No.66 Edición Leen o no leen los jóvenes en Colombia. Colombia es uno de los países con mayor diversidad literaria en América Latina, gracias a sus luchas, etnias, riquezas y cultura es sujeto de musa para muchos escritores. Sin embargo, y muy a pesar de que existe un am- plio repertorio de variadas temáticas, la población más joven del país en su mayoría no lee. Durante el denominado Gobierno del Cambio se han presentado varias diferencias con los medios de comunicación, los cuales, en algunas ocasiones, han atacado al presi- dente Petro, quien, en su defensa, ha hecho lo mismo con el periodismo colombiano. Bogotá, Colombia, octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Discrepancias entre medios de comunicación y Gobierno Petro ISSN 2619-2705 Fotografía: @gustavopetrourrego Vanguardia académica Pág.4 De todo un Poco Pág.22 De todo un Poco Pág.19 Vanguardia académica Pág.4 La esquina del barrio Pág.14 Vanguardia académica. Pág 2 Sobreviviente sin historia: ataque de las FARC en La Tagua – Putumayo Para este suboficial todo inició el 22 de marzo de 2005, día en el que llegó a Puerto Leguízamo tras un permiso laboral por una situación de salud de su hija. Ritmos del asfalto: historia de un músico callejero en Bogotá. El sol comenzaba a descender sobre el horizonte de Bogotá, bañando las bulliciosas calles de la ciudad con su luz dorada. Mientras la mayoría de personas se apresuran a regresar a sus hoga- res, un joven músico se prepara para comenzar su presentación diaria en una esquina concurrida del centro de la ciudad. Caminando entre muertos vivientes: un día viviendo en Kensington. Las calles de este territorio no hacen más que reflejar lo difícil de este panorama, pues su paisaje son toneladas de basura, y una cre- ciente violencia que se adueña de la zona. Esto se debe en gran medida al consumo de heroína y fentanilo que ha sumido a la co- munidad en una espiral de adicción y deses- peración Un feliz año nuevo a la vera del camino. A eso de las 11:40 vimos pasar a gran velocidad a un vehículo desconocido con 4 personas a bor- do. Pensamos que no nos habían visto, aunque deseábamos que sí, y ese fue nuestro peor de- seo, pues esos mismos 4 borrachos fueron los causantes de una de las peores y mejores noches de nuestras vidas. Entre lo terrenal y lo celestial: La desapari- ción de Kelly Johana Rojas. Puso en limpio los pensamientos en su cabeza, y abrió su mente para darle espacio a la imagen de la niña: la veía con claridad, como si la cinta de una película hubiera sido insertada en la pan- talla de su mente, la vio tirada sobre un colchón, desnuda en medio de un potrero. Con el corazón arrugado preguntó qué lugar era ese, y como una ráfaga le llegó la palabra Flandes. La Cámara Colombiana del libro en su último fondeo de 2019 señala que el hábito de lectura mejoró con un promedio de 2,7 libros leídos anualmente por persona. Investigación: Alexandra Lozano. 4.º semestre RECTOR GENERAL P. Harold Castilla Devoz, CJM RECTOR SEDE PRINCIPAL Jefferson Enrique Arias Gómez DECANA FACULTAD CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN Eliana Herrera Huérfano DIRECTOR DEL PROGRAMA DE COMUNICACIÓN SOCIAL – PERIODISMO Gabriel Duarte COMITÉ EDITORIAL DE SEDE Eliana Herrera Huérfano Gabriel Duarte Juan Simón Cancino Sonia Torres Quiroga DIRECCIÓN GENERAL Sonia Torres Quiroga Simón Cancino DIAGRAMACIÓN Miguel Angel Castillo Rodriguez ILUSTRACIÓN Miguel Angel Castillo Rodriguez FOTOGRAFÍAS Miguel Angel Castillo Rodriguez TEXTOS Laura Camila Cárdenas Cuervo, Natalia Torres Garzón, Karen Vivian Ortiz Triana, Alexandra Lozano Garzón, Melissa Diaz Quevedo, Karol Melissa León Pérez, Juan Andrés Gutiérrez, Juan Diego Fuentes Olaya, Fredy Moreno, Stephany Padilla Cerquera, Daniela Méndez Zamudio, Da- niela Castiblanco Velosa y Nikol Vanessa Morales Fonseca. EDICIÓN Sonia Torres Quiroga Simón Cancino CORRECCIÓN DE ESTILO Nury Mora Bustos EDICIÓN DE FOTOGRAFÍAS Miguel Angel Castillo Rodriguez CONCEPTO GRÁFICO E IMPRESIÓN Buenos y Creativos Los contenidos de los artículos aquí pu- blicados son responsabilidad de cada uno de los redactores. Perteneciente a la Red Colombiana de Periodismo Universitario Una publicación de UNIMINUTO Edición No. 65 http://www.uniminutoradio.com.co/dateate Para más información escribir a: smtorres@uniminuto.edu dateateweb@gmail.com Por: Laura Camila Cárdenas. 4.º semestre 2 Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Colombia es uno de los países con mayor diversidad literaria en América Latina, gracias a sus lu- chas, etnias, riquezas y cultura es sujeto de musa para muchos escritores. Sin embargo, y muy a pesar de que existe un amplio repertorio de variadas temáticas, la población más joven del país en su mayoría no lee. Leen o no leen los jóvenes en Colombia En el último informe arrojado por el Pro- grama para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), Colombia es uno de los países con menor rendimiento en las pruebas de comprensión lectora, hecho que le valió ocupar el último lugar entre los países de la Organización para la Coopera- ción y el Desarrollo Económico (OCDE). Se- gún el excandidato a la alcaldía de Bogotá, Gustavo Bolívar, en un trino publicado el 5 de abril señaló: “El nivel de lecturabilidad en Colombia (1,9 libros al año per cápita) es ver- gonzoso. En este sentido, la Ministra de Educación, Aurora Vergara Figueroa, se pronunció ar- gumentando que sí es preocupante la baja capacidad lectora, y que junto con su equipo de trabajo están diseñando una serie de es- trategias como el fortalecimiento de la orali- dad, la promoción del hábito de la lectura, el dominio oral y escrito de la lengua y el forta- lecimiento de la educación rural, cuyo prin- cipal objetivo será promover la lectura y la escritura en la primera infancia, la inclusión de distintas etnias que engrandecen la cul- tura, la presencia de la academia en lugares olvidados para fortificar el lenguaje escrito y oral a fin de disminuir el analfabetismo de la población. El Ministerio de Educación en 2011 dio inicio al plan de lectura y escritura Leer es mi cuen- to con la intención de impulsar el desarrollo comunicativo en estudiantes de preescolar, primaria y secundaria, para afianzar los ni- veles lectoescritores (comportamiento lector, comprensión lectora y producción textual), mediante la consolidación de espacios para la formación de lectores y escritores con el in- volucramiento de los padres en estos proce- sos de mejoramiento desde casa. Actualmen- te, este proyecto es conocido como Plan LEO, que con el pasar de los años ha adoptado di- versas actualizaciones asociadas con las rea- lidades del contexto colombiano, tales como las nuevas praxis del lenguaje, las prácticas socioculturales, la oralidad no incluida en el anterior planteamiento y la incorporación de la lectura digital dada su alta frecuencia en- tre la niñez, adolescentes y jóvenes. El Plan LEO, debido a la nueva realidad social basada en hábitos como la virtualidad, ha promovido nuevos recursos a fin de seguir garantizando el acceso a la educación y el fortalecimiento de las prácticas lectoras, es- critoras y de oralidad por medio del acceso a materiales de lectura en bibliotecas digitales, para que la juventud se anime a realizar un trabajo autónomo que conserve su proceso lecto-escritor activo. La Cámara Colombiana del libro en su último fondeo de 2019 señala que el hábito de lec- tura mejoró con un promedio de 2,7 libros leídos anualmente por persona. Una encues- ta realizada por la Secretaría de Cultura, Re- creación y Deporte titulada Lectura, Escritura y Oralidad, espacios de lectura, señala que entre 2021 y 2022 los indicadores de lectura aumentaron a 2,6 en la ciudad de Bogotá. Vanguardia Académica Fotografía: Miguel Angel Castillo Rodriguez 3Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 En un estudio realizado por Martha Isabel Carrión Muñoz para Ciencia Latina, Revista Científica Multidisciplinar, la llegada de la tecnología ha transformado la forma en la que nos relacionamos con la lectura, el uso de las pantallas ha modificado nuestra ma- nera de aprender. Una de las consecuencias generadas por la era tecnológica es la pér- dida de atención, retención y comprensión, que, además, ha representado cambios en el modo de escribir, que comúnmente reempla- za el lenguaje conocido por una mezcla de emoticones, abreviaturas, palabras en span- glish o inventadas, que lo convierten en un vocabulario más relajado. Adicionalmente, las redes sociales han influido en la conduc- ta de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, provocando poco aprecio por la lectura, des- interés y dispersión por tanta información encontrada en la red como anuncios publici- tarios, notificaciones o la tentación de revisar historias, poner series e interactuar en línea. Escritores como Juan Merino, Luis Silva y Ós- car Pantoja insisten en que la lectura entre la juventud colombiana va por buen camino, pues los jóvenes siempre están rodeados de lecturas, y cada vez hay más escritores fres- cos que ganan reconocimiento por su labor, que son un ejemplo para los demás porque inspiran a las nuevas generaciones a leer y a escribir. Estos autores hacen hincapié en que estos escritores emergentes escriben desde la vida y las calles, es decir, tratan de narrar quiénes somos como país y sobre la reali- dad social que afrontamos, cosa que llama la atención por la forma en que están rela- tando historias, que, en muchas ocasiones, son crueles y dolorosas de digerir. Por últi- mo, afirman que la implementación de estra- tegias como el plan LEO en las escuelas y la realización de eventos como la Feria del Libro organizada por la Cámara Colombiana del Libro, talleres de escrituras creativas, Libro al Viento, pícnics literarios fomentadas por el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES), promueven el hábito lector entre públicos de diversas edades. “Sí, los jóvenes leen y leen de manera cons- tante, lo hacen de diferentes maneras y a tra- vés de distintos medios”, señala la maestra de lengua castellana Milade Parra, quien, con base en su experiencia desde el aula, reafir- ma que con la llegada del mundo digital es- tamos rodeados de recursos que permiten el acceso a numerosas actividades que facilitan las formas de aprender, aunque resalta que esto puede ser contraproducente porque el estar sumergido entre tanta información in- novadora, los procesos lecto-escritores pa- san a segundo plano. “La tecnología introduce a los jóvenes en una realidad consumista y facilista porque todo lo tienen a la mano sin un mayor es- fuerzo”, menciona esta maestra, al tiempo que enfatiza que las costumbres sociales han cambiado, por ende los procesos de lectura y escritura se han transformado, y añade que es importante utilizar estrategias que seduz- can a los jóvenes en el enamoramiento del libro con ejercicios de “adivina el personaje”, “cambia el final de la historia”, “cuestiona tu realidad”, entre otros, que capturan la aten- ción de los estudiantes y que estimulan su imaginación y su creatividad. Los estudiantes de undécimo grado del curso de la profesora Milade Parra, al hablar sobre su relación con los procesos lecto-escritores, coinciden con su maestra en que la lectura debe ser un acto guiado y obligatorio en los primeros años de escolaridad, a fin de con- vertirlo en un hábito cotidiano, que con el tiempo se volverá una actividad autónoma; también consideran que la elección de textos para leer está ligada a tendencias, gustos y preferencias personales. “Mientras unos leen para evadir la realidad, otros lo hacen para informarse y ser conscientes del entorno que los rodea”, aclara uno de estos jóvenes, que añade que no todo lo que se lee es literatura. Para los jóvenes, la lectura y la escritura son aspectos importantes, pues les permite desa- rrollar competencias comunicativas necesa- rias para su desenvolvimiento social en todos los campos del crecimiento humano. Eventos como la Feria del Libro son espacios intercul- turales que invitan al embelesamiento con la lectura de formas más interactivas y menos tediosas, a la unión y al reconocimiento de diferentes puntos de vista, porque este no siempre es un acto individual, y cuando es colectivo invita al intercambio de sentidos. Vanguardia Académica Fotografía: Miguel Angel Castillo Rodriguez 4 Vanguardia Académica Sobreviviente sin historia: ataque de las FARC en La Tagua – Putumayo Por: Stefanny Cerquera. 4.º semestre Para este suboficial todo inició el 22 de marzo de 2005, día en el que llegó a Puerto Leguízamo tras un permiso labo- ral por una situación de salud de su hija. Se dirigió hacia la base militar para presentar- se ante el comandante que lo reasignó a la Fuerza de Tarea Omega como comandante de una patrulla en el municipio Cartagena del Chairá en el departamento del Caquetá por seis meses. Luis, estupefacto, pidió de manera encarecida cinco días para alistar sus cosas y para avisarle a su familia porque la situación de salud de su hija, que naciera con parálisis cerebral, no podía dar una espera tan larga en el municipio de Puerto Leguíza- mo en donde no había especialistas. El viaje de Luis hacia Caquetá se pospuso por cinco días, tiempo durante el cual rempla- zaría al teniente Jalvin, que se encontraba al mando de unas operaciones con unida- des ubicadas en La Tagua-Putumayo, corre- gimiento aledaño a Puerto Leguízamo, que saldría de permiso y que debía entregarle el cargo a Luis. Ese día le mostró todos los contratos y los documentos de los que debía estar al tanto. La entrega terminaría al día siguiente en La Tagua con la asignación de las unidades que Luis comandaría mientras la ausencia del teniente. “El teniente me dijo: aprovechamos que ma- ñana va la juez en una camioneta, para que nos lleven y nos traigan, así que lo espero a las seis de la mañana”. Luis regresó a casa y le comentó todo a su esposa, a la Negra, como la llama, con quien empezó a progra- marse para lo que pensaban que sucedería en los siguientes cinco días. La mañana del 23 de marzo, la camioneta que transportaría a Luis junto a 10 uniforma- dos más debía estar lista. El vehículo partió de la base militar en dirección a La Tagua, y al salir de la base recogieron a Luis, que se ubicó en la plaza trasera de la camioneta en la puerta izquierda. En la mitad viajaba la te- niente Laura Prieto, la juez, y en la puerta de- recha se ubicó el teniente Jalvin. En el platón trasero se habían montado cuatro escoltas y un cabo radioperador, y la plaza de adelante la ocupó el infante conductor y un sargento que necesitaba un chance, como dice Luis, para ir al batallón ubicado en el corregimien- to de La Tagua. Eran las 7:45 de la mañana y Luis, en su in- tento por sobrevivir, fue testigo de la muer- te de sus compañeros: en sus recuerdos está principalmente la voz de la teniente que se desempeñaba como juez: “escuché cómo esa muchacha gritaba llamando a la mamá y pedía auxilio, pedía y pedía auxilio, pero lo que hicieron fue meterles tiros de gracia, y yo escuchaba todo eso”. “En la parte de atrás venían unos civiles en un camión NPD que eran los encargados de transportar tropa. Esa gente le disparó al ca- mión y todos los civiles se fueron corriendo asustados, y resulta que dejaron un poncho que pude coger y que usé para camuflarme. Mientras me arrastraba encontré a una se- ñora desmayada, a la que alenté para que se levantara, me la eché al hombro y nos adentramos en el monte como un kilóme- tro. Caminamos bastante y luego salimos a la carretera donde nos encontramos con el marido de la señora que la ayudó. Arribamos a una finca donde estaban los civiles y donde a mi parecer había guerrilla, ahí nadie me co- nocía y no sabían que yo era militar, menos mal porque esa gente estaba pendiente, y por fortuna los dueños de la finca me dieron ropa”. Los cuerpos sin vida de los uniformados per- manecieron en el terreno al menos dos ho- ras, tiempo en el que Luis intentó mantener oculta su identidad, hasta que a la finca llegó una mujer en una moto, a quien Luis cono- cía: “Le rogué y le rogué que me prestara la moto para devolverme a Leguízamo, ella me dijo que se podía meter en problemas, pero después de tanto rogarle me la prestó. Cuando iba de regreso me detuvo una patru- lla de infantería, y como yo no tenía papeles ni nada que me identificara, porque todo eso “Sentí un bombazo debajo de la camioneta que se levantó, las puertas salieron desprendidas y todos volamos, yo caí en la parte izquierda. Recuerdo que se escuchaban ráfagas de fusiles, granadas y como a unos 100 metros, en caso de que la camioneta siguiera el curso, habían puesto una ametralladora M60. Yo me agaché y me tiré hacia una bajada donde había una cerca, y por fortuna los árboles me protegieron. Me arrastré, luego me quité el uniforme y me quedé en interiores”. Son las memorias de Luis Mendoza, suboficial de la Armada Nacional y único sobreviviente del atentado sucedido en la vía a La Tagua-Putumayo. Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Credito: Armada de Colombia. (Youtube) 5Vanguardia Académica lo había enterrado en el monte, me detuvie- ron hasta que un infante me reconoció y por fin me dejaron ir a la casa. Allí me cambié y me fui a la base para presentarme ante el comandante”. Este es el relato de Luis, quien en medio de la angustia y gracias a su instin- to pudo volver con vida. Este crimen de guerra fue relatado por la Armada Nacional de Colombia en un home- naje a las víctimas del ataque: “10 uniforma- dos fueron asesinados por parte del ya ex- tinto frente 48 de las FARC, ataque que fue perpetrado en el kilómetro 12 de la vía que conduce de Puerto Leguízamo a La Tagua, Putumayo. El vehículo que transportaba a los uniformados fue objeto de ataque con 5 artefactos explosivos improvisados tipo cilin- dro, cuyo contenido era dinamita, metralla y objetos cortopunzantes instalados sobre la vía. Los uniformados sobrevivieron a la pri- mera emboscada luego de lo cual intentaron huir para encontrar refugio, intento que no tuvo éxito porque resultó en una segunda emboscada del grupo armado ilegal que los ultimaron con tiros de gracia con ametra- lladoras M60 y con disparos de fusil, según narra un video conmemorativo a los héroes caídos en combate de la Armada Nacional de Colombia. El suboficial Luis Mendoza también estaba en el vehículo y de él no existen menciones, aunque fue el único sobreviviente gracias a que logró escabullirse y volver a su unidad con vida. Lo que pasó aquel 23 de marzo, al menos para Luis, no puede ser contado tan solo en un video conmemorativo de cinco minutos de la Armada Nacional, porque es- tando presente, la magnitud y el dolor por la vida de sus compañeros no puede resumirse en “el amor por la patria, incluso por sobre su propia vida”. ¿Es posible llamar víctima a un sobreviviente de un crimen de guerra? Luis toma pastillas para dormir desde 2005, e inició tratamiento psiquiátrico por su cuenta en 2015. En la actualidad sigue consumiendo fármacos para el sueño y para mantenerse relajado. El inicio de este relato se vio frac- turado por la imposibilidad de Luis para re- cordar los detalles de este evento traumático que lo convierte en una víctima más del con- flicto del que no existe una reparación para él, o al menos que alguien le pida perdón, una de las promesas más grandes del proce- so de paz. Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Credito:Armada de Colombia. (Youtube) Credito:Armada de Colombia. (Youtube) 6 Ritmos del asfalto: historia de un músico callejero en Bogotá El sol comenzaba a descender sobre el horizonte de Bogotá, bañando las bulliciosas calles de la ciudad con su luz dorada. Mientras la mayoría de personas se apresuran a regresar a sus hogares, un joven músico se prepara para comenzar su presentación diaria en una es- quina concurrida del centro de la ciudad. Su nombre es Yesid Jiménez, y está acompañado de su fiel compañero; un violín, que ha sido testigo de innumerables aventuras a lo largo de sus años. Por: David García Rubiano. 4.º semestre Yesid, de veintisiete años y oriundo de Natagaima, Tolima, dedicó casi la mi- tad de su vida a la música. Comenzó a tocar el violín durante el bachillerato gra- cias a un obsequio de su profesor favorito de la clase de música. Su pasión por el instru- mento lo habría llevado a seguir una carrera como músico, pero las circunstancias de la vida llevaron a Yesid a las calles de Bogotá como su escenario, un lugar donde la mú- sica a menudo se mezcla con el ruido de los carros y el murmullo constante de la ciudad. En Natagaima se sentía un músico adoles- cente libre, es como recuerda los momentos más gloriosos de su juventud. Ayudaba a su madre en una huerta que él mismo constru- yó para venderles verduras frescas a los tu- ristas, pero por causa del conflicto armado tuvo que escapar hacia Bogotá, pues, aque- llos hombres buscaban jóvenes como reclu- tas y quien se resistiera sería asesinado. Con mucho temor, algunas monedas y un ce- lular de teclas en sus bolsillos, huyó abando- nando a su madre en el pueblito sin saber el día que volvería a verla. Dejó todo atrás para aventurarse a un lugar desconocido. Cami- nó muchos kilómetros sin encontrar ayuda, pues lo confundían con un indigente o pen- saban que se trataba de un ladrón. En su travesía vivió experiencias que lo lleva- ron a fortalecer su carácter. El miedo que sin- tió al salir de Natagaima le ayudó a enfrentar otras dificultades en la calle con personas en su misma situación, o incluso peores. Apren- dió a lidiar las dificultades gracias a su pa- ciencia, pues conoció el valor del autocon- trol, tanto que con el tiempo el miedo era un recuerdo de otro tiempo. Su llegada a la ciudad fue un enorme golpe de realidad. Mientras en Natagaima estaba rodeado de naturaleza, en Bogotá se encon- traba entre inmensas paredes de cemento. Los primeros días siempre son los más difí- ciles, y Yesid lo sabía. No conocer ni saber mucho de la ciudad era una dificultad adicio- nal, y conseguir un trabajo en las calles a los veintisiete años no es tan fácil como muchos consideran. Iba de local en local ofreciendo sus servicios de fuerza bruta, pero no tenía la suerte que anhelaba. La esquina del barrio Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Pasaron los días y Yesid seguía en las calles. El frío de la ciudad le ocasionó una enfermedad respiratoria durante un tiempo, y ansioso, en búsqueda de amparo, se vio obligado a refu- giarse en una capilla de la ciudad. Al cuarto día de estar escondido allí fue descubierto por el sacerdote, que le abrió las puertas de su hogar con el compromiso de que lo ayu- dara con los pequeños arreglos de la capilla como pintar las paredes, limpiar los enseres y poner las cosas en orden después de las eucaristías, y, por supuesto, no robarse nada. Así fue como Yesid encontró un techo, una cama para dormir y un lugar dónde recibir un poco de comida. Yesid se ganó la confian- za del sacerdote hasta hacerse su amigo, y quien le ayudó a ingresar a un curso gratuito de música. Gracias a su talento innato con el violín y la guitarra, culminó con éxito el curso, una motivación para no abandonar la música, aunque sus únicas presentaciones sean en las calles de la brumosa Bogotá. A pesar de todo, está rodeado de gente que lo escucha y eso lo hace sentirse orgulloso. Al llegar a la esquina que adoptó como su escenario, y sin conteo regresivo, empieza a tocar su violín; es un espectáculo de melo- días musicales. Algunos le ofrecen una mira- da curiosa, otros ya lo conocen de actuacio- nes anteriores, pero más allá de eso, Yesid ha logrado ganarse el respeto y el cariño de su fanaticada de turno. A medida que la multitud se acerca, las do- naciones comienzan a caer en su estuche abierto. Algunos dejan monedas, otros bi- lletes, y ocasionalmente alguien pone un bi- llete más grande como muestra de aprecio. Siempre agradece con una sonrisa y una re- verencia ligera. El dinero que gana en la calle es su principal fuente de ingresos, lo que le permite vivir y seguir haciendo lo que le hace avanzar: la música. Aunque la vida de un músico callejero no es un camino fácil, ocasionalmente, enfrenta desafíos diarios que van más allá de la mú- sica. El clima es uno de sus mayores adver- sarios. Bogotá es conocida por sus grandes e impredecibles nubes, esto hace que su violín se desgaste constantemente debido a los de- safíos climáticos, situación que ha aprendi- do a mitigar gracias a un viejo amigo de una tienda de instrumentos musicales, que por un monto mínimo de dinero limpia y pinta su violín cada tanto. Fotografía: Alerta Tolima 7Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 La esquina del barrio Como la vida en la calle a menudo está lle- na de imprevistos, Yesid ha tenido enfren- tamientos con personas que intentan robar sus ganancias o con transeúntes hostiles que no aprecian su música y le atacan con in- tenciones de dañar su instrumento. A pesar de esto, siempre lleva una actitud positiva, carácter firme y, sin darle tanta importancia a esas situaciones, continúa su día con una gran sonrisa. Su travesía como músico por las calles de la ciudad le ha enseñado a cubrir su instrumen- to con un plástico en caso de lluvia y a tocar con guantes de invierno para proteger sus manos del frío, sobre todo sus dedos por el endurecimiento de las cuerdas del violín que cortan la piel. A pesar de las circunstancias, Yesid continúa haciendo música en las calles, contagiando a muchas personas que se de- tienen un momento a apreciar sus obras mu- sicales. Ha invertido mucho tiempo, dedicación y amor en la música, tanto que ya no puede vivir sin ella. Constantemente se le ve tara- reando alguna canción o tocando su violín, esto le hace sentirse otra persona en otro mundo. La relación con su violín va más allá del simple cariño material, pues al verlo logra transportarse a las aventuras que ha vivido, aunque no todas han sido buenas; incluso lo- gra recordar el rostro de su madre a la que hace 8 años no ve. Después de cada actuación, se toma un tiem- po para descansar en un banco cercano a modo de reflexión. Admira el paisaje y orga- niza su mente para afrontar lo que viene. A menudo se pregunta si ha elegido el camino correcto al dejar a su madre en Natagaima y hacer de las calles su escenario, pero la músi- ca siempre ha sido su pasión y mantiene una esperanza profunda en su corazón de que el día siguiente será mejor. La vida de Yesid no se limita a la música en las calles. Durante el día, se dedica a la enseñan- za de música con un grupo de jóvenes artis- tas que han escapado de sus hogares debido a problemas familiares. Compartir su cono- cimiento y pasión con esos jóvenes le da un sentido de propósito y satisfacción a su arte. Él sabe que la música puede cambiar vidas y quiere transmitir ese poder aprendiendo de la que considera será la próxima generación de artistas. Yesid no tiene destino alguno, es un viajero en el tiempo cuyo mensaje es necesario des- cifrar a través de sus interpretaciones. Una de sus perturbaciones constantes es haber abandonado a su madre, pero no tenía elec- ción. Anhela volver a verla algún día, abra- zarla y expresarle lo mucho que la ama, y contarle sus aventuras y escuchar las de ella. Sus días son una montaña de emociones, sentimientos, situaciones y adversidades. No le gusta decir dónde vive porque considera que toda la ciudad es su hogar y cualquier lugar es bueno para descansar. Yesid consi- dera que el vagar por las calles inseguras de la ciudad podría ser un viaje sin retorno, aun- que por su talante logra convertir las adver- sidades en aventuras, y a cada una le gusta vivirla como si fuera su último día, pues así es el mundo de las calles, nunca se sabe si al amanecer será posible volver a ver la luz del sol. A pesar de llevar una sonrisa en su rostro, al caer la noche también cae con él el remordi- miento y la melancolía. En ocasiones no sabe qué hacer con su vida, pero no se conside- ra lo suficientemente cobarde para terminar con sus problemas de esa manera. Cree fir- memente que su amor por la música ha sido lo único que lo mantendrá vivo y quiere se- guir aprendiendo del mundo en su constante evolución. Yesid busca que las personas con las que se encuentra en la calle se queden con un re- cuerdo suyo. Su anhelo más grande es estar en una tarima con iluminación multicolor y micrófonos profesionales, pero mientras no le falte el aplauso de su público urbano, mantendrá su sonrisa contagiosa, el brillo de su personalidad y el talento de su espíritu musical. Fotografía: Galeria Santa Fe 8 Durante el denominado Gobierno del Cambio se han presentado varias diferencias con los medios de comunicación, los cuales, en algunas ocasiones, han atacado al presidente Petro, quien, en su defensa, ha hecho lo mismo con el periodismo colombiano. Estas discrepancias han puesto a los ciudadanos en medio de la discusión, dejando como consecuencia, por un lado, la falta de credibilidad del periodismo y, por el otro, que el presidente y demás funcionarios públicos pierdan la confianza por parte de la gente. Por: Alexandra Lozano. 4.º semestre La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) es una organización no guberna- mental que tiene como objetivo la defen- sa de la libertad de prensa y promover un clima óptimo para que quienes ejercen esta profesión puedan brindarle a la ciudadanía el derecho a estar informados. En no pocas ocasiones la FLIP se ha pronunciado ante los comentarios del presidente de Colombia; es el caso del comunicado del 12 de mayo de 2023 en donde lo acusó por “atacar de ma- nera reiterada” a los medios de comunica- ción, pues hasta el 11 de febrero de 2023 habían contado 34 trinos del presidente Pe- tro contra los medios de comunicación. El mandatario contestó que estaba en todo su derecho de defenderse y de hacer lo propio con su gobierno. Si bien la FLIP les ha sugeri- do a los medios de comunicación evaluar sus prácticas periodísticas, considera que quien las juzgue no debe ser el presidente. Para resolver algunas de estas inquietudes, DATÉATE habló con Juan Pablo Madrid, inte- grante de la FLIP, abogado con experiencia en derechos humanos y quien ha trabajado con comunidad privada de la libertad. En Tem- blores ONG hizo parte del equipo encargado de investigar asuntos relativos a habitantes de calle, movilización social y violencia poli- cial. En 2019 ingresó a la FLIP como investi- gador para explicar el impacto de emisoras del Ejército en lugares con alta incidencia del conflicto armado. En julio de 2020 asumió la coordinación del Centro de Estudios de Li- bertad de Expresión, una dependencia de la FLIP dedicada a la investigación, a procesos de formación y ciertos temas de incidencia coyuntural según sus líneas temáticas. Nota Principal Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Discrepancias entre medios de comunicación y Gobierno Petro Fotografía: @gustavopetrourrego 9 Alexandra Lozano (A.L): Gustavo Petro es un presidente mediático, de hecho, la periodista María Paula Ramírez en Canal Capital, en una entrevista a Jona- than Bock, director Ejecutivo de la FLIP, y a Ana Bejarano, directora del Veinte y columnista de Los Danieles, mencio- nó que, a diferencia de los otros presi- dentes, Petro se ha presentado en los distintos medios de comunicación y ha dado su opinión ante estos de manera más recurrente: ¿cree usted que esta ha sido una acción favorable o desfavora- ble? teniendo en cuenta que, aunque el pueblo conoce sus discursos, también se ha generado una ola de ataques en contra de medios y periodistas debido a la influencia que tiene el presidente en la ciudadanía. Juan Pablo Madrid (J.P.M): yo creo que en prin- cipio es favorable que el presidente y en general los funcionarios públicos atiendan al llamado y a las preguntas de los medios de comunicación, no lo veo como un problema. Creo que es lo deseable en una democracia. Que Petro permi- ta que su voz sea escuchada en diferentes me- dios y cómo eso pugna con mensajes que ha enviado en contra de algunos de ellos, son dos niveles. Por un lado, está el análisis respecto a que el presidente aparezca o no en los medios de comunicación, que es un deber de transpa- rencia en el marco del ejercicio activo de darle información a la ciudadanía; del otro lado están las formas de decir lo que piensa o cómo actúa cuando se refiere a los medios de comunicación. A.L: algo relacionado con la pregunta anterior y es que en varias ocasiones la FLIP ha señalado que Petro, aun antes de ser presidente, "estigmatiza y gene- ra un clima de violencia" contra ciertos medios, ¿qué opinión tiene frente a este tema, y si tiene algo en relación con lo que acaba de decir? J.P.M: sí, el llamado justamente ha sido para que el presidente, sea Petro o quién tenga ese cargo, entienda que tiene el deber constitucio- nal de garantizar un sistema favorable para el ejercicio de la prensa, lo que no significa que no pueda criticarla, que no se puedan elevar las so- licitudes de rectificación, que es el curso regular, cuando así lo amerite; sin embargo, cualquier funcionario público tiene el deber de tolerancia a la crítica y de garantizar las condiciones ópti- mas para el ejercicio periodístico; reitero, eso no significa que a los medios de comunicación no se les pueda exigir transparencia o no se les pueda corregir, simplemente un funcionario de la estatura del presidente debe cuidar mucho las formas y las palabras que utiliza y no hacerlo a través de Twitter, su medio preferido. A.L: los medios de comunicación hege- mónicos cuyos dueños son personajes o familias influyentes en Colombia han mostrado una inclinación política que no va de la mano con el Gobierno ac- tual, ¿cree que esto ha interferido en la discrepancia existente entre los medios de información y el presidente? (Como prueba, inserto tuit de Gustavo Bolívar) Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Nota Principal J.P.M: creo que sin duda hay muchos medios de comunicación a los que les falta ejercer cierta transparencia entorno a sus líneas editoriales, que en algunos momentos hace complicada esa relación entre prensa y Gobierno, sin embargo, hay aspectos distintos a tener en cuenta. Una parte del análisis son los medios de comunica- ción, particularmente aquellos que sus dueños son personajes poderosos, llámese Grupo Ardi- la Lule, Grupo Santo Domingo, Grupo Gilinski, etcétera. Otra arista es cuando entran a jugar los intereses que hay detrás de los medios de comunicación que generan cierta pugnacidad con el Gobierno, en particular con este. En mu- chas de las denuncias que Petro ha hecho o a las que se ha referido en este sentido, no me hacen pensar que sea un ejercicio de parte de los medios con el fin de entorpecer su Gobierno o demás, porque creo que es la responsabilidad de la prensa, hacer control político, hacer vee- duría. Petro puede estar o no de acuerdo con lo que se dice allí, pero para eso hay unos canales institucionales a los que se puede remitir. Para redondear, sin duda hay un problema de concentración de los grandes medios de comu- nicación en grupos económicos, eso tiene con- secuencias, por ejemplo, en lo que le informan a la gente. Por otro lado, está el deber del pe- riodismo de hacer control y de los medios de comunicación de ser transparentes con sus lí- neas editoriales. Hay medios de comunicación donde es evidente su narrativa o el lado al que apuntan, y no lo dicen, y eso es más que un problema de objetividad porque ese es un con- cepto que riñe con la realidad y que se discute en las facultades de comunicación: lo que se necesita es claridad y transparencia, y si los me- dios tienen cierta posición, cierta línea editorial, lo conveniente es que lo digan, que lo hagan saber e informen acorde con eso. Sin duda hay criterios de veracidad que deberían regir el es- tándar periodístico, pero las formas y cómo la institucionalidad hace esos reclamos es impor- tante, y no se trata de defender a los medios he- gemónicos, sino porque en general el ambiente para la prensa y la libertad de expresión, sobre todo en el periodismo local y regional, que es mucho más susceptible, en últimas también se ven afectados por esos mensajes. El mensaje, en últimas, no es “no critique a la prensa”, sino utilice los canales adecuados, o sea consciente de la posición de poder que tiene y de los debe- res constitucionales que le asisten. A.L: quiero ser muy concisa con la pre- gunta, ¿para usted la inclinación políti- ca de los medios hegemónicos no tiene que ver con la discrepancia que hay en- tre estos y el Gobierno actual? J.P.M: más o menos, yo creo que los medios de comunicación que tienen cierta línea editorial, que están del lado de un ala política o de la otra, deben ser transparentes para informarle a la ciudadanía sobre este aspecto, pero eso en principio no es el problema, pues por más de que a mí no me guste la forma en que cier- to medio de comunicación haga su trabajo, las posturas que defiende o que promueve, el he- cho es que la libertad de prensa y de expresión son derechos universales, que se les tienen que Fotografía: @gustavopetrourrego 10 garantizar a todas las personas. Ahora sí, hay un nivel en el que se puede criticar o cuestio- nar lo que hacen los medios de comunicación y ciertos periodistas, pero el gobierno no ha con- tribuido para que se apacigüe la pugnacidad; todo lo contrario, porque Petro en reiteradas ocasiones insiste en hacer llamados que algu- nas veces pueden estar equivocados, o en lo correcto en otras, pero como presidente de la república tiene ciertas limitaciones en la forma en la que eso se hace, ¿sí fui más claro? A.L: sí, ahora sí. ¿Cómo califica usted las portadas de la Revista Semana de los Gobiernos anteriores (de derecha), en comparación con las portadas del Gobierno de Petro (izquierda)? Tal es el caso de la portada con la fotogra- fía de Iván Duque y un titular que dice: Año de aprendizaje, en contraste con un mapa de Colombia en zona roja y el titular Colombia va mal. O para ha- cer la comparación más similar, el caso de la portada “¿Qué le pasa a Petro?” cuando llevaba 6 meses en la alcaldía de Bogotá? J.P.M: bueno, esta es mi opinión, porque la FLIP institucionalmente no entra a calificar la forma del periodismo que se hace. Yo creo que hay una disparidad grande en cómo Semana ha cu- bierto al presidente Petro y que da cuenta de la línea editorial que defiende. ¿Que están en su derecho? Sí. ¿Que es cuestionable? Para mí lo es completamente, pero si se hace una obser- vación de medios y de la forma en que se cubre una cosa y otra, sin duda, es notoria la dispari- dad y tal vez injusta. A.L: ahora, tratando ese tema de los ti- pos de periodismo que se hacen y que usted nos cuente que la FLIP no entra a catalogarlo o a evaluarlo, me gene- ra una inquietud: ¿por qué la FLIP no interviene para hacerles recomenda- ciones a los periodistas cuando se ex- ceden en comentarios xenófobos, ra- cistas, homofóbicos o cuando mienten deliberadamente? J.P.M: la FLIP sí lo ha hecho, de hecho, yo hace poco tiempo, tal vez un par de años, creamos una guía en conjunto con ACNUR, La Agencia de Naciones Unidas Para Los Re- fugiados, donde damos una serie de pistas con las que se quiere evitar lenguaje es- tigmatizante y xenófobo, particularmente contra la población migrante en Colombia. También, antes de la elección presidencial hicimos una cartilla en conjunto con Dejus- ticia, otra ONG, donde se planteaban varios puntos, entre estos las desigualdades. La FLIP no es una organización inconsciente de los problemas de la realidad, todo lo con- trario. El no juzgar los contenidos editoriales es una política nuestra en aras de mantener esa objetividad, porque la FLIP lo que hace es proteger un derecho, no proteger a X pe- riodista o a X medio, sino su derecho a que pueda ejercer su labor que, por supuesto, hay aspectos por los que nos preguntamos, de los que discutimos internamente, esa es la razón del por qué no se señalan estos contenidos es- Nota Principal Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Fotografía: @gustavopetrourrego tigmatizantes. Además, está la sociedad civil, las facultades de comunicación, que tienen un gran papel y que no han cumplido realmente, ahí es donde deberían entrar a juzgar esos contenidos, por- que la FLIP nació con el propósito de proteger periodistas que son amenazados, asesinados, y ese sigue siendo nuestro foco. Hay condicio- nes políticas coyunturales del periodismo muy diferentes y eso por supuesto plantea unos retos, como recibir críticas legítimas, esa es la razón. Por mi parte condeno cualquier conduc- ta racista, xenófoba o discriminatoria emitida en cualquier medio de información, sean redes sociales, medios de comunicación y demás, es un asunto que sin duda tenemos en la cabeza. A.L: comentarios xenófobos y racistas dirigidos por los medios de comunica- ción ha sido un tema tratado en varias ocasiones; de hecho la vicepresidenta Francia Márquez en varias ocasiones ha criticado a algunos medios de comuni- cación, a quienes tilda de tendencio- sos y mentirosos, pues cuestionan su vestimenta o cómo se expresa, como los sesgos y estereotipos racistas so- bre su viaje a África por parte de la pe- riodista María Andrea Nieto, directora del programa El Control y Columnista de la revista Semana. Por otra parte, también está el comentario que le hizo la periodista Paola Ochoa en Mañanas Blu a la embajadora de Colombia ante la ONU y líder indígena, Leonor Zalaba- ta Torres, cuando le preguntó: “¿usted sabe inglés?” ¿Ahí la FLIP hubiese podi- do interferir o no es necesario señalar estos hechos? J.P.M: no creo que no sea necesario señalar, de hecho, sí es necesario hacerlo, aunque de nuevo, parte de la misión de la FLIP es prote- ger el derecho a la libertad de prensa. Nosotros actuamos cuando hay una amenaza, una agre- sión a la libertad de expresión o a la libertad de prensa, por eso es que no hemos salido abier- tamente a condenar estas conductas, por más de que creo que eso es sumamente reprochable y que la ciudadanía tiene todo el deber y toda la posibilidad de exigir que este tipo de cosas cambien. También los medios de comunicación, en ese deber que tienen de autorregulación, deben mirar qué está pasando y porqué estas cosas se permiten. A.L: bueno, ¿es decir que ustedes no se- ñalan estos hechos en contra de estos medios porque la función de la FLIP es proteger la libre expresión por parte de periodistas y medios de comunicación? J.P.M: Sí. A.L: ¿cree que el fanatismo por una inclinación política puede llevar a ata- ques en contra de medios y periodistas, incluso pasando los límites de la intimi- dación, como en el video de la periodis- ta Camila Zuluaga junto a su familia? J.P.M: sí, por supuesto, creo que ahí está el quid del asunto, y porqué es tan importante que las voces públicas ayuden a que esto no suceda. El caso de Camila Zuluaga es un ejemplo. En marchas del sector uribista han agredido a pe- riodistas alternativos, y eso ha ocurrido también en otros casos. Entonces sí, porque aupar esas emociones de confrontación en contra de pe- riodistas puede generar excesos y muchas veces los periodistas afectados por esta violencia son trabajadores, que no tienen la responsabilidad directa de lo que dice el jefe y por lo que la gente está molesta, allí hay una línea que to- davía no se entiende, y es que la violencia en contra de cualquier persona no es aceptable y por supuesto menos o en igual medida en con- tra de un camarógrafo o un reportero que está haciendo su trabajo de cubrir una situación, es algo lamentable que sucede. A.L.: ¿qué opina respecto a la red social X (antiguo Twitter) como medio de co- municación del presidente Petro? Rela- ción que mencionó Gustavo Bolívar. J.P.M: a mí en lo particular no me gusta, y eso que yo voté por este Gobierno. Me parece que por la responsabilidad política y pública que tie- ne un personaje como el presidente de la repú- blica, debería haber muchísima más prudencia y mesura en la forma en que se comunica, creo que ahí está el quid del asunto. No es porque sea Petro en particular o cualquier otra persona, sino por su función pública. No me gusta ver correrías de cien tuits en torno a un tema, que generan confusión y problemas, incluso al inte- rior de sus propias comunicaciones. En el Go- 11 Nota Principal Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 bierno Nacional un presidente debería utilizar esos canales de otra forma, aunque también él está en su derecho. A.L: sí porque X es una red social que no tiene censura, entonces todo lo que se diga puede ser un dilema. ¿Cómo ca- taloga usted la manipulación del video original del discurso del presidente Pe- tro en la 78 Asamblea General de las Naciones Unidas por parte del equipo de comunicaciones de presidencia el pasado 19 de septiembre, en el que se anexan imágenes tomadas del momen- to posterior del discurso de Joe Biden? J.P.M: es un error muy bobo hacer ese tipo de cosas, a mí en lo personal me tiene sin cuidado para serte sincero. Creo que puede ser proble- mático en la medida en que le pinta una situa- ción a la ciudadanía que no se ajusta con la rea- lidad, pues más allá de eso no creo que tenga tanta relevancia en últimas. A.L: para ser honestos, el presidente ha sido uno de los más críticos con la in- formación brindada por los medios de comunicación y esta acción puede ser contradictoria con lo que él dice, pues no puede ser un error que no a cual- quiera le pasa; esa situación fue inten- cional porque hubo un video editado, y manipularlo tiene un trabajo, que, aun- que no es relevante para su Gobierno, es una crítica a lo que él critica. J.P.M: sí, estoy de acuerdo, creo que se ganaron una discusión innecesaria. A.L: ¿cuál es su perspectiva frente al De- creto 1702 de 2023, que fue expedido el pasado 19 de octubre, que impedía la libertad de prensa en el cubrimiento de las elecciones este domingo 29 de octubre? J.P.M: lo que ocurría con ese decreto es que te- nía unos artículos problemáticos que restringían el trabajo de la prensa, como el uso del celular, cuando hoy en día, creo que pocos periodistas no lo usan para hacer registros. También había un tema con respecto a la información de or- den público, que se emitía siempre y cuando se tuviera la voz oficial o se hubiera confirmado el hecho, y eso es problemático. El Ministerio del Interior finalmente se reunió con nosotros e hizo unas aclaraciones respecto del contenido de ese decreto que paliaron la situación. El de- creto 1702 no nació en este Gobierno, y lo han sacado en administraciones anteriores, lo cual ocurrió en las elecciones regionales de 2019, y para las legislativas y presidenciales. Esto es algo que la FLIP ha alertado desde que ocurre, directrices que son complicadas en materia de prensa porque obstruye la posibilidad de los pe- riodistas de hacer su trabajo de forma normal. Finalmente, el Ministerio del Interior se reunió con nosotros y sacó una aclaración al respecto. A.L: durante el último debate a la Alcal- día de Bogotá, organizado por El Tiem- po, Gustavo Bolívar se exaltó porque consideraba que los medios de comuni- cación siempre le preguntaban lo mis- mo en relación con La Primera Línea. Un hecho similar fue el de Francia Márquez con el helicóptero, cuya respuesta ge- neró polémica porque se mostró indig- nada: ¿este tipo de preguntas pueden tener doble intención, hacen parte de la comunicación, están mal, pueden ser ataques en contra de los funcionarios públicos, o qué análisis haría de este tema? J.P.M: a mí en lo personal los debates no me gustan mucho porque creo que no terminan de aportar información valiosa, y se convierten en un ejercicio de buscar rencillas entre candi- datos, o posicionar estos temas polémicos. Los medios de comunicación están en todo su de- recho, y uno entra a valorar la forma en que eso está sucediendo. Yo no vi la reacción del candidato Gustavo Bolívar en vivo, me dijeron que estaba molesto, yo entiendo que también puede tener sus emociones y la forma como ve las cosas. Creo que es un problema cómo se ha planteado este tipo de debates, pero su respon- sabilidad y su rol público plantean unas restric- ciones y limitaciones frente a la forma en la que expresa su inconformidad. A.L: más allá del debate, ¿qué piensa usted de que los medios de comunica- ción sean reiterativos con un tema en contra de los funcionarios públicos del Gobierno actual, por ejemplo, la rela- ción de Gustavo Bolívar con La Primera Línea y Francia Márquez con el helicóp- tero? J.P.M: en lo personal no me gusta, considero que el tema de Francia y el helicóptero parte de un sesgo racista, reconozco eso completamen- te, es irresponsabilidad de los medios de comu- nicación: ellos tienen derecho a consultar temas y a preguntar por las relaciones de los funciona- rios públicos, y la ciudadanía también está en su Fotografía: @gustavopetrourrego 12 Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 - Rock al Parque 2023: ¡tres días de música y adrenalina!. Por: Brayan Stiven Vásquez. - Tres excelentes soluciones. Por: Nicolas Parra. - Rock al Parque 2023 tuvo un cierre monumental. Por: Marcela Gómez de la APC Soundterra para Datéate. - Emprendimientos con sentido. Por: Daniel Rojas. - En noviembre la Alianza Francesa de Cali se une a la celebración internacional “Novembre Nu- mérique”. Por: Alianza Francesa de Cali. derecho de reclamarlo como incorrecto. Mi opinión es que no me gustó el cubrimiento que se hizo del asunto del helicóptero y todo lo que suscitó; creo que es equivocado, pero así a mí no me guste tienen derecho a hacerlo. A.L: ¿cree usted que hay una batalla entre medios de comunicación y el Go- bierno actual? J.P.M: creo que llamarlo batalla es duro, sin duda hay un ambiente de hostilidad de ambas partes y esto no es achacable a uno u otro actor. Los medios de comunicación tienen un poder, acá hago la salvedad, medios de comunicación masivos, que hacen parte de esta cadena de poderes que tienen una gran responsabilidad e influencia en la sociedad. Por otra parte, hay un Gobierno, o más bien un presidente, que se de- fiende con los dientes, que creo que también se ha equivocado un montón en la forma en que lo hace. Acá hay algo, y es que cuando uno ha- bla de los medios de comunicación debe preci- sar a cuáles hace referencia, porque los medios de comunicación son mucho más que Caracol, RCN, Semana, etcétera, también es la emisora comunitaria que trabaja en Chigorodó. Sin duda hay un entorno de pugnacidad y en últimas esto le hace más daño al periodismo, sobre todo al de calidad. En Colombia hay gen- te comprometida que hace muy bien su trabajo y sin quererlo termina metida en esa generaliza- ción de ser malo o mala periodista. En últimas también pierde la ciudadanía en la medida en que no accede a información en la que real- mente pueda confiar. Yo odio utilizar la palabra polarización, pero creo que estamos en un am- biente en el que cada vez las personas son más susceptibles de caer en sus propios sesgos y en la desinformación, aunado a las redes sociales y a la manera como se distribuye la información, además de informarse de acuerdo con lo que quieren ver y no a lo que sucede, y creo que ese es un problema achacable a casi todos los seres humanos, casi todos tenemos nuestros sesgos, prejuicios y demás; el problema se da cuando desde el Gobierno, los medios y las redes no se aporta para aplacar esa situación. Ahí entra en juego algo fundamental y es el papel de las au- diencias, pues cada persona debe saber qué in- formación necesito, cuáles son mis sesgos, qué es desinformación, cómo identificar la desinfor- mación, incluso saber quiénes son los dueños de los medios de comunicación, qué intereses hay detrás, creo que en últimas esa es la res- puesta o el camino en el que hay que ahondar, y ahí la FLIP le está metiendo un poco el diente. A.L: teniendo en cuenta esa respuesta, si bien es cierto que los medios de co- municación no sólo son Caracol, RCN, entre otros hegemónicos, también hay medios de comunicación independien- tes y comunitarios, ¿considera usted que el Gobierno Petro tiene diferencias es con aquellos medios hegemónicos, en los que sus dueños son personas con inclinaciones políticas distintas a las suyas, o las discrepancias son con todos los medios? J.P.M: si uno quisiera resumirlo la respuesta es sí. Para mí es muy difícil generalizar y decir que todo el trabajo de un medio está en función de ir en contra del Gobierno Petro, pero creo que sí se puede resumir en que las diferencias se dan con los medios hegemónicos. También es la lucha por el relato y varias visiones del mundo que son distantes. Por otra parte, está esa pug- na que produce el poder económico. A.L: para terminar, me gustaría saber, ¿cómo cree que podrían mejorar las discrepancias entre el Gobierno Petro y los medios de comunicación? J.P.M: yo creo que es complicado, pero parte de la voluntad de los medios de comunicación, del Gobierno y del presidente. Por el lado de los medios se puede mejorar atendiendo las críticas y asumiendo los errores, haciendo un ejercicio efectivo de autorregulación a fin de compro- meterse justamente con comunicar lo que es y tener en el horizonte los criterios periodísticos que eviten esos lenguajes redundantes, escan- dalosos, el unifuentismo como le dicen por allí, y si esas informaciones efectivamente afectan a un Gobierno, pues es lo que tienen que hacer, el periodismo no está tampoco para aplaudir a nadie y un presidente debe afrontar esta situa- ción, que por su posición pública, debe tener mayor tolerancia a la crítica, y entender que además tiene restricciones a su propia libertad de expresión, pues no puede andar diciendo lo primero que les salga de la cabeza, justamente por ese poder que detenta, por esa responsa- bilidad pública. Para redondear, creo que es un asunto en el que medios de comunicación, go- bierno y funcionarios, tienen que poner de su parte, aceptar que hay errores, que hay cosas que no deberían estar ocurriendo y la ciudada- nía cada vez debe tener un rol más preponde- rante en cómo se informa y en lo que les exige a los medios de comunicación. Las redes sociales juegan un papel importante, especialmente Twitter, un espacio sin censura y uno de los más utilizados por personas y enti- dades con gran influencia social. Todo lo que se diga en una red social puede ser usado a favor o en contra, por eso es que antes de tuitear, debemos analizar la situación y qué tanto nos puede afectar hacer pública una idea, especial- mente en el caso de personas con una impor- tante responsabilidad social, como funcionarios públicos y periodistas. Los aportes de Juan Pablo Madrid permiten acla- rar el rol que cumple la FLIP entre los medios de comunicación y el Gobierno, y las políticas que promueve esta organización con el fin de velar por la Libertad de Prensa y las razones por las cuales no señalan hechos discriminatorios por parte de algunos medios o periodistas; hechos que también protagonizan funcionarios públi- cos a través de las redes sociales. Esta entrevista permite reconocer que hay desacuerdos entre medios de comunicación y el Gobierno actual, como comprender las razones por las cuales suceden estas discrepancias, qué hay detrás de cada versión y los intereses de por medio. Nota Principal 13 Caminando entre muertos vivientes: un día viviendo en Kensington Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 La esquina del barrio Por: Cristian Andrés Téllez Suárez. 4.º semestre Son las 4:00 de la mañana y Camilo no puede dormir, en una buena noche pue- de conciliar 2 o 3 horas de sueño. In- tenta llevar esta situación mediante la ora- ción, pues sabe que, aunque está seguro en su habitación, al amanecer muchas personas habrán muerto. Al comienzo esto le parece alarmante, pues es de las personas que con- sidera que cada vida es importante, pero al pasar de los años algo tan frecuente genera costumbre, esta resignación a lo inevitable la compensa pidiéndole al cielo que estas al- mas que parten puedan encontrar paz. A las 8:00 A.M. debe levantarse para ir a trabajar e iniciar un nuevo día, aunque frecuentemente se cuestiona si vale la pena o no. Oriundo de Palmira, Valle del Cauca, estaba acostumbrado a la violencia, situación que lo llevó a migrar. Muchos de sus amigos desean ir a Estados Unidos para cumplir el sueño americano, algo que Colombia no les puede ofrecer. Luego de hacer algunos ahorros y de gestionar créditos bancarios, logró obtener lo suficiente para aplicar a la visa F-1 de es- tudiante y así volver este sueño una realidad, aunque sabía que esto era solo apenas una artimaña, pues su viaje no tenía retorno. Sa- bía que su visa vencería a los 6 meses, hecho que no sería impedimento para intentar ra- dicarse allí. El primer lugar que conoció fue Washington D.C., un escenario pletórico de paisajes, mu- seos y cultura, pero a su vez muy costoso. Luego de viajar durante un año por distintos lugares de ese país, pudo establecerse en Fi- ladelfia, y gracias a unos amigos consiguió vivienda y trabajo. Desde entonces sus gas- tos se redujeron a la mitad, hecho que no le sorprendió, pues conocía la mala fama de esta ciudad por la crisis en razón del consu- mo de drogas por la que atravesaba. Una vez comparó su situación inicial en Estados Uni- dos, consideró que el escenario que ahora lo rodeaba no podía ser un impedimento, pues la opción restante era regresar a su país, he- cho que le daba más temor. A las 9:30 A.M. sale del edificio donde vive. Intenta usar ropa oscura y pasar lo más des- apercibido posible, más en un lugar como Kensington, pues allí es mejor no ser nadie. Debe cruzar más de 3 cuadras para llegar a su trabajo, y en el camino experimenta la más decadente situación a la que puede caer un ser humano. En este punto recuerda su li- bro favorito, La Divina Comedia de Dante Ali- ghieri, pues sin importar el tiempo que lleve allí, cada mañana siente que está transitando uno a uno los diferentes círculos del infierno, y al igual que Dante percibe que este lugar ha sido olvidado por Dios, lo que considera irónico, pues aún no pierde la fe en él. Durante el recorrido de tan solo 8 minu- tos, que se le antojan eternos, observa a las personas que, independiente de sus oríge- nes, caminan al ritmo de la tragedia, como si esta fuera su única balada. Cada esquina está habitada por “caminantes”, individuos que han dejado aquello que los hace huma- nos, trasformados en vestigios de lo que han sido, como consecuencia de su adicción a las drogas. La primera vez que preguntó el porqué de este nombre, recuerda la asocia- ción de estos caminantes con zombis: le ex- plicaron cómo estas sustancias logran nublar cualquier razón, creando seres que solo res- ponden a estímulos y a una sola necesidad causada por la dependencia a los narcóticos. Las calles de este territorio no hacen más que reflejar lo difícil de este panorama, pues su Fotografía: Van Life Wanderer La esquina del barrio14 paisaje son toneladas de basura, y una cre- ciente violencia que se adueña de la zona. Esto se debe en gran medida al consumo de heroína y fentanilo que ha sumido a la co- munidad en una espiral de adicción y des- esperación. Es de los primeros en llegar al restaurante donde trabaja, y aunque sus res- ponsabilidades están en la cocina, no puede iniciar hasta que lleguen sus demás compa- ñeros. Durante este tiempo le gusta limpiar la fachada del local cuyos grandes ventana- les le permiten ver desde un espacio seguro cómo estos caminantes que parecen vagar sin rumbo, están atrapados en sus propios vicios. Su humanidad es aniquilada día tras día, sus figuras poco a poco tienden a desaparecer por la falta de alimentación que los lleva a una desnutrición acelerada. Pero, sobre todo, duele ver esas miradas llenas de va- cío, como si de un agujero se tratara. No hay chispa, no hay espíritu, están poseídos y sus movimientos, similares a los de una colme- na en reposo, son lentos, descoordinados, y solo responden a un llamado que los altera y los pone alerta, enajenamiento causado por el sonido que generan las agujas al ser lle- nadas de este mortal líquido, una vibración letal que arrastra cualquier esperanza y que los consume desde adentro en un viaje hacia una sola dirección sin camino de retorno. Su jefe, James, recuerda que años antes de que Camilo llegara, medios locales e inter- nacionales, como la BBC, bautizaron el ba- rrio como un campamento de drogadictos al aire libre, y recalca que esta notoriedad poco ha ayudado, pues no ha traído consigo una solución. A pesar de los diferentes esfuerzos locales y gubernamentales, la situación pa- rece empeorar cada vez. Es contradictorio, pues la ciudad de Kensington tiene una im- portante e influyente descendencia inglesa e irlandesa, y fue considerada un refugio de la clase trabajadora. Sin embargo, las drogas han tomado el control. Camilo cumple su jornada, la que quisiera se extendiera más, pues son sus mejores 8 horas del día porque se siente en familia, pero al terminarla de nuevo sucumbe ante su soledad. Recorre las mismas 3 cuadras de la mañana y se refugia en su cuarto lo antes posible. A través de su ventana observa a 4 lindas mujeres frente a su edificio, y aunque cautivado, es consciente de su triste trasfon- do: aquellas que no pueden pagar los nar- cóticos, usan sus cuerpos como moneda de cambio para recibir como a una vieja amiga a esa necesidad desenfrenada del consumo. Algo que le llama la atención de las muje- res, además de sus cortos vestidos, son los puntos de tez marrón que resaltan en sus brazos y piernas. Investiga un poco y descu- bre que, ante tantas inyecciones, la cavidad venosa se va quemando, es decir, ante tantas punciones, el tejido superficial va cicatrizan- do y engrosando la capa de piel y el tejido intravenoso, lo que dificulta cada vez más la inyección en vena que afecta a su vez al flujo sanguíneo, por lo cual se inyectan agujas en otras partes del cuerpo como en el cuello, las piernas, la lengua y entre los dedos de los pies. Cualquier lugar es válido para cum- plir este objetivo. Por esto, muchos de ellos cojean y cabecean. Algunos cuentan sus últi- mos minutos terrenales tirados en el suelo, la cruda realidad a la cual se enfrenta la comu- nidad, donde la vida cotidiana se trasforma en una lucha constante por sobrevivir. Para Camilo no es solo un problema local. El mercado ilegal de drogas atrae a miles de personas de todo el país en busca de su próxima dosis. Los Centros de Control y Pre- vención de Enfermedades informan que me- dio millón de personas han muerto en las últimas dos décadas debido a sobredosis de opioides, y este lugar ha sido epicentro de tres epidemias de drogas diferentes a lo lar- go de los años. La situación se agrava por la presencia del fentanilo, una droga que es hasta cincuenta veces más potente que la he- roína y cien veces más que la morfina. Aun- que su uso es legal y está destinado a usos médicos bajo estricta supervisión, los adictos lo consumen sin control, y los vendedores lo trafican con total irresponsabilidad para au- mentar sus ganancias. Sus efectos, que son inmediatos, producen sedación, problemas respiratorios y deficiencia visual, sumiendo a quienes la consumen en un estado de can- sancio extremo y deterioro físico y mental. En muchas ocasiones ha presentado denun- cias y se ha unido a sus vecinos, quizás para que algunos de sus reclamos resuenen en las autoridades responsables encargadas de controlar esta situación. Pero la realidad es que existe una permisividad inaceptable ha- cia la crisis que agobia a este distrito, y las mismas autoridades actúan de manera con- veniente, echo que intensifica el sentido de abandono. La dura realidad muestra que la tragedia en Kensington no es solo una crisis de drogas, sino también una crisis de justicia social que afecta a las comunidades más vul- nerables. Son las 10 de la noche, momento en que por la mente de Camilo camina la idea de esca- par, que es borrada rápidamente, quizás por la misma mística que tiene este lugar. “Es como estar preso con todas las libertades”, similar a una inmersión dentro de la misma Matrix. Surgir cuando se está solo no es fácil, como muchos creen, y el costo de la vida, en comparación con el resto de Estados Unidos, se siente como un regalo. Claro que ahora sabe lo que se debe pagar, que es casi como vender el alma. La fortuna siempre está de su parte; la muerte le respira, muchas veces la ve trabajando, pero nunca ha tocado a su puerta. La realidad que ve es clara: no impor- ta cómo, pero jamás será una opción para él, escapar de lo que sea mediante las dro- gas. Espera que, tal como menciona Dante, la senda que lleve al cielo empiece aquí en el infierno. Quizás sin saberlo, estar allí sea su redención y la de todos los que lo acompa- ñan. Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 La esquina del barrio El Bogotazo de Luis Pensó que tal vez se trataba de un incendio o de un robo, pero su curiosidad era tanta que decidió entrar a cada almacén que veía para preguntar qué era lo que ocurría. Como si se tratase de un rayo furioso que pretendía abatir a la ciudad, se percató de que la gente empezaba a pelearse: rompían vidrios, dañaban y quemaban establecimientos, iglesias, oficinas, tranvías y cualquier cosa que se les atravesara en el camino. “¡Váyase a la casa niño!”, o “¡corra chino!”, eran algunos de los comentarios que Luis recibía entre los violentos ruidos que provenían de la muchedumbre enfurecida. Era 1948 y un tal Gaitán era la sensación de aquella Bogotá de antaño. Mi bis- abuelo Luis, que tenía tan solo 13 años, veía que en todos lados la gente se mara- villaba con ese hombre, pero dentro de su cabeza no hallaba razón para tal fascinación. Recorriendo las calles de la capital, ese niño había entendido que fuera quien fuera el tal Gaitán, mediante la fuerza de su discurso les brindaba esperanza a las personas. Luis atra- vesaba una temprana adolescencia donde los temas políticos no eran de su interés: él simplemente era feliz jugando futbol con sus amigos después de clases. Durante los primeros días de abril de ese año, su familia recibió la noticia de que el tío Miguel, que por cierto era muy allegado a Luis, estaba enfermo y se encontraba en el Hospital Central de Bogotá, lugar donde irónicamente Jorge Eliécer Gaitán fallecería pese a la pronta asistencia médica. Ese 9 de abril Luis permaneció un par de ho- ras hablando con su querido tío, quien re- cuerda haberle dicho: “Gaitán es el tipo de hombre que este país necesita, ojalá que siga haciendo bien su trabajo para que cuando us- ted sea grande y se empiece hacer viejo, pueda tener una vida digna”. El tío Miguel pronunció su sentencia mientras miraba fijamente a mi bisabuelo Luis, que se preocupaba mucho por él, tanto así que lo cuidaba como si se tratase de su propio hijo. “No se preocupe tío, usted sabe que siempre hemos gozado de buena vida, además recuerde que a mi papá no le gusta que yo dependa de un señor que ni siquiera conozco”, le contestó Luis. “Su papá puede pensar lo que quiera, pero él sabe que yo tengo mis convicciones claras”, respondió el tío Miguel. Mi bisabuelo recuerda con cierta gracia que su padre y el tío Miguel solían tener discu- siones políticas, pues su papá no quería que su hijo se involucrara en ningún fanatismo por la política; él siempre pensó que la mejor forma para que un pueblo fuera exitoso era bajo la sujeción de las leyes de Dios y no de los hombres, pensamiento que sería inculca- do en las convicciones de mi bisabuelo Luis. Las nubes empezaban a agruparse cada vez más y unas finas gotas empezaban a golpear el cristal de la ventana del cuarto del hospi- tal. “Chino, mejor váyase de una vez para la casa antes de que el agua me lo vaya a resfriar”, le dijo el tío Miguel a mi bisabuelo Luis. Obedientemente se despidió y salió del hos- pital. Tenía unos 5 o 6 centavos para el bus de regreso, no obstante, la estadía en el hos- pital junto con la extensa charla que había sostenido con su tío, más los olores a comida fresca en los almacenes aledaños al hospital central de Bogotá, influyeron en su cuerpo y mente para que decidiera gastar los centavos que tenía destinados para volver a casa, con el fin de invertirlos en unas dulces y grandes paletas de color amarillo, que, en sus pala- bras, era uno de los momentos más nobles y 15Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Por: Juan Diego Fuentes Olaya. 4.º semestre Fotografía: Archivo de Bogotá La esquina del barrio16 placenteros de su hasta entonces corta vida. Incluso dice que su estado anímico se trans- formaba para convertirse en una persona más afable. A causa de su decisión se vio obligado a de- volverse a pie, bajo las nubes grises y la fría brisa que advertían que una lluvia estaba próxima a caer sobre la ciudad. Se sentó a comerse la paleta, y luego empezó a cami- nar de regreso a casa. Bastaron un par de cuadras para que el ambiente se saliera de control: empezó a notar que las personas gri- taban y corrían de un lugar a otro, mientras que muchos otros se preguntaban: ¿qué está pasando? Con el caos desatado, Luis logró escabullirse entre la gente, pues su curiosidad se vio drás- ticamente absuelta por el temor de perder su vida. La adrenalina en su interior era tanta, que al acelerar sus pasos se metió por otras calles que no conocía y terminó perdido en medio de ese fatídico ambiente. El panorama era dantesco, veía cómo la ciudad a su alre- dedor se desvanecía en cuestión de minutos, había fuego, gritos, tiros y golpes por todo lado; era el escenario apocalíptico más realis- ta que vivió jamás. Durante su travesía para encontrar el cami- no a casa, al fondo de una calle vio cómo la muchedumbre arrastraba lo que parecía ser un cuerpo ensangrentado y brutalmente gol- peado. ¿Qué habrá hecho ese hombre para terminar así?, se preguntó Luis mientras ca- minaba de prisa. Aquel infortunado era Juan Roa Sierra, el hombre que según los registros históricos acabó con la vida de Gaitán. Sin pensarlo dos veces siguió su camino, cada vez más alejado de aquel distópico ambiente que envolvía a la ciudad. Después de una exhaustiva caminata, llegó a su tan ansiado hogar, donde sin siquiera cruzar la puerta su familia le preguntó: “Mijo, ¿dónde estaba? teníamos el corazón a mil, pensamos que algo malo le había pasado”. ¿Está bien?, ¡vea cómo tiene el zapato lleno de sangre! No se había dado cuenta de que uno de sus zapatos tenía sangre salpicada, pero no era sangre suya, ni tampoco sabía de quién era. Luis respondió: “Estaba visitando al tío Miguel en la clínica”. Pero ¿qué fue lo que pasó? “¡La gente se enloqueció y están que- mando todo!”, respondió el niño. “¡Mataron a Gaitán!”, respondió el papá de Luis. Lo primero que se le cruzó por la cabeza a Luis fue la imagen de su tío Miguel. Le te- nía tanta fe y expectativa a Gaitán, que sabía que no sería una noticia agradable para él. Con el paso de las horas, a través de la ra- dio, se supo que el caos prevaleció un buen tiempo: los disturbios no cesaban y el futuro era desesperanzador, y el miedo de Luis au- mentó cuando escuchó que el hospital don- de su tío estaba era el mismo donde se había confirmado el fallecimiento de Gaitán, y mu- chas personas malheridas a consecuencia de los disturbios empezaron a llegar solicitan- do ayuda médica: niños, mujeres embaraza- das, ancianos se encontraban a un hilo de la muerte, y el personal médico no era suficien- te para atenderlos a todos, pero lo que más le importaba era su tío, pues en su cabeza te- nía razones suficientes para pensar que algo malo le podría haber sucedido. Días después, con la situación ya controla- da, la familia fue a visitar al Tío Miguel, que para fortuna de todos se encontraba ileso. No obstante, su estado emocional estaba de- caído. Lamentó profundamente la muerte de Gaitán, le tenía gran estima pese a nunca ha- berlo conocido, pero su lamento mayor era el doloroso futuro que le esperaba al país. Al sol de hoy Luis recuerda la mirada de ojos marrones de su tío que vislumbraban la pro- fundidad de aquel vacío que le dejó Gaitán, una mirada que reflejaba el sentimiento de miles de bogotanos que tuvieron que afron- tar una gran desilusión política, que desgra- ciadamente se convirtió en una violencia que marcó una época hasta convertirse en la pio- nera de una sociedad herida, que trajo san- gre, dolor y pena. Aquella violencia se apoderó de lo que Luis percibía como una pacífica Bogotá, pues la ciudad sufrió una brusca transformación en contraste con lo que alguna vez fue. Luis se sentía como un extranjero, pues los vidrios rotos en el suelo, los tranvías incinerados y ver a la turba enfurecida, decepcionada y desatada en su máximo esplendor de ira, de- formaron el que alguna vez fuera el clásico modelo de ciudad que conoció de la capital. Su desconfianza y temor por los demás au- mentó: recorría las calles de la ciudad obser- vando a las personas que se veían corrientes, cuando muchas de ellas en su interior sabían que se habían comportado como animales salvajes. Pudo entender que el raciocinio hu- mano muchas veces es obstaculizado por los sentimientos cuando están a flor de piel, fa- lencia que parece estuvo y que continúa pre- sente en la historia de la sociedad capitalina. Fotografía: Soacha Ilustrada Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 La esquina del barrio 17 El Legado de la Barbería Baquero en el corazón de Bogotá En la soleada tarde de aquel sábado de octubre de 2023 estaba ante la puerta de la emblemática barbería de Hernán Baquero. Por: Justin Cárdenas. 4.º semestre Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 La fachada de ladrillos y de un corete clá- sico de nuestro corte cachaco, anunciaba que este lugar parecía haber escondido miles de historias durante décadas. Mi curio- sidad ardía como una vela en la oscuridad, y decidí cruzar el portón metálico de aquel es- tablecimiento que prometía más que un sim- ple corte de pelo. Sin embargo, más allá de ser un simple lugar de trabajo, desde el momento en que entré, me di cuenta de que este sitio tenía la capaci- dad de transportar al pasado, específicamente al corazón de Las Cruces, uno de los primeros barrios obreros de Bogotá. Fue allí, en medio de las calles de este lugar, donde la élite de la sociedad bogotana comenzó a establecer su presencia allá por la década de 1920, antes de los turbulentos días de El Bogotazo. A pesar de los cambios y los avatares que han afectado a la ciudad a lo largo del tiempo, existe un lugar que ha logrado sobrevivir al implacable paso de los años, conservándose en un estado casi intocado: la emblemática Barbería Baquero. El oficio de la barbería tiene profundas raíces en la familia Baquero. Todo comenzó con la bisabuela de Hernán Baquero Junior, la seño- ra Teresa Castillo, que recorría las veredas de su natal Santander en compañía de sus hijos para ejercer su oficio. Su destreza se centraba en atender a capataces, administradores de fincas y campesinos, marcando así el origen de la que con el paso de los años sería la Bar- bería Baquero. La familia se estableció en Bogotá en la dé- cada de los 40, y su primer hogar fue en una habitación de una casa ubicada en la Carrera Octava con Calle Segunda, lugar que en la ac- tualidad es conocido como La Tapera, un sitio de entretenimiento nocturno que mantiene su estructura clásica en medio de la moder- nidad. Hernán Baquero, padre en su pubertad, aprendió el oficio familiar y se aventuró como barbero en el barrio San Bernardo, debido a la fuerte competencia en Las Cruces, su lugar de origen. Por esas cosas del destino fue reem- plazado por otro barbero, razón por la cual Hernán se trasladó nuevamente a Las Cruces donde se alquiló como barbero en la barbe- ría del señor Gildardo Peluco, ubicada sobre la Calle Segunda con Carrera Novena, donde hoy en día funciona un establecimiento cono- cido con el sugestivo nombre de El bebedero de las pitufas. En 1954 un nuevo capítulo comenzó a escri- birse en un pequeño local del Teatro de Las Cruces. Hernán Baquero y su padre tomaron en alquiler este espacio, que se convirtió en el hogar de algunas herramientas centenarias que habían pertenecido al difunto jefe, Gil- dardo Peluco. Juntos, padre e hijo, se embar- caron en esta emocionante aventura que se desarrollaría en jornadas de trabajo rotativas. Este establecimiento de barbería pronto se convertiría en un punto estratégico. Ubicado en las cercanías de la Penitenciaría Policial, la estación Cuarta y del Archivo del Ministerio de Justicia, su clientela estaba compuesta en su mayoría por hombres que laboraban en es- tas instituciones, incluyendo los dragonean- tes de la Cárcel Distrital. La barbería Baquero se especializaba en cortes militares y clásicos americanos, una novedad en aquel entonces que representaba la elegancia y la pulcritud por tan solo 10 pesos. En 1964 un cliente de Hernán les ofreció la oportunidad de trasladarse a un lugar más amplio para su negocio. Esta oferta fue el punto de partida para una nueva etapa en su vida. Sin dudarlo, Hernán y su padre se mu- Fotografía: @barberiaclasicahb La esquina del barrio18 daron dos locales más adelante, marcando el inicio de un emocionante capítulo en su tra- yectoria como barberos. La decisión de mudarse fue un cambio de ubi- cación, y la base de un negocio que quedaría documentado oficialmente por una notaría. En este acto legal se estableció un valor inicial de 1200 pesos destinados a la adquisición de diversas herramientas de trabajo. Estas herra- mientas eran esenciales para la barbería clá- sica, que se remontaba a la década de 1940 y que Hernán y su padre utilizan con pasión hasta la actualidad. Así, el negocio de la barbería clásica prospe- ró, gracias a la visión y el esfuerzo de Hernán, respaldados por la confianza de un cliente que les brindó un lugar más amplio para tra- bajar hasta su fallecimiento en 2019. Hernán Baquero Junior, a pesar de su vasta experiencia y conocimientos en otras profe- siones, incluyendo la fundición y la seguridad, emprendió un camino inesperado cuando de- cidió abrazar una vez más las raíces familiares y darle continuidad al legado de generaciones pasadas, tras el fallecimiento de su padre. No lo había hecho antes debido a las expe- riencias de discriminación que Hernán enfren- tó durante su adolescencia, tiempo durante el que vivió la pesada carga de los estigmas sociales que rodeaban la profesión del pelu- quero en una sociedad que los asociaba in- justamente con la homosexualidad, razón por la cual Hernán se sintió presionado a alejarse de la tradición familiar para buscar un nuevo rumbo en su vida. Sin embargo, el paso del tiempo y la madurez personal han llevado a Hernán a reconsiderar su decisión y ahora está decidido a desafiar los prejuicios y estereotipos que lo llevaron a abandonar el oficio en algún momento, pero sobre todo a sentirse orgulloso de ser pelu- quero. Tras retomar la batuta de la barbería, o, mejor dicho, tras retomar las tijeras, Junior decidió ponerse en contacto con Jhon Ardila, el bar- bero oficial de Marcel, que además de ser un maestro en su oficio, dirige centros de forma- ción para barberos. Allí decidió complementar sus conocimientos y comprender más sobre la historia de su oficio desde el siglo XVII, don- de el barbero realizaba desde las tareas de un médico hasta el uso de afeites y sustancias clave para la estética corporal como la piedra lumbre, la colonia florida y el buen talco. El oficio de barbero es un legado de la histo- ria y la cultura, y esta barbería en particular ha sido testigo de algunos de los momentos más emblemáticos en la industria del entre- tenimiento colombiano. Esta modesta bar- bería fue escenario de un destacado evento en 1990, porque allí se grabó la icónica serie Cuando quiero llorar no lloro, así como la miniserie El Bogotazo, que los llevó a ganar- se un reconocimiento de RTI y RTVC, que no solo validó su importancia como lugar histó- rico, sino que consolidó su estatus como par- te integral del patrimonio cultural de Bogo- tá. Nombres como Edgardo Román y Patricia Grisales han pasado por sus puertas, que con sus anécdotas y experiencias han enriqueci- do la historia y elevado el prestigio de este recinto. En la actualidad Junior se erige como un no- table contribuyente de la cultura e historia del barrio Las Cruces. Su influencia se hace presente en varios frentes, pues también fue protagonista clave en el lanzamiento del nuevo logo de Nequi, que tuvo lugar en oc- tubre de 2023. Además, ha desempeñado un papel funda- mental en las negociaciones con la platafor- ma de entretenimiento Netflix. Su contribu- ción se centra en la concepción de una serie original dedicada a la vida y experiencias de los barberos, que promete ser un aporte sig- nificativo a la cultura local. En un giro visionario, Junior ha decidido ex- pandir la historia de su barbería hacia nuevas dimensiones. No contento con ser solo un hábil barbero, se aventuró en el ámbito de la educación y la comunicación. Se ha destaca- do por sus charlas en centros universitarios donde comparte sus conocimientos sobre el oficio de la barbería. Su influencia también llegó a tierras lejanas con Marcel France, y a centros de formación de belleza e imagen allende las fronteras. Junior no se limitó al ámbito de la estética pues ha incursionado en la asesoría de ima- gen y ofrece formación de cortes clásicos, consolidando su posición como un referente en su campo. Su visión trasciende generacio- nes, pues Junior planea educar a los niños en los próximos festivales del barrio Las Cru- ces mediante dinámicas infantiles para dar a conocer el noble oficio de la barbería, a fin de sembrar la semilla de la tradición en las mentes jóvenes. Este lugar se ha convertido en un punto de encuentro de la cultura, el entretenimiento y el arte en el barrio Las Cruces. Su legado es un testimonio de la importancia de los oficios tradicionales en la construcción de la identidad y la memoria de un barrio abando- nado por el tiempo y la marginación de las costumbres modernas, recordándonos que incluso las barberías pueden ser guardianes de la historia y orgullo de una comunidad. Fotografía: @barberiaclasicahb Fotografía: @barberiaclasicahb Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 19De todo un poco Un feliz año nuevo a la vera del camino A eso de las 11:40 vimos pasar a gran velocidad a un vehículo desconocido con 4 personas a bor- do. Pensamos que no nos habían visto, aunque deseábamos que sí, y ese fue nuestro peor deseo, pues esos mismos 4 borrachos fueron los causantes de una de las peores y mejores noches de nuestras vidas. Era diciembre de 2016, y el paso de la navidad es un momento que siempre se siente efímero, por todas esas lindas cosas que nos hace sentirnos en familia, y por recordar todo lo que el año anterior ha traído para nosotros y para los que queremos. Por: Carlos Mercado. 4.º semestre Fotografía: Miguel Angel Castillo Rodriguez Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 En la familia Mercado esta época es de suma importancia, ya que la lejanía que pone tierra entre ciudades nos distancia durante todo el año, pero los días de diciem- bre son propicios para el cálido reencuentro que esperamos con nuestros abuelos, tíos y primos. La felicidad de mi madre era in- descriptible, y como la mayoría de familias colombianas estar distanciados de nuestros seres queridos es algo que tendremos en nuestro corazón, pero el momento del reen- cuentro es donde toda esa ausencia se va y nos causa gran alegría. Por la tarde del 31 empezaba nuestro camino rumbo a la gran noche. Habíamos organiza- do maletas desde el día anterior, que iban repletas de los regalos para nuestros seres queridos. Por algunos inconvenientes no pu- dimos estar el mes entero en familia, de tal forma que nos conformarnos con reunirnos en vísperas del año nuevo, que para nosotros era la mejor decisión sin saber lo que a mitad del viaje nos esperaba. A eso de las 5 de la tarde, luego de orga- nizarnos, mi padre encendió nuestro viejo auto; después de mil reparaciones y de estre- ses, sentimos que era momento de darle una nueva rodada, ya que en la ciudad no lo usá- bamos mucho. Salimos felices de Valledupar por lo que nos esperaba, aunque acompa- ñados por unos cuantos ruidos extraños del motor. Mi madre sonreía y nos recordaba lo afortunados que éramos por tener la posibi- lidad de estar cerca de toda nuestra familia un día como ese, aunque fuera a 6 horas de distancia. Cantábamos esas canciones repre- sentativas de año nuevo que al caer la noche de un 31 son más que especiales en nuestro país. Recorríamos cada kilómetro con un doble sentimiento de felicidad y de desesperación que iban en aumento, causados por la sen- sación de estar muy cerca de nuestro verda- dero hogar, y por los ruidos de nuestro viejo Chevrolet que cada vez eran más insistentes. Aunque la emoción nos volvía sordos, sabía- mos que nuestro auto, tarde o temprano, nos ponía en apuros. De todo un poco20 Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 A eso de las 8 de la noche empezaron los problemas de nuestra travesía: no, no culpe- mos a nuestro carro todavía, se trataba del esperado trancón que sabíamos estaría ahí antes de llegar. El ambiente se puso tenso: ver una interminable fila de vehículos y estar con el corazón a mil, hacía que intuyéramos que no estaríamos a tiempo para año nuevo junto a nuestra familia. Mientras pasaba el tiempo, las energías se iban reduciendo, nos sentíamos algo agota- dos y poco a poco perdíamos la esperanza de llegar antes de las 12. Alguna fuerza sobre- natural, que en ese momento llamamos Dios, nos despejó el camino y para eso de las 10 de la noche habíamos salido de allí. Al cruzar el trancón, el tiempo seguía pasan- do, y mi papá aceleraba lo más que podía nuestro viejo carro, mientras que mi mamá le decía que no fuera tan rápido, conversación habitual en nuestros viajes familiares. íbamos los 4 con la felicidad intacta, pero con un to- que de adrenalina pues sabíamos que nues- tro carro estaba presentando síntomas de fa- llar en cualquier momento. Nos empeñamos en no pensar en eso, y justo pasó, como si la vida nos hubiese dicho en ese instante: feliz año nuevo a los 4. A eso de las 11:20 nues- tro carrito sufrió un daño en el motor, de tal modo que nos bajamos en mitad de la carre- tera. Era 31 de diciembre y estábamos a 40 minutos de año nuevo, y entretanto, ni una sola alma ocupaba los carriles de la ruta que iba directo a nuestro destino, la misma en la que hacía poco tiempo estábamos atorados por un trancón de proporciones apocalípti- cas. Un sentimiento de soledad y tristeza se apoderó de nosotros. Retiro lo dicho: 4 siluetas que vimos pasar fugazmente en una camioneta a máxima ve- locidad, dieron vuelta hacia donde estába- mos en mitad de la soledad. Vimos que se acercaban, y en completo desespero apenas pensamos que venían a ayudarnos, pero de eso nada. La camioneta frenó en seco a nuestro lado, y el copiloto que tenía un aspecto y vestimen- ta extraña para ese día, se bajó enfrente de nosotros. El hombre se veía sucio y con cara seria. Sentimos el olor de su fragancia cara, y observamos que de su cuello colgaba una gran cadena de oro, lo único que tenía bri- llo allí. Aunque nos intimidó al instante, nos ofreció un cálido saludo, nos preguntó qué nos pasaba y mientras mi papá le contaba, veíamos que detrás de los vidrios mal polari- zados de la camioneta, los ocupantes nos mi- raban fijamente y con cara de pocos amigos. A mitad de la charla el hombre decidió in- terrumpir a mi padre y contarnos un poco cómo irían las cosas: a partir de ese momen- to nuestros destinos estaban en sus manos. El hombre cambió su calidez inicial por una entonación de voz soberbia, y nos dijo que no teníamos que estar en esa zona, menos un día como aquel, pero que se había perca- tado de que éramos buenas personas, razón por la que nos dejaría pasar. Entendimos que habíamos caído en un retén ilegal de lo que en ese momento deducimos era una pandi- lla, y el hombre nos dejaría pasar a cambio de 5 millones de pesos. Mi mamá pensó en dárselos y pasar este mal rato a la historia: pero no, el que tenía el dinero y para nada las ganas de regalarlo era mi padre, que con voz decidida y sin miedo le gritó en la cara a su interlocutor: “Usted es un marica: ¿una noche como hoy decide hacernos esto porque sí?” El otro, extrañado por la actitud de mi padre, a pesar de tenerlo todo en su contra, soltó una carcajada y le dio una palmada en el hom- bro en señal de poder. En silencio le dio una vuelta a nuestro carro y por la ventana vio un gran paquete que llevábamos. El hombre le gritó a mi padre: “deje de llorar y abra la puerta”. Viendo sus intenciones, se dio cuenta que incluso nos podría salir más barato el abuso de estos corsarios. El asaltan- te se percató de que llevábamos un televisor de 43 pulgadas que se destacaba entre los paquetes. Sin decir una palabra lo agarró y lo puso en el maletero de su vehículo, mien- tras nosotros atemorizados veíamos cómo se llevaban el regalo que no habíamos podido darle a nuestra abuela el 24. Una vez el hombre entró a su vehículo nos gritó: “piérdanse, y para que sepa, viejo, noso- tros trabajamos hasta los festivos”. La camione- ta aceleró y por fin sentimos un breve alivio al saber que nuestras vidas no estarían en peligro. La esperanza de pasar año nuevo en familia a esa hora estaba perdida: eran las 12:30 de la madrugada, ya año nuevo. La celebración no fue en ese momento, sucedió a eso de la 1 de la mañana cuando un familiar nos recogió, al que mi mamá desde antes le había avisado que estábamos en un problema. Empujamos nuestro carro a un lugar seguro a la vera de la carretera, y luego subimos a la camioneta de nuestro tío, que nos calmó y nos hizo sentir bien. Ahora sabíamos que nuestra familia estaría completa, y que el res- to de nuestros seres queridos nos esperaban en casa con algo de temor, pero con mucha felicidad. Ese no fue el año nuevo que esperábamos ¿O sí? Al reencontrarnos con nuestra familia se escuchó la frase de mi madre: “Dios todo lo hace perfecto”. Cuando abracé a mi abuela, ella me hizo entender que siempre nuestros planes están seguros, aunque haya obstácu- los que se crucen en nuestros caminos. 21De todo un pocoOctubre - noviembre 2023 – Edición No.66 Por: Fredy Moreno. 4.º semestre Cuesta arriba y cuesta abajo: la lucha de don José que a sus 83 años continúa en pie Don José vive en arriendo en el barrio La Resurrección al sur de Bogotá, en la localidad de Rafael Uribe Uribe, junto con su hija Marcela y su nieto desde hace más de 20 años. Él trabaja como vendedor ambu- lante, y su hija se encarga de las labores del hogar. Su nieto, Felipe, es un niño de cuatro años que está al cuidado de Marcela. La fa- milia vive del trabajo de Don José, un trabajo que no es deshonroso, pero si esclavizante, pues ganarse la vida en las calles es una ac- tividad con riesgos como el clima variable, el trato de la gente, el tráfico, y otros que con el tiempo impactan la salud como quemaduras en la piel, reumatismo y agotamiento físico. En el caso de Don José estas dificultades re- sultan más complejas, ya que a sus ochenta y tres años de vida debe trabajar de ocho de la mañana a siete de la noche. En su bicicleta, su herramienta de trabajo y medio de trans- porte, tiene adaptadas unas cajas de madera donde guarda su mercancía compuesta por dulces, cigarrillos y galletas. Su bicicleta pesa cerca de cuarenta kilos, lo que supone que don José libra cada día una batalla estoica, pues baja desde la zona montañosa donde está ubicada su casa hasta el sector de Vene- cia, desplazamiento que no es tarea fácil. El retorno hacia su hogar le supone redoblar su esfuerzo físico, pues además del cansancio de su jornada, se regresa caminando con la bicicleta a su lado, y cuando termina de pa- sar por la calle comercial del barrio San Jorge comienza una subida que, aunque afortuna- damente es pavimentada, no es muy fácil de trepar. Entonces comienza su lucha por mantener la bicicleta en equilibrio con el manubrio firme para evitar caerse, lo que a su edad es toda una osadía, y aunque se siente orgulloso de subir con su bicicleta con los abriles que lle- va a cuestas, no puede esconder el cansan- cio que se nota en el constante jadeo, en el sudor de su frente, en sus manos arrugadas y quemadas por el sol que tiemblan. Por fin logra girar a la izquierda, momento cuando termina su viacrucis diario. A veces su hija realiza labores domésticas para ayudar con la economía de la casa, di- cen algunos vecinos, pero esta actividad no es constante y por lo tanto no resulta sufi- ciente como para que don José pueda renun- ciar a su negocio. Antes de que se dedica- ra a trabajar en su bicicleta como vendedor ambulante, ya había desempeñado otras la- bores. Cuando llegó a Bogotá trabajó como ayudante de panadería, actividad en la que era feliz, porque, aunque le significaba un alto nivel de exigencia, no era tan esclavi- zante. Luego se le presentó la oportunidad de trabajar como ayudante de construcción, oficio del que decían que se ganaba bien, y que si lo aprendía rápido podría hacerse a dinero extra, aunque el esfuerzo físico que demandaba era de gran impacto, además había que estar muy temprano en los lugares de las obras. El oficio de la construcción era desgastante, pero por esa época don José tendría alrede- dor de treinta años y contaba con juventud y la fuerza para trabajar, razón por la cual estuvo bastante tiempo como ayudante de obra. Luego se desempeñó como estructu- rero, después pasó a ser mampostero don- de realizó labores de pintura y de enchape. Nunca llegó a ser maestro de obra, y ape- nas sintió que el trabajo comenzó a escasear, decidió lanzarse como independiente para contratar pequeñas obras en los alrededores donde vivía. Allí comenzaría una nueva eta- pa que le permitió autonomía en el manejo de su tiempo. En ese andar como indepen- diente conoció a Carmen, también de origen humilde. Don José conformó una familia con ella, y luego de que la mujer quedara em- barazada, comenzaron a trabajar para sacar adelante a su hija, él en la ejecución de sus obras y ella como ayudante de panadería. Vivieron en arriendo en muchas zonas de la ciudad, particularmente en el sur, primero en el barrio México de Ciudad Bolívar, luego en barrios de la localidad de Antonio Nariño, y después se ubicaron en el barrio Santa Lucía donde permanecieron en arriendo por más de quince años. Formar familia no fue fácil para don José, un hombre que llegó desde Boyacá a muy temprana edad a la capital sobre los años cincuenta en busca de una mejor vida. Se encontró con una ciudad de costumbres dife- rentes, pues mientras en el campo se trabaja- ba por la tierra, y no había otros lugares que el campo y el pueblo, la urbe le mostró gran variedad de cosas que invitaban al entreteni- miento, a la bebida, a las conquistas fáciles y a los amigos, lo que en el entorno familiar le traería problemas. Vivió con Carmen hasta que las calamidades de salud se la llevaron, y don José quedó solo con su hija Marcela que para entonces tendría catorce años. Para un hombre de sus convicciones era muy difícil seguir con los deberes familiares: ¿quién iba a encargarse de las cosas de la casa? ¿Cómo podría continuar criando a su hija de catorce años que entraba en su eta- pa adolescente? Gracias a algunos vecinos la sacó adelante, pero ya no trabajaba en cons- trucción, pues por su edad no lo contrataban Fotografía: Fredy Moreno De todo un poco22 Entre lo terrenal y lo celestial: La desaparición de Kelly Johana Rojas Puso en limpio los pensamientos en su cabeza, y abrió su mente para darle espacio a la imagen de la niña: la veía con claridad, como si la cinta de una película hubiera sido insertada en la pantalla de su mente, la vio tirada sobre un colchón, desnuda en medio de un potrero. Con el corazón arrugado preguntó qué lugar era ese, y como una ráfaga le llegó la palabra Flandes. Su pequeña sobrina se hallaba lejos de casa, inconsciente y sola a punto de mo- rir. El dolor creció en su pecho y la decisión estaba tomada: no permitiría que ese fuera el final, tenía en su interior muchos sentimientos que le decían lo que debía hacer, pero la impotencia no era uno de ellos. Por: Karen Vivian Ortiz Triana. 4.º semestre Wilfredo se encontraba en Bogo- tá celebrando el cumpleaños de su cuñado. Un ambiente de al- garabía retumbaba en las paredes de la casa, tanto que los bafles del equipo de sonido no daban más volumen. Eso no evitó que sintiera la fuerte vibración de su viejo teléfono y un sentimiento extraño de que algo andaba mal. Se alejó del rui- do y sacó el Nokia del estuche que pen- día de su cinturón y contestó la llamada. Escuchó con atención la voz de su her- mana, que febril le contaba la situación. Wilfredo comenzó a adentrarse más en los pasillos de la casa, desconcertado por el largo tiempo que los padres de Kelly habían dejado pasar antes de decir algo sobre la desaparición de la niña. Sin que pasara un segundo más cerró sus ojos y concentró su energía para comunicarse con los seres celestiales que le dirían so- bre el estado de la niña: “normalmente a mí me recibe alguien más, pero cuando pregunté por ella me dijeron que estaba muy mal. El ser que salió a mi encuentro fue el ángel del destino, como quien dice ya aquí no había nada más que hacer, la niña ya estaba en la lista de partida”. Era septiembre de 2008, y la tarde caía con un calor hostigador en la ciudad de Octubre - noviembre 2023 – Edición No.66 y como independiente era poco competitivo: ya no tenía la fuerza de antes, así que decidió poner un puesto ambulante para vender dul- ces, y posteriormente adaptaría su negocio a su bicicleta de manera improvisada con unas bolsas que luego se convertirían en canastas plásticas, pero por su poca durabilidad prefi- rió diseñar unos cajones de madera. Por la época se fueron a vivir al barrio La Re- surrección, y aunque al comienzo a don José no le era difícil movilizarse, pues la bicicleta le ofrecía versatilidad, pronto tuvieron que irse a vivir más arriba, y allí las cosas eran más complejas, sumado al hecho que por el paso de los años las cosas fueron cambiando con el tiempo, y a que la economía se puso difícil. Su hija terminó el bachillerato y comenzó a trabajar