49 Francisco: Un Intérprete de Dios y un Exégeta de la Vida Mg. Juliana Triana Directora Programa de Ciencias Bíblicas Introducción En la encíclica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos regaló su análisis de la si- tuación eclesial y de manera directa nos involucró en el proceso, mostrando que la evangelización no es un asunto burocrá- tico ni administrativo, sino el facilitar el encuentro personal con Jesucristo que re- nueva la vida. Lo que allí nos expresó “tie- ne un sentido programático y consecuen- cias importantes” e invitó a que “todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EG, 25). Lo que hizo Francisco fue precisamen- te mostrar que cada miembro del Pueblo de Dios tiene un lugar y una misión, y de una forma u otra, construyó un relato en el que cada quien podía leerse desde sus sueños, preguntas, fortalezas e inseguri- dades, haciendo una auténtica exégesis de la realidad al mejor estilo de los profetas del siglo VIII aC de Israel, es decir, una extracción del sentido de la historia y de la habitación de Dios en ella. Francisco también mostró su capacidad de hacer exégesis vital a través de sus ges- tos, como en aquel viaje inaugural de su papado en el que no visitó gobernantes, claustros universitarios o conventos. Fran- cisco fue a Lampedusa el 8 de julio de 2013 para abrazar la situación de los migrantes que llegan a Europa a través de esta isla italiana, dinámica social en la que el mar y la tierra se estaban convirtiendo en ce- menterio y escenario de injusticia normali- zada, y peor aún, ignorada. A esta exége- sis desde la gestualidad se suma la riqueza contemplada en las homilías diarias, las catequesis y los mensajes particulares que ofrecía a los grupos, congregaciones e ins- tituciones que le visitaban. Tanto los textos que preparaba, como las palabras que le surgían de forma espontánea, generaban impacto viral en redes y resultaban ilumi- nadoras para creyentes y no creyentes, pues Francisco hablaba desde lo humano del corazón de Dios. Esta breve introducción muestra que Fran- cisco fue, ante todo, un cristiano que se dejó sorprender por la vivacidad de la Pa- labra de Dios. Si bien sus textos y alocu- ciones están empapadas de textos bíbli- cos, estos nunca fueron ornamentales o instrumentales, sino que fueron armazón medular desde donde estructuró su comu- nicación. Como un ejemplo de ello, pode- mos remitirnos al capítulo 2 de Fratelli Tu- tti titulado “Un extraño en el camino” en el que toma casi verso a verso el texto de Lc 10,25-37, la parábola del buen samarita- no, y con comentarios al estilo del exégeta que usa el método narrativo, nos llevó de la parábola a la vida cotidiana, para invi- tarnos a construir nuevos y transformado- res relatos de fraternidad. El prólogo del Evangelio de Juan nos pre- senta a Jesús como verbo de Dios encar- nado (Jn 1,14), esto es una palabra hecha humanidad, vida, historia. En ese orden de ideas, según nos lo propone el mismo pró- logo, aquel que se deja interpelar por este Verbo encarnado termina siendo hijo de Dios, de Aquel que esta siendo la Palabra y está siendo Dios, y actúa en la historia desde esta esencia. Francisco logró una in- timidad tan profunda con Aquel que es el Verbo encarnado, que lo convirtió en ca- tequeta de Dios, a la literalidad del térmi- no diríamos resonador de Dios, por eso su vida expresó la vitalidad divina en gestos, palabras, actitudes que encontraban eco y recepción en la humanidad hacia la cual estaba dirigida. Quiero entonces, de manera muy sencilla, compartir mi experiencia haciendo exége- sis de Francisco como verbo en El Verbo, realidad que es posible para todo bautiza- do y que todos de una u otra manera vivi- mos, pero que nos permitimos contemplar con especial atención en el pastor y amigo. Aquel que nos recordó que ante todo so- mos Pueblo de Dios y entre nosotros so- mos hermanos, sin que el estado de vida nos ubique en condición de superioridad o inferioridad respecto de los demás. 50 Es así que deseo transmitir cómo viví el 13 de marzo de 2013, en aras de intentar mostrar un sentido que descubrí de aquel que como yo, vibra con pasión por el Re- sucitado. Lo que vimos y oímos, lo que palpa- ron nuestras manos, eso es lo que les contamos ( 1Jn 1, 1-2) Aquel 13 de marzo de 2013, siendo docente del Colegio de la Presentación en Fusagasu- gá, recuerdo estar con mis demás colegas en la sala de profesores viendo la trans- misión del resultado del quinto escrutinio de la votación para elegir un nuevo Papa. Los estudiantes ya habían terminado su al- muerzo y estaban inquietos por salir, con aquella inquietud que conocemos quienes hemos pasado por las bellas aulas de los colegios y escuelas. A la voz del periodista que gritaba “Humo blanco, humo blanco”, la rectora del Colegio ordenó que se en- cendieran los televisores de los salones, y más de 350 personas estábamos atentas a quien sería el nuevo Papa. En un colegio es habitual sentir las risas y voces de estudiantes, y más de aquellos más grandes que se ponen un poco inquie- tos antes de salir. Pero esa tarde, todo el colegio estaba inmerso en un silencio con- templativo, expectante, y para muchos, que era la primera vez que tenían la noticia de la renuncia de un Papa y la elección de uno nuevo, resultaba altamente emocionante. No hay palabras para describir lo que su- cedió después cuando el cardenal protodia- cono, Jean-Louis Tauran, anunció desde el balcón central de la Basílica de San Pedro la elección de Francisco: "Annuntio vobis Gaudium Magnum: Habemus Papam.” Con el poco o mucho latín que sabíamos, el co- legio se unió en un único grito de emoción. Las pequeñitas del colegio decían “Sí, por fin hay Papa”. Los más grandes gritaban “¡Bravo!”. Nosotros, en la sala de profeso- res, gritamos y a la vez estábamos expec- tantes del nombre del nuevo sucesor de Pedro. Al escuchar “Cardenal Bergoglio”, muchos decían, “¿y quién es él?”. No lo ubi- cábamos geográficamente. De nuevo, el si- lencio sobrecogió nuestra Institución, luego de escuchar el nombre elegido “Francisco”. Era un silencio que ni el más carismático de los docentes que estaban en el Colegio había logrado nunca en sus clases. Pero la alegría desbordante, con gritos, palmas y zapateo cundió cuando aquel hombre son- riente salió al balcón. ¡Era el Papa traído desde el fin del mundo! Habló por un par de minutos con su sonrisa y sus manos. ¡Con gestos que recordaban la sencillez del Evangelio! Y luego, con el saludo más cercano posible, se dirigió a todos nosotros: “Hermanos y Hermanas, buenas noches”. No comenzó con palabras pomposas, ni con títulos extraños ni re- buscados, mucho menos usó palabras para marcar la diferencie entre él y los demás. Fue todo lo contrario: ratificó que, sin duda alguna, es uno como nosotros y juntos so- mos hermanos. Se permitió, incluso, hacer un chiste, respecto a que sus hermanos buscaron al Obispo de Roma hasta el fin del mundo. Francisco agradeció la acogida, la espera de todos quienes estaban en la Plaza de San Pedro, y de quienes estába- mos desde otras latitudes a través de los medios de comunicación. Todo esto fue un descentrarse de sí mismo, para poner en el centro al otro, a sus hermanos. El silencio retornó ante la gentil petición que nos hizo de orar por su antecesor, el Papa emérito Benedicto XVI, y con la oración de los hermanos, las que todos nos sabemos, el Padrenuestro y el Ave María, nos unimos en plegaria. Este es un gesto de profunda humildad, pues Francisco sabe que no llega como rey ni como jefe, sino como servidor, como un hermano más y reconoce la labor de sus predecesores. Desde ese instante nos fue indicando la ruta sinodal que el Es- píritu Santo nos convocaba a emprender. Fueron bellas las palabras que dirigió una vez terminó la oración, pues dijo: “Comenzamos este camino, Obispo y Pue- blo, Obispo y Pueblo, este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza en- tre nosotros. Recemos siempre por noso- tros, el uno por el otro, recemos por todo el mundo para que haya una gran fraterni- dad.” En este saludo podemos ver el germen de Evangelii Gaudium, Laudato Si, Misericor- diae Vultus, Fratelli Tutti, Amoris Laetitia y tantas otras encíclicas, mensajes y homi- lías con los cuales nos compartió su propia experiencia de encuentro como discípulo de Jesús. Así mismo, en sus palabras se advierten señales luminosas para hacer notar y darle nombre a las heridas que aún tenemos abiertas en nuestra expe- riencia de fe, por ejemplo, la dificultad que tenemos de reconocernos desde nuestra grandiosa y bella común dignidad de bau- tizados, pues lamentablemente preferimos establecer jerarquías entre nosotros donde nombramientos o ciertas opciones de vida 51 se ven como superiores frente a otras. En pocas palabras, el papa Francisco con su insistencia en presentarse como hermano y el reiterado llamado a caminar juntos en mutua confianza, nos señaló algo que más tarde explicó con suficiencia: debemos au- nar esfuerzos para vencer el clericalismo, enfermedad sistémica en la Iglesia que ha provocado ceguera y mudez, haciendo de nuestro testimonio algo insípido y falto de profecía. En aquel momento no éramos conscientes de todo lo que Dios nos estaba diciendo en aquel instante a través del recién nombra- do Papa Francisco, pero algo sí era seguro: sentíamos una nueva primavera eclesial. Nuestra sensación quedó confirmada cuan- do, de manera irreverente, revolucionaria y realmente profética, Papa Francisco dejó claro que la Iglesia es ante todo PUEBLO y que en él, Dios ha dispuesto capacidad, autoridad, bondad, inteligencia. ¿Cómo lo hizo? Pidió al PUEBLO que inter- cediera por él ante Dios, y que, de esta manera, descendiera la bendición divina para su ministerio. Francisco no dará su primera bendición como papa sin antes ser bendecido por Dios a través del PUEBLO, reconociendo que se debe a él, y que en él reposa la impronta sacerdotal con la cual fue cubierto desde su bautismo, y que años más tarde, dará fruto en su opción por el sacerdocio ministerial. El llanto corría por las mejillas de algunos profesores, curiosamente, de aquellos que se mostraban reacios a la fe. Con el cierre de la transmisión, todos que- damos inmersos en una alegría indescrip- tible, pero también, en el silencio que nos sobrecoge cuando leemos un texto en la Sagrada Escritura que nos toca de forma particular y nos obliga a detener la lectu- ra para reposar la mirada en el sentido de aquello que nos ha trastocado. Sonó el timbre y volvimos a la realidad, y algunos niños y niñas se acercaban a de- cir: “Ese Papa es bonito, parece un abueli- to”; las estudiantes de 10 y 11 me decían: “Profe, este Papa no se ve bravo. Y se ve que a pesar de ser argentino es humilde”. Así como cuando María de Betania honró a Jesús ungiendo sus pies, “toda la casa se llenó del perfume” (Jn 12,3), pues nuestro colegio quedó impregnado de un especial olor. No sabíamos exactamente que era, pero, de alguna forma intuíamos que Dios nos abrazaba a través del recién nombrado Francisco. “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hch 4,20) En Lc 6,45, Jesús expresa: “De la abundan- cia del corazón habla la boca” y es impo- sible no conectar con el texto del libro de Proverbios en el que se nos dice “ Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida (Pr 4,23). Lo que vimos y oímos de Francisco, tenemos que compartirlo, analizarlo, hacer nuevos ecos, porque es ciertamente, expresión de lo que reposaba en su corazón. Pero no caigamos en la ilusión de pensar que “por arte de magia” Francisco expresó todo lo que nos legó, o bien, que siempre fue así. Ciertamente la boca, las manos, los ojos, los oídos hablan de lo que hay en nuestro interior, pero precisamente de un interior que se dejó interpelar, cuestionar, que supo renunciar a los macro y microegoísmos de la vida, para hacer brotar tobim devarim, palabras buenas. ¿Qué vimos y oímos? A un hombre, a un ser humano que supo hacer camino en Dios. Vimos el resultado de un hombre que optó por ser sacerdote jesuita y que cuando fue elegido superior provincial tuvo que afron- tar la dictadura política argentina (1976- 1983), en la que sus hermanos fueron apresados y torturados, y por otro lado, se hizo hermano de laicos y laicas que eran perseguidos bajo el régimen dictatorial. Vi- mos los frutos de un arzobispo que entabló diálogo con rabinos, musulmanes, agnósti- cos, cristianos protestantes; un arzobispo de las villas, del barrio popular, que nunca se sintió “príncipe de la Iglesia”. ¿Acaso todo esto no pulió su carácter? ¿No fue este trasegar vital el que le llevó a ha- cer una lectura particular de la realidad, de su ministerio, de la Iglesia misma? ¿Su boca no habló de todo un camino que hizo Dios en él? El Papa Francisco fue la prue- ba de un terreno que no nació perfecto ni fértil, sino que se abrió-no sin resistencias, muy propio de lo humano-, para que con paciencia, Jesús como buen hortelano del Padre quitara espinos, abrojos, piedras, y le convirtiera en tierra fecunda para obrar una transformación en su Pueblo. ¿Cómo volveremos a leer entonces la pa- rábola del buen samaritano, o la del padre misericordioso? ¿De qué manera nos acer- caremos a 1 Cor 13? ¿Con qué nuevo fer- vor cantaremos “Todo ser que alienta, ala- 52 be al Señor”, en el Salmo 150? Sin duda, Francisco se convierte en un hermano que nos ha otorgado nuevas rutas para hacer exégesis y hermenéutica, no solo de los textos, sino de la vida misma. Francisco nos mostró que el clima, la explo- tación laboral, el daño a la biodiversidad, el mercado bursátil, las relaciones interper- sonales, la salud mental, entre otros, son temas que "sí o sí" deben estar en la agen- da evangelizadora de la Iglesia, ¿por qué? Porque hacen parte de experiencia históri- ca humana, y la Buena Noticia de Dios es justamente para personas reales que viven en este mundo, no en uno ideal. Por tanto, el acercamiento que hagamos en delante de la Escritura, sea estrictamente académico o pastoral, no puede eludir la pregunta-preocupación por lo humano de- trás de ello. Conclusión Que el Señor nos permita acunar el testi- monio de Francisco, y que como él mismo lo dijo, que hayan más santos de jean y camiseta, que coman pizza, que estudien programación digital, que sean ecólogos, que gusten de la danza folklórica, que sean padres, madres, solteros, consagra- dos. Porque si hay algo que nos quedó reiterado de parte de Dios en Francisco es que en el ser humano está la capaci- dad para vivir en plenitud la experiencia con Cristo vivo y resucitado, pues no fue por ser sacerdote o Papa que nos pudo dar el gran testimonio de fe, sino por ser auténticamente humano, que supo abrir- se paulatinamente a la gracia de Dios. En lenguaje de los místicos contemporáneos, Francisco supo hacerse capacidad para acoger a Dios que es amor en lo concre- to de su vida, sin esconder las fragilida- des ni pretender vivir una vida artificiosa. Fue un humano muy humano, y por ello, cuanto fue posible en Francisco es posible en cada uno de nosotros, pues somos un sarmiento que depende del único tronco: Jesucristo. Quedémonos con estas palabras de Fran- cisco, nuestro hermano, que nos llama a ser auténticamente nosotros, para vivir la plenitud de Dios en nuestras vidas "He llegado a la convicción de que el mayor obstáculo para el verdadero dis- cernimiento (y el verdadero crecimiento en la oración) no es la naturaleza intan- gible de Dios, sino el hecho de que no nos conocemos suficientemente a noso- tros mismos, y ni siquiera queremos co- nocernos como realmente somos. Casi todos nos escondemos detrás de una máscara, no sólo ante los demás, sino también cuando nos miramos al espe- jo […] Todos tenemos la tentación de estar enmascarados incluso delante de nosotros mismos. Olvidar la presencia de Dios en nuestras vidas va de la mano con el hecho de ignorarnos a nosotros mismos – ignorando a Dios e ignorán- donos a nosotros – las características de nuestra personalidad y nuestros deseos más profundos. […] Sobre todo, apren- der a reconocer lo que sacia el corazón. Porque sólo el Señor puede darnos la confirmación de nuestro valor... No hay obstáculo ni fracaso que pueda impedir su tierno abrazo.” Papa Francisco, Audiencia General 5 de octubre de 2022.1 1Recuperado el 23/04/2025. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2022-10/conocerse-a-si- mismo-para-defenderse-de-las-manipulaciones.html Tomado en : www.washingtonpost.com