1 I. Escribir y Pensar 2 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar 3 I. Escribir y Pensar Compiladores Juan Guillermo Díaz Bernal Oscar Orlando Espinel Bernal 4 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar Presidente del Consejo de Fundadores P. Diego Jaramillo Cuartas, cjm Rector General Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO P. Harold Castilla Devoz, cjm Vicerrectora General Académica Marelen Castillo Torres Rector Sede Principal Jefferson Enrique Arias Gómez Vicerrectora Académica Sede Principal Luz Alba Beltrán Agudelo Director de Investigación Sede Principal P. Carlos Germán Juliao Vargas, cjm Directora General de Publicaciones Rocío del Pilar Montoya Chacón Decano Facultad de Ciencias Humanas y Sociales José Gregorio Rodríguez Suárez Director del Departamento de Filosofía José Andrés Forero Mora 5 I. Escribir y Pensar Compiladores Juan Guillermo Díaz Bernal Oscar Orlando Espinel Bernal Autores Alexandre Filordi de Carvalho, Oscar Orlando Espinel Bernal, Juan Guillermo Díaz Bernal, Carlos G. Juliao Vargas, Leonardo Marques Kussler, Adriana Barrionuevo, Jenny Patricia Acevedo Rincón, Campo Elías Flórez Pabón, Julián Cárdenas Arias, Simón Antonio Dumett Arrieta, William Harold Romero Neisa, Oscar Pulido, María Luísa Ribeiro Ferreira, Michel Tozzi, Jenerton Arlan Schütz, Iván Louis Schwengber, Desiério Murcho, Diana Ximena Mora Vanegas, Lizeth Ximena Castro Patarroyo, Oscar Ivan Gamez Rodríguez, Bibiana Alexandra González Vargas. Corrección de estilo Matilde Salazar Diseño y diagramación Sandra Milena Rodríguez Ríos Impresión Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S Impreso en Colombia - Printed in Colombia Primera edición: 2019 100 ejemplares Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO Carrera 73 A # 81 B – 70, piso 8 Tel: (57 + 1) 2916520, ext. 6012 Bogotá D.C. - Colombia 2019 Esta publicación es el resultado del proyecto Balance de las formas de enseñanza de la filosofía en Colombia: entre práctica y experiencia, financiado por la VII convocatoria para el desarrollo y fortalecimiento de la investigación en UNIMINUTO, de la Corporación Universitaria Minuto de Dios – UNIMINUTO. Rectoría General. Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO. Todos los capítulos publicados en Fragmentos. Leer, traducir, dialogar son seleccionados por el Comité Editorial de acuerdo con criterios establecidos. Están protegidos por el Registro de Propiedad Intelectual. Los conceptos expresados en los artículos competen a sus autores, son su responsabilidad y no comprometen la opinión de UNIMINUTO. Se autoriza su reproducción parcial en cualquier medio, incluido electrónico, con la condición de ser citada clara y completamente la fuente, siempre y cuando las copias no sean usadas para fines comerciales. Fragmentos: leer, traducir, dialogar. Alexandre Filordi de Carvalho… [y otros 22]; Compiladores Juan Guillermo Díaz Bernal y Oscar Espinel. Bogotá: Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO, 2019. ISBN: 978-958-763-346-7 312 p. 1. Filosofía – Enseñanza 2. Filosofía -- Historia 3. Filosofía de la educación 4. Pedagogía -- Investigaciones 5. Pensamiento – Filosofía 6. Formación profesional de maestros CDD: 370.1 F71f BRGH Registro Catálogo UNIMINUTO No. 96829 Archivo descargable en MARC a través del link: https://tinyurl.com/bib96829 6 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar 7 I. Escribir y Pensar Contenido Prólogo 11 • El momentum frangere de la filosofía y su enseñanza Alexandre Filordi de Carvalho 11 Introducción 17 • Fragmentos sobre la filosofía y su enseñanza Oscar Orlando Espinel Bernal y Juan Guillermo Díaz Bernal 17 I. Escribir y Pensar 29 • ¿Qué tipo de filosofía necesita un pedagogo? Carlos G. Juliao Vargas 31 • ¿Por qué continuamos enfatizando la historia de la filosofía? Leonardo Marques Kussler 45 8 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar • Territorios otros para ensayar filosofía Adriana Barrionuevo 61 • Lesson Study en filosofía: posibilidades y desafíos para la formación de profesores Jenny Patricia Acevedo Rincón y Campo Elías Flórez Pabón 75 • Apuestas y perspectivas en las Prácticas Profesionales de Filosofía en UNIMINUTO Julián Cárdenas Arias, Simón Antonio Dumett Arrieta y William Harold Romero Neisa 95 • Ejercicio filosófico: “esfera” del aprender y el enseñar filosofía Oscar Orlando Espinel Bernal y Oscar Pulido 125 II. Traducir e Interpretar 147 • Enseñar e investigar Maria Luísa Ribeiro Ferreira 149 • ¿Por qué enseñar filosofía? Michel Tozzi 167 • Sobre la enseñanza y el aprendizaje de la filosofía. Reflexiones sobre la especificidad del ejercicio filosófico Jenerton Arlan Schütz e Iván Louis Schwengber 177 • Enfoque filosófico y didáctico de la filosofía Michel Tozzi 197 • La filosofía en diálogo Desiério Murcho 221 III. Dialogar e Interactuar 229 • ¿Enseñar filosofía? Entrevista con Óscar Pulido Cortés Juan Guillermo Díaz Bernal 231 9 I. Escribir y Pensar • Cine, enseñanza de la filosofía y pensamiento didáctico. Entrevista con Laura Galazzi Diana Ximena Mora Vanegas 249 • Filosofía ensayo, filosofía experiencia. Entrevista con Óscar Orlando Espinel Bernal Lizeth Ximena Castro Patarroyo 257 • La filosofía como posibilidad de pensamiento. Entrevista con Silvio Donizetti de Oliveira Gallo Juan Guillermo Díaz Bernal 265 • Enseñar filosofía y enseñar a filosofar. Entrevista con Antonio Campillo Meseguer Oscar Iván Gamez Rodríguez 281 • Disertación filosófica y didáctica de la filosofía. Entrevista con Miguel Ángel Gómez Mendoza Bibiana Alexandra González Vargas 287 Sobre los autores 303 10 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar 11 I. Escribir y Pensar Prólogo El momentum frangere de la filosof ía y su enseñanza Alexandre Filordi De Carvalho Universidade Federal de São Paulo (Unifesp) Cuando pensamos en la raíz latina de la palabra fragmento — fragmentum— un universo de comprensiones posibles se abre ante nosotros. En latín, la terminación mentum forma sustantivos a partir de su articulación con el verbo. De esta manera, fragmentum, antes de transformarse de partícula, en una pequeña parte, en elemento de un conjunto, en fragmento, corresponde a la acción de frangere, es decir, a la acción de quebrar, de romper-se. Por tanto, un fragmento es substancia de la acción de quebrar, de una ruptura, de una acción que interrumpe el todo, que lo rompe, causando con ello una nueva materia: el propio fragmento. De ahí que podamos pensar que todo fragmento es posibilidad nueva —por tanto, otra— de una potencia capaz de producir, del mismo modo que la acción inicial de frangere, un nuevo quiebre, otro doblez, otra condición de potencia por medio de la cual fragmentos distintos podrían 12 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar ser producidos, creados, “accionados”, impulsados. Es una sucesión infi- nita de posibilidades alrededor de todo aquello que es involucrado en la acción del frangere para producir un nuevo sustantivo (mentum). Nada más apropiado, a partir de la fuerza de esta imagen, que concebir la propia filosofía como fragmentum. La filosofía, en este orden de ideas, sería una acción capaz de producir nuevos sustantivos en el pensamiento que, a su vez, tomados en cuanto fragmentos, resuenan en nuevas acciones —como diría Deleuze— bajo la constante intensidad cuyo repetir produce la propia diferencia del filosofar. Ningún fragmento de la filosofía, por consiguiente, puede ser una repetición idéntica dentro del pretendido “Todo” denominado filosofía. Cada fragmento de la filosofía, por sí mismo, se constituye en senda que conduce a una única experiencia, a una intensidad de pensamiento irrepetible, a un esfuerzo creativo a partir del gesto de la palabra que diluye las rejas inamovibles del sentido cristalizado. Despliegue de todo un juego de concepciones en torno a la vida, proyectándola hacia universos por ser explorados. Arrojo a indagaciones otrora impensables a partir del fragmento humano que somos, a la diacronía histórica de lo que supuestamente es actual, en fin, inmersión en el propio universo de las partículas del filosofar. Se devela al lector del libro Fragmentos. Escribir, traducir y dialogar, una complicidad actual con esta concepción de la filosofía como fragmentum. En este caso, descubrimos que una potencia temática nos conduce a otra, donde los múltiples fragmentos, aunque con sus universos propios, acaban por producir una co-extensión activa en torno a una voluntad: es preciso ir allá, es preciso avanzar, es preciso descubrir más, es preciso arrojarse. Entre una cuestión y otra, entre un tema y otro, entre un eje temático y otro, habremos de encontrarnos con el propio límite de la filosofía, aquello que siempre nos moviliza hacia otros avances, otros parajes. Nietzsche era un gran conocedor de esta perspectiva, no solo porque fue el filósofo que experimentó el hecho concreto de pensar por fragmentos, tal como 13 Prólogo lo muestra la forma como está compuesta la mayor parte de su filosofía, esto es, por aforismos, epigramas en verso, parábolas, sino porque en cada fragmento de su filosofía reposaba fulgurante una filosofía entera. De esta manera, cuando en el aforismo 244 de La gaya ciencia, Nietzsche advierte que “ni los pensamientos mismos se pueden reproducir plenamente con palabras”, nos convoca a otra serie de acciones con el pensamiento y las palabras: es, por tanto, hacia un nuevo destino que avanza la filosofía. Es necesario estar atentos a los intervalos que se entrelazan en medio de las pretensiones de cada fragmento integrado en el libro que tenemos en las manos. Si se trata, justamente, de pensar fragmentos de la filosofía y su enseñanza, no es una totalidad, una sistematicidad, un ordenamiento, una verdad conquistada en el manual del “cómo hacer”, con lo que aquí nos encontraremos. Lo que hallaremos es, por el contrario, una sucesión de experimentaciones con la filosofía que no puede reducirse, por completo, al ordenamiento de la palabra ni al formalismo de los modelos prefijados para la escritura. Lo que está en juego es una potencia incalculable de “aberturas”, como grietas que atraviesan una montaña, que nos hacen pensar más allá de las palabras que dominamos, de los conceptos y de las nociones que divulgamos, de la filosofía que habitamos y de las tradiciones cristalizadas por la transmisión filosófica. Ahora bien, el propio Nietzsche diría en el aforismo 346 de La gaya ciencia que “cuanta más desconfianza, más filosofía”. Por lo cual, hay muchas filosofías en Fragmentos. Escribir, traducir y dialogar, justamente, porque hay mucha “desconfianza”. En primer lugar, se parte de cierta desconfianza frente a la sobre- determinación dada a los lugares habitables y habituales de la palabra. Una filosofía como experiencia presa en las trampas logocentristas, pues “ni los pensamientos mismos se pueden reproducir plenamente con palabras”. Así, los textos reunidos en el apartado intitulado “Escribir y pensar” acaban siendo una especie de laboratorio experimental de desconfianzas sobre los 14 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar límites y las posibilidades de la filosofía que puede ser enseñada. ¿Cómo, por qué, para qué enseñar filosofía? Interrogantes que, poco a poco, van inaugurando otras desconfianzas, justamente, por el hecho de exponernos delante de otras filosofías. En segundo lugar, se desconfía de los ejes históricos y escolares de la tradición filosófica. “Traducir e Interpretar”, segundo segmento del libro, reúne diversos frentes que no solo cuestionan el lugar de la palabra filosófica en el orden de las verdades, sino que va más allá e inaugura perspectivas múltiples acerca de la recepción de la filosofía y de la crea- ción filosófica. No se trata aquí de descubrir verdades ocultas para ser reveladas; en su lugar, la cuestión gira en torno a la activación de conjuntos de canales creativos y originales a través de los cuales, tanto el pensamiento como todo lo que rodea la vida, puede ser tomado como problema in-habitual, desplazamiento de la habitual familiaridad y ajeno a la distan- cia que interponemos entre tradición y verdad para, de repente, descubrir la inquietud. Somos conducidos hacia las inquietudes y, al mismo tiempo, pasa- mos a abrirnos a la necesidad de las conversaciones que trastornan las repeticiones sin audacia en gestos convincentes alrededor de los fragmentos sobre filosofía. De este modo, en tercer lugar, y porque “cuanta más desconfianza, más filosofía”, “Dialogar e interactuar” nos hace desconfiar que, sin la alteridad diferencial del pensamiento otro, la filosofía está con- denada al dogma. Los filósofos aprenderán esta experiencia en el ágora antigua, en el lugar político de la palabra en tanto consenso y disenso, como construcción de mundos posibles que sus sujetos pasarían a habitar en carne y hueso. La filosofía que se rehúsa a inclinarse hacia la inter- acción acaba por refugiarse en la ortodoxia, en el dogma, en la creencia cristalizadora, matando la propia potencia de otros fragmentos creadores en la experiencia con la filosofía. Pero ¿es posible enseñar todo eso? Esta es la mayor expresión de in-comodidad, gesto tan necesario, para aquellos que pretenden llevar a buen término la advertencia nietzscheana: “cuanta más desconfianza, más 15 Prólogo filosofía”. Dicho de otro modo, la propia posibilidad de preguntarnos si es posible enseñar filosofía, por efecto de desconfianza, nos arrastra a la filosofía. En este caso, no es la insistencia en la trampa didáctica la que habría de ser esgrimida por cuanto es un didactismo facilitador forjado como pretendida fórmula mágica. Se trata, por el contrario, de poner en marcha la desconfianza: ¿qué ocurre cuando nos preguntamos si es posi- ble enseñar filosofía? Empezamos a inventar, a experimentar, a intentar, a gestar rupturas con las seguridades, con lo que tenemos y con lo que fuimos en el pasado. Empezamos a actuar por frangere, a actuar creando una nueva forma (mentum), pasamos a crear por fragmentum. Todo este horizonte es condensando a través de encuentros: encuen- tros de fragmentos con otros fragmentos, encuentros de lo escrito con el pensar, encuentros del traducir con el interpretar, encuentros del diálogo con el interactuar, encuentros de la certeza con la duda, encuentros del lugar que ocupamos en el filosofar y en la enseñanza de la filosofía, encuentros de la desconfianza con la posibilidad. Tal vez algunos dirán: ¡todo eso ya lo sabemos!, ¡no hay mucha novedad allí! Sin embargo, sería demasiado apresurado y bastante distante del ejercicio filosófico el caer presa de esta ansiedad de certeza. En todo caso, dejemos a los Fragmentos sobre la filosofía y su enseñanza, el hiato existente entre aquello que el pensamiento es capaz de decir con palabras y aquello que todavía no se atreve a nombrar. Es necesario aprender de lo que nos falta. Para mantener la filosofía nietzscheana de los fragmentos en el horizonte, retomemos el parágrafo 355 de La gaya ciencia: Cuando ellos reencuentran en las cosas, debajo de las cosas, detrás de las cosas, algo que desgraciadamente nos es bastante consabido [familiar], como, por ejemplo, nuestro uno más uno o nuestra lógica o nuestro querer y apetecer, ¡cuán felices se ponen de inmediato! Pues ‘lo que es consabido [familiar], es conocido’: en eso coinciden plenamente. […] ¡Error de errores! Lo consabido [familiar] es lo habitual; y lo habitual es lo más difícil de conocer, es decir, de ver como problema, como extraño, como lejano, como ‘fuera de nosotros’. 16 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar 17 I. Escribir y Pensar Introducción Fragmentos sobre la filosof ía y su enseñanza Oscar Orlando Espinel Bernal Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO Juan Guillermo Díaz Bernal Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia Uptc Una observación inicial es necesaria: este es un libro que, en cada texto, traducción o entrevista tiene una cierta autonomía, cierta senda propia dentro de una misma y amplia geografía como lo es la relación entre la filosofía y su enseñanza. Esta disposición entre los distintos apartados y discusiones tienen el propósito de permitir al lector transitar entre las páginas sin ruta premeditada y sin dirección única, de tal suerte que su lectura no dependa, en estricto sentido, de nociones tratadas en capítulos anteriores. La articulación de las discusiones propuesta excede toda linealidad para abrir la posibilidad a nuevas articulaciones, inquietudes, encuentros y desencuentros. Es, ante todo, una apuesta por el pensar alrededor de la filosofía y su pretendida enseñanza. Corresponderá al 18 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar lector juzgar, desde sus intereses, hallazgos e interrogantes, la vuelta a otros lugares del libro, los saltos y formas de sumergirse o escabullirse, las idas y venidas, las maneras de desdoblar sus propias conclusiones y agenciar líneas de fuga. En efecto, aunque la composición del libro y las discusiones que convoca, eventualmente, redundarán en lugares ya visitados, la inmersión que provoca el debate propuesto permitirá la confluencia de distintos ángulos, perspectivas y formas de preguntar. En este sentido, más que certezas y teorías inquebrantables, lo que aquí nos proponemos es nutrir el debate y potenciar el campo de indagaciones alrededor de la enseñanza de la filosofía, las prácticas filosóficas en el aula o escenarios educativos e, igualmente, las prácticas formativas que suscita el ejercicio de la filosofía. De esta manera, las múltiples formas de acercarse a la conjunción relacio- nal entre filosofía y enseñanza convocadas por estas reflexiones, resisten a la unidireccionalidad. Ello bajo la comprensión que las relaciones puestas en cuestión no se encaminan, exclusivamente, desde la filosofía hacia la enseñanza. Por el contrario, se entiende que la vía abierta desde la enseñanza a la filosofía también se ofrece como una potente posibilidad para pensar tanto la filosofía como su enseñabilidad e, incluso, la misma noción de enseñanza. La práctica de la enseñanza y el ejercicio de la docencia, en el campo específico de la filosofía, contribuyen y han contri- buido históricamente a repensar los objetos filosóficos, sus problemas, elaboraciones y formas de abordarlos. Así pues, esta breve digresión ilustra una de esas conexiones que rompen con la unidireccionalidad desde la cual se cae, fácilmente, en la instrumentalización, vaciamiento y subordi- nación que, de vez en cuando, habita los espacios educativos. De este modo, el problema no radica en “traducir” cuál de las múltiples entradas es la más “cierta” o adecuada, por el contrario, de lo que se trata es de seguir “problematizando” y reinventando los estrechos vínculos entre la filosofía y la enseñanza, pero también, en una vuelta de tuerca, entre la enseñanza y la filosofía. Dos formas de abordar el pro- blema, dos maneras de preguntar, dos maneras de jugar con las palabras y 19 Introducción los acentos que ello propicia. Todo lo cual invita a una lectura-traducción en permanente cuestionamiento y, por tanto, a un hacer filosófico. A este tenor, se pusieron en escena los diversos interrogantes de los autores con los que se ha construido esta conversación llamada libro. Un libro- encuentro, un libro abierto, un libro en construcción que pretende suscitar más que cerrar, clausurar o definir. Un libro que asume para sí lo propio de la filosofía y su ejercicio. Un libro con las características del “rizoma” parafraseando a Deleuze y Guattari, pero también, un libro que provoca, que busca interpelar y dar forma a interrogantes. De ese modo, el libro será leído, pensado y transitado como pro- puesta de diálogo, como pretexto para el pensar con y desde cuestiones que siempre han implicado a la filosofía. Pero, ¿qué cuestiones son esas? Sin duda, ninguna que no se haya considerado. Un viaje atemporal de reflexión en torno a viejos interrogantes y nuevas formulaciones. Pero esta vez, desde el plano de interrogación que significa el escribir-pensar, el traducir-interpretar y el dialogar-interactuar. Apuestas, ensambles y formas de mirar que no cesan de proponer nuevos desdoblamientos. Precisamente, es desde este interés interpelante que el libro ha sido elaborado y dispuesto en tres secciones, cada una como apuesta distinta de indagación e invitación a (re)pensar la filosofía. Tres secciones que proponemos como ejercicios filosóficos disímiles que, desde su singularidad y potencialidad, permiten abordar el problema desde ámbitos e instrumentos distintos. La escritura, la traducción y el diálogo constituyen, en últimas, la apuesta central de este trabajo en tanto estrategias ideadas para pensar de otro modo y visitar con otros ojos lugares ya frecuentados. Escribir y pensar Son muchos los libros existentes sobre la filosofía y su enseñanza. ¿Por qué uno más?, ¿qué tiene de diferente? El acto de escribir-traducir-dialogar desde el que se plantea el encuentro que materializa este libro, al contrario de lo que parece, no es tan fácil de comprender en su profundidad. 20 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar Parte del conocimiento y dominio de la escritura pero, lejos de ser una técnica repetitiva y cerrada, concibe a la escritura misma como ejercicio, como acción modificante. Acción repetitiva que transita a la reinvención entendiendo que no es posible la invención sin cierta forma de repetición. Algo que, Alejandro Cerletti en diálogo con los trabajos de Alain Badiou, a propósito de la enseñanza de la filosofía, nombra como repetición creativa. Ahora bien, “¿Qué tipo de filosofía necesita un pedagogo?” pregunta Carlos Juliao en el primer capítulo de esta sección. Para ello, parte del presupuesto que está envuelto en dicha cuestión, a saber, que el pedagogo tiene necesidad de la filosofía. Pero aún más, detrás de ello persiste la tesis de que el filosofar es un elemento constitutivo del saber y un referente vital de toda persona. Juliao intenta responder a esta inquietud releyendo algunos de los textos del profesor Soëtard al tiempo que le plantea algunas preguntas para aventurar una posible respuesta a la cuestión. Por su parte, el capítulo “¿Por qué continuamos enfatizando la his- toria de la filosofía?” de Leonardo Marques Kussler propone reflexionar sobre la formación filosófica ideal y su aplicación a la realidad educativa brasileña, tanto en la educación básica como en la enseñanza superior; destaca que las limitaciones de la filosofía, en Brasil, dificultan la insti- tución de parámetros supuestamente propios de la filosofía, tales como la reflexión y la criticidad en el modo de ser de quien ejercita la filosofía. En la primera sección, presenta la noción de paideia filosófica y cómo la formación filosófica contemporánea perdió gran parte de su potencial originario. Enfatiza el autor que su carácter humanista ha sido relegado y, en el caso de Brasil, los parámetros curriculares terminan por estimular una formación reducida centrada en la historia de la filosofía. En la segunda sección del capítulo, el autor traza un análisis fenomenológico de la situación formativa de la filosofía en Brasil, explicitando características de la formación superior del profesorado en filosofía y algunas propuestas educativas que contribuyen a la superación de algunas dificultades, así como a una mejor aplicación del espíritu filosófico en todas las fases de la educación en el campo de la filosofía. 21 Introducción En “Territorios otros para ensayar filosofía”, Adriana Barrionuevo escribe sobre la sedimentación del desarrollo de un proyecto de extensión universitaria que consistió en la realización de encuentros semanales en un centro socioeducativo de régimen abierto. Mientras que “Lesson Study en filosofía: posibilidades y desafíos para la formación de profesores” de Jenny Acevedo y Campo Flórez, presenta un capítulo de reflexión en el cual se pretende problematizar el uso de metodologías de enseñanza en formación —inicial y continua— de profesores de otras ciencias aplicadas para el contexto de la enseñanza de la filosofía. Tal es el caso de la metodología japonesa llamada Lesson Study o estudio de clases, que fue inicialmente propuesta para mejorar las prácticas de los profesores de matemáticas japoneses, y que posterior- mente fue utilizada en otras ciencias básicas, como química, y biología. Los profesores Acevedo y Flórez, inician con una revisión histórica que contextualiza el desarrollo de esta metodología, con el fin de situar al lector en las circunstancias en que la propuesta fue desarrollada. Posteriormente, hacen una revisión teórica de los estudios de Lesson Study aplicados en diferentes puntos geográficos, cuyos objetivos han sido proponer prácticas de enseñanza reflexiva de disciplinas como matemáticas, ciencias y lenguaje. En este mismo ítem exponen, de manera amplia, cada una de las etapas que constituyen el desarrollo del Lesson Study a partir de las cuales realizan el análisis de posibilidades y desafíos de la inclusión de esta metodología en la enseñanza de la filosofía en el contexto de la educación para Colombia. En esta misma tónica, los profesores Julián Cárdenas, Simón Dumett y William Romero en su texto “Apuestas y perspectivas en las Prácticas Profesionales de Filosofía en UNIMINUTO” parten de la noción de prác- tica y su incidencia en el proceso formativo e intentan comprender los escenarios en los cuales se desarrolla el trabajo de campo de los distintos proyectos de prácticas profesionales de la universidad concebidos como parte de proceso formativo de los estudiantes. El análisis adelantado por los profesores les permite trazar algunas alternativas con enfoques propios de la filosofía en la interacción filosofía, comunidad, educación. 22 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar Finalmente, el capítulo titulado “Ejercicio filosófico: ‘esfera’ del aprender y el enseñar filosofía” de Oscar Espinel y Oscar Pulido, pro- blematiza la enseñanza de la filosofía desde la noción de ejercicio filosófico. En este trabajo los autores emplean conceptos del filósofo alemán Peter Sloterdijk tales como ‘esfera’, ‘antropotécnica’ y ‘ejercicio’ para explorar el enseñar y el aprender filosofía como formas ejercitantes (ejercicios) constituidas históricamente. Una especie de entrenamiento en el gobierno de sí y de los otros bajo la dirección de expertos y especialistas. De esta manera, si la filosofía es un ejercicio, tanto el enseñar como el aprender se asumen, de inmediato, como formas gimnásticas concretas en la cual, entrenadores (maestros) y seres ejercitantes (aprendices), buscan alcanzar una buena “forma” filosófica. Traducir e interpretar En latín se tradujo la palabra griega ἑρμηνευτικὴ (hermeneutiké) como “interpretación” de tal suerte que la hermenéutica adquiriría el sentido de arte de explicar, traducir e interpretar. Hermenéutica es, de este modo, el arte de la lectura interpretativa. Es un arte tan antiguo como el propio ser humano en tanto animal simbólico. Somos seres de interpretación. Todas las circunstancias de la vida, ya sean cotidianas o extraordinarias, exigen de nuestra interpretación, discernimiento y comprensión. Ahora bien, en medio del universo mitológico griego se erige la figura del dios Hermes. Su nombre se asocia con la “palabra” y la elocuencia ra- zón por la cual se convierte en el mensajero y mediador entre los dioses y los humanos. Mediación que no estuvo exenta de ambigüedades. Hermes, heraldo e intérprete, se convierte así en un mediador, en un vínculo entre dos lenguas, al menos dos. Un mediador cuya acción tendrá que oscilar entre dos lugares distantes para establecer un punto de comunicación, de acercamiento, un punto inter-medio. Un punto a medio camino que no es, exactamente, ninguno de los dos que le preceden pero que, a la vez, 23 Introducción tampoco es completamente ajeno a ellos toda vez que, raudo como el viento, toma las palabras humanas para transmitir el mensaje de los dioses. Confluencia de geografías separadas en la gestación de nuevos sentidos, en la inauguración de lugares inéditos, en la invención de la palabra. Pero, además, una palabra nueva que tendrá que ser habitada y nuevamente interpretada por sus oyentes en un proceso sin fin. Es así que el efecto comunicacional de la palabra, escrita o hablada, se sitúa en la relación del sujeto con ella y en la permanente creación que suscita. Es en este mismo sentido que la traducción, en tanto mediación entre dos lenguas, sugiere que el ejercicio interpretativo no termina con la transliteración, sino que ha de continuar con la lectura. ¿Qué es la filosofía?, ¿qué es enseñar filosofía?, ¿qué es traducir? Podríamos vislumbrar un hilo que atraviesa estos tres escenarios. Una actividad que se encuentra a la base, transitando subterránea, entre los poros, alimentando estos tres campos que, dependiendo el punto de vista y las prácticas cotidianas —sobre todo aquellas que pueblan el aula—, parecen distantes, extrañas. Es el acto de “pensar”. Podrá decirse que es apenas obvio si oímos a los modernos cartesianos aducir que la razón es “lo mejor repartido” en la especie humana. Es decir, se nos diría, que si hay algo común es el acto de pensar. Sin embargo, el pensar es visto, desde esta panorámica, como aquella esfera común que amalgama tres aristas de una misma pregunta en torno a la traducción y su fuerza filosófico-pedagógica. Es por esta razón que hemos propuesto la traducción como segundo eje para continuar con el ejercicio de pensar en conjunto las relaciones entre filosofía y enseñanza. El ejercicio de traducción se ofrece, de este modo, como una estrategia potente, alternativa y provocadora para entrar en este diálogo y crear una lengua conjunta entre el “extraño” texto y las ideas propias. Este extrañamiento, el intento de comprenderlo y ponerlo en palabras audibles y con sentido, invita a entrar en las entrañas, discutir con el autor, preguntar-le y preguntar-se, dejar largas inquietudes abiertas —en extremo importante— y, sobre todo, comunicar. Decir algo. Producir 24 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar pensamiento. Así, el ejercicio propuesto, lejos de ser una rutina catequé- tica, posibilita tanto la interlocución como el examen y la discusión. Un llamado al hermeneuta-lector para dar continuidad al juego de extraña- miento-apropiación que implica la lectura. Provocar un distanciamiento que, en términos nietzscheanos, se hace necesario para la crítica. La creación. En suma, lo que aquí proponemos, es un ejercicio filosófico- pedagógico a través de textos y con-textos como los de Portugal, Francia y Brasil. El primero de estos trabajos de autoría de Maria Luísa Ribeiro Ferreira titulado “Enseñar e investigar”, trabaja en la línea de la didáctica de la filosofía, recorriendo a los filósofos para con ellos reflexionar. Aquí se retoma a Spinoza como punto de referencia para analizar una aparente dicotomía y discutir las relaciones entre la enseñanza y la investigación o, dicho de manera más concreta, si corresponden a lugares distintos y, según el caso, opuestos. El rechazo a la invitación que tuvo Spinoza para dar clases en la Universidad de Heidelberg justificando tal rechazo por el amor a la filosofía y por el tiempo que le sería necesario para dedicarse a la enseñanza de los jóvenes en caso de aceptar la propuesta de la univer- sidad. En el transcurso del capítulo va quedando latente que la oposición enseñar/investigar fue por él superada pues, en realidad, concilió ambas actividades a pesar de no tener un estatuto oficial de profesor. Transpor- tando esta cuestión a la actualidad, se constata la necesidad de conciliar investigación y enseñanza, precisando los requisitos que exige cada una de esas actividades. Como conclusión, se verifica que no solo es posible sino también deseable, que todo profesor asuma la investigación dentro de su ejercicio, con lo cual rehúye a tornarse en un mero repetidor; de no hacerlo, corre el riesgo de traicionar la vocación que le es propia en tanto amigo de la filosofía. Michel Tozzi, quien también se une a este proyecto editorial con dos contribuciones “¿Por qué enseñar filosofía?” y “Enfoque filosófico y didáctico de la filosofía”. Tozzi centra su trabajo en la didáctica de la filosofía. En particular, en el aprender filosofía con niños. También es 25 Introducción el creador del café filosófico de Narbonne, y co-fundador de la Universi- dad Popular Narbonnaise, de la que es presidente. En los textos traducidos para este libro, el filósofo y profesor francés, destaca que la reciente corriente didáctica en el ámbito de la filosofía en Francia es inspirada por la investigación en otras didácticas disciplinarias. Se sitúa desde el punto de vista de los aprendices-filósofos, los estudiantes y su aprendizaje: ¿qué deberían saber ellos?, ¿qué habilidades necesitan para aprender a filosofar? Interrogantes que no se formulan desde el punto de vista del profesor y la urgencia de la enseñanza: ¿cómo preparo el contenido para mi clase?, ¿qué debería decirles? Jenerton Schütz e Ivan Schwengber presentan un capítulo que reflexiona sobre la relación entre el enseñar y aprender filosofía. Las inda- gaciones que abordan en el artículo “Sobre la enseñanza y el aprendizaje de la filosofía” hacen referencia al ejercicio de la filosofía. Allí se plantean la pregunta respecto a si la filosofía es “enseñable” o “aprendible”. El estudio comprende tres partes. En primer lugar, tematiza la enseñabilidad de la filosofía buscando superar la célebre discusión sobre si se enseña la filosofía o se enseña a filosofar. En segundo lugar, problematiza la aprendizibi- lidad de la filosofía y, finalmente, desarrollan una perspectiva de trabajo respecto la especificidad de la filosofía. Los autores consideran que la enseñanza y la especificidad de la filosofía están en el acto de crear conceptos por lo que, en el caso de pretender una enseñanza de la filosofía “filosófica”, se necesita plantearla a partir de la creación de conceptos. Aldo Dinucci, en el quinto número de la Revista Prometeus de la Universidad Federal de Sergipe, entrevistó a Desidério Murcho, profesor de la Universidade Federal de Ouro Preto y editor de la revista Critica em rede. En esta entrevista la discusión se cierne en el reconocimiento de las distintas formas como se realiza la investigación filosófica en lengua portuguesa. Con este último trabajo, se cierra la sección dedicada al ejercicio de la traducción y se arroja a otro ejercicio, igualmente potente, el de la conversación, con el mecanismo de la entrevista. 26 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar Dialogar e interactuar Entrevistar, dialogar, conversar. Hay que recordar que la palabra hablada inspiró los orígenes griegos de la filosofía. La discusión “cara a cara”, la confrontación, ha nutrido por largos siglos la actividad filosófica. El diálogo, tercer eje elegido para este trabajo de indagación, es un per- manente cuestionamiento, un entre-cruce, una interpelación. El diálogo se hace esencial toda vez que habla del “entre el silencio” que requiere la escucha. Pero también habla del “entre” que implica el conversar. Las entrevistas que adelantamos con algunos colegas y amigos en el contexto de esta investigación en torno a inquietudes comunes en tanto profeso- res de filosofía, presuponen este mismo diálogo y, en tanto tal, disponen una puesta en escena del pensar. En la entrevista, la palabra se hace instrumento, causa y medio para un fin. De hecho, quizá ella misma, la palabra hablada, se hace un fin en sí misma. Pretexto, escenario y escena. La conversación, el arte de con- versar, frecuentemente exiliado, se antoja como otro de aquellos potentes ambientes para poner en juego el pensar. Una herramienta, por momentos subvalorada, que nos permite explorar otros ángulos de la problemática y transitar otros senderos quizás no muy frecuentados. La apuesta por la conversación, por el diálogo directo y honesto, se ofrece como un pretexto para bordear las inquietudes que nos convocan, trazar nuevas rutas y desandar algunas otras. Proyectar e idear nuevos rumbos investigativos. Un “pensar con”. Las entrevistas semiestructuradas que cierran el libro han sido dise- ñadas y abordadas desde cuatro tópicos enseñanza de la filosofía, aprender filosofía, educación filosófica y didáctica de la filosofía. Estos cuatro tópicos responden a las categorías de análisis alrededor de las cuales se ha estructurado la investigación de la cual se derivan las reflexiones, textos 27 Introducción inéditos, traducciones y exploraciones que componen el presente libro. En la misma lógica de “pensar con”, este proyecto investigativo de carácter interinstitucional ha sido realizado con la participación del Grupo de Investigación Filosofía, Sociedad y Educación (Gifse) de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Uptc) y el Grupo de Investigación Pensamiento, Filosofía y Sociedad de la Corporación Universitaria Minuto de Dios (UNIMINUTO). En este orden de ideas, el proyecto conjunto titulado Balance de las formas de enseñanza de la filosofía en Colombia: entre práctica y experiencia se trazó como objetivo, mapear y explorar las distintas concepciones, debates y perspectivas desde las que se aborda la enseñanza de la filosofía en Colombia. Para ello, se fijó como horizonte metodológico realizar un balance bibliométrico a partir de las publicaciones realizadas en revistas, eventos, disertaciones y tesis especializadas en la temática. En el recorrido que implica todo trabajo investigativo se delimitaron, analizaron y fueron construyendo las cuatro categorías mencionadas para centrar allí las tematizaciones: enseñanza de la filosofía, aprender filosofía, educación filosófica, didáctica de la filosofía. Esta primera etapa del pro- yecto, liderada por la Uptc, permitió evidenciar escenarios y potencia- lidades de las categorías propuestas en dicho estudio, al punto de generar la necesidad de ampliar estas discusiones en el marco del Primer Seminario Internacional de “Filosofía y Enseñanza”, con el apoyo mancomunado, del Grupo de Investigación Filosofía, Sociedad y Educación (Gifse) de la Escuela de Filosofía de la Uptc, del Grupo de Investigación Pensamiento, Filosofía y Sociedad del Departamento de Filosofía de UNIMINUTO y la Red Nacional de Programas de Filosofía. El esfuerzo conjunto permitió consolidar este nuevo espacio de encuentro y debate al que asistieron especialistas, conferencistas y profe- sores de Iberoamérica. Las discusiones, así como el reconocimiento de las discusiones y singularidades en torno a la enseñanza de la filosofía en cada país invitado permitieron, además de permitir un balance de alcance 28 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar iberoamericano, ampliar los horizontes investigativos, consolidar algunas intuiciones, replantear algunas otras; y sobre todo, forjar nuevos rumbos y amistades. Parte de ese trabajo de discusión ha sido recogido en las en- trevistas compiladas en este texto producto derivado de la segunda etapa del proyecto liderado por UNIMINUTO. De esta manera, con los pro- fesores Oscar Pulido (Colombia) y Laura Lagazzi (Argentina) se ha profundizado en el tópico de la enseñanza de la filosofía. Por su parte, los profesores Oscar Espinel (Colombia) y Silvio Gallo (Brasil) han ahondado en torno al aprender filosofía. Antonio Campillo (España) ha conversado sobre la educación filosófica y, finalmente, la entrevista con Miguel Ángel Gómez (Colombia) se ha enfocado en la cuestión de la didáctica de la filosofía. Cuatro tópicos, cuatro entradas, cuatro pano- ramas alrededor de una misma complejidad: filosofía y enseñanza. Buena lectura… 29 I. Escribir y Pensar 30 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar 31 I. Escribir y Pensar ¿Qué tipo de filosof ía necesita un pedagogo? Carlos G. Juliao Vargas Corporación Universitaria Minuto de Dios - UNIMINUTO Michel Soëtard1 dice, en la obra colectiva Manifiesto para pedagogos, que “[…] las relaciones entre la pedagogía y la filosofía podrían ser simples. Ahora bien, son bastante complicadas, hasta devenir antagonistas” (2002, p. 62). ¿Un binomio en crisis? Hay un presupuesto en esa cuestión: que el pedagogo tiene necesidad de la filosofía, y detrás de ello persiste la tesis de que el filosofar es un elemento constitutivo del saber y un refe- rente vital de toda persona. Intentaremos responder releyendo algunos de los textos del profesor Soëtard, planteándole algunas preguntas y, finalmente, aventurando una respuesta a la cuestión. 1 Profesor emérito de la Universidad Católica del Oeste (Angers, Francia), enseñó la filosofía y la historia del pensamiento pedagógico. Trabajando, desde su tesis consagrada a Pestalozzi, sobre el nacimiento de la pedagogía en la modernidad, ha publicado: Pestalozzi ou la naissance de l’éducateur (1981), Qu’est-ce que la pédagogie? (2001), Manifeste pour les pédagogues (2002, en co-edición), Le récit biographique (2004, en co-edición), Rousseau et l’Idée d’éducation suivi de Pestalozzi juge de Jean-Jacques (2011), Penser la pédagogie. Une théorie de l’action (2012). Preside el consejo científico del Centro de Documentación e Investigación Pestalozzi de Yverdon, Suiza. Autor de innumerables artículos sobre los fundamentos históricos y filosóficos de la pedagogía. Se encuentran en español algunos artículos cortos en Internet, pero no hay traducción de sus obras al español. 32 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar ¿Requiere realmente el pedagogo de una filosof ía? ¿Cuál es la respuesta de Michel Soëtard a esta pregunta? Para él, la pedagogía no es solo práctica, no consiste simplemente en el arte de educar. Como lo señalaba Durkheim, la educación es algo permanente en la historia humana, pero la pedagogía surge cuando lo educativo genera problemas y, por ende, reflexión. Desde este punto de vista, el pedagogo siempre se levanta contra la tradición educativa que juzga defectuosa, que considera “rutinaria” y, por eso, cuestiona. Michel Soëtard (2002) cita con frecuencia las palabras de Rousseau cuando responde a quienes consideran irrealizable su proyecto educativo: “Padres y madres, es factible aquello que ustedes queréis hacer. ¿Debo yo responder por vuestra voluntad?” (prefacio a su obra Emilio). ¿Esos problemas educativos pueden ser elucidados, o solucionados, por las ciencias humanas y en particular, por las ciencias de la educación? ¡Elucidados podría ser, pero solucionados jamás! Pues la ciencia —que concierne a lo que es— no puede decir nada sobre lo que debe ser, sobre aquello que requiere de una opción de valor. Jamás la ciencia, que se ocupa de lo general, podrá discernir lo particular, el caso concreto, del cual el pedagogo se ocupa aquí y ahora. Inevitablemente la ciencia, ocupada en inventariar los determinismos, termina transformando lo educativo en objeto de estudio. Pero la educación sólo tiene sentido al margen de los condicionamientos —como lo mostró Olivier Reboul2— recurriendo a la libertad de Emilio, siempre ¡como sujeto! El pedagogo debe pensar, y pensar por sí mismo. Volvemos así a Durkheim y su concepto de “teoría-práctica”: la pedagogía es una teoría, pero una teoría praxeológica, una reflexión en y sobre la acción con miras 2 Olivier Reboul, filósofo francés, especialista en el filósofo Alain, se ocupó también de la retórica y la filosofía de la educación. Influyó bastante en Fernando Savater. Sus obras más conocidas: La philosophie de l’éducation (2001); Les valeurs de l’éducation (1999); Nietzsche critique de Kant (1974); Le slogan (1975); Le Langage de l’éducation (1984). 33 I. Escribir y Pensar a aclararla, mejorarla y transferirla. Es una disciplina praxeológica como la medicina o la política. La medicina no se reduce ni al arte curativo ni a la biología, es la inteligencia de las prácticas de curación. La política no se reduce ni a la práctica partidista ni a las ciencias políticas. Lo mismo ocurre con la pedagogía. Eso es lo que expresa la acertada definición de Jean Houssaye: “la pedagogía es la envoltura mutua y dialéctica de la teo- ría y de la práctica educativa, hecha por la misma persona, sobre ella misma, y el pedagogo es ante todo un práctico-teórico de su acción educativa” (1994, p. 13). Como Pestalozzi, por ejemplo, del cual Michel Soëtard (2002, p. 14) afirma que encarna la esencia de la pedagogía. Entonces, si el pedagogo genera un pensamiento propio, ¿requiere de la filosofía? La clave de la respuesta está en la cuestión del “deber ser”, que es la esencia de la pedagogía. Si es una reflexión sobre la acción educa- tiva con miras a mejorarla, ella tiene necesariamente que ver con los valores y con la filosofía. Determinar qué tipo de educación es deseable requiere de un criterio y éste no puede ser dado por las ciencias; sólo se encuentra en la filosofía (Soëtard, 2002, p. 55). Habría que añadir: pero no en cualquier filosofía. Michel Soëtard no se conforma con la hermenéutica ni con la fenomenología porque, según él, ellas no logran plantear la cuestión del criterio. La pedagogía requiere de una filosofía crítica, es decir, una filosofía que no renuncie nunca a juzgar ni evaluar. Se entiende, entonces, lo arriesgado de tal posición, ¿conviene sacar la pedagogía de las ciencias para lanzarla en los brazos de la filosofía? Michel Soëtard es consciente de lo que esto implica. Hace jugar, una vez más y a su propia manera, la ruptura Sócrates/Platón, tan repetidamente tratada por los filósofos. Desde ella distingue dos articulaciones total- mente diferentes entre pedagogía y filosofía. En efecto, con Sócrates todo es claro, la mayéutica es el acto de nacimiento de una filosofía que es consustancialmente pedagogía. Es filosofía pues no cesa de plantear la cuestión del valor y de los criterios de valor, enfocándose en lo universal: ¿cómo reconocer la virtud?, ¿qué es la política? Pero es, al mismo tiempo, pedagogía, pues siempre se dirige en un acto de palabra singular, aquí y 34 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar ahora, a interlocutores concretos —Teeteto, Gorgias, Menón— para conducirlos a cuestionarse. La mayéutica es esa búsqueda —en el mismo acto del diálogo vivo— de un sentido que nunca está asegurada, que siempre está por reconquistar y que incluso se elude, ya que muchos diálogos siguen siendo aporéticos —razonamientos donde surgen para- dojas irresolubles; dificultades lógicas casi siempre especulativas—. Ahora bien, con Platón ese lazo consubstancial entre filosofía y pedagogía se debilita. En adelante, la exigencia filosófica se cristaliza en una doctrina que determina lo que es el Bien para la ciudad y la pedagogía perderá su dinámica de cuestionamiento y, finalmente, toda autonomía, para convertirse en “el brazo ejecutivo de una filosofía de la educación” (Soëtard, 2002, p. 63) como sabiduría suprema que establece los fines últimos de la humanidad. La pedagogía ya no está hecha para cuestionar. Como lo diría Michel Meyer3, la pedagogía —y con ella la filosofía— pasan de un estatuto “problematológico” —de cuestionamientos— a “apocrítico”, un estatuto de respuestas. En Platón, la pedagogía estaría cerca de ser la respuesta que se deduce de la filosofía de la educación. Más tarde, en la historia de las ideas, cuando los sistemas filosóficos se multiplican, sus aplicaciones pedagógicas se diversificaron. Y dado que ya no pondrán más la educación en el centro de sus pensamientos, la pe- dagogía pasa a ser considerada un conjunto de consecuencias, más o menos lejanas, de principios metafísicos sobre el ser, la naturaleza o la humanidad en general. Es fácil entender que Soëtard rechace este “aplicacionismo” filosófico como rechaza el aplicacionismo científico. Pero incluso si se distancia de todo aplicacionismo, es comprensible también que —para Soëtard— la cuestión: ¿qué filosofía es la adecuada para el pedagogo?, 3 Pensador belga, es, con John Dewey, Gaston Bachelard, Gilles Deleuze, uno de los filósofos de la problematización. El surgimiento de la teoría del cuestionamiento, o “problematología”, es central en su reflexión. Su obra fundamental es Principia Rhetorica. Una teoría general de la argumentación (Amorrortu, 2013) donde plantea una perspectiva dinámica de la argumentación en la que el sujeto no queda reducido a especulaciones racionales sino que tiene un rol activo en la construcción del sentido, en la que intervienen sus afectos, su sistema de valores, su ideología, la construcción de su posición y legitimidad social. 35 I. Escribir y Pensar difiere plenamente de la cuestión ¿qué filosofía de la educación? En efecto, normalmente se promueve una filosofía de la educación encargada de la búsqueda del sentido y de los valores, lo que una ciencia de la educación no sabría asumir. Pero la elección de cuál filosofía de la educación aclara la cuestión educativa, le parece siempre arbitraria. Por eso Soëtard se muestra severo con la obra coordinada por Jean Houssaye, “Educación y filosofía, Enfoques contemporáneos” —en la cual él contribuye—. En efecto, la pluralidad misma de esos enfoques muestra la relatividad e incluso, vale decir, la arbitrariedad: ¿por qué tal enfoque —marxista, personalista, bachelardiano— en vez de otro? Finalmente, ¿el pedagogo necesita realmente de la filosofía? Sí, porque no puede contentarse con actuar sin interrogarse sobre el sentido y el valor de su acción. Pero no tiene que recurrir a una filosofía de la educación que le quitaría autonomía de pensamiento, volviéndolo servidor de una metafísica. La exigencia filosófica se ubica, más bien, en el corazón mismo de la pedagogía pues el acto pedagógico es, al mismo tiempo y consustancialmente, filosófico. El pedagogo —aquel que reflexiona sobre su práctica para mejorarla— se convierte así en filósofo. O incluso, el pedagogo tiene necesidad de una filosofía praxeológica que le permita pensar su práctica en profundidad, es decir, más allá de las técnicas, de lo que pueden aportarle las ciencias y las filosofías de la educación. La pregunta se convierte entonces en otra: ¿se puede hallar aún algo de ese lazo consubstancial entre filosofía y pedagogía que poseía la mayéutica socrática? ¿Qué clase de filosof ía necesita el pedagogo? Para Soëtard es la dialéctica entre las tres críticas kantianas4 lo que constituye el marco referencial para pensar la pedagogía. De hecho, invita a una crítica de la razón pedagógica —si bien no usa esta expre- sión, ese es el sentido de su propuesta—. Pensar la acción pedagógica 4 Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio. 36 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar es intentar elucidar las antinomias de la libertad y los determinismos naturales. Por eso sólo hay educación mediante una apuesta por la liber- tad del educando, apuesta que se efectúa cuando se conocen todos los determinismos. En síntesis, el pedagogo filosofa para comprender hasta qué punto su práctica es teóricamente imposible, al mismo tiempo que prácticamente necesaria. Teóricamente imposible pues la libertad del educando escapa por principio a toda racionalización. Prácticamente necesaria, pues sin este reconocimiento de libertad la educación no tendría ningún sentido. Es la cuestión del imposible, pero necesario, oficio de maestro (Juliao, 2011). La acción pedagógica, la “cruz del pedagogo” consiste en intentar resol- ver, en la práctica, lo que la teoría plantea como antinómico. Pestalozzi lo afirma así: se trata de hacer de las antinomias teóricas una “fuerza” práctica (Soëtard, 2002, p. 30) Se entiende, entonces, que la filosofía adecuada para un pedagogo debe ser crítica porque se trata de pensar la distancia entre teoría y prác- tica, y entre lo ideal y lo real. El pedagogo como filósofo, afronta riesgos y peligros5. Pensar su práctica es ante todo reconocer sus fracasos. Así ocurre con Pestalozzi de quien —nos dice Michel Soëtard— su fuerza consiste en la “capacidad de pensar las contradicciones con tanta fuerza cuando se fracasa en la práctica” (Soëtard, 2002, p. 45). El pedagogo ne- cesitaría entonces una filosofía que le ayude a elucidar las contradicciones en las cuales se empantana inevitablemente su práctica. Es un idealista lúcido que comprende: a) que él no llegará jamás a lo soñado; b) que no es necesario esperar demasiado para emprender algo; y c) que no sería bueno que el éxito fuera total, pues ese sería finalmente el peor de los fracasos. 5 La obra Qu’est-ce que la pédagogie? tiene como subtítulo “El pedagogo ante el riesgo de la filosofía”. 37 I. Escribir y Pensar Por tanto, la cuestión es saber qué tipo de “semi-éxito” o “semi-fracaso” requiere la acción pedagógica para ser creíble. Si el oficio de pedagogo es un oficio imposible, lo es porque debe, a la vez, temer el fracaso y el éxito. ¿Qué sería de una pedagogía que intentara implementar perfectamente el reino de la libertad? El campo de lo político es bastante esclarecedor: cuando se quiere plasmar la utopía, ella se transforma en su contrario. Aquí se reencuentra la dialéctica entre las tres críticas kantianas con esa diferencia fundamental que existe entre pensar las ideas, y conocerlas o realizarlas. Una idea —como la de libertad— sólo puede ser pensamiento, sólo proporciona un ideal a la acción; no puede ser conocida, comprendida ni explicada. Es una especie de misterio para el entendimiento que no tiene que ver con los determinismos. Sólo puede ser postulada por la acción moral o educativa porque —sin ella— perdería todo sentido. Con mayor razón, la libertad no puede realizarse, debe permanecer en el orden de la utopía, en otra parte. Para hacer real la libertad en la vida del estudiante, el pedagogo debe creer con todo su ser —con su cabeza, su corazón y sus manos, como diría Pestalozzi—, pero al mismo tiempo, saber bien que lo ideal no puede encarnarse plenamente. Él no puede creer que un determinado sistema, o un método específico podrían lograrlo. Una idea es así, es a la vez un horizonte para la acción y un criterio. Para Soëtard —y esto es fundamental— el kantismo no hace sino profundizar la palabra evangélica según la cual “el Reino de Dios no es de este mundo”. Aquí está —nos dice él— lo esencial de la fe cristiana, que retoma Pestalozzi cuando rechaza comprometerse con los asuntos de este mundo para “situar la meta de la hominización en una dimensión transcendental” (Soëtard, 2001, p. 84). Y cuando Kant afirma reemplazar el saber por la fe, en realidad nos dice dos cosas: ustedes deben creer, si no su acción no tiene sentido; pero al mismo tiempo, ustedes deben saber que lo ideal, o la idea, siempre mantendrá distancia de lo real. ¡El pedagogo debe entonces militar para la llegada del Reino sabiendo que finalmente, ese Reino sólo será real cuando este mundo se transforme en él, porque no es de este mundo! 38 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar Preguntas incrédulas sobre la fe del pedagogo Así habla Michel Soëtard. Lo que él nos propone es un pensamiento filosófico exigente, que cuestione todos los sistemas: ¡Sócrates en vez de Platón! Es una filosofía de la distancia entre lo ideal y lo real. Las preguntas incrédulas que formularemos ahora tienen que ver con esta concepción kantiana de lo ideal. No se trata de retomar la crítica del formalismo kantiano. Ya lo hizo Max Scheler (Ética formal, cap. viii). Pero sí de decir que las ideas kantianas son exigencias formales y antihistóricas. Ahora bien, si Pestalozzi puede volver sobre su obra para evaluarla y criticarla, es en función de un ideal —por ejemplo, un ideal de libertad— que resulta ser un ideal histórico: no se trata de cualquier libertad, es aquella que le viene de Rousseau y de la Revolución Francesa. Dicho de otro modo, ¿esta idea de libertad, de la cual Kant hace una pura forma antihistórica, una exigencia intemporal de la razón, no viene de la experiencia histórica de la modernidad?, ¿lo ideal por lo que nos jugamos la historia no viene de la historia misma? Por ejemplo, ¿en el presente, seríamos tan desconfiados frente a los sistemas filosóficos o políticos, si no hubiéramos vivido la experiencia histórica de los pensamientos cerrados y de los regímenes totalitarios? Quizás Soëtard plantea de forma demasiado antagonista, una contra la otra, la herme- néutica y la crítica. Como Ricoeur lo mostró en su momento, la crítica requiere de la hermenéutica6, pues finalmente siempre se enraíza en una tradición —en este caso, la tradición kantiana— y de otra parte, esa crítica probablemente no es sino la vivacidad extrema de la tradición. Para un hegeliano, se trata de la conciencia histórica que se desdobla para juzgarse a sí misma. Y tanto sus obras como sus ideales resultan de esta misma experiencia. En estas condiciones, no es nada exterior, nada trascendente a la experiencia. Como lo decía Durkheim (1968): 6 Ricoeur propone una disciplina social hermenéutica y crítica a la vez, capaz de dar cuenta tanto del sentido de los textos y las acciones como de la materialidad que, revistiendo las máscaras del poder, lo transfiguran. “Herméneutique et critique des idéologies” (1986), Du Texte a l’action; Temps et Récit III, pp. 325-326. 39 I. Escribir y Pensar Una sociedad no puede ni crearse ni recrearse sin, al mismo tiempo, crear lo ideal. Esta creación no es para ella una especie de acto de abrogación, por el cual se completaría una vez formada; es el acto por el cual se hace y se rehace periódicamente […] La sociedad ideal no está fuera de la sociedad real, hace parte de ella (p. 434). Por eso, en su Curso sobre el pragmatismo de 1911, Durkheim afirmaba que el pragmatismo de Dewey y su “empirismo radical” planteaban las preguntas que sólo la sociología resolvería. Sin llegar hasta allá, se puede descubrir con Paul Ricoeur (2002), en la utopía y la ideología, dos fun- ciones complementarias de la reflexividad de las sociedades: la primera buscando abrir los posibles y la segunda pretendiendo reunirlos. Es que existen —creemos— dos modos de concebir las relaciones entre lo ideal y lo real. Bien siendo platónico —y sin duda Kant lo es, e incluso Michel Soëtard al seguirlo— y en este caso, se plantea un abismo entre lo ideal y lo real (Fabre, 2002). La idea o lo ideal es lo que da sentido a lo real, pero distinguiéndose radicalmente de él. Esta es una concepción que —radicalmente religiosa— opone un aquí abajo a un cielo perfecto: “Mi Reino no es de este mundo”. Se está entonces en el régimen diurno de lo imaginario, para hablar como Gilbert Durand7. Pero ahí existe un doble riesgo. Uno puede rehusarse a comprometerse en la acción para mantener las manos puras. Pero ese no es el caso de la pedagogía que —precisamente— asume el riesgo de lo irrisorio. El peligro opuesto sería instalarse en la transcendencia, en el en sí. Dicho de otro modo, ¿si se marca demasiado la distancia entre lo ideal y lo real, no se está abusando de una teología negativa?, ¿no se termina haciendo de la dialéctica teoría-práctica una especie de pareja sado-masoquista donde la teoría se obstinaría en confesar la impureza de su otra mitad, la impureza de la práctica? Hay en este estilo de la crítica un pensamiento en doble negación “ni esto […] ni aquello”, que corre el riesgo de paralizarnos. 7 Fue un antropólogo, mitólogo, iconólogo y crítico de arte francés, creador de la mitocrítica o mitodología. Sus obras traducidas: La imaginación simbólica (2005). Las estructuras antropológicas del imaginario (2005). Mitos y sociedades: introducción a la mitología (2003). 40 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar En cambio, para un pensamiento secular, lo ideal no es lo “absoluta- mente otro” de lo real sino uno de sus devenires, uno de sus posibles. No importa cual, pues los posibles deben ser evaluados y criticados, pero no hay en ello nada de transcendente. La experiencia está plena de deveni- res potenciales, y la cuestión es saber de cuál lado conviene hacerse. Sin duda habrá siempre una distancia entre lo deseable y lo real. Y de otro lado, habrá siempre efectos perversos en la acción y sus consecuencias. Finalmente, el éxito mismo hace surgir exigencias siempre mayores. Por eso la experiencia siempre está en movimiento. Como lo decía Jaurès hay que “ir a lo ideal y comprender lo real” (Discurso de 1903, pronunciado en Albi, y dirigido a la juventud). Una filosof ía de la prudencia Michel Soëtard podría objetar: ¿cómo evaluar los devenires poten- ciales?, ¿cómo elegir tal o cual forma de educación?, ¿según cuáles criterios? La respuesta está en retomar la idea aristotélica de la prudencia. Ciertamente, se puede estar de acuerdo con la imposibilidad de hallar un fundamento para la educación, pues lo que debe ser no puede deducirse ni de la ciencia ni de una filosofía de la educación. El comienzo de la modernidad es precisamente esta doble imposibilidad. Es necesario, entonces, que la persona se dé forma a sí misma, sin encontrar ningún camino ya trazado. El problema es que, en nuestra posmodernidad, no solamente los caminos no están trazados sino que se duda incluso de la posibilidad de caminar, de inventar un camino. En efecto, cuando se dio la revolución de la modernidad, salir de la seguridad del cosmos antiguo abría, sin embargo, la puerta a la esperanza histórica, aquella del progreso. Es esa esperanza de la que Kant hace eco en ¿Qué es la Ilustración? En el presente, los grandes relatos que daban sentido a la historia desapare- cieron. No tenemos criterios que permitan situar la aventura educativa en la marcha de la historia. ¿Estamos entonces sin recursos? No necesariamente, pues la idea aristotélica de prudencia nos proporciona un instrumento teórico para pensar la acción en tiempos de crisis. Si se sigue a Pierre Aubenque (1999), 41 I. Escribir y Pensar la idea de prudencia en la Ética a Nicómaco se expresa en tres tesis: 1) ninguna teoría —ciencia o filosofía— puede fundamentar la acción; 2) la práctica no está condenada a lo irracional pues hay una inteligencia de la acción; y 3) esta acción, si bien no puede ser fundamentada teórica- mente, sí puede ser evaluada según criterios éticos (1999, L. VI, cap. IV). La posición original de Aristóteles —entre el platonismo y el estoicismo—, consiste en disociar sabiduría y prudencia. La persona de acción no puede confundirse ni con el sabio platónico, ni con el sabio estoico que piensan la acción según el orden del mundo. Es en ese sentido que la teoría no puede fundamentar la acción. En tanto que la ciencia se ocupa de lo general e incluso de lo necesario, la acción tiene que ver con lo contingente. Es la lógica la que preside a la ciencia, mientras que la acción sólo puede relacionarse con una racionalidad argumentativa —dialéctica o retorica—. Pero, de otro lado, no se puede reducir la pruden- cia a la habilidad, la phronesis a la metis. Es como si Aristóteles escindiera en dos la problemática platónica: abandona la teoría de las ideas y las pretensiones del sabio para fundamentar la acción política o pedagógica, pero conserva la meta del Bien —que está más allá de la esencia—. Entonces si, como lo señala Soëtard, la acción pedagógica debe afrontar este reto de conducir los aprendizajes instrumentales —poieticos— sobre la base de la praxis —buscando la autonomía y la auto-finalidad de la persona—, es gracias a una teoría, pero a una teoría que solo puede ser ética, solamente ética (Soëtard, 2001, p. 116). Lo que puede guiar la acción pedagógica —guiar, nunca fundamentar—, es en últimas una ética. Por eso podemos decir que la prudencia es la estructura misma de la acción sensata, éticamente regulada, cuando se ha perdido tanto el cosmos antiguo —platónico— como la esperanza histórica que animaba la emancipación de la Ilustración. Kant no podía plantear esta idea de prudencia porque la pensaba del lado de la habilidad y ponía la ética del lado de la moral y de sus imperativos categóricos. Con la prudencia se trata de imperativos hipotéticos —del tipo “si quieres esto entonces debes hacer aquello”—, o si se quiere, es una cuestión de medios. Pero Aristóteles diría más bien que se trata de 42 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar la praxis y que no se puede realmente aislar los medios de los fines. Es esta indisociabilidad de medios y fines lo que constituye la racionalidad práctica de la prudencia y, especialmente, de la prudencia pedagógica. Si la pedagogía trata de los problemas educativos, la cuestión pedagógica no depende ni de la responsabilidad del sabio ni de la del filósofo. Es algo así como que el conocimiento del efecto Pigmalión8 permite ciertamente aclarar las decisiones del pedagogo sobre sus consecuencias posibles, pero no lo excluye de la cuestión de saber si debe o no transmitir el dossier de tal o cual estudiante a su colega de la clase superior. La prudencia pedagógica consiste aquí en un análisis de contexto, una deliberación ilustrada por las ciencias y conducida de modo ético. Todo lo que se puede esperar es que el pedagogo adquiera lo que Aristóteles llamaba una virtud intelec- tual, es decir, la competencia de actuar con prudencia —según el kairos— y para el bien de su discípulo, con la inteligencia de los determinismos y en el respeto de su libertad. No hay en nuestra posmodernidad otro regulador posible de la acción que la ética y el derecho. Obviamente, hay que reintegrar en la prudencia los tres momentos de la ética propiamente dicha —dignidad, solicitud, justicia—, de las pruebas de universalidad kantianas y de la sabiduría práctica, según la síntesis de Ricoeur (1990). Para nosotros, el pedagogo tiene necesidad de una filosofía que sea, ante todo, una fenomenología de la prudencia y una elucidación ética. Pues en el presente, la pedagogía está inserta en una antinomia ética: entre una ética de la excelencia y otra de la preocupación (Fabre, 2005). Esto traduce, de modo posmoderno, la distinción moderna que Soëtard recordaba entre libertad y perfectibilidad. Hay una diferencia entre la lógica social y pragmática —por ejemplo, 8 El efecto Pigmalión, en psicología y pedagogía, describe cómo la creencia de una persona puede influir en el rendimiento de otra persona. Tiene su origen en un mito griego, en el que el escultor Pigmalión se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la estatua, que representaba a la mujer de sus sueños. 43 I. Escribir y Pensar estatal— que desea “fabricar un ciudadano correcto” o “fabricar lectores” —la ciencia puede posibilitarlo— y la lógica pedagógica a la cual lo que le importa es “formar la persona que lee, la persona que escribe, la persona que se comporta moralmente” (Soëtard, 2012, p. 26). Así, la pedagogía es “una acción con miras a advenir lo universal en lo particular, quedando claro que el titular de la misma sigue siendo quien decide unirse o no a ello, aunque sea una evidencia matemática” (p. 60). Conclusión Soëtard muestra la paradoja de las sociedades contemporáneas. Si la educación ha llegado a ser clave para las naciones al punto que la ins- trucción hace parte del poder público, el sistema educativo se encuentra, actualmente, en plena crisis: “la crisis de la razón escolar acompaña la crisis de la razón moderna” (p. 111). Y no hay vuelta atrás —“exigir volver a lo antiguo”, “restaurar los valores perdidos”— porque “el reino del individuo se afirma cotidianamente con mayor fuerza”; “hemos entrado en la era del infinito de la persona y de su deseo de realización” (2012, p. 112). Así, la educación está en el centro de los problemas de las sociedades contemporáneas. Entonces, ¿qué hacer?, ¿fundar una “era nueva” desde experiencias educativas, así como la educación nueva lo deseaba después de la ii Guerra Mundial? Después de “la nostalgia del todo tiempo pasado fue mejor” y “la utopía del paraíso terrestre de la libertad”, debemos abordar, según Soëtard, otro proyecto: concebir y asumir la acción pedagógica. Si el sistema educativo es un garante y un regulador, el pe- dagogo debe aferrarse a una finalidad superior que sería, en términos roussenianos, “la formación de lo humano del hombre”, es decir, un ser humano integral más allá del ciudadano útil. La pedagogía consiste en pensar praxeológicamente sobre el devenir humano, un quehacer que permite reconstruir el mundo en torno al interés por la persona, fundamentándose en su dinamismo natural y su poder de construirse a sí misma. 44 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar Referencias Aristóteles. (1997). Ética Nicomaquea. Madrid, España: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Aubenque, P. (1999). La prudencia en Aristóteles. Barcelona, España: Grijalbo- Mondadori. Dewey, J. (2003). Reconstruction en philosophie. Universidad de Pau: Fárrago. Durkheim, E. (1968). Las formas elementales de la vida religiosa. Buenos Aires, Argentina: Schapire. Fabre, M. (2002). Les controverses françaises sur l’école: La schizophrénie républicaine. 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Paris, France: L’Harmattan. 45 I. Escribir y Pensar ¿Por qué continuamos enfatizando la historia de la filosof ía? Leonardo Marques Kussler Universidade do Vale do Rio dos Sinos Introducción Sería una tontería dudar que la filosofía es un arte milenario con capacidad formativa en la educación humana. Sin embargo, parece haber poco énfasis en estudios sobre su aplicación y su peculiaridad en la formación de quien busca sus recursos en la contemporaneidad. Sin duda, la realidad educativa, en particular la de Brasil, no proporciona exactamente lo que se espera de una disciplina que tiene condiciones de promover individuos al reconocimiento de su subjetividad, al ejercicio de la ciudadanía, al pensamiento autónomo y naturalmente dubitativo. 46 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar En el presente capítulo, exploramos algunos rasgos de la problemá- tica formación filosófica brasileña, en sus más variados ámbitos, enfatizando tanto: 1) el carácter formativo de los docentes —que son responsables de la educación y la promoción del papel formativo filosófico en las escuelas y universidades—; como 2) el sentido y la importancia de la formación filosófica para el ser humano. Por lo tanto, promovemos aquí un estudio exploratorio acerca de la utilización de la filosofía en la enseñanza brasileña y problematizamos el contenido de la metodología empleada. Entendemos que los parámetros curriculares brasileños orientan el modo de proceder de la educación filosófica nacional, abarcando aspectos no tan prioritarios —como temas y autores históricos de filosofía sin que medie, necesaria- mente, una contextualización a la complejidad de la realidad contem- poránea—. Lo anterior, en detrimento de elementos transdisciplinarios y promotores de la autonomía de los sujetos, como la creación de espacios de discusión, que alían la capacidad para el diálogo, la escucha, la argumentación y la lógica de proyectos, que, bien empleados, auxilian en otras disciplinas y forman un ser humano más pleno de potencialidades. Por lo tanto, dividimos el capítulo en dos secciones. En la primera, se analizará cómo la filosofía perdió su carácter de formación cultural y se con- virtió en una forma de educación sofística, es decir, se atiende a sus aspectos históricos y conceptuales, sus discursos teóricos, perjudicando la promo- ción de un pensamiento propio y de la capacidad para la argumentación dialéctica-dialógica. También resaltaremos cómo la institución de la filosofía como disciplina obligatoria en las series de la enseñanza media brasileña no retrata exactamente lo que se preveía en el proyecto inicial, pues no hay una gran inversión en la creación de espacios filosóficos, de hecho, pero se restringe de su historia la capacidad creativa e investigativa propia del proceso del filosofar. Por último, abordaremos cómo parte de la limitación del papel formativo filosófico brasileño se encierra en la formación docente y en el modo en que las universidades forman a sus profesionales, que reproducen una matriz filosófica reconocidamente superada y conflictiva con sus objetivos teóricos. 47 I. Escribir y Pensar En la segunda sección, proponemos algunas alternativas y relatos de experiencias exitosas en el intento de superar la dicotomía Historia de la Filosofía por Temas de [Historia de] la Filosofía. De este modo, mostraremos cómo hay necesidad de una formación identitaria de la filosofía brasileña, reconociendo pensadores oriundos de Brasil y sus contribuciones filo- sóficas, lo que, por sí solo, hace avanzar el intento de pensar una filosofía a partir de Brasil, y no sólo con base eurocéntrica, que es cultural, social, económica y políticamente distante. Esbozamos, también, la capacidad transdisciplinaria de la filosofía en proyectos que relacionan estética y ciencia, entre otras áreas, lo que propicia una formación más completa y destaca las intersecciones multifacéticas de la realidad. Por último, abordaremos sumariamente la comprensión de filosofía como un modo de vida, que apunta a lo que se quiere para la formación filosófica contempo- ránea: una filosofía capaz de transformar la vida de quien realmente se compromete a vivir filosóficamente, es decir, comprende e instaura el sen- tido de la filosofía en su vida cotidiana. La relevancia de la formación filosófica: de la antigüedad a la contemporaneidad La filosofía presenta, desde sus fundamentos, el aspecto formativo del ser humano. Paradójicamente, la filosofía occidental se configura como un modo de comprensión del mundo, de producción de conocimiento, pero también se propone como modo de formación y educación de quien filosofa, de modo que hay teoría y práctica en su esencia —a diferencia de la propuesta sofística, donde había una preocupación de formación de orden político, profesional—, sin necesariamente atenerse a los elemen- tos existenciales y de identificación del conocimiento con el modo de ser del individuo. La educación, comprendida como formación cultural —paideia—, se establece en la cultura griega como forma de justificar la singularidad de las realizaciones de la comunidad y del registro de éstas a la posteridad, reconociendo la herencia cultural de otros pueblos de la época y su cultura como forma del ideal formativo (Jaeger, 1995, p. 7). 48 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar En oposición a la formación sofística, la formación filosófica preveía, desde el inicio del período greco-occidental, una educación para convertirse en alguien más virtuoso, capaz de pensar acerca de la realidad con otros ojos y ser crítico ante la comprensión del mundo de su época. El modo de hacer filosofía socrático-platónico se presenta como una forma educativa preponderantemente dialógica, es decir, conforme se establece una relación de diálogo es que el aprendizaje toma forma y la formación se desarrolla a lo largo del trazado formativo, en un movimiento dialéctico incesante de comprensión de sí mismo y del mundo. Después de la asimilación del modo de formación filosófico pagano por el cristianismo medieval, y a partir de los primeros siglos d.C., la función filosófica perdió mucho de su carácter formativo. Adquirió mucho más un carácter especulativo, ya que la teología se apropió de las herra- mientas y del modo de formación procedentes de la filosofía griega. Es sólo en los siglos xviii-xix que el perfil filosófico de ocupación formativa retorna a la escena, como aspecto de humanitas —el corresponsal latino a la paideia griega—, que vuelve a encender la preocupación por un ideal de formación, de una búsqueda por un modo de ser más auténtico basado en ciertos valores renacentistas, valores revisitados del período clásico grecorromano. Este movimiento se conoció como humanismo, y restableció los parámetros filosóficos en preocupaciones que enfatizaban el bienestar del ser humano, la dignidad y el optimismo acerca del proceso de la comprensión humana. En el momento en que la literatura clásica es redescubierta y reno- vada hay una valorización de un proyecto que celebra la vida y sus placeres, en detrimento del paraíso perdido de la Edad Media (Blackburn, 1996, p. 178). Además de ese movimiento, podríamos citar el romanticismo, que también surge como una forma de crítica en respuesta al iluminismo racionalista, en defensa de la subjetividad libre, de la imaginación y del aspecto emocional y creativo del arte, especialmente expresado en autores como Kant, Herder y Schiller (Blackburn, 1996, p. 331). A propósito de 49 I. Escribir y Pensar Kant (1999) y Schiller (2002), el primero defendía que, de hecho, no se enseñaba filosofía a quien estaba dispuesto a aprender, sino a filosofar. El segundo apostaba en la experiencia estética como modo de formación de la subjetividad y del carácter ético y moralizante de un ser humano. De ese modo, ambos pretendían aliar la conceptualización filosófica a la experiencia filosófica, no por un aspecto meramente teórico, sino práctico, procesal y performativo. Posteriormente, la filosofía quedó parcialmente restringida a la comprensión filosófica del positivismo lógico, que redujo drásticamente la función filosófica al análisis del discurso científico. Hecho el panorama básico filosófico, nos adentramos ahora a la cuestión del sesgo práctico, en lo que se refiere a la filosofía como disciplina obligatoria, desde 2008, en los currículos escolares brasileños. En otra ocasión, publicamos otro estudio sobre el retorno de la filosofía a los currículos nacionales escolares, en la enseñanza media, destacando cómo su aplicación era problemática (Kussler, 2011). De antemano, destacamos que cuestiones como adecuación temática, formación docente, reproducción de conocimiento, entre otras —que se desarrollarán, detalladamente y de modo actualizado, en la segunda sección de este capítulo— todavía siguen siendo grandes obstáculos y factores determinantes para el problema de la conducción de la formación filosófica en el Brasil del siglo xxi. En términos de reestructuración de las directrices educativas brasi- leñas, la alteración del Art. 36 de la LDB (Brasil, 2008) revoca la necesidad de que los estudiantes de enseñanza media entiendan estrictamente cono- cimientos específicos de la filosofía para aplicarlos en el ejercicio de la ciudadanía —teniendo en cuenta que, antes de 2008, sólo algunas escuelas optaban por incluir las disciplinas de filosofía y sociología, pues no eran obligatorias—. Sin embargo, la enseñanza fundamental aún no ha sido contemplada con esa reestructuración, y no hay que decir que tres años de la enseñanza media, normalmente con carga horaria mínima, no son suficientes para que se desarrolle una cultura del ejercicio de la filosofía, especialmente con base en la normatización y con foco en el contenido. 50 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar En este sentido, es sorprendente que, incluso sin ninguna mención a la reducción de la filosofía a su historia —es decir, a sus autores y sus principales tesis—, esta práctica se vuelve cada vez más común entre los profesores de la disciplina en la enseñanza media. Sin embargo, vale resaltar que los libros didácticos, organizados por autores conscientes de esta cuestión, en su gran mayoría, siguen siendo formulados de dos maneras: 1) cronológicamente, presentando a los autores en una línea temporal única, mostrando cuáles autores y temáticas sucesivamente; y 2) temáticamente, que, en la práctica, se reduce a un reajuste de temas al modo cronológico de libro didáctico o fuera de una línea cronológica lineal, pero aún presentando filósofos principales y sus tesis. Como resalta el libro de orientaciones curriculares, la filosofía debería guiarse por un papel formador, capaz de articular contenidos, nociones y temáticas de modo continuo y más duradero. Debería tener por lo menos dos horas semanales, lo que no siempre o casi nunca ocurre en la mayoría de las escuelas, a diferencia de un folleto informativo (Brasil, 2006, p. 15). Los problemas éticos, teológicos, de nuevas tecnologías, de dilemas y cuestiones existenciales deberían ser debatidos de forma más abierta, sin la necesidad del llamamiento a los grandes autores filosóficos históri- camente consagrados a cada instante. Tal comportamiento fácilmente se reduce a un tipo de adoctrinamiento y restringe el trabajo de discusiones y la creación de espacios auténticamente discursivos. La memoria de fechas de autores, frases célebres, títulos de libros y conceptos principales de filósofos no nos hace capaces de ejercitar la filosofía —en tanto búsqueda por un saber que mejora nuestro modo de ser—, pues reduce la filosofía a la discusión teórica y, a veces, la hace algo vacía en la vida de los estudiantes, por falta de una relación más transversal y transdisciplinaria con la realidad y con la vida cotidiana. Sabemos que, después de haberse convertido en disciplina obligatoria —en el presente en amenaza— en el territorio nacional hay vestibulares y concursos públicos que prevén cuestiones de historia de la filosofía. Pero lo anterior no justifica su reducción sólo a su sesgo histórico, resalta la 51 I. Escribir y Pensar visión estereotipada de que filosofía sirve para enseñar sobre los grandes pensadores y formar buenos reproductores de sus conocimientos. En el art. 35 de la LDB (Brasil, 1996), figuran como finalidades de expectativa formativa y de aprendizaje de los alumnos tres aspectos principales y problemáticos para la consolidación de la tarea formativa filosófica en la educación brasileña: 1) continuidad de los conocimientos elaborados en la enseñanza fundamental; 2) preparación para el trabajo, para la ciudada- nía y para la posibilidad de seguir aprendiendo; y 3) perfeccionamiento del estudiante, con aspectos éticos, autonomía intelectual y criticidad en el pensamiento. Ahora, seamos honestos: 1) ¿cómo trabajar la continuidad de la filosofía en la enseñanza media en una disciplina que difícilmente existe en la enseñanza fundamental de gran parte de las escuelas?1; 2) ¿cómo preparar para la ciudadanía con una disciplina con una carga horaria ínfima y que se reduce a un tenor histórico, difícilmente abordando cuestiones de ciudadanía prácticas?, y 3) ¿cómo hacer que el estudiante de enseñanza media sea alguien más autónomo si su base filosófica se reduce a la lectura y a la reproducción de un compendio de filósofos, que reduce el aspecto crítico y de formación ética al círculo de discusión fomentado por reflexiones sobre conceptos específicos de autores sin necesariamente la debida aplicación y abstracción? Algunas propuestas —lejos de ser, aquí, consejos y recetas— posibilitan la creación de espacios discursivos más amplios, además de las jerarquías histórico-filosóficas, lo que es un buen camino, pues permite que los educandos superen la dicotomía autor-concepto. A diferencia de lo que afirmó Schopenhauer (2001), en Sobre la filosofía universitaria, el Estado no obliga a enseñar determinada tradición filosófica, pero sugiere libros didácticos y metodologías para la fundamentación del docente. En primer lugar, la filosofía, en cuanto disciplina de los más variados niveles 1 A pesar de que aún no era muy común, tuve la oportunidad y el placer de trabajar con la enseñanza de Filosofía en dos escuelas municipales de Enseñanza Fundamental de una ciudad del interior de Rio Grande do Sul, y hubo un resultado muy positivo con la aplicación de algunas, que incluían la creación de juegos de interpretación de personajes (RPG) y discusión libre, lo que los auxiliaba en la ejecución de tareas de otras disciplinas, como en la escritura de redacciones, proyectos de Ciencias y en la desenvoltura para presentaciones en general. 52 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar educativos, debe promover momentos de relajación existencial, es decir, hacer que el estudiante consiga abstraerse, desplazarse de su vida prosaica, previendo, obviamente, un retorno con nuevas ideas para resolver sus problemas. Por otra parte, está previsto en los Parámetros Curriculares Na- cionales que exista una mayor contextualización no sólo de la filosofía con las demás disciplinas, en el sentido de transdisciplinariedad, sino también en los ámbitos personal, político, social, económico, científico, cultural, entre otros (Brasil, 2006, p. 57). Clases de filosofía que no hacen que los estudiantes salgan de ellas pensando en proyectos para sus vidas, en problemas cotidianos, no están cumpliendo con su función formativa. Los debates promovidos deben tener conexión con temas filosóficos que tengan sentido para aquellos educandos, haciéndolos capaces de buscar fuentes filosóficamente signi- ficativas —que no necesariamente sean libros de filosofía, sino también otras gramáticas y medios— por libre y espontánea voluntad, enrique- ciendo el debate, la forma de escritura y la formación de la subjetividad. Al final, la formación prioritaria de la filosofía debe basarse en el aspecto enriquecedor de su postura ante el mundo, de sentido crítico y de racio- nalidad autónoma, promoviendo la ciudadanía y una visión más crítica de la sociedad en la que nos insertamos. Sin embargo, como veremos a continuación, tales prácticas están íntimamente relacionadas al modo de formación universitaria de los profesores que actúan en las escuelas, que necesitan dejar tales parámetros de la enseñanza de filosofía más transparentes a sus alumnos y a las escuelas en que enseñan. La tradición en la filosof ía brasileña y los posibles reflejos de su superación Al final de la década de los años noventa, el profesor Oswaldo Porchat Pereira, con ocasión de su jubilación, presentó un discurso edificante a los estudiantes de la USP, nacionalmente conocido en el ámbito de la filosofía. En su discurso, Porchat (2010) resaltó la necesidad de repensar el modo 53 I. Escribir y Pensar de constituirse de la investigación en filosofía en Brasil. La crítica, de casi veinte años, retrata una limitación muy anterior, que es la herencia de la tradición estructuralista francesa de Historia de la Filosofía, que debería ser un paso inicial para la investigación filosófica y no su fin. Sin duda, el discurso es un tipo de mea culpa, pues destaca la responsabilidad —personal y general— por el papel formativo y la influencia de esa tradición instituida en los cursos de filosofía brasileños, que perdura hasta el presente. El mayor problema de esa tradición historiográfica a la que estamos todavía vinculados es su propia limitación filosófica, pues no se propone algo genuinamente filosófico cuando nos rodea una formación que debería ser propedéutica al ejercicio filosófico. La formación docente en el área de filosofía, desgraciadamente, como constató Oswaldo Pereira, todavía es precaria en lo que se refiere al proceso de filosofar libremente, con capacidad de realizar una lectura más fenomenológica, es decir, más lejos de nuestros propios prejuicios y más cercana las cosas. Por otra parte, el reconocimiento de nuestros prejui- cios es una de las tareas más difíciles cuando nos proponemos filosofar, pues siempre estamos dentro de determinada tradición, bajo diferentes aspectos de autores, entre otros (Gadamer, 1999). Los docentes de filo- sofía brasileños todavía están, en gran parte, estancados a la sistemática estructura histórica, promoviendo la formación de historiadores de la filosofía. Esto quedó claro cuando tratamos, en la primera sección, sobre el carácter de las clases expositivas y dimensionadas al contenido histórico-concep- tual de la filosofía que, reiteramos, forma parte del proceso filosófico, pero no lo encierra como un todo. Ser un comentarista de filosofía es diferente de ser un filósofo, pues el estudio de determinado autor o determinada tradición filosófica es diferente de una proposición de un pensamiento propio, de una discusión actual y regional. El papel formativo de la educación básica está limitada al tipo de formación de los docentes, que difícilmente rompe con las barreras de la iniciación filosófica a los principales autores bajo determinado punto 54 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar de vista. Imaginemos una clase de arte en donde sólo fuera posible re- producir obras de artistas reconocidos. No es eso lo que se prevé en los parámetros curriculares del área, porque son varios los tipos de expresión —artes visuales, artes escénicas, música, danza, entre otras—. Ciertamente, los estudiantes piden mucho más de lo que la antigua educación artística ofrecía, pues necesitan condiciones para expresarse estéticamente de diferentes modos. Obviamente, comprender la tradición es esencial para cualquier área del saber, pero toda comprensión histórica es un proceso de aprendizaje para lo que viene después de ese movimiento de conciencia de la tradición. En ese sentido, así como las demás áreas del saber se modificaron y se actualizaron, lo mismo debe ocurrir con la filosofía en relación con su enseñanza. Al limitar el proceso filosófico, se limita también el ánimo y la tolerancia del espíritu naturalmente creativo de niños, jóvenes y adultos que anhelan espacios de discusión, proposición de ideas y problemas de diferentes realidades. Este problema parece haber sido parcialmente resuelto en lo que se refiere a la literatura, por ejemplo, pues hay autores propiamente brasileros, que crean literatura brasileña y no sólo adaptan literatura extranjera a la realidad brasileña. Son áreas diferentes —la filosofía y la literatura—, pero pueden contribuir una a la otra, como demuestran innumerables producciones intelectuales en ese sentido. Uno de los proyectos más creativos y osados, en contra del flujo principal, es el del grupo Fibra2, del profesor Paulo Margutti Pinto, ex profesor de la Ufmg, que propone el estudio de los reflejos de la filosofía en Brasil y de los pensadores propiamente brasileños que propusieron filosofías sistemá- ticas o no. Iniciativas como ésta muestran la capacidad filosófica brasileña 2 El Grupo FIBRA —filosofía en Brasil— actúa en el contraflujo de los currículos universitarios, pues asume la necesidad de pensar a Brasil como un polo que propone filosofía brasileña, es decir, que no se basa única y exclusivamente en la tradición de historia de la Filosofía, pensamiento de nuevas tradiciones y tendencias filosóficas que pueden ser estudiadas paralelamente a las de los filósofos más conocidos. Grupo Fibra, para más información, ver: https://sites.google.com/site/ filosofiadobrasilgrupofibra 55 I. Escribir y Pensar y la perspectiva de un nuevo proceso formativo de los docentes de filo- sofía en Brasil, lo que ciertamente repercute en la práctica posterior de éstos, sea como docentes de educación básica o enseñanza superior. Volvemos a la propuesta de filosofía de Schopenhauer, que exalta al filósofo en detrimento del profesor de filosofía, que nos incita a pensar propuestas educativas que no restrinjan la creación filosófica, crítica y de espíritu libre y cuestionador, pero que la fomenten y la impulsen. Tal vez, una de las propuestas a ser desarrolladas sea la aproximación con otras áreas del saber, con otros cursos, con otras disciplinas, de modo que el carácter y la perspectiva de la transdisciplinariedad se envuelva y promue- van un filosofar más rico y capaz de repensar la realidad, que proponga nuevos cuestionamientos y dé nuevas respuestas a las molestias ya conoci- das y, a veces, mal resueltas y no sólo en disciplinas objetivas, tales como lógica, que deja traslucir un carácter instrumental/formal de la filosofía. La filosofía que se basa en la estética, en la biología, en la literatura, en las ciencias jurídicas, entre otras áreas, tiene mayores condiciones de inserción en los medios, en las publicaciones y en el público objetivo de quien busca contenido filosófico. Esto auxilia a promover mayores y mejores espacios discursivos que, a su vez, difunden el espíritu filosófico en otros ámbitos y refuerzan la formación filosófica con las prerrogativas inherentes a un proceso filosófico más complejo. Otra propuesta, que revalida y da nuevo sentido a la filosofía más allá de su aspecto histórico-conceptual, es la propuesta experiencial, que retoma el proyecto filosófico de la antigüedad en donde la filosofía era tomada como una experiencia práctica la cual formaba parte del proceso de autoconocimiento y de cuidado con la propia existencia. Más precisamente, resaltamos aquí los estudios de Hadot (2006) y Foucault (2006) —a pesar de las eventuales críticas en cuanto a sus tesis—, que retomaron y tornaron mundialmente público el propósito de la filosofía 56 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar en la antigüedad, especialmente a partir de la tradición socrático-platónica. En líneas generales, la propuesta se basa especialmente en el argumento de que la Filosofía debería ser, ante todo, un modo de vida, es decir, que su función primordial sería transformar el modo de vida de las personas. En este sentido, hay un llamamiento mucho mayor a la formación y a la conversión de un sujeto a un determinado grupo de reglas de vida que a técnicas de retórica, oratoria y representación política. Lo que importa, en ese panorama, es la experiencia filosófica, pues la filosofía es comprendida aquí como un proceso de auto-comprensión y de cuidado de sí mismo. De modo que, fundamentalmente, filosofar es intentar comprenderse mejor, intentar ser un sujeto más virtuoso para que se pueda actuar más allá de sí mismo, es decir, se trata de una búsqueda para llegar a ser mejor para actuar, calificadamente, en la mejora de quien y de lo que nos rodea; se trata, pues, de una perspectiva ética y política. La propuesta presentada en el párrafo anterior también nos hace cuestionar sobre cómo es posible vivir filosóficamente en la actualidad. Obviamente, no estamos pensando en reanudar el modo de vida de la Grecia antigua, a modo de un experimento antropológico, sino en repensar de qué manera los aspectos de la ética —área fundamental de la investigación filosófica— son realmente aplicados a nuestras vidas, cómo sería llevado a la práctica la búsqueda por la sabiduría, para no vagar en discursos teóricos que tienden a no ser aplicados. Por otra parte, la formación filosófica también nos hace pensar en el restringido campo de actuación de quien se forma en filosofía, en Brasil. Pensemos, por ejemplo, en los innumerables casos de profesionales que actúan en las áreas de ciencias jurídicas, de la publicidad y propaganda, del diseño, la asesoría de prensa y asesoría política, que promueven grandes trabajos en diversos países con base en una formación universitaria en filosofía; algo que, en Brasil, es prácticamente impensado, por la misma razón que limita nuestra formación de profesores de filosofía: falta de tradición cultural filosófica en el país. 57 I. Escribir y Pensar La Filosofía debe guiarse por una formación amplia, ofreciendo aspectos de educación humanista, ética y de características inherentes al proceso filosófico, que engloba una lectura fenomenológica de la realidad y modos de resolución de conflictos, reflexión acerca de problemas y proyectos de planeamientos futuros. Otra carencia característica y que ocasiona limitaciones en el modus operandi de la filosofía contemporánea, especialmente en Brasil, es la falta de ambientes propios para el diálogo filosófico de matiz socrático-platónico. Ambientes académicos y congresos instituidos en estos, a veces, acaban por limitar la discusión a un deter- minado autor y su discurso teórico, lo que conduce, una vez más, al paradigma que intentamos problematizar aquí. Dinámicas que no reflejan el modo de pensar y el punto de vista de aquellos que toman parte en aquel ciclo discursivo. Como la filosofía es un arte de pensar diferente, buscar explicaciones y revisar modos de encuentro de mundo, puede servir como un tipo de contrapunto a la educación con base tecnicista, ofreciendo soporte para un pensamiento más libre y no necesariamente ligado a la formación estrictamente profesional. Ciertamente, la educación como elemento for- mativo, en sus diferentes niveles, debe proporcionar un respaldo teórico en lo que se refiere al proceso de preparación y presentación de niños, jóvenes y adultos al mundo del trabajo, pero no solo guiarse por este sesgo, pues se acaba de cosechar la potencialidad proporcionada por una formación más humana y no tan limitada a meros aspectos prácticos. Consideraciones finales Por ser parte de las ciencias humanas, la filosofía acaba quedando de lado cuando se discuten reformas educativas. Sin embargo, dentro de su propio núcleo, por considerarse una disciplina consagrada y de tradición histórica, a veces deja de hacer su movimiento de rotación sobre su propio eje, es decir, se olvida de pensar sus tareas en el siglo xxi, su función en la 58 FRAGMENTOS. Leer, Traducir, Dialogar formación de sujetos y el desarrollo del conocimiento científico. Por eso, las publicaciones en este sentido son esenciales para la creación de círculos discursivos, a partir de los cuales es posible reflexionar sobre el propósito y el alcance de la(s) filosofía(s) en el presente. Metafóricamente, cuando quien busca la filosofía y se perfecciona por la mejor comprensión de ésta deja de cuestionarse sobre su propia base, se trata de una situación similar a los miembros de una embarcación que no se preocupan por fugas mientras hay fluctuación. En este capítulo, fue posible relatar, aunque sucintamente, cómo la filosofía era aplicada en la antigüedad y cómo su función fue variando a lo largo de nuestra historia. En la primera sección, de modo especial, destacamos cómo la filosofía viene siendo tratada como disciplina obli- gatoria y cómo las directrices educativas brasile