene, fundamenta, anima, impulsa, renueva, organiza, ordena, llevando del caos al bello cosmos, armonizándolo y perfeccionando todos los seres creados. Al tomar conciencia ecológica de la naturaleza creada, leemos el mundo como un mensaje que nos habla del Padre Poderoso y manifiesta su poder y sabiduría para que le glorifiquemos y demos gracias (cf. Rom 1, 20-21); nos habla del Hijo, de la Palabra Eterna que “estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por ella y el mundo no la conoció” (Jn 1, 10); por esa Palabra eterna nos 10 Ecología Vegetal llegaron la gracia y la verdad (cf. Jn 1, 17) y nos habla del Espíritu, el Neuma Santo, que guía a la verdad completa (cf. Jn 16, 13), el que se une a nuestro espíritu, nos asegura que la Creación ha de ser liberada y nos habla de Cielos nuevos y Tierra nueva. Para la obra iniciada por el padre Rafael García Herreros, es importante ver el amor de Dios en todas las cosas y dedicar siquiera un minuto al día a descubrir la poderosa voluntad creadora. Por supuesto, también ver a Jesucristo. El amor que movió a Rafael García Herreros a servir a sus beneficiados, a quienes quiso amar, viendo en ellos al Señor Encarnado y al Resucitado glorioso. Y habla del Espíritu, bajo cuyo impulso se inició la Renovación Carismática en nuestro barrio bogotano, y de quien queremos seguir siendo proclamadores y testigos fieles de su amor y templos vivos de su presencia en el mundo. Por eso, al hablar de la presencia de la Santísima Trinidad en la Creación, seguimos totalmente fieles al pensamiento del padre Rafael y a nuestra identidad cristiana como hijos del Padre, como hermanos de Jesucristo y como presencia amorosa del Espíritu en la Iglesia.   11 Sembrar árboles Sembrar árboles Aunque la palabra ecología alude al cuidado de todos los seres de la naturaleza, en estas páginas queremos ocuparnos ante todo de los vegetales: de los árboles, las plantas, los cultivos, las flores. Por eso a este documento lo titulamos “ecología vegetal”. En la Universidad Minuto de Dios—UNIMINUTO se ha fundado un Club del árbol. Sus integrantes quieren comprometerse en la faena de reforestar a Colombia, estableciendo viveros y bancos de semillas, y fomentando campañas de sembrar árboles. Quiero unirme a ese proyecto e invitar a mis lectores a que siembren árboles. Sembrar un árbol es embellecer el mundo y colaborar en la obra de la Creación. El hombre, desde tiempos inmemoriales, ha querido sembrar árboles. Tan importante es esta acción que el refrán popular dice que hay tres cosas que ennoblecen a una persona: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. En contraposición, pudiéramos decir que un ser humano se deshonra: asolando la 12 Ecología Vegetal naturaleza, destruyendo su cultura y atentando contra la vida de los semejantes. En tiempos pasados se consideraba una gran gesta derribar árboles. Por eso se elevaron monumentos al hacha que los lanzaba a tierra. Pero hoy, descuajadas las selvas para construir ciudades, criar ganado y vender madera, debemos luchar contra la tala de los bosques. En eso podemos imitar al pueblo judío, que tenía esta ley: “Si al atacar una ciudad tienes que sitiarla mucho tiempo para tomarla, no destruirás su arbolado, metiendo en él el hacha; te alimentarás de él sin talarlo. ¿Son acaso hombres los árboles del campo para que los trates como a sitiados? Sin embargo, podrás destruir y cortar los árboles que sabes que no son frutales y hacer con ellos obras de asedio contra esa ciudad que está en guerra contigo, hasta que caiga” (Deut 20, 19-20). ¿Por qué esmerarnos en sembrar árboles? Porque son bellos y útiles y prestan variados servicios a los hombres. Los árboles embellecen la naturaleza y adornan los paisajes. Su follaje frondoso da tintes de variada verdura a montañas y valles, a senderos y parques. Muchos de ellos se cuajan de flores o sirven de apoyo a plantas epífitas, como las espléndidas orquídeas. Otros se empinan hacia la altura o tienden sus ramas, grávidas de azucaradas frutas, como naranjas y mangos, papayas y cocos, guanábanas, aguacates y granadillas. En colaboración con el sol y con la lluvia, los árboles purifican el aire, absorben el carbono, al que fijan como madera de sus tallos y, al devolver el oxígeno, contribuyen a nuestra salud. Los árboles ayudan a que se mantenga la humedad en el terreno en donde crecen, impiden la desertificación del suelo y propician el nacimiento de límpidos manantiales. 13 Sembrar árboles Los árboles ofrecen frescura en los días de sol, pues “al que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”. Además, ellos facilitan sus ramas para que en ellas aniden las aves. Igualmente, muchos otros animales se alojan en ellos: reptiles, cuadrumanos y hasta fieras. En los árboles vive una muy variada biodiversidad. La madera de los árboles se puede convertir en muebles, en medios de transporte, en tallas artísticas, en puertas, ventanas y tejados de las viviendas, en herramientas. Al someterse a presiones elevadas, responde dando medicinas, perfumes y aceites esenciales; e introducida en hornos y fogones, sirve de leña, y produce luz y calor en los momentos de oscuridad o de frío y finalmente acompaña nuestros despojos mortales hasta que ellos y nosotros nos convertimos en polvo. 15 Reverdecer a Colombia Reverdecer a Colombia Invitar a sembrar árboles podría parecer algo extraño en Colombia, cuando en la Patria se habla de miles y miles de hectáreas deforestadas, desde las tierras de la Amazonia y la Orinoquia hasta los manglares en las costas de nuestros océanos o las cumbres de nuestros páramos. Se mencionan, además, los estragos dejados por numerosos incendios, la degradación que han ido padeciendo nuestros plantíos y los sembradíos que antes fueron de fértiles cultivos y ahora amarillean por la sequedad de su vegetación. Épocas hubo cuando en Colombia nos enorgullecíamos con la calidad de nuestro café, la abundancia de nuestras frutas o las toneladas de flores que exportábamos hacia Europa o Norteamérica; y ahora nos contentamos solo con ponderar nuestros recuerdos. El catálogo de nuestras orquídeas nos llenaba de entusiasmo y considerábamos que la biodiversidad de nuestra vegetación situaba a la tierra colombiana entre las dos o tres primeras naciones más ricas en especies vegetales, 16 Ecología Vegetal no solo del continente americano sino de todo el planeta. A ello contribuía nuestra posición en la zona tórrida y la variedad de nuestras tierras, en donde alternan costas y llanuras, páramos y valles, mares y ríos y una variedad admirable de climas. En nuestras selvas, los árboles escalan alturas de casi el centenar de metros mientras los hongos y los musgos logran la multiplicidad de las especies rastreras. Las plantas medicinales emulan en ofrecer sus posibilidades sanativas, y variedades incontables de aceites esenciales van siendo extraídas de muy diversos vegetales. Eucaliptus y pinos llegados de otras regiones emulan con los sietecueros y los urapanes, con las acacias y los falsos pimientos, el comino y la palma de cera, con los sauces y los árboles de sauco. A veces sus follajes verdesmeralda compiten con los abuelos de los bosques, como suele denominarse a los yarumos de hojas plateadas que coronan las montañas antioqueñas. Algunos catálogos hablan de 29.947 especies vegetales en Colombia: unas de uso medicinal, otras comestibles y un tercer grupo de tipo insecticida. Algunas de ellas constituyen nuestra flora nativa, otras son endémicas de nuestras tierras y muchas más permiten ser cultivadas de modo económicamente rentable. Según la situación, llamamos bosque seco a las plantas que crecen en terrenos de menor altura, apodamos como selva andina a las que germinan en alturas medias, páramos a las montañas que superan los tres mil metros de altura, superpáramos a las que exceden esas cumbres, y nieves perpetuas a las que reciben la blancura inmaculada del hielo y de la nieve. Confío en que estos párrafos incentivarán a muchos jóvenes a vincularse afectiva y efectivamente a la tierra que meció nuestra cuna, y que nuestro esfuerzo ayudará a que florezcan con miles de colores las bellas regiones de la Patria.  17 Cantos al árbol Cantos al árbol El uruguayo Juan Zorrilla de San Martín nos invita, en un reconocido poema, a sembrar árboles. La utilidad de los árboles queda descrita en los versos de Rabindranath Tagore, poeta hindú. La tristeza del árbol que muere la contó el poeta colombiano Julio Flórez, en su poema “Buscadores de orquídeas”, del que reproducimos un fragmento, omitiendo algunas estrofas en las que el poeta compara al árbol caído con su papá, que acaba de morir. Himno al árbol (Juan Zorrilla de San Martín) Plantemos nuevos árboles, la tierra nos convida; plantando cantaremos los himnos de la vida, los cánticos que entonan las ramas y los nidos, los ritmos escondidos del alma universal. 18 Ecología Vegetal Plantar es dar la vida al generoso amigo que nos defiende el aire, que nos ofrece abrigo; él crece con el niño, él guarda su memoria, en el laurel es gloria, en el olivo es paz. El árbol tiene un alma que ríe entre sus flores; que piensa, en sus perfumes; que alienta, en sus rumores; él besa con la sombra de su frondosa rama, él a los hombres ama, él les reclama amor. La tierra sin un árbol está desnuda y muerta, callado el horizonte, la soledad desierta; plantemos para darle palabras y armonías latidos y alegrías, sonrisas y calor. El árbol pide al cielo la lluvia que nos vierte; absorbe en nuestros aires el germen de la muerte; por él sube a las flores 19 Cantos al árbol la sangre de la tierra, y en el perfume encierra y eleva una oración. Proteja Dios el árbol que planta nuestra mano; los pájaros aniden en su ramaje anciano; y canten y celebren la tierra bendecida que les infunde vida que les prodiga amor. El árbol (Rabindranath Tagore) Viajero, escucha: Yo soy la tabla de tu cuna, la madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa. Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y te nutre, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del estío, el refugio amable de los pájaros que alegran con sus cantos tus horas y limpian de insectos tus campos. Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, 20 Ecología Vegetal la señal de la montaña, el lindero del camino… Yo soy la leña que te calienta en los días de invierno, el perfume que te regala y embalsama el aire a todas horas, la salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma. Por todo eso, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo o que me has contemplado tantas veces, mírame bien, pero… no me hagas daño. Buscadores de orquídeas (Julio Flórez) Tac… tac… tac… grita el hacha en la espesura. Tac… tac… tac… sin cesar repite el eco; y se ahonda en el roble la cisura mortal, al golpe despiadado y seco del hacha, reluciente y homicida, que va agrandando, con su filo, el hueco de la espantosa y perfumada herida. Y el roble, lentamente, se destronca; parece un arpa inmensa… pero muda entre cuyos bordones la voz ronca del aquilón huirá despavorida, 21 Cantos al árbol sin encontrar la resistencia ruda de la vibrante ramazón tupida… porque el árbol que muere ¡se desnuda! Ante la furia del postrer mandoble del viejo buscador de faz curtida, rueda como un titán el alto roble, desgarrando el verdor de la maraña hosca y espesa, en su brutal caída. Y, produciendo un lúgubre redoble que atruena el corazón de la montaña por el soplo del viento sacudida, a tierra viene como frágil caña aquel gigante secular… ¡sin vida! La fiera hirsuta asómbrase en la sombra. Salta el ciervo veloz, ante el aciago conflicto y, de la grama por la alfombra, huye el reptil ante el ruidoso estrago. Las aves, en innúmeras bandadas, tienden, medrosas, su tremante vuelo; y, sesgando hacia el bosque sus miradas, al ver las ramazones destrozadas, se pierden en los ámbitos del cielo. Con sus ya rotos e impotentes brazos en todas direcciones extendidos, el gran muerto reposa en la hojarasca, preso de los bejucos en los lazos. 22 Ecología Vegetal Él, que supo luchar con la borrasca, y de los huracanes los bramidos oyó, y sintió los fieros aletazos, ¡yace por fin, con su millón de nidos, inmóvil, sobre el suelo, hecho pedazos! Y por la formidable cortadura que le abrió el hacha innoble y asesina, llora su irreparable desventura, con odorantes gotas de resina. ¡En tanto, como un fúnebre lamento preñado de nostálgicas congojas, un largo de profundis canta el viento entre los cortinajes de las hojas! Clava, del muerto aquel en los escombros, el buscador triunfante sus pupilas; y, con esmero y prontitud, le arranca ya de la prominencia de los hombros, ya de la cavidad de las axilas, la orquídea roja, amarilla o blanca. (…) ¡El gran roble, somnífero y verdacho, ya no más erguirá sobre los otros árboles de la selva su penacho! ¡Ni oirá el trotar de los salvajes potros! ¡Ni escuchará el rugir de la pantera, que, al gozar las caricias de su macho, sintió morir su corazón de fiera! 23 Cantos al árbol ¡Ya nunca más bamboleará, borracho de esencias infinitas, su alta copa; ni sentirá en su tronco los auxilios de la terrestre savia… ni la tropa alada irá a cantarle sus idilios! ¡No más el sol, que alumbra con su tez el universo, dorará sus frondas; ni la brisa que canta y juguetea lo mecerá en la hamaca de sus ondas! ¡Ni nunca más, bajo la noche bruna, del mirlo escuchará la serenata; ni ya sus hojas volverá la luna a bañar con sus lágrimas de plata! ¡Ahora, el viejo roble, desquiciado, se pudrirá… se pudrirá en su lecho de húmeda lama y de agresivo helecho! ¡Oh, qué triste está ahí… todo encorvado! ¡Él, tan altivo siempre y tan derecho! ¡Oh, qué mustio está ahí… todo maltrecho! ¡Él, el sultán del bosque, destronado! (…) --- 24 Ecología Vegetal Refranes Los árboles han sido elementos de la cultura popular colombiana, como aparece en numerosos refranes. Citamos algunos muy conocidos: “Árbol que crece torcido nunca su tronco endereza”. “El que a buen árbol se arrima buena sombra lo cobija”. Algunos, con una dosis de humor, cambian esos dichos por estos otros: “Árbol que crece torcido sirve para hacer columpios”. Y “El que a buen árbol se arrima, un palo le cae encima”. Otros refranes dicen: “Del árbol caído todos hacen leña” y “Muchos árboles no dejan ver el bosque”. 25 El Señor Jesús y las plantas El Señor Jesús y las plantas Jesús de Nazaret habló con frecuencia de los vegetales. En los evangelios se mencionan árboles que dan frutos, plantas que florecen con belleza, ramas en donde anidan las aves, cultivos que ofrecen alimento a la vida humana. Jesús habla del sembrador que esparce la semilla en terrenos áridos y pedregosos, en lugares ya invadidos por zarzas y malezas, o en campos de espléndida fertilidad que producen excelentes cosechas. Para Jesús, el cuidado de un vegetal comienza desde la semilla, porque no es lo mismo cosechar trigo que cizaña, y si ambas plantas crecen mezcladas, hay que esperar que sus espigas maduren para separar los granos buenos de los que no sirven. Las semillas pueden ser muy pequeñas, pero la calidad que Dios les dio las hace crecer y convertirse en árboles, como sucede a la mostaza que, no obstante su mínimo tamaño, llega a extender sus ramas, de modo que los pájaros hacen en ellas sus nidos. 26 Ecología Vegetal Otras también se vuelven frondosas y ofrecen su sombra, como la higuera bajo la cual descansaba Natanael, cuando el apóstol Felipe lo llamó para que conociese a Jesús (cf. Jn 1, 48). Las higueras son mencionadas en varias ocasiones en los libros sagrados. Allí se nos cuenta que cuando sus hojas brotan, la gente conoce que está llegando el verano (cf. Mt 24, 32). De otra higuera, dice Jesús que, como llevaba tres años sin dar fruto, el dueño quería cortarla para que no ocupase en vano el terreno, pero el mayordomo de la finca intercedió por ella, para que le tuviese paciencia un año más (cf. Lc 13, 6). A otra higuera, también estéril, fue el mismo Jesús quien dijo que de ella no naciera más fruto (cf. Mt 21, 19). Cuando Jesús era niño, recibió la visita de unos hombres del Oriente, los magos, que le llevaron de obsequio porciones de incienso y mirra, elementos producidos a partir de vegetales. En los evangelios, Jesús menciona las zarzas, en las que Dios apareció a Moisés; habla de los espinos, que no producen higos, y dice que ni ese fruto ni las uvas se obtienen de los cardos o abrojos (cf. Mt 7, 16). El Señor Jesús es nuestro Maestro. Él es la Palabra de Dios encarnada como hombre. Vino a hablarnos del amor que debemos a Dios y a nuestro prójimo. Las multitudes lo seguían. Él lanzaba la palabra como si fuese un sembrador que va lanzando las semillas y espera buena cosecha. Él enseñaba que Dios se preocupa hasta de las hierbas, y que las cuida y las viste con tal elegancia, que ni el rey Salomón, en toda su grandeza, podía superar a los lirios del campo. La multitud que seguía a Jesús y que, como un rebaño, deseaba su alimento espiritual, se sentaba sobre la hierba verde a escucharle. 27 El Señor Jesús y las plantas En los días de la pasión, se menciona que Jesús entró en Jerusalén en medio de aclamaciones y ramas de palmeras que agitaban para bendecirlo; luego se mencionan los olivos, nombre dado al monte en donde el Señor se preparó a la muerte. Allí llegó una soldadesca armada de palos para apresarle. Vinieron el juicio y la condenación a muerte. Después le coronaron con espinas para llamarlo falso rey, y le entregaron una caña, a modo de cetro, que también sirvió para golpearle. Luego hubo de llevar un pesado madero, hasta el monte Calvario, y cuando llegó a la cumbre, fue crucificado y luego, en el árbol de la cruz, murió por nosotros. Para sepultarlo, trajeron cien libras de mirra y de áloe y envolvieron su cuerpo en lienzos, impregnados con esencias aromáticas, como era la costumbre judía (cf. Jn 19, 39-40). Dos cultivos mencionan los evangelios, que tienen una gran importancia en el mensaje de Jesús y en la vida espiritual de los cristianos: el trigal y el viñedo, en donde se obtienen el trigo y el vino, elementos que sirvieron al Señor para entregarnos su cuerpo como comida y su sangre como bebida. Del trigo habla Jesús con frecuencia. Comparó el Reino de Dios con un buen grano, caído en tierra, destinado a dar mucho fruto. Lo siembran y luego brota una hierbecita, crece y se va formando la espiga; esta se cuaja en granos, y entonces traen la hoz para la siega, y luego trituran los granos y amasan la harina. Esa última faena la comparó el Señor con las dificultades sufridas por los apóstoles, a quienes Satanás quiso zarandear como trigo, pero el Señor le aseguró al apóstol Pedro que había orado por él, para que se fortaleciera en la fe y luego apoyara espiritualmente a sus hermanos. 28 Ecología Vegetal Del trigo se hace el pan. El Señor se reveló como el pan bajado del cielo. El pan que da vida eterna. Él nos enseñó que su cuerpo es comida, y quien lo come vivirá eternamente. En la última cena, Jesús partió el pan y, tras decir que era su cuerpo, lo compartió con sus discípulos, diciéndoles que quien comiese de ese pan sería resucitado en el último día. Al lado del trigal, aparece el viñedo. Con frecuencia, en los evangelios se alude a la vid, con la que se compara al mismo Jesús, cuando se nos presenta como una vid. Él llama “sarmientos” a sus discípulos (cf. Jn 15) y les dice que, si han de dar fruto, deben estar unidos con Él. En los evangelios se habla también de viña y viñadores, e inclusive se llega a recordar que hubo unos homicidas que asesinaron al Hijo del propietario y también a sus empleados, para no pagar el alquiler debido. El primer milagro que hizo el Señor fue en Caná de Galilea, cuando convirtió en vino el agua contenida en seis vasijas grandes, que usaban los judíos para sus purificaciones; pero en la última cena, al vino lo convierte en sangre. Era el preludio de la muerte que tendría el día siguiente, y de la sangre que vertería por nosotros, y con la cual nos bañaría de todas nuestras culpas y sellaría el pacto de la amistad definitiva que establecía con su Iglesia. En ese pan y en ese vino benditos, Jesús permanece para siempre con nosotros. 29 Cristo, árbol de vida Cristo, árbol de vida La expresión “árbol de vida” tiene en la Biblia variadas resonancias espirituales. El libro del Génesis relata que en el jardín del Edén estaba plantado un “árbol de vida”, cuyos frutos prolongaban la existencia y concedían la inmortalidad. Adán y Eva no pudieron comer de ese árbol, porque en castigo de su pecado fueron expulsados del Paraíso (cf. Gén 2, 9; 3, 22.24). El hombre siguió soñando con vivir para siempre y puso su esperanza en la sabiduría. Pensaba que, adquiriéndola, conseguiría la vida feliz. A ello alude el libro de los Proverbios: “La sabiduría es árbol de vida para los que a ella están asidos.” (Prov 3, 18). “El fruto del justo es un árbol de vida.” (Prov 11, 30). “Árbol de vida es el deseo satisfecho.” (Prov 13, 12). “Lengua mansa, árbol de vida; lengua perversa rompe el alma.” (Prov 15, 4). 30 Ecología Vegetal En la literatura extrabíblica se pensaba que el hombre, por su propio esfuerzo, podía conquistar esa vida feliz. Pero la Biblia afirma que la felicidad simbolizada en el paraíso y la inmortalidad evocada en el árbol de vida sólo se adquieren como don de Dios, concedido a través de la muerte y de la resurrección de Jesús. Por eso, el libro del Apocalipsis presenta el gran don de Dios, el cielo, la Jerusalén de lo alto, como un nuevo paraíso, atravesado por corrientes de agua y sembrado con árboles de vida. Los principales textos en donde aparece esta descripción son los siguientes: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.” (Ap 2, 7). “En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de vida, que dan fruto doce veces al año, una vez cada mes, y sus hojas sirven de medicina para los gentiles.” (Ap 22, 2). “Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la vida y entrarán por las puertas de la ciudad.” (Ap 22, 14). “Si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la ciudad santa.” (Ap 22, 19). Como la vida eterna ha sido adquirida con la muerte y la resurrección de Cristo, se ha llamado “árbol de vida” a la cruz en que Jesús murió. Así leemos en la liturgia del Viernes Santo: 31 Cristo, árbol de vida Himno a la Santa Cruz Cruz de Cristo, árbol de vida, Vida nuestra, don eximio. Cruz amable y redentora, árbol noble, espléndido; ningún árbol fue tan rico ni en sus frutos ni en su flor. Cuando Adán, movido a engaño, comió el fruto del Edén, el Creador, compadecido, desde entonces decretó que un árbol nos devolviera lo que un árbol nos quitó. Dulce leño, dulces clavos, dulce fruto que nos dio. Árbol santo, cruz excelsa, tu dureza ablanda ya; que tus ramas se dobleguen al morir el Redentor y en tu tronco suavizado, lo sostengas con amor. Nuestro árbol de vida es la cruz de Cristo, es Cristo mismo, es Dios mismo, quien se nos da y nos hace vivir, concediéndonos su propia vida. Él es nuestro vivir y nosotros somos el vivir suyo. Él vive en nosotros y nosotros vivimos en Él. 33 La Iglesia es un jardín La Iglesia es un jardín Hablando de la variedad de dones que el Espíritu Santo da a los cristianos, san Cirilo de Jerusalén compara a la Iglesia con un jardín sembrado de plantas muy variadas, regadas todas ellas por la misma agua, que es la presencia de Dios, y enseña que, en la Iglesia, los cristianos son diferentes entre sí y reciben carismas y ministerios distintos, obra del mismo Espíritu de Dios, que a todos da vida y fecundidad. Los árboles son muy diferentes entre sí: hay unos que se encumbran hacia la altura, como los eucaliptus, los cedros y las palmeras, y otros extienden sus ramas para dar sombrío, como las ceibas, o se alinean en los caminos o a la orilla de los ríos, como los pinos, los cipreses y los sauces. Algunos adornan el paisaje como los sietecueros, los cámbulos y gualandayes, los guayacanes, las acacias y los alcaparros; otros se llenan de frutos deliciosos, como los mangos, los naranjos y los cocoteros, las vides y los manzanos, o acogen las aves, como los carboneros y los arrayanes. 34 Ecología Vegetal Así debemos ser los hombres, sirviendo a los demás con lo que somos y lo que tenemos. Y si nada creemos poseer, permitamos al menos que en las ramas de nuestra vida vengan a posarse las aves y a alegrar el mundo con su canto. Un poeta decía que, si en nuestro corazón se encuentra la rama del entusiasmo, vendrá a cantar en ella el ave del triunfo; si en nosotros está la rama de la generosidad, vendrá a cantar el ave del agradecimiento; si en nosotros se halla la rama del servicio, llegará el ave de la felicidad; y si en nuestra vida se mece la rama de la bondad, llegará el ave del amor y de la paz. Dios quiera que nuestra vida sea como la de un árbol bello, como la de un árbol útil. Sembremos por doquiera semillas de esperanza, de amor y de fe, semillas de comprensión y de paz, de modo que material y espiritualmente la tierra se convierta en un jardín. Quizá nuestros esfuerzos nos parezcan pequeñitos, casi despreciables, pero Jesús comparó el Reino de los cielos, que estaba sembrando, con una semilla diminuta, como la de la mostaza, que al crecer se hace árbol grande y las aves del cielo anidan en sus ramas y moran bajo su sombra (cf. Mt 13, 31; Mc 4, 31; Luc 13, 19). Así lo lograremos si actuamos confiados en el poder del Señor.   35 El fruto del Espíritu El fruto del Espíritu Los cristianos se comparan con los árboles, no por su apariencia exterior, sino por sus obras. Como el árbol bueno produce buenos frutos, así el hombre debe producir buenas obras. Esa es la enseñanza de Jesús: “¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos.” (Mt 7, 16-18; Luc 6, 43-44). “Por el fruto se conoce el árbol.” (Mt 12, 33). San Pablo nos enseña que el hombre debe dar un fruto: el amor. Ese fruto debería cosecharse siempre en la vida de los cristianos. Su cosecha debería ser permanente. El evangelio nos enseña el secreto para que, como árboles feraces, produzcamos el fruto del amor. Se requiere estar unidos a Jesús, se necesita tener la vida del Espíritu Santo. 36 Ecología Vegetal El evangelio de Juan manifiesta este misterio de la fertilidad del cristiano: “Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí, ustedes no pueden hacer nada.” (Jn 15, 4-5). En qué consiste el amor y qué elementos lo caracterizan, lo enseña san Pablo en su carta a los Gálatas: “El fruto del Espíritu es amor: alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí.” (Gál 5, 22-23). El apóstol Pablo habla del fruto, en singular, y no de “los frutos”. Como si básicamente lo que el Espíritu Santo produjera en el hombre fuese amor, y donde hubiese amor se diese alegría, paz. Sin embargo, en el lenguaje de la Iglesia, y en algunos catecismos, se suele hablar de los doce frutos del Espíritu Santo. Eso se hace para aludir a un texto del apocalipsis (22, 2) que amplía una cita del profeta Ezequiel (47, 12) y afirma que en el cielo hay árboles de vida que dan fruto doce veces, uno cada mes. Esto llevó a ampliar el texto paulino de Gálatas, agregándole tres nuevos frutos: castidad, modestia y magnanimidad. Las ocho características del amor de que habla san Pablo son: 1. Alegría: es decir, el gozo de estar ante Dios y de proclamar su gloria (cf. Sal 104, 34). La felicidad de sentirse amados por el Creador y confiados en la salvación. El regocijo de servir a los hermanos. Esta alegría es don del Espíritu Santo, “que no soporta la tristeza ni la angustia”, como decían los antiguos. 2. Paz: es el compendio de todas las bendiciones divinas. Con frecuencia se habla de la paz como concordia entre los hombres. Los cristianos deben buscar el entendimiento, el perdón y el amor. Por eso se dice que “la Iglesia es la Catedral de la Paz.” (san Juan Pablo II). 37 El fruto del Espíritu 3. Paciencia: es la característica del amor que nos lleva a soportar las fallas y los defectos de los demás (cf. Ef 4, 2). 4. Afabilidad: es la benignidad de carácter, la benevolencia en el servicio, la capacidad de ayudar a levantarse de las caídas y la de perdonar. 5. Bondad: es la cualidad que nos lleva a desear bienes para los otros y a ser para los demás como Jesús, que pasó haciendo el bien. 6. Fidelidad: es el compromiso de amar a pesar de todo, es la lealtad en cumplir a la perfección la palabra empeñada. 7. Mansedumbre: es la actitud humilde en el actuar ante Dios y ante los hombres, con suavidad y moderación. 8. Dominio de sí: llamado también templanza. Es el control de los impulsos y deseos, que lleva al respeto hacia los demás. A esas ocho características, algunos catequistas añadieron otras tres cualidades del amor: 9. Castidad: don que permite amar sin caer en el pecado carnal. 10. Modestia: posibilita vivir sencillamente, sin ambiciones anormales y sin exigencias excesivas. 11. Longanimidad: es el amor que sabe esperar sin quejas ni prisas. Es la madurez en la esperanza. En realidad, todas las virtudes son frutos del Espíritu, todas son signos del amor, que le da sentido a la vida cristiana (cf. 1 Cor 13, 1-3). Pretender vida virtuosa sin amor es pedir peras a un olmo, es pedir frutos buenos a un árbol malo. Según santo Tomás, son fruto del Espíritu todos los actos virtuosos que dan consuelo espiritual. Sin embargo, el nombre de fruto del Espíritu se suele reservar a los comportamientos 38 Ecología Vegetal que traen más suavidad y dulzura, a los actos que parecen más exquisitos y sazonados. Las características antes enumeradas no pretenden ser una lista exhaustiva. Hoy podríamos agregar algunas otras, por ejemplo: el gusto por la belleza, la admiración y el respeto a los demás, el amor a la vida, la disponibilidad para servir; el valor para buscar la libertad, la justicia y la verdad; el realismo sano y la alergia ante el soñar idealista, el rechazo de los ídolos y el sentido del humor. El amor es el signo definitivo de la presencia del Espíritu Santo en el hombre. Como afirma un himno litúrgico: “Donde hay caridad y amor, allí está Dios”. Al contrario, como dice el documento de Puebla: el excluir de nuestro amor a un solo hombre es señal de no tener la presencia del Espíritu de Dios. Si no nos habita el Espíritu Santo, sólo produciremos apariencias de amor. Seremos como los árboles de navidad, solo adornados de frutas de plástico. Las manzanas sintéticas no tienen jugo y lastiman a quien las muerde. Así es quien aparenta amar sin ser movido por Dios. Por eso debemos pedir a Dios que en nuestro corazón germine el amor para que crezcamos y maduremos en él y para que produzcamos frutos de amor. 39 Los árboles estériles Los árboles estériles El cristiano que no ama ni produce frutos de amor lleva una vida estéril. La Biblia habla con frecuencia de los árboles que no dan fruto y dice que son buenos para ser cortados como leña seca y lanzados a la candela: “Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.” (Jn 15, 6). “Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.” (Mt 3, 10; Luc 3, 9; Mt 7, 19). En el evangelio se narran dos episodios en donde se amplía la misma idea: uno es el de la higuera maldecida por Cristo porque estaba llena de follaje, sin producir higos (cf. Mc 11, 12-21; Mt 21, 18-20). Otra es la parábola de la higuera que tampoco quería fructificar, de modo que a los tres años su dueño la quería cortar para no cansar el terreno, pero el cuidandero le suplicó que le tuviese paciencia hasta ver si, removiendo la tierra y abonándola, reaccionaba (cf. Luc 13, 6-9). 40 Ecología Vegetal Como esa higuera somos muchos cristianos. Ojalá el Señor nos trate con la paciencia que tuvo con este árbol y no con la severidad que usó con la higuera maldita, o como a los árboles sin fruto de que habla la epístola de Judas (v. 12). Otro caso de la esterilidad que puede darse en los cristianos es el no poner al servicio de los demás nuestros bienes y cualidades. Precisamente porque algunos cristianos, so pretexto de evitarse molestias, rehúsan el servicio a la sociedad en que viven, esta es orientada por ineptos. Es lo que narra el apólogo de Jotam, que se lee en el libro de los Jueces (9, 8-15). Dice esa fábula que los árboles quería escoger un rey y nombraron al olivo, que simboliza la paz, pero el olivo rechazó su elección. Entonces designaron a la higuera de dulce fruto, símbolo de abundancia, pero esta tampoco aceptó. Entonces se volvieron a la vid, que da alegría a quienes beben de su mosto, pero la vid rehusó la designación. Finalmente, los árboles propusieron la corona real a la zarza, y esta, en un brote de soberbia, pretendió que todos los árboles vinieran a cobijarse a su sombra y que los cedros del Líbano fueran consumidos por el fuego que brotara de ella. 41 La ecología en el magisterio pontificio La ecología en el magisterio pontificio El Papa san Pablo VI Al Papa Pablo VI le correspondió culminar el Concilio Vaticano II, en diciembre de 1965. Durante su pontificado, se desarrollaron muchos aspectos del magisterio eclesial en la doctrina social, de modo concreto en la encíclica Populorum Progressio, en la carta Octogesima Adveniens y en algunas cartas a la FAO y a la Conferencia “La cumbre de la Tierra”, celebrada en Estocolmo. En este último documento se inició el uso de la palabra “ecología”, en los escritos oficiales de la Iglesia, en 1970. En esos escritos, se habla del desarrollo social y económico que se va dando en el mundo, se invita a trabajar en la naturaleza, sin destruirla, pues los pueblos pobres serían las primeras víctimas de la degradación del planeta (Octogesima Adveniens 21) y se va tratando el tema de la Creación, recordando la enseñanza bíblica de Génesis 1, 28-31 y 2, 15, que habla de cultivar el jardín del Edén, además de la reflexión de la carta a los Romanos 8, 20 y la cita del Apocalipsis 21, 5. 42 Ecología Vegetal Para el Papa Pablo VI, el nuevo nombre de la paz es el desarrollo (Populorum Progressio 76). Reflexiona el Papa sobre la equidad, el bienestar y el crecimiento integral, sobre el papel de la agricultura en la alimentación de los pueblos, y la amenaza que se cierne cuando se descuidan los aspectos ecológicos. El Papa san Juan Pablo II El Papa polaco enseñó que el progreso científico y técnico debe ir acompañado de un crecimiento en la reflexión sobre los valores éticos y morales, y expresó su confianza en que los responsables del mundo atendieran esa exigencia para la gloria de Dios y el bien del hombre. En la exhortación apostólica Christifideles Laici, del 30 de diciembre de 1988, recordó que la cuestión ecológica venía cobrando cada día mayor importancia (No. 48) y que ello nos llevaba a respetar la Creación y sus recursos naturales, a lo que había aludido el año anterior en su encíclica Sollicitudo rei socialis. Poco después, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, habló el Papa acerca de la contaminación del aire y de los mares, y pasando del campo material al del ser humano, invitó a evitar la contaminación de las ideas y las costumbres, y también la contaminación del pecado que lleva a la destrucción del hombre. Con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz, san Juan Pablo II, el 8 de diciembre de 1989, repitió que la cuestión ecológica es responsabilidad de todos; y parecidas enseñanzas las repitió en su encíclica Centesimus Annus, del mes de mayo de 1991. En ese mismo año, en variadas ocasiones aludió a “la ecología del espíritu”, a “la ecología humana” y al “problema ecológico”. Con parecida insistencia repitió esos temas, mencionando la vida de san Francisco de Asís e invocando el ejemplo del mismo Señor Jesucristo. 43 La ecología en el magisterio pontificio En un discurso a los científicos, el Papa se quejó de la destrucción desconsiderada de recursos ecológicos vitales y del desequilibrio ecológico causado por el holocausto ambiental y nuclear que afectaba a la Tierra. Recordó, además, que una ecología cósmica se basa en el respeto a la ecología humana, que lleva al respeto a la Creación, y mencionó además a las diversas especies animales y a las variadas formas de la vida. En las líneas anteriores aparece con frecuencia la palabra ecología, que hace unos años no aparecía en el vocabulario eclesial, y ahora fue tomando gran importancia. Es un término que expresa ideas valiosas del evangelio y de la doctrina católica, con precisión y nitidez, y que las sintetiza con especial claridad. El Papa Benedicto XVI El Papa Benedicto XVI pastoreó a la Iglesia Católica como Sumo Pontífice entre los años 2005 y 2013, cuando renunció y fue reemplazado por el papa Francisco. El Papa alemán ha sido el Romano Pontífice que con mayor frecuencia se ha ocupado de temas ecológicos, de modo que algunos comentadores le han dado el apelativo de Papa Verde. En su enseñanza ecológica, dada en muy variadas formas: encíclicas, exhortaciones apostólicas, cartas, mensajes, homilías o discursos, el Papa Benedicto habló de la naturaleza y su dimensión cósmica y del medio ambiente. Luego el Papa amplió su enseñanza, refiriéndose a la ecología humana y a la ecología social, en las cuales incluyó los temas de la justicia y de la paz. En los últimos temas, el Pontífice abordó la reflexión acerca de la bioética y la ecoética. Entonces expuso su pensamiento acerca 44 Ecología Vegetal de la paz con Dios, la paz con la Creación, la paz con los hombres y, de modo especial, la paz con los pueblos pobres del mundo y, por supuesto, la paz con nosotros mismos. No dejó de lado el Papa, en su enseñanza, la invocación al Espíritu Santo, llamada epíclesis, en la que se pide a esa persona Divina que transforme los frutos de la Tierra y del trabajo del hombre en el cuerpo eucarístico de Nuestro Señor Jesucristo. También recordó que “lo que es el aire para la vida biológica, lo es el Espíritu Santo para la vida espiritual”. El diálogo del hombre con la naturaleza es la ciencia, pero también la ciencia es el lugar de un diálogo profundo entre el hombre y su Creador. Por eso, los cristianos estamos invitados a conocer el universo, y lograrlo nos puede ayudar a recorrer el camino para conocer a Dios, el Supremo Hacedor. El Papa Francisco Cuando el Papa Francisco era todavía arzobispo de Buenos Aires, participó en la quinta conferencia episcopal de los obispos latinoamericanos, congregada en Aparecida, Brasil. Quizá el papel protagónico que tuvo en esa reunión lo sensibilizó al tema ecológico que, siendo Sumo Pontífice, expresó el 24 de mayo de 2015 en su encíclica Laudato Si, acerca del cuidado que debemos tener con la Tierra, nuestra madre común. Ese documento del magisterio eclesial, que considera el Papa como parte de la doctrina social de la Iglesia, se inicia recordando el cántico de san Francisco de Asís a la bella creación que nos sustenta y a la que los seres humanos hemos maltratado, olvidándonos de que nosotros mismos somos tierra, que el cuerpo humano se configura con elementos químicos presentes en el planeta, que nuestro aliento nos lo da el aire de la atmósfera, y que el agua de las nubes y de los manantiales nos vivifica y nos 45 La ecología en el magisterio pontificio restaura. Por eso todos los seres humanos estamos invitados a cuidar y labrar el jardín del mundo. “Labrar significa cultivar, arar o trabajar; cuidar quiere decir proteger, custodiar, preservar, guardar y vigilar”. Cada comunidad puede tomar de la Tierra lo que necesita para su supervivencia, pero tiene también el deber de proteger y garantizar la fertilidad y el buen uso del suelo para las generaciones futuras. La Tierra es propiedad de Dios, y el hombre es en ella huésped y peregrino (cf. Lev 25, 23). El Sumo Hacedor nos invita a colaborar en su obra creadora, mientras llegamos a la vida eterna, cuándo seremos luminosamente transformados. Mientras iniciamos la fiesta celestial, vamos encontrando nuevos senderos; por eso caminamos andando, hasta descubrir la infinita belleza de Dios y de sus obras. La encíclica Laudato Si, en todas sus páginas, invita a asumir una actitud ecológica; en consecuencia, el término ecología y sus derivados se repiten con abundante insistencia. El Papa Francisco habla de crisis y aplica el término “ecológico” a deudas, daños y catástrofes. También le da matices de conversión, compromiso, consideraciones, sensibilidad, espiritualidad, educación, discurso, cultura; de ética, de belleza, de vida y de movimiento ecológicos. Alude también a la ecología integral, ambiental, económica, humana y social, que se manifiesta en las ciudades y en una vida de paz. Esos términos son como sesenta matices que el Papa da a su enseñanza, y el conjunto de ellos manifiesta el clamor de la Creación, que aguarda la liberación concedida a las obras de Dios (cf. Rom 8, 19-20). Una bella enseñanza sobre los temas ecológicos, brotada del corazón del Papa Francisco en el año 2020, fue la exhortación 46 Ecología Vegetal apostólica “Querida Amazonia”, en donde el Romano Pontífice escribe cuatro sueños: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial, a partir de la realidad vivida en Suramérica por las poblaciones indígenas y por los países bañados por nuestro gran río, que se adornan con los bellos árboles de nuestra gran selva. El 4 de octubre del 2023 el Papa Francisco completó su enseñanza ecológica con la exhortación apostólica “Alaben a Dios”, en la que reflexionó sobre la crisis climática. En uno de sus apartes, nos invita a mirar el mundo a la luz de la fe y a verlo transformado por Cristo Resucitado, y dice: “Las mismas flores del campo y las aves que Él contempló… están llenas de su presencia luminosa. Si el universo se desarrolla en Dios… hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre. El mundo canta un Amor infinito, ¿cómo no cuidarlo?” 47 La ecología en el magisterio episcopal latinoamericano La ecología en el magisterio episcopal latinoamericano La Conferencia de Puebla Con intensidad creciente, el Magisterio de la Iglesia, en los países latinoamericanos y del Caribe, ha tomado conciencia de la importancia que tiene el respeto a la Creación y ha subrayado la necesidad de asumir los valores ecológicos en el planeta. Así leemos en el documento de Puebla, conferencia inaugurada el 28 de enero de 1979: “Si no cambian las tendencias actuales, se seguirá deteriorando la relación del hombre con la naturaleza por la explotación irracional de sus recursos y la contaminación ambiental, con el aumento de daños graves al hombre y al equilibrio ecológico” (139). Más adelante afirma que “la comunión y participación verdaderas sólo pueden existir en esta vida proyectadas sobre el plano muy concreto de las realidades temporales, de modo que 48 Ecología Vegetal el dominio, uso y transformación de los bienes de la tierra, de la cultura, de la ciencia y de la técnica vayan realizándose en un justo y fraternal señorío del hombre sobre el mundo, teniendo en cuenta el respeto de la ecología” (327). Invita también a “tomar conciencia de los efectos devastadores de una industrialización descontrolada y de una urbanización que va tomando proporciones alarmantes. El agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del ambiente constituirán un problema dramático”. Afirma “una vez más la necesidad de una profunda revisión de la tendencia consumista de las naciones desarrolladas” y señala que “deben tenerse en cuenta las necesidades elementales de los pueblos pobres, que forman la mayor parte del mundo” (496). Y propone a los católicos “preservar los recursos naturales creados por Dios para todos los hombres, a fin de transmitirlos como herencia enriquecedora a las generaciones futuras” (1236). La Conferencia de Santo Domingo Con motivo del quinto centenario del descubrimiento de América, los obispos latinoamericanos y del Caribe tuvieron su cuarta conferencia, del 12 al 28 de octubre de 1992, en Santo Domingo, capital de la República Dominicana. Allí aludieron a una conferencia que poco antes habían celebrado las Naciones Unidas en Río de Janeiro (Río 92) en la que se puso de relieve, a nivel mundial, la gravedad de la crisis ecológica, y se subrayaron puntos de relación y contacto entre el actuar humano y diversas opciones guiadas por ciencias y orientaciones económicas y políticas del mundo moderno. De manera explícita, los obispos aludieron a la Creación del universo como obra de la Palabra de Dios y a la presencia del Espíritu Santo que, desde el comienzo, aleteaba sobre la Tierra, 49 La ecología en el magisterio episcopal latinoamericano y vieron en ello la primera alianza pactada entre Dios y los hombres. En ese documento episcopal se aludió a cómo se debían armonizar crecimiento económico y límites ecológicos. Con frecuencia, las sociedades pobres y marginadas sufrían las consecuencias del progreso material. Los pastores de la Iglesia enseñaron que las propuestas de desarrollo deben subordinarse a los criterios éticos, pues una ética exclusivamente económica lleva al abandono de valores morales ante orientaciones utilitaristas e individualistas. Recordaron los obispos que los bienes de la Creación son para todos los hombres y deben ser disfrutados por todos con justicia y solidaridad. Por ello, ante las dificultades suscitadas en la crisis ecológica, se debe dialogar con lucidez y hay que cuestionar el uso de la riqueza y el desperdicio que suele caracterizar al mundo moderno (cf. número 169). Ya en párrafos anteriores (No. 138) los obispos habían afirmado que la promoción y la defensa de la dignidad humana, de la Creación del mundo y del equilibrio ecológico son formas de encuentro aun con personas pertenecientes a otras religiones. La Conferencia de Aparecida Del 13 al 31 de mayo de 2007 se reunieron de nuevo los obispos de Latinoamérica y del Caribe en la que fue su quinta conferencia general. Lo hicieron bajo la protección de la Virgen, patrona de Brasil, en la ciudad de Aparecida. Adelantaron su reflexión pastoral acerca de las orientaciones que deseaban asumieran las iglesias particulares por ellos pastoreadas, y que deberían darse en lo que se ha llamado nuevos areópagos, en donde debe resonar el evangelio, y que se amplían 50 Ecología Vegetal con la evolución permanente de conocimientos y costumbres que se implantan en el mundo moderno. Campos abiertos a la nueva evangelización son los medios de comunicación social, la experimentación e investigación científicas y sus eventuales patentes, la cultura de los pueblos, el esfuerzo de inculturación, la liberación y el desarrollo de los países, la búsqueda de la paz, los derechos de las minorías y la dignidad de la mujer, y en lo que ahora nos concierne: el respeto a la naturaleza y a los recursos que ofrece, la biodiversidad, el desarrollo sostenible y la ecología. En los últimos temas mencionados, vale la pena subrayar los derechos de los indígenas aborígenes, los de las gentes de tez morena, descendientes de los traídos como esclavos del África y, en general, los de los pobres y marginados. De manera especial, se habló de la Amazonia, selva que va siendo talada, y de la Antártida, temas hoy aludidos por la ecología humana y natural. Las principales alusiones a esta temática se encuentran en los números 83, 125, 126, 471, 472, 474c y 491 del documento conclusivo, que se analizaron con el método de ver, juzgar y actuar. El documento alaba la educación en la responsabilidad ecológica (471) y recuerda que América Latina es un continente de riquísima biodiversidad y de una variada sociodiversidad (83). Pide defender la Creación, ve la Tierra como la casa común de todos los pueblos, que se debe respetar y que ve como base de alabanza y gratitud al Creador. Este libro es una invitación al cuidado de la tierra, desde la comprensión de la Ecología como cuidado de la casa común; como lo dice el padre Diego Jaramillo, CJM en las páginas de esta obra “el amor con que tratamos a toda la Creación y el deseo de conocer y proteger los diversos elementos de la naturaleza, así sean inanimados, como los gases de la atmósfera o los minerales que pueda haber en los astros, en la corteza terrestre o en el agua de nuestras nubes, mares o ríos. Pero también se encuentran en nuestro hábitat terreno, multitud de seres vivos, en una increíble biodiversidad de vegetales y animales y, por supuesto, la hermosa familia humana, y de todos ellos también nos hemos de ocupar”. Seamos ecólogos Sembrar árboles Reverdecer a Colombia Cantos al árbol El Señor Jesús y las plantas Cristo, árbol de vida La Iglesia es un jardín El fruto del Espíritu Los árboles estériles La ecología en el magisterio pontificio La ecología en el magisterio episcopal latinoamericano