1 REPÚBLICA DE COLOMBIA CORPORACIÓN UNIVERSITARIA MINUTO DE DIOS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES PSICOLOGÍA EL ESTUDIO DEL PENSAMIENTO Y EL LENGUAJE: ORIGEN, FUNDAMENTOS Y APLICACIONES DE LA TEORÍA DE LOS MARCOS RELACIONALES Trabajo de grado para optar al título de Psicólogo AUTOR: Sergio Nicolás Sabogal García TUTORA: Mg. Ángela Patricia Rivera Modera LECTOR: Mg. Andrés David Gutiérrez Torres Bogotá DC, Junio de 2020 2 Tabla de contenido Pág. Resumen…………………………………………………………………………………………...4 Abstract………………………………………………………………………………………...….5 Introducción……………………………………………………………………………………….6 Planteamiento del problema……………………………………………………………….7 Justificación……………………………………………………………………………….9 Fundamentos históricos………………………………………………………………….11 Objetivos………………………………………………………………………………....26 Objetivo general…………………………………………………………............26 Objetivos específicos…………………………………………………….............26 Metodología……………………………………………………………………………………...26 Resultados y análisis……………………………………………………………………….…….27 Fundamentos filosóficos del conductismo……………………….…………….………...27 Fundamentos conceptuales del Análisis Experimental de la Conducta………..………...33 Conducta respondiente y condicionamiento clásico…………………….............37 Aprendizaje por consecuencias y condicionamiento operante…………………..41 Lenguaje y pensamiento, dos tipos especiales de operantes……………………………..49 Clase de operante verbal: Mando………………………………………………...51 3 Clase de operante verbal: Ecoica………………………………………………...52 Clase de operante verbal: Textual………………………………………………..53 Clase de operante verbal: Intraverbal……………………………………….…...53 Clase de operante verbal: Tacto…………………………………………............54 Clase de operante verbal: Autoclítica……………………………………...........55 Otras características de las operantes verbales…………………………………..57 El “Pensar” según Skinner………………………………………………………............59 Chomsky y Skinner, un debate contra hombres de paja……………………...…............61 Conducta gobernada por reglas……………………………………………...……….......63 Equivalencia de estímulos: una nueva forma de comprender las reglas verbales.............66 Teoría de los Marcos Relacionales………………………………………………............69 Implicaciones prácticas de la Teoría de los Marcos Relacionales……………….............86 Conclusión final………………………………………………………………………….............89 Referencias……………………………………………………………………………….............90 4 El estudio del pensamiento y el lenguaje: Origen, fundamentos y aplicaciones de la Teoría de los marcos relacionales Resumen: En el presente trabajo de grado se realizó una revisión bibliográfica narrativa, la cual examina el rol que han cumplido las teorías conductistas en el estudio del pensamiento y el lenguaje dentro la psicología, haciendo un especial enfoque en el abordaje propuesto por la Teoría de los Marcos Relacionales (TMR). En un primer momento se identifica la importancia del estudio del lenguaje y pensamiento en la psicología, así como los principales mitos y confusiones en torno al estudio de este fenómeno desde el conductismo los cuales serán clarificados a lo largo de todo el texto. De igual modo se exploran los fundamentos históricos, filosóficos y teóricos que conforman la coyuntura específica en la que surge la TMR como una forma de estudiar la conducta compleja desde una postura monista y cientificista. Posteriormente se describe el bagaje conceptual que compone a la TMR, al igual que algunas de las implicaciones teóricas y prácticas que ha tenido dentro de la psicología. Palabras clave: Teoría de los Marcos Relacionales, Conductismo, Pensamiento y Lenguaje, Conducta compleja, Historia de la psicología, Filosofía de la psicología. 5 Abstract In this bachelor thesis have been made a bibliographic narrative review, which examines the role that behavioral theories have played in the study of thinking and language within psychology, with a special focus on the approach proposed by the Relational Frames Theory (RFT). Initially it is identified the importance of the study of language and thinking in psychology, as well as the main myths and confusions surrounding the study of this phenomenon from the point of view of behaviorism, which will be clarified throughout the text. Similarly, the historical, philosophical and theoretical foundations that shape the specific conjuncture in which the RFT emerges, are explored as a way of studying complex behavior from a monistic and scientific standpoint. Later, the conceptual background that composes the RFT is described, as well as some of the theoretical and practical implications that it has had within psychology. Keywords: Relational Frames Theory, Behaviorism, Thinking and Language, Complex Behavior, History of Psychology. 6 Introducción: El estudio del pensamiento y el lenguaje ha sido uno de los puntos de investigación primordiales en psicología, estos términos siempre están presentes en los índices de los libros introductorios (P;ej: Brennan et ál., 1969 ; Cosacov, 2005; González, 2014 ; Morris y Maisto, 2005; Myers , 2006) y han sido objeto de múltiples hipótesis e intentos explicativos por diversos autores que, debido a sus puntos de partida disímiles, hacen de tales propuestas, en la mejor de las ocasiones, posturas irreconciliables (Ribes, 2009; Vezzetti, 1998). Algunos de los autores más reconocidos en la materia, aunque con formas de explicación distintas, concuerdan en que el pensamiento y el lenguaje, también denominada conducta compleja, son las características por antonomasia de los humanos y que su estudio y comprensión resulta insoslayable para entender por qué la gente hace lo que hace (Bruner, 1984; Bruner y Acción, 1984; Freud, 1913; Horst, 2011; Piaget, 1983; Vygotsky, Kozulin y Abadía, 1995). Una de las posturas más controversiales dentro del ámbito ha sido la corriente conductista, caracterizada por partir del presupuesto ontológico monista, así como por optar por una metodología experimental y cientificista (Otálora, 2012; Pérez, Gutiérrez et ál., 2010; Tomasini, 1990). Está corriente ha sido objeto de múltiples malentendidos y controversias, pues algunos de sus postulados van en contra de las creencias populares sobre la naturaleza del comportamiento humano (folk psychology) (Hurtado, 2006), tal como se verá en apartados posteriores del presente trabajo. De cierta manera se puede hablar de una conciencia anti- conductista antes del surgimiento del mismo conductismo (Hurtado, 2006), lo cual ha causado rechazo en algunos sectores de la academia y limitado la visibilidad de sus propuestas en los diferentes terrenos de la psicología, particularmente en el estudio del pensamiento y el lenguaje. 7 A pesar de sus detractores, desde la fundación del conductismo los autores e investigadores que le han dado vida, han realizado aportes con el fin de explicar la naturaleza de la conducta compleja (Pérez-Almonacid, 2012); una de las propuestas conductistas vigentes que goza de mayor sustento empírico en la actualidad es la denominada Teoría de los Marcos Relacionales, TMR por sus siglas. La TMR fue formulada en sus inicios por Steve Hayes, Dermot Barnes-Holmes y Bryan Roche (2001), suponiendo una forma novedosa de estudiar el lenguaje y el pensamiento (cognición) desde una postura netamente conductista. A modo general la TMR se sustenta en ciertos postulados de la propuesta Skinneriana, desarrollada en conducta verbal (Skinner, 1957), así como en la equivalencia de estímulos investigada por Murray Sidman (Sidman, 1990), teniendo por concepto central a la respuesta relacional derivada la cual será explicada, junto con el resto de bagaje teórico, en posteriores apartados del presente trabajo. Aunque en sí misma la TMR ha demostrado gran capacidad explicativa de la conducta compleja (Barnes-Holmes et ál, 2005), ha padecido algunos de los mismos estigmas que el conductismo radical (Hurtado, 2006), por lo cual la academia en cierta medida la ha ignorado y desconoce su estado actual. Planteamiento del problema En la actualidad, existe una gran variedad de acercamientos al estudio del pensamiento y el lenguaje, pues como es sabido, la academia no es una empresa generadora de conocimiento uniforme, es decir, en su interior no alberga teorías exclusivas que develen las características de los fenómenos, por el contrario, supone un cúmulo de diferentes propuestas que pueden avanzar paralelamente abordando un mismo hecho con el fin de darle explicación (Pulido, 2008). De esta manera, los intentos explicativos que han buscado dar cuenta del pensamiento y el lenguaje, en 8 su mayoría han surgido de corrientes psicológicas distanciadas entre sí y con principios epistemológicos y ontológicos que no permiten ver este fenómeno como un hecho más de la naturaleza, sino que de una u otra forma se asume de una naturaleza distinta a la de otros objetos de estudio, partiendo de una asunción a priori que imposibilita la comprensión científica del fenómeno (Bueno, 2011; Gómez et ál, 2002). Debido a este maremágnum de hipótesis y por otras circunstancias relacionadas, el conductismo, caracterizado por asumir el estudio de lo psicológico desde un punto de vista científico y monista (Otálora, 2012; Pérez et ál, 2010; Tomasini, 1990), ha realizado estudios en la materia que se han visto opacados, mal interpretados e incluso ignorados en su existencia por parte de una gran cantidad de autores; un par de ejemplos que ilustran estos casos son, por una parte, el autor Alfredo Ruiz (2009) quien en su artículo sobre las bases histórico-epistemológicas de la psicología cognitiva, menciona que el conductismo es solo un antecedente histórico que empobrecía la comprensión de las causas de la conducta, cuya caída era necesaria para entender los factores internos (haciendo referencia al pensamiento) que subyacen al comportamiento de las personas; por otra parte, Carretero (2014) menciona que “en el caso de Skinner (…) no encontramos ninguna preocupación específica por el estudio del pensamiento” (p. 16), aunque este autor, padre de la teoría del condicionamiento operante, dedique capítulos completos al entendimiento del pensamiento en libros tales como Conducta verbal (Skinner, 1957), Ciencia y conducta humana (Skinner, 1953) y en Sobre el conductismo (Skinner, 1974), así mismo, en este libro no se hace mención en ningún momento a la Teoría de los Marcos Relacionales a pesar de que es un libro centrado en “la psicología del pensamiento”, dando la posibilidad de asumir que el autor desconoce la existencia de esta teoría conductista. 9 Los ejemplos citados ilustran algunas de las confusiones y malentendidos que existen en torno al conductismo, siendo explícitas algunas de las críticas frecuentes que se hacen a este modelo, calificando al conductismo de ser una psicología que solo estudia lo observable, ignorando todos los eventos que ocurren debajo de la piel (Arntezn, Lokke, Lokke y Eilertsen, 2010; Lamal. 1995; Miller, 2006; Skinner, 1974), así como de su incapacidad para explicar de forma satisfactoria la naturaleza del lenguaje humano (Chomsky, 1959). Estas críticas, no sólo ignoran y desdibujan las características de las propuestas conductistas que desde la época de Watson (Watson, 1920) intentan dar explicación a estos fenómenos (Pérez-Almonacid, 2012), sino que también propician la aparición de una imagen falsa entre los estudiantes y lectores recién iniciados en psicología, sobre el avance, alcance y las bondades explicativas que supone una teoría conductista del pensamiento y el lenguaje actual, dando por hecho aseveraciones apresuradas y de gran magnitud tales como que “el conductismo no estudia lo complejo de los humanos” o que el “conductismo ha muerto” (Hurtado, 2006; Leahey y Goenechea, 2013). A causa de lo mencionado, se convierte en imperiosa la tarea de desarrollar una revisión bibliográfica que describa, organice y sistematice los fundamentos de la propuesta conductista de mayor avance investigativo en la actualidad en el área del pensamiento y el lenguaje, la Teoría de los Marcos Relacionales, con el fin de dar respuesta a estas críticas y mitos, permitiendo divisar el estado actual de la materia y las implicaciones que la TMR ha tenido en la psicología. Justificación El avance del conocimiento humano implica un gran desarrollo de teorías, propuestas, métodos, e información en general, la cual por su cantidad resulta de difícil acopio y aún más de hacer seguimiento (Jiménez, 2009; Vargas et ál., 2015), sin embargo, en la praxis académica, es 10 de vital importancia saber el desarrollo en el cual se encuentra cada propuesta, ya que no solo brinda luz sobre el estado actual del área en cuestión, sino que permite organizar el conocimiento existente sobre un objeto de estudio y los alcances de la teoría junto a aquello que falta por explorar (Henderson, 2014; Valdés y Guajardo, 2007). Así mismo, una revisión bibliográfica como la propuesta para el presente trabajo, posibilita la higiene conceptual comprendiendo este término como la capacidad de clarificar aspectos de la teoría que normalmente generan confusiones, dudas o malas interpretaciones (Guevara, 2016). Debido a esto, la revisión bibliográfica se presenta como un método idóneo para solventar los inconvenientes relacionados con la TMR y en general con el conductismo, permitiendo develar los avances en cuanto al estudio del pensamiento y el lenguaje, así como para describir sus implicaciones en diferentes ámbitos de la psicología mientras son aclaradas las confusiones existentes al respecto; se espera de este modo, no solo obtener un escrito que organice el conocimiento existente en esta rama de la psicología, sino que también suponga la creación de un texto que exhiba a los lectores los verdaderos alcances que puede tener una teoría conductista sobre la conducta compleja humana. Llegados a este punto es menester indicar que la elección de la TMR como protagonista del presente trabajo no es arbitraria. Su elección se sustenta en que, por su orientación ontológica y los cimientos teóricos que la originan, se encuentra en un punto de partida óptimo que le permite realizar un estudio con parámetros científicos sobre el pensamiento y el lenguaje desde un nivel psicológico, es decir, con la capacidad de analizar estos fenómenos desde una mirada contextual, entendiendo al pensamiento y el lenguaje como eventos que existen en la interacción de un organismo con su ambiente y no como funciones localizacionistas y reduccionistas que emparejan el pensar y el hablar con lo que hacen órganos específicos del 11 cuerpo como por ejemplo el cerebro, tal como lo hacen algunos sectores relacionados con la psicología, entre ellos la neurociencia cognitiva (Pérez, 2011). Estas características han hecho de la TMR una teoría que tiene cierto grado de capacidad para controlar, predecir y modificar el pensamiento y el lenguaje, por lo cual se hace merecedora de un trabajo bibliográfico que abogue por la claridad conceptual donde, a medida que se clarifican las condiciones en las que surge y sus postulados teóricos, se derrumben los mitos existentes sobre ella y se aporte a la visibilidad de su impacto en la psicología a nivel general y en el estudio del pensamiento y el lenguaje en específico. Fundamentos históricos: A lo largo de la historia, los humanos se han cuestionado sobre las cosas que les rodean, de una u otra forma han surgido incógnitas sobre la naturaleza de los hechos, sobre el porqué de su ocurrencia y de la posible utilidad que se le pueda dar a ello. Aunque los humanos primitivos carecían en un principio de lenguaje estructurado que les permitiera realizar preguntas tal como se hace en la actualidad, su inquietud sobre los fenómenos era notable en su comportamiento; se aproximaban a los objetos e interactuaban con ellos para lograr comprenderlos. Esta característica que ha estado intrínseca en la evolución de los humanos, puede concebirse como el origen de toda campaña investigativa que, en la actualidad, gracias al refinamiento metodológico y teórico junto a la mejorada capacidad de acopio del conocimiento, se conoce como ciencia (Vargas, 2006). En este transcurrir de días, los humanos no han sido insensibles a su propia existencia, se han preguntado sobre su estructura corporal dando origen a los primeros estudios sobre la anatomía, se han preguntado sobre cómo funciona el cuerpo y sus partes dando origen a la fisiología, se han cuestionado sobre las estrellas y han dado llegada a los primeros estudios sobre 12 astronomía y, entre otros temas, se han preguntado el por qué la gente se expresa como lo hace, tiene determinados pensamientos y en general, porqué se comportan como lo hacen. Está ultima interrogación ha sustentado, grosso modo, a la psicología en el transcurso de su historia (Canter, 2010). Aunque un análisis riguroso sobre el desarrollo histórico de la psicología va más allá de los intereses de la presente investigación, se realizará un pequeño esbozo del curso que ha tomado hasta dar origen a la TMR. En la mayoría de estudios que develan el origen de las ciencias, inevitablemente se termina remontando a los filósofos griegos, y por su parte, la psicología no es la excepción. Los primeros escritos sistematizados que buscan responder por qué la gente siente lo que siente, piensa lo que piensa y en últimas hace lo que hace, se deben principalmente a los trabajos de Sócrates, Platón y Aristóteles (Hothersall, 1997). Sócrates brinda una explicación de lo que consideraba como aprendizaje donde por medio de las preguntas correctas, el método mayéutico, las personas logran contactar con el verdadero conocimiento que de forma natural se encuentra en cada uno (Hothersall, 1997). Por su parte, Platón discípulo de Sócrates, reflexiona sobre la propuesta de su mentor y elabora una teoría dualista donde el alma, la esencia que habita en cada uno de nosotros y que nos da el ánima o vida, es una entidad eterna e inmortal que habita temporalmente el cuerpo y es responsable de la racionalidad, el entendimiento y el movimiento de cada quien (Cosacov, 2005); así mismo, distingue el conocimiento verdadero del aparente en el mito de la caverna, donde la información procedente de la percepción nos da falsas imágenes, las cuales son solo una distorsión del conocimiento verdadero que se halla en el mundo de las ideas, siendo con el uso de la razón la única manera de alcanzarlo (Cosacov, 2005; Leahey y Goenechea, 2013). 13 Aristóteles por su parte, en los tratados Acerca del alma, escrito en el año 350 A.C se convierte en la primera persona en esbozar a la psicología como una disciplina completa, la cual forma parte de la física y la biología, lo que actualmente se reconoce como Ciencias Naturales (Ribes y Burgos, 2006). Allí, Aristóteles reinterpreta la naturaleza del alma Platónica comprendiendo el alma, no como una entidad distinta e independiente al cuerpo que habita, sino como una parte intrínseca del mismo, siendo siempre el alma de un cuerpo particular (Aristóteles et ál., 1978). En este sentido, Aristóteles no asume el alma como una entidad sino como un predicado de los cuerpos, dicho de otra manera, no existen almas que se hospeden en los cuerpos, sino cuerpos de los que se puede predicar alma en tanto se mueven, abandonando por completo el dualismo Platónico (Ribes, 1984; Ribes y Burgos, 2006). En este sentido, el alma es conceptualizada como la actualización de las potencias como función del cuerpo respecto a otros cuerpos, dicho de otra manera, el alma es el comportamiento del que un cuerpo es capaz al relacionarse con otros cuerpos (Ribes y Burgos, 2006). De este modo, Aristóteles distingue tres tipos de alma según los niveles de organización funcional de los que son capaces los seres vivos, siendo: El alma nutritiva, refiriéndose a la incorporación de un cuerpo por otro cuerpo (la nutrición); el alma sensitiva que implica la incorporación de la forma de un cuerpo por otro cuerpo (la percepción y sensación), relacionándose también con la motricidad; por último está el alma intelectiva, donde un cuerpo asimila a la materia sin forma, lo que en la actualidad se entiende por conceptos o lenguaje (Ribes y Burgos, 2006). Cada tipo de alma incluye necesariamente las formas menos complejas, teniendo por efecto un alma nutritiva universal que se haya en todo ser vivo, mientras que otros cuerpos cuentan con alma nutritiva y alma sensitiva, teniendo por último a los seres humanos, quienes además del alma nutritiva y el alma sensitiva, cuentan con el alma intelectiva (Aristóteles et ál, 1978). 14 Es así como la psicología, en tanto empresa investigativa con objeto de estudio definido, es fundada hace más de dos milenios, teniendo por objeto de estudio el alma, lo que es equivalente a estudiar los niveles funcionales en los que los organismos son capaces de interactuar con su entorno, no obstante, con el paso del tiempo el entendimiento dado por Aristóteles sería alterado. Con la dominancia del pensamiento judeo-cristiano y las influencias de la filosofía escolástica, el término alma adquiere una connotación dualista, opuesta al alma aristotélica; esta nueva alma tiene un carácter trascendente y se relaciona con la divinidad, siendo distinta del cuerpo, teniendo por facultad el conocer, la voluntad y la vida en tanto entra y abandona el cuerpo (Leahey y Goenechea, 2013). Es en el renacimiento cuando el filósofo de nombre René Descartes, propone una formulación que se basa en la implementación de la mecánica para comprender el movimiento del mundo y la razón como único medio para hallar la verdad (Pierpauli, 2016). Estas propuestas suponen que, por un lado, el movimiento de los cuerpos que se hallan en el mundo se da de forma mecánica, es decir, responde a la secuencia acción-reacción mientras que, por su parte, el racionalismo es la exaltación de la revelación racional a través del método deductivo, como única forma de contactar con la verdad, pues la información que se obtiene por medio de los sentidos no resulta fiable (Descartes, 1989; Pierpauli, 2016). Estas propuestas derivaron en el dualismo cartesiano, donde el alma, renombrada como “mens” (mente) es el ente que conoce y controla el movimiento del cuerpo de forma mecánica, reduciéndose éste a ser simplemente su vehículo (Lafuente et ál, 2017); En este sentido, Descartes como efecto colateral de su propuesta, funda una nueva orientación para la psicología, pues cualquiera que desee conocer las 15 causas del por qué la gente se comporta como lo hace está interesado por la actividad de la mente y no del cuerpo como un todo (Ribes y Burgos, 2006). A medida que Descartes desarrollaba los postulados del Racionalismo, en Inglaterra surgió la corriente denominada “Empirismo” iniciada por John Locke, quien escéptico de la propuesta Cartesiana, rechaza la idea de que las personas nazcan con conocimientos previos sobre el mundo o que estos sean revelados por medio del ejercicio puro de la razón, pues según Locke, la mente inicia como una tabula rasa que adquiere información a partir del contacto que se establece con el entorno por medio de los sentidos, es decir, la experiencia que se adquiere de él (Darós, 2000). De esta forma, el Empirismo altera la dualidad cartesiana, ya que establece que la manera en cómo los humanos obtienen conocimiento, no es por ejercicio exclusivo de la razón, sino por procesos experienciales que tienen las personas al interactuar con el mundo. Es así que, tras el establecimiento del Empirismo y la refinación del método-científico enfocado en la experimentación, para 1879 la Psicología adquiere autonomía de la filosofía, pues se funda el primer laboratorio de psicología en Leibniz Alemania dando un punto de partida a esta ciencia; Allí el Psicólogo Wilhelm Wundt, crea la primer corriente de la psicología que posteriormente será denominada como “Estructuralismo”, esta forma de estudiar lo psicológico se preocupa por la estructura en que se dan los procesos mentales, principalmente las percepciones y sensaciones que la gente experimenta. Wundt utiliza el método llamado introspección analítica, el cual supone que las personas tienen capacidad para observar y relatar los propios procesos mentales (Mora, 2007), método que será usado por la Escuela de Wurzburgo para estudiar la naturaleza del proceso de pensar (Leahey y Goenechea, 2013). Tras este gran hito para la psicología, prontamente comienzan a surgir diferentes posturas que dan una interpretación particular de lo psicológico, incluyendo no sólo la explicación de qué 16 es el mundo psíquico a estudiar, sino también sobre los métodos necesarios para hacerlo. La segunda escuela en surgir proviene del académico estadounidense William James, quien contraargumenta al estructuralismo al afirmar que los elementos de la conciencia no pueden ser estudiados como estructuras diferentes, es decir, los fenómenos como percepciones, imágenes, sensaciones y demás hechos mentales no ocurren en episodios distintos ya que, según James, los fenómenos de la conciencia humana fluyen en una corriente continua (Morris y Maisto, 2005). Esta nueva escuela se conoce como “Funcionalismo” pues James, al recibir fuerte influencia de los postulados Darwinistas, asume que los procesos mentales y la conducta en general, cumplen una función adaptativa en el ambiente y son determinadas por la selección natural (Morris y Maisto, 2005); James, tiempo después creará el Pragmatismo, corriente filosófica que tendrá grandes repercusiones en la fundación del conductismo tal como se verá más adelante. Posterior al Funcionalismo, surge el Psicoanálisis de la mano de Sigmund Freud a finales del siglo XIX; esta escuela se distancia de las propuestas anteriores sobre la naturaleza de la mente y los procesos del pensamiento, pues a diferencia de Wundt, Freud asume a la voluntad en el accionar de las personas como una ilusión, en cambio afirma que todo comportamiento es motivado por deseos inconscientes que escapan de nuestra parte racional (Gallegos, 2012). De esta manera Freud establece 3 niveles funcionales de la mente, entre ellos el consciente, nivel donde se almacenan todos los contenidos mentales que son accesibles para la persona en todo momento; el preconsciente, donde están los contenidos que no están presentes en la conciencia pero pueden llegar a serlo en ciertos momentos; por último se halla el inconsciente, donde se encuentran todas las pulsiones y deseos reprimidos por las persona que, aunque inaccesibles para sus portadores, controlan todo lo que dicen, hacen y piensan (Gallegos, 2012). La forma en cómo Freud estudia el inconsciente, objeto principal de investigación en su teoría, es por medio de la 17 asociación libre, donde las personas son incentivadas a desarrollar discursos donde relacionen los temas de los que hablan espontáneamente, así el psicoanalista podrá observar la forma en cómo se estructura inconscientemente el pensamiento de cada persona (Laplanche, 1988; Sánchez, 1986). Para la primer década del siglo XX la Psicología se establece notoriamente como el estudio del mundo mental, entendiéndolo ya sea como el aparato consciente de Wundt o en el inconsciente Freudiano, no obstante en 1913 en el artículo titulado “la psicología tal como la ve un conductista”, el psicólogo norteamericano J.B Watson demuestra su inconformismo con el rumbo que lleva hasta el momento esta disciplina (Morris y Maisto, 2005), es por esto que Watson arguye que la consciencia y los fenómenos mentales como objeto de estudio, resultan demasiado especulativos y por ende equivocados si se pretende ser una verdadera ciencia, a cambio, inspirado en la investigación del fisiólogo ruso Iván Pavlov, propone que la psicología debe estudiar la conducta, pues esta al ser un fenómeno susceptible de medición y observable directamente por varios espectadores, permitirá a la psicología ser una ciencia tan natural como la biología o la física (Watson, 1913). En aras de lograr el objetivo mencionado, Watson abandona el uso de la introspección como método para entender lo psicológico, pues este carece de control por parte del investigador y conlleva el uso de términos mentalistas, lo cual propicia ampliamente la especulación (Pellón, 2013). En contraparte, toma prestado a Pavlov el método de reflejo condicionado para investigar la conducta, un método puramente experimental que permite observar directamente todas las partes del proceso investigativo (Ribes, 1995). Este método busca entender la conducta a través de procesos experimentales, donde un estímulo específico, conocido como estímulo incondicionado, causa una determinada respuesta (respuesta incondicionada) que puede transferir 18 sus propiedades a otro, logrando que el organismo responda ante el nuevo estímulo (estímulo condicionado) como si este fuese el original, logrando una respuesta condicionada, a lo cual se le denominará como un proceso de Condicionamiento clásico (Domjan, 2007). Entre algunos de los principios rectores que Watson establece para el conductismo, se reconoce la influencia de las propuestas del funcionalismo de James y la teoría evolutiva de Darwin, pues considera que la conducta está determinada por factores ambientales y cumple un valor adaptativo, negando de esta manera que las personas se comporten por voluntad propia (Watson, 1913), así mismo define la conceptualización de conducta como todo aquello que un organismo hace, desde movimientos musculares, activaciones glandulares hasta el pensamiento (Pellón, 2013). Conforme a lo expuesto, aunque la tesis conductista asume por objeto de estudio la conducta y no a la mente a diferencia de las corrientes precedentes, no ha ignorado el estudio del pensamiento y el lenguaje pues desde sus primeros escritos ha intentado dar explicación a estos fenómenos; Watson en sus inicios aborda el fenómeno del pensamiento como un símil de la actividad verbal ejecutada con menor fuerza, es decir, para Watson en un primer momento, el pensamiento es simple actividad laríngea, afirmando que: “Un hombre que perdiese de repente su aparato laríngeo sin tener lesiones en otros mecanismos corporales, ya no sería capaz de pensar” (Watson, 1914, p. 327); sin embargo, con el paso del tiempo, y como muestra del interés conductista por comprender la conducta compleja y dar respuesta a las críticas generadas, Watson reformula su concepción sobre el pensamiento, indicando finalmente que la conducta compleja es una forma de organización del comportamiento que, al igual que el resto de conductas, es condicionada y se elicitan ante estímulos ambientales basándose en respuestas kinestésicas, viscerales y verbales no necesariamente vocales (Pérez-Almonacid, 2012). 19 Desde entonces el conductismo creció, surgiendo nuevas figuras que han aportado a la comprensión de la conducta y al estudio del pensamiento y el lenguaje. Para 1938, con la publicación de su tesis doctoral titulada “The behavior of organism”, sale a escena otro psicólogo norteamericano llamado B.F Skinner el cual, influenciado por los desarrollos Watsonianos, continúa con la campaña para desarrollar una psicología científica. Skinner, se interesa principalmente en la naturaleza de la conducta voluntaria, a la cual él define en un principio como todo comportamiento que surge y que no tiene una causa aparente en el ambiente inmediato (Pellón, 2013). En consecuencia de su interés, Skinner inicia el estudio la Ley del efecto postulada por el psicólogo E. Thorndike, la cual supone que todo comportamiento que sea seguido por un efecto satisfactorio, hará más probable su aparición en el futuro (Fuentes, 2019), impulsando así numerosas investigaciones de tipo experimental por parte de Skinner quien, empleando palomas y ratas como sujetos de estudio, estructura la Teoría del condicionamiento operante con la que busca explicar la naturaleza del comportamiento de los organismos, incluyendo a los humanos (Holgado et ál., 2012); Esta teoría dicta a modo general que el comportamiento de los animales humanos y no humanos, está determinado por las consecuencias que le siguen, clasificando las posibles consecuencias entre castigos, siendo las consecuencias que disminuyen la probabilidad de aparición de una conducta, y refuerzos, siendo estas las consecuencias que aumentan su probabilidad de aparición en el futuro, del mismo modo, Skinner descubre que ciertos comportamientos se probabilizan si el ambiente en el que se halla el organismo, comparte características similares a aquellas situaciones donde la conducta en cuestión ha recibido como consecuencia un refuerzo (Ortega y Romero, 2004). 20 Como resultado de sus descubrimientos, Skinner aplica la teoría del condicionamiento operante al estudio del pensamiento y el lenguaje; la primer máxima desarrollada por Skinner dicta que, el pensamiento y en general la conducta que sólo es accesible para la misma persona que la emite, no por ser inobservable de forma directa para la comunidad debe ser de una naturaleza diferente a la conducta que sí lo es (Skinner, 1953). En este esfuerzo explicativo Skinner argumenta que, a diferencia de lo que se piensa en la psicología popular, el lenguaje no es un producto del pensamiento, por el contrario, el lenguaje, denominado por este autor como conducta verbal, es una conducta enseñada por la comunidad que con el suficiente entrenamiento, puede ser emitida en una fuerza tan leve que solo sea accesible para el propio sujeto, esta conducta una vez es emitida se refuerza automáticamente por las ventajas que supone al emisor ya que entre otras posibilidades, permite realizar conducta que si fuese ejecutada abiertamente podría recibir consecuencias aversivas (Plazas, 2006 ; Skinner, 1953). Por otra parte, la conducta verbal se conceptualiza por Skinner como aquella conducta cuyo refuerzo está mediado por la conducta de otro individuo (Skinner, 1957), de esta manera propone una taxonomía de la conducta verbal, clasificándolas según el tipo de estímulo antecedente que las controla, constituyéndose en una de las aproximaciones de mayor elaboración a la conducta compleja, partiendo desde un punto de vista antimentalista (Peña-Correal, 2007). La propuesta Skinneriana que se menciona es fundamental para el surgimiento de la TMR, por ello será explorada con mayor profundidad en un próximo apartado, no obstante, por el momento es necesario comprender su papel histórico en el estudio de la conducta compleja, siendo una de las teorías que mayores críticas recibió por parte de otros académicos y que configuró el escenario para que surgiese la llamada muerte del conductismo (Leahey y Goenechea, 2013). 21 Este aparente fin del conductismo, proviene del surgimiento de nuevas corrientes y de un conjunto de críticas sistemáticas a diferentes aspectos definitorios de su postura; por una parte, al mismo tiempo que el conductismo tomaba fuerza en la academia norteamericana, en Alemania se creaba la que se conocería como psicología de la Gestalt, una escuela fundada por diversos autores, entre ellos Wertheimer, Koffka y Köhle, quienes rechazaron la propuesta Watsoniana para la psicología y por el contrario, centraron su estudio en la percepción, asumiendo su rol central en los procesos mentales, pues para los psicólogos de la Gestalt las demás actividades “mentales” como el aprendizaje y el pensamiento, entre otros, depende exclusivamente de la forma en la que percibimos el mundo (Leonardo, 2004), manteniendo presente un interés genuino por los procesos mentales, esfuerzo que era coetáneo al Conductismo. Por otra parte, surge la llamada psicología humanista de la mano de Maslow, conocida también como la tercera fuerza, es una escuela que se opone a las propuestas psicoanalistas y conductistas, situando su énfasis en el potencial humano, la creatividad, la capacidad de elección y la autorrealización (Martorell, 2008; Morris y Maisto, 2005), criticando a las escuelas dominantes en el momento, el psicoanálisis y el conductismo, por su supuesto carácter reduccionista y mecanicista (Martorell, 2008), añadiendo que particularmente el conductismo, es una vía muy estrecha para entender a los humanos y que en su proceso deshumaniza a las personas comparándolas con simples ratas (Zalbidea et ál., 1990). Con este panorama, varios psicólogos y otros académicos interesados en estudiar aspectos de la mente, ahora renombrada como cognición, se encontraron en el Simposio celebrado el 11 de septiembre de 1956 en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, allí se expusieron trabajos investigativos que se alejaban de la óptica conductista y retomaban un interés por aquellas funciones mentales que desde sus inicios Watson parecía dejar de lado, entre 22 ellos, hallazgos sobre el funcionamiento de la percepción, la capacidad de la memoria a corto plazo con el descubrimiento del número mágico 7 más menos 2 por parte de Miller, la relación entre la sintaxis y el análisis estadístico de brechas por parte de Víctor Yngve, así como la descripción de la “máquina lógica” por parte de Newell y de Simon (Miller, 2006). Estos trabajos, junto a la creación de centros de investigación sobre la cognición en Estados unidos y la publicación del libro “A study of thinking” por Bruner, Goodnow y Austin (1956), enmarcan el inicio de la llamada revolución cognitiva, donde los procesos mentales retoman su posición como objeto de estudio de la psicología, comenzando el abandono de la campaña conductista (Guilar, 2009). A la anterior situación se suma Noam Chomsky, un lingüista estadounidense que realiza una crítica al conductismo (1959) a través del análisis de la obra de Skinner Conducta verbal (1957), en este análisis Chomsky refuta la naturaleza aprendida del lenguaje, primero argumenta que no es posible extrapolar los datos obtenidos del laboratorio a “la vida real” pues esta se compone de contextos complejos a diferencia del entrenamiento que reciben las ratas en los laboratorios; sustenta este ejemplo en su entendimiento del reforzamiento, pues tal como Chomsky (1959) enuncia “es difícil ver de qué modo alguien puede estar dispuesto a pretender que el reforzamiento es necesario para el aprendizaje” (p.41), ya que no siempre hay alguien que de un reforzador a un niño tras decir correctamente una frase de la misma manera en que las ratas lo reciben en los procedimientos realizados por Skinner (Aitchison, 1992). Así mismo, Chomsky concluye indicando que la complejidad del lenguaje, expresada en su carácter generativo, no logra ser explicada por medio de los mecanismos simples de aprendizaje propuestos por Skinner (Chomsky, 1959). 23 De esta manera, Chomsky se convierte en uno de los destacables portavoces del movimiento anti-conductista, logrando con su artículo una mayor difusión que el propio libro de Skinner dando de esta manera, según varios académicos de su tiempo, la aparente estocada final a la escuela conductista (Primero, 2008). No obstante, aunque la revolución cognitiva se enmarco como la muerte del conductismo y la época de un cambio paradigmático (Miller, 2006; Ormart y Brunetti, 2008), el tiempo se encargó de demostrar la precipitación que tuvieron los autores cognitivistas al enunciar su triunfo, pues ni el conductismo había muerto (Dahab, 2014; Leahey y Goenechea, 2013) ni se produjo una revolución científica según los criterios planteados por Kuhn (1986). Por una parte, las críticas presentadas al conductismo fueron refutadas (MacCorquodale, 1969), la mayoría de estas críticas parecen desconocer los adelantos del conductismo y homologan el conductismo Watsoniano con otros conductismos como el planteado por Skinner, asumiendo que este último adopta el análisis lineal de Estímulo-Respuesta y que, al igual que Watson, su postura dicta que los procesos mentales no son de la incumbencia de una campaña científica, algo que, tal como se ha demostrado a lo largo de este texto, es completamente erróneo (Dahab, 2014). Incluso cabe mencionar que, a medida que el mismo conductismo Skinneriano surgía, de forma paralera se desarrolló lo que posteriormente se conocería como conductismo mediacional, en el cual autores como Clark Hull y Edward Tolman, quienes estudiaban procesos de aprendizaje de similar modo que Skinner, terminaron por postular la existencia de variables intermedias entre la estimulación ambiental y la respuesta del organismo, tales como “drives” en el caso de Hull, y la intencionalidad y los mapas cognitivos en el caso de Tolman, los cuales mediaban o causaban la conducta en ciertas ocasiones (Leahey y Goenechea, 2013). Demostrando así que el interés por el mundo cognitivo y mental que culminaría en la 24 revolución cognitiva, proviene del mismo conductismo que criticaban, aunque resulta evidente que el conductismo mediacional abandona principios fundamentales del conductismo radical lo cual desemboco en los efectos históricos ya mencionados y en su necesaria distinción. En cuanto a las críticas promulgadas por Chomsky, estas se caracterizan en su mayoría por atacar una versión distorsionada de Skinner, cayendo frecuentemente en la falacia del hombre de paja; una muestra de esto, radica en la creencia de Chomsky de que la teoría Skinneriana sobre la conducta verbal, implica que ante un estímulo especifico corresponde una única respuesta verbal, como si se tratase de un reflejo en una relación estímulo-respuesta, algo que claramente va en contra de lo propuesto por este conductista, quien enuncia que una respuesta puede estar controlada por diferentes estímulos en distintas situaciones (Primero, 2008), así como que la actividad propia del organismo impacta y cambia el mundo que le rodea, obteniendo un nuevo ambiente que estimulara nuevamente al organismo en una clara interacción bidireccional (Skinner, 1957). Otros puntos debatidos de la crítica Chomskyana serán expuestos tras explicar los fundamentos teóricos del conductismo en siguientes apartados. Otro de los aspectos que invalidan la revolución cognitiva, se relacionan con el supuesto cambio de paradigma pues según Kuhn (1986), uno de los criterios necesarios para que se pueda constatar que ha ocurrido una revolución científica y un cambio de paradigma, es que la comunidad académica en su totalidad acepte los lineamientos del nuevo paradigma, respecto al objeto de estudio, los métodos de investigación y demás aristas conceptuales que le rodeen. A pesar de ello, en el caso de la nombrada “revolución cognitiva” no se cumple este criterio; los conductistas con el paso del tiempo no desaparecieron, por el contrario seguían publicando nuevos libros, artículos novedosos en revistas académicas especializadas, aumentaron la cantidad de estudios empíricos que realizaban sobre temas como la conducta verbal (Fernández, 25 2016), se implementaron principios derivados de experimentos conductistas a la investigación en neurociencias y a campos aplicados como la psicoterapia (Dahab, 2014); en definitiva, el conductismo no murió, por el contrario entró en una época de revitalización y crecimiento (Brown y Gillard, 2015). Como muestra del buen estado en el que se halla el conductismo y el crecimiento que ha tenido en su campaña por comprender la naturaleza de la conducta verbal y el pensamiento, el investigador Murray Sidman publica los resultados de sus estudios sobre la Equivalencia de estímulos (1994), teoría que describe cómo los estímulos son capaces de adquirir funciones psicológicas en ausencia de un entrenamiento directo, resolviendo uno de los limitantes de la teoría Skinneriana sobre la generatividad del lenguaje. La propuesta de Sidman completará el panorama histórico para el posterior surgimiento de la TMR de Steven Hayes, por tal motivo su descripción se realizará a profundidad en el apartado sobre los fundamentos teóricos de la TMR. A modo de conclusión, a lo largo del presente apartado se observa cómo el devenir histórico ha conformado la coyuntura en la que el estudio del pensamiento y el lenguaje desde el conductismo se ha desarrollado a la sombra de múltiples malentendidos, confusiones y falsas atribuciones que han fungido como caldo de cultivo para que su avance sea opacado por psicólogos de otras corrientes. No obstante, como se describió dichas problemáticas no han impedido que los conductistas sigan desarrollando sus propuestas para explicar la conducta compleja. En posteriores páginas se explorarán los fundamentos filosóficos y teóricos de la corriente conductual que cimentan las bases de la TMR y dan cuenta de su posición favorable para el estudio de esta área de la psicología. 26 Objetivos Objetivo General Describir las implicaciones teórico-prácticas de la “Teoría de los Marcos Relacionales” en el estudio del pensamiento y el lenguaje. Objetivos específicos: - Relatar los orígenes históricos y filosóficos de la Teoría de los Marcos Relacionales. - Describir los fundamentos teóricos de la Teoría de los Marcos Relacionales. - Detallar algunas de las implicaciones prácticas de la Teoría de los Marcos Relacionales en la psicología aplicada. - Clarificar confusiones sobre el estudio del pensamiento y el lenguaje desde el conductismo. Metodología: Con el fin de lograr la consecución de los objetivos planteados para el presente trabajo, se realizó una revisión bibliográfica de tipo narrativo. Según Rother (2007), las revisiones bibliográficas narrativas se caracterizan por no informar la metodología de búsqueda ni criterios de inclusión de los textos usados, pues estos constituyen la elección del autor quien se basa en su propio juicio y análisis crítico para seleccionarlos (citado en Corporación Universitaria Minuto de Dios, 2016). No obstante, para brindar información parcial de los textos consultados en esta ocasión, se realizó la búsqueda de fuentes en múltiples bases de datos como Ebsco, Proquest, Dialnet plus, entre otros, de los cuales se escogieron 184 documentos entre los cuales se hallan artículos académicos y libros divulgativos, siendo seleccionados bajo el criterio de idoneidad del 27 propio autor para la consecución de los objetivos planteados. Los textos elegidos se relacionan con palabras clave como: Conductismo, Análisis experimental de la conducta, Pensamiento, Lenguaje, Conducta compleja, Conducta verbal, Equivalencia de estímulos, Teoría de los Marcos relacionales, Historia de la Psicología, Epistemología de la psicología, Críticas al conductismo, así como sus correspondientes denominaciones en inglés. Resultados y análisis Fundamentos filosóficos del conductismo Todas las teorías científicas existentes tienen una íntima relación con la filosofía, esta relación a veces notoria o a veces implícita, se halla presente en la forma en cómo se estructura la teoría, permitiendo ver la influencia de determinadas corrientes filosóficas que han impactado en su desarrollo (Rodríguez, 2008). Este impacto, se expresa en concepciones a priori que funcionan como punto de partida para comprender aquello que estudian, así mismo estas concepciones no son científicas, por el contrario son puramente filosóficas pues no corresponden a dudas contrastables con los hechos, sino a posturas cosmogónicas que comparte un grupo de personas (Pérez et ál., 2005). Los dos aspectos filosóficos que anteceden a todo intento explicativo de algún fenómeno, son la epistemología y la ontología (Martínez y Ríos, 2006). Por una parte, la ontología es la rama de la filosofía que estudia el ser, es decir, trata sobre los supuestos que hacen las personas de las entidades que se asumen existen y componen la realidad (Escobar, 2013); mientras que la epistemología es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento, en tanto su origen y fundamentos, así como los límites de diferentes métodos para conocer y la validez del mismo (Ceberio y Watzlawick, 1998). 28 Así, en el transcurso de la historia han surgido diferentes propuestas, tanto epistemológicas como ontológicas, las cuales han marcado la forma en que se conceptualiza el mundo y, para interés del presente trabajo, han reflejado su impacto a través de las diferentes formas en que se ha comprendido lo psicológico y han definido las formas en que se entiende el lenguaje y el pensamiento, tal como se han mencionado anteriormente. En el caso de la ontología existen principalmente dos grandes posiciones, primero está el idealismo, posición que asume que la realidad que percibimos es producto de la mente, dicho de otra manera, afirma que no hay cosas reales que sean independientes de la conciencia; lo opuesto al idealismo es la postura realista, la cual supone que las cosas que percibimos existen independientemente de que haya un observador, aunque esta postura no define si la composición de lo existente obedece exclusivamente a la materia o a una sustancia metafísica (Gabriel, 2015). De la inexactitud de estas posturas surge el debate entre el monismo y el dualismo, donde el dualismo dictamina que lo existente se compone de una sustancia material y otra espiritual o mental, mientras que el monismo concibe que solo existe la materia (Bunge, 2002). En cuanto a la epistemología tal como se mencionó, uno de sus objetivos es estudiar el origen del conocimiento y su validez, no obstante, en este ámbito tampoco se ha logrado consenso pues existen múltiples propuestas (Martínez y Ríos, 2006). Entre las tesis más destacadas e influyentes en este ámbito se encuentran el Empirismo y el Racionalismo. Como se mencionó en el apartado de fundamentos históricos, el racionalismo sostiene que la única forma posible de conocer el mundo es a través del uso de la razón (Pierpauli, 2016); mientras que el empirismo arguye que la única manera en que podemos conocer el mundo es por medio de los sentidos (Martínez y Ríos, 2006), corriente que en gran medida propiciaría el surgimiento del 29 método experimental el cual, grosso modo, es una situación en la que se manipulan variables para observar sus efectos (Campbell y Stanley, 1978). Teniendo en cuenta lo anterior, la ciencia por efectos prácticos, asume una postura monista materialista, comprendiendo que lo único existente es la materia que por sus características es susceptible de cuantificarse y de ser estudiada, así mismo comprende que la forma en cómo se obtiene información fiable del mundo implica la observación y el uso del método experimental (Pérez et ál., 2010). La psicología conductual al asumir el compromiso de ser una ciencia, lo que trata de explicar es que su objeto de estudio es mundano, es decir que no es de una tipología sobrenatural, sino que al igual que los objetos de estudio del resto de ciencias este presenta regularidades que son susceptibles de ser estudiadas y formuladas (Peña-Correal, 2010); así mismo, adquiere los objetivos científicos de explicar, controlar y predecir su objeto de estudio, en este caso la conducta (Pérez et ál., 2005); estos principios atañen el abordaje que realiza el conductismo en el área del pensamiento y el lenguaje como se observará más adelante. Otra corriente filosófica que impacta importantemente a la psicología conductual es el Pragmatismo, desarrollado por Charles Sanders Peirce y William James a fines del siglo XIX (Haack, 2016). Esta postura epistemológica hereda al conductismo el criterio pragmático de verdad, el cual supone que las verdades son aquellas que funcionan en el sentido de tener implicaciones empíricas en el mundo; en palabras de James (1975) “Las ideas verdaderas son aquellas que podemos asimilar, validar, corroborar y verificar. Las ideas falsas son aquellas que no” (p, 158). Esta concepción en términos llanos, rechaza la noción de que la ciencia permite conocer el mundo objetivamente, por el contrario y sin abandonar los objetivos de explicación, control y predicción, la psicología conductual ve a la ciencia como una manera útil de 30 relacionarse con el mundo y generar efectos fácticos en él, no de comprender la verdad última de la realidad (Brown y Gillard, 2015). Esta posición es asumida por la psicología conductual en concordancia con sus propios descubrimientos, pues tal como se describe más adelante, el comportamiento en general incluyendo la conducta de investigar, está controlada por factores ambientales y no por una orientación innata a la verdad objetiva (Törneke, 2016), en este sentido lo que el científico descubre y considera como verdadero responde ante elementos que refuerzan su conducta y que son tan flexibles como lo es para una rata asociar una luz verde con la presentación de comida en un día y para el siguiente asociar la misma luz con el impacto de un choque eléctrico. Es necesario reiterar que esta corriente no implica que no sea posible explicar el funcionamiento del mundo, predecirlo y controlarlo; por el contrario, los criterios de predicción y control cumplen a cabalidad la meta de la verdad pragmática en psicología, pues si se logran alterar variables en un ambiente y modificar de forma esperada una conducta, puede afirmarse que en efecto se ha detectado una regularidad que cumple los objetivos científicos, y en este sentido se ha encontrado una verdad funcional con implicaciones empíricas. Otra postura que influencia notoriamente al conductismo es el ambientalismo, el cual dictamina que para comprender cualquier comportamiento, este debe ser analizado en relación con su ambiente, hallando las relaciones funcionales existentes entre las dos partes (Peña- Correal, 2010). Esta posición conlleva otro aspecto que cimenta a la psicología conductual, y es el hecho de rechazar factores mediadores en la explicación de la conducta, pues apelar a cualidades o entidades ocultas, como lo es el alma, la mente o la voluntad del hombre autónomo, en virtud de las cuales un organismo se comporta es igual a no decir nada (Skinner, 1972); esta posición Skinner la sustenta con base en tres argumentos (Plazas, 2006), primero, el argumento 31 ontológico el cual enuncia que los términos como mente o alma, refieren a elementos metafísicos y por ende no hacen parte de la naturaleza en sí; segundo, el argumento metodológico que refiere al uso frecuente que se dan a estos factores para explicar la conducta de forma insatisfactoria pues, siempre que se trata de explicar la naturaleza de la mente o el alma, necesariamente retornan a la conducta (Skinner, 1959, 1979); el tercer y último argumento empleado es el argumento pragmático, que sustenta la inutilidad de términos mentalistas y de factores mediadores para la modificación de la conducta, ya que estos no son manipulables (Skinner, 1972). En consecuencia de lo anterior, si se demuestran regularidades entre variables ambientales y comportamentales que permitan realizar predicción y control, los factores mediadores se hacen innecesarios como agentes explicativos, por el contrario si no se demostraran tales regularidades, la teoría conductista se haría inviable, aunque tal como las investigaciones conductistas han constatado hasta el momento, la legalidad entre el ambiente y el comportamiento de un organismo si existe y permite cumplir los objetivos mencionados (Fernández, 2016; Greer & Ross, 2014; Peña-Correal, 2010). Como dice el mismo Skinner en su libro Más allá de la libertad y la dignidad (1972) sobre los factores mediadores y las ficciones explicativas tomando por ejemplo al hombre autónomo, “El hombre autónomo nos sirve para poder llegar a explicar cuanto resulte inexplicable desde cualquier otro punto de vista. Su existencia depende de nuestra ignorancia, y va progresivamente descendiendo de status conforme vamos conociendo más y más sobre la conducta" (p. 23). Implícito en el anterior interés, se encuentra la influencia del principio de parsimonia establecido por el filósofo escolástico Guillermo de Ockham, el cual reza que, si se tienen dos teorías en igualdad de condiciones, aquella que sea la explicación más sencilla es también la más 32 probable; en otras palabras no se debe tomar como parte esencial del mundo entidades cuyo papel explicativo sea dispensable (Martínez, 2010). Este conjunto de principios e influencias descritas, forman los cimientos filosóficos de la psicología conductual que guiarán sus futuras investigaciones y teorías desarrolladas, no obstante, llegados a este punto y antes de avanzar es necesario realizar dos aclaraciones. Por una parte, la psicología conductual no es una única corriente homogénea, por el contrario el conductismo ha evolucionado y se ha diversificado desde sus inicios, y aunque todas las vertientes tienen características que las diferencian entre sí, de la misma manera todas preservan ciertos principios fundamentales en lo que podría denominarse como un “aire de familia” (Hurtado, 2006; Peña Correal, 2010; Peña-Correal, 2014; Roldán, 2005). Puntualmente, aunque el conductismo de Watson establece varios principios que Skinner y la psicología conductual seguirán en el futuro, este mantiene un antimentalismo dualista, ya que como se sabe Watson abandona el estudio del mundo privado y de la mente, no por asumir su inexistencia sino como necesidad metodológica para cumplir con criterios científicos (Bueno, 2011); por su parte Skinner, respeta el monismo materialista conceptualizando los fenómenos llamados tradicionalmente “mentales” como conductas de una naturaleza igual a la de comportamientos abiertos, con la única diferencia de que por su nivel de fuerza son solo visibles para el emisor, pero que por ningún motivo suponen la existencia de un mundo metafísico (Skinner, 1953). Para efectos del presente texto y por su mayor nivel de coherencia, al referirse a la psicología conductual se habla del enfoque Skinneriano y sus posteriores evoluciones. La segunda aclaración trata sobre el verdadero significado de “Conductismo”, en palabras de Skinner (1974) “El Conductismo no es la ciencia del comportamiento humano, sino es la filosofía de esa ciencia” (p.7); propiamente dicho, el conductismo no pretende ser una ciencia o 33 una teoría científica sobre lo psicológico, por el contrario el conductismo es el conjunto de presupuestos filosóficos sistemáticos y metasistemáticos, que delimitan lo que se considera Psicología, la concepción ontológica que se tiene respecto a lo psicológico, lo que se entiende por ciencia, los métodos de investigación para generar conocimiento científico, y en general los principios que debe seguir cualquier campaña investigativa en psicología que pretenda ser científica (Peña-Correal, 2010). El nombre que Skinner ha dado a esa ciencia es Análisis Experimental del Comportamiento (AEC de ahora en adelante), cuyos conceptos centrales serán explicados en el siguiente apartado. A modo de resumen el conductismo como filosofía del AEC, se caracteriza entonces por ser monista, materialista, pragmatista, ambientalista, determinista, antimentalista y por respetar el principio de parsimonia, así como por considerar la experimentación como método idóneo para comprender la conducta de los organismos y conseguir sus objetivos de control y predicción, aplicando igualmente estos principios al estudio de la conducta compleja. Fundamentos conceptuales del Análisis Experimental de la Conducta En este apartado se abordarán los conceptos fundamentales que caracterizan el léxico de los analistas de conducta, así mismo se explicarán algunos de los principios de aprendizaje que se han descubierto gracias a la investigación básica en este rubro. El AEC tiene por eje central dos actores, por una parte, está la conducta del organismo y por la otra se encuentra el ambiente. Por conducta se entiende todo lo que un organismo es capaz de hacer (Bélanger, 1999), en el caso de los humanos su conducta comprende desde movimientos corporales hasta pensar y hablar, van desde el desplazamiento de un punto X a punto Y (caminar), imitar el sonido de un animal visto en el campo o tomar con sus manos una manzana, 34 hasta comportamientos complejos como realizar un análisis filosófico sobre la condición humana como los hechos por Jean Paul Sartre, o diseñar los planos de una aeronave espacial. Frecuentemente, se asume que el AEC entiende por comportamiento exclusivamente aquello que el organismo hace y es visible por otros (Cerón, 2007), no obstante esto es incorrecto. Dentro del AEC, una persona que emite la conducta verbal de decir “esta canción es mi favorita”, conducta plenamente observable y cuantificable, se comporta de manera similar a aquella que emite la conducta encubierta de pensar “me gusta cómo suena esa banda”; ambos casos de conducta responden a los mismos principios y son susceptibles de controlarse con técnicas de modificación de conducta , si acaso se distinguen en algo, es en la manera en cómo obtenemos información de ellos (Martin y Pear, 2008). A las características de la conducta que son medibles se les conoce como Dimensiones del comportamiento; Según Cooper, Heward y Heron (2019), las dimensiones son: La Duración, que hace referencia a la extensión temporal que tiene una conducta (p,ej: Camilo toco guitarra por 30 minutos); la Frecuencia o tasa, es decir la cantidad de veces que una conducta se presenta en un periodo de tiempo determinado (P,ej: La paloma picoteo 20 veces el disco rojo en 10 segundos); la Latencia, que trata sobre el tiempo que transcurre entre la presentación de un evento (estímulo) y el inicio de una respuesta (P,ej: El tiempo que tardó Fabián para empezar a correr tras el silbato del juez en su carrera de atletismo, fue de medio segundo); la Magnitud o Fuerza, refiere a la intensidad con la que se emite una conducta (P,ej: deslizar suavemente un lápiz sobre una hoja de papel dejará finas marcas, pero si se desliza fuertemente el papel puede romperse); Por último está la topografía, la cual alude a la forma (morfología) en que se realiza una conducta (P,ej: Sujetar un esfero con dos dedos o sujetarlo con tres). 35 El concepto de conducta en sí mismo es muy amplio, pues al referirse a todo lo que un organismo hace no especifica algún criterio de exclusión, por ello para efectos experimentales y aplicados se utiliza el término Respuesta, el cual apunta a un caso concreto de conducta que es seleccionado según los parámetros necesarios para cada ocasión (Cooper et ál., 2019). Retomando, aunque un análisis morfológico de las respuestas pueda resultar útil en algunos casos (P,ej: Un psicólogo en el campo organizacional que quiere enseñar a los colaboradores las posturas adecuadas para alzar cajas de gran peso), el AEC se centra principalmente en un Análisis funcional, esto es un análisis sobre los efectos (funciones) que tiene un grupo de respuestas en el ambiente (Pérez et ál., 2010; Pérez, 2004). Por ejemplo, la verbalización “por favor, dame algo de tomar” tiene por función la obtención de una bebida, así como los quejidos de un niño pueden tener por función llamar la atención de la madre y recibir sus caricias. Del mismo modo, existen diferentes morfologías de respuesta que pueden cumplir una misma función, a esto se le denomina Clases de respuesta, por ejemplo, existen muchas formas de prender un televisor, puedes ir hasta él y presionar el botón de encendido, puedes utilizar el control remoto o podrías pedir el favor a alguien para que lo haga por ti, todas estas son respuestas morfológicamente distintas, pero pertenecen a la misma clase de respuestas por tener la misma función, prender el televisor. Una de las principales razones por la cual el AEC, se sustenta en el análisis funcional en vez de un análisis morfológico, es el hecho de que una sola morfología de respuesta puede tener múltiples efectos sobre el ambiente (Cooper et ál, 2019); por ejemplo, cuando una persona responde “lo siento” cuando su médico le acaba de preguntar si percibe el punzón que le está realizando con una aguja, no cumple la misma función que decir “lo siento” cuando acaba de cometer un error. 36 Como se observa, otro factor de vital importancia dentro del AEC, son las variables con el que el organismo interactúa y sobre el cual impacta su conducta. El término utilizado para expresar el contexto en el que se encuentra un organismo y respecto al que se comporta es Ambiente. Según Johnston y Pennypacker (2010), ambiente no solo alude al conjunto de elementos y circunstancias en que está sumergido un organismo, sino que también “puede incluir eventos físicos que tengan lugar debajo de la propia piel” (p. 28). En este sentido, el ambiente no solo refiere al mundo exterior al organismo, sino que también alude a esa porción del mundo que se encuentra dentro de él; de esta manera se hace entendible bajo la concepción del AEC, que una persona sea capaz de responder a estímulos interoceptivos y propioceptivos (Skinner, 1953), un ejemplo de ello puede ser la capacidad que tienen las personas de reconocer en qué posición se encuentran partes de su cuerpo, aun teniendo los ojos cerrados; así mismo otro ejemplo lo constituye un dolor de muela, donde dicha estimulación es solo perceptible de forma directa por aquel que la padece, ante las cuales genera respuestas públicas como el quejido por el dolor o sujetar su mandíbula con su mano, posibilitando que otras personas puedan contactar, indirectamente, el dolor que siente; otro ejemplo de estimulación interoceptiva lo constituyen las llamadas emociones, que no son otra cosa sino una etiqueta verbal que se asigna a la percepción de por ejemplo, un corazón que late rápido junto a los vasos sanguíneos de las mejillas que se dilatan, en el caso en que alguien manifiesta estar “nervioso” (Skinner, 1953). Al igual que ocurre con el término conducta, el concepto de Ambiente, resulta ser muy amplio pues refiere a factores complejos y dinámicos, es por esto que para el análisis de aspectos definidos del ambiente, los analistas de la conducta implementan el concepto de Estímulo. Propiamente dicho, un estímulo es un componente del ambiente que afecta los receptores sensoriales del organismo y altera su comportamiento (Martin y Pear, 2008); Estos pueden ser 37 categorizados tanto por la posición temporal en relación con la respuesta, por las funciones conductuales que probabilizan, así como por sus características morfológicas. En este último caso, los estímulos pueden ser descritos con base en su tamaño, color, sabor, forma, peso y posición, así como distinguirse en sí son estímulos no sociales, como por ejemplo una piedra que observamos en el camino, o en estímulos sociales tal como él “vamos a ver una película” qué dicen tus amigos. (Cooper et ál, 2019) Respecto a la dimensión temporal, la conducta y el ambiente ocupan un lugar no solo en el espacio sino también en el tiempo, aunque la existencia del ambiente es continua y la conducta es una corriente que fluye en todo momento como dice Williams James (1890), los estímulos y las respuestas que resultan de interés en cada caso particular son intermitentes y se relacionan temporalmente entre sí. Cuando un estímulo relacionado con la respuesta se presenta antes que ella se denomina Antecedente, mientras que si la sigue se denomina consecuencia. En cuanto a las categorías de función en relación a la conducta que pueden cumplir los estímulos, se dividen en dos grupos: Estímulos que ejercen función de control notable e inmediato sobre la conducta de forma mecánica, conducta a la cual se denomina respondiente (Kazdin, 2009); y aquellos estímulos que controlan la conducta con efectos demorados y sin una aparente relación, conducta a la cual se denomina operante (Skinner, 1953). Conducta respondiente y condicionamiento clásico La conducta respondiente, está íntimamente relacionada con la evolución de los organismos humanos y no humanos, en los cuales existe un repertorio de conductas adaptativas básicas que comparten todos los miembros de una especie y que es susceptible de ser emitida independientemente de cualquier experiencia de aprendizaje (Martin y Pear, 2008). Las 38 respuestas que se dan de forma innata ante estímulos específicos se denominan Respuestas incondicionadas, mientras que los estímulos que la anteceden y la provocan, se conocen como Estímulos incondicionados (Pérez et ál., 2010). La investigación de la conducta respondiente tiene por figura estelar al Fisiólogo Ivan Pavlov (1972), quien, interesado en el reflejo de salivación y producción de jugos gástricos de los perros en cuanto se les daba alimento, encontró que estas respuestas presentaban alteraciones claramente relacionadas con su propia conducta en el laboratorio; En un principio los perros salivaban exclusivamente en cuanto tenían contacto con la comida, posteriormente lo hacían ante la simple presencia de Pavlov, aun cuando los perros no podían olfatear o ver su alimento (Rachlin, 1977). Este fenómeno fue denominado por Pavlov como secreciones psíquicas y lo llevaron a postular la existencia de dos tipos de reflejos, los innatos y los aprendidos, también llamados condicionados (Pérez et ál., 2005). Los hallazgos de Pavlov motivaron numerosos estudios, entre ellos a los realizados por Watson dando origen a la psicología conductual y al proceso de aprendizaje que posteriormente sería conocido como Condicionamiento clásico, así como Condicionamiento respondiente o Condicionamiento Pavloviano (Leahey y Goenechea, 2013). Siguiendo a Cooper et ál. (2019), algunos ejemplos de las respuestas incondicionadas en humanos son: parpadear y contraer los músculos cuando oímos un sonido fuerte; Ante un estímulo muy doloroso se incrementa la tasa cardiaca, se dilata la pupila, y se segrega adrenalina; si el dolor es en alguna extremidad se retira inmediatamente la misma de la fuente de dolor, entre otros. Sin embargo, los estímulos mencionados pueden producir un decremento de su respuesta característica cuando el estímulo en cuestión es presentado con una alta frecuencia o por tiempos prolongados al organismo; este proceso se le denomina Habituación (Delgado et ál, 2013). 39 Un caso que lo ejemplifica, es una persona trabaja en una fábrica de varillas, allí el ruido por los choques entre metales normalmente generaría exaltación en quien lo escucha, no obstante, por su exposición prolongada al estímulo, el trabajador se ha habituado. Retomando, el procedimiento de Condicionamiento clásico (Tabla 1) consiste en aparear un Estímulo Incondicionado (EI), el cual genera una Respuesta Incondicionada (RI) característica , con un Estímulo Neutro (EN), es decir un estímulo que naturalmente no genera la RI; tras múltiples emparejamientos él EN adquiere las propiedades estimulantes del EI, convirtiéndose en un Estímulo Condicionado (EC), generando la misma respuesta que elicita el EI, llamándose en esta etapa Respuesta condicionada (RC) (Cruz y Pérez, 2002 ; Kazdin, 2009; Martin y Pear, 2008; Pérez et ál., 2010; Rachlin, 1977). Tabla 1 Condicionamiento respondiente. Tabla 1. Explica el proceso de condicionamiento respondiente, exponiendo dos ejemplificaciones del mismo. Uno de los experimentos de condicionamiento respondiente más famosos hasta la fecha fue desarrollado por Watson, quien realizó un condicionamiento a un niño de corta edad llamado Albert, al cual presentaba una rata (EN) seguida de un ruido estruendoso producto de golpear una plancha metálica con un martillo (EI), tras lo cual el niño lloraba (RC); tras múltiples 40 repeticiones el pequeño Albert respondía no tan solo llorando al ver la rata, sino también intentando alejarse de ella (Swenson, 1992). Tiempo después, Watson noto que Albert reaccionaba de esta manera no solo con la rata, sino con estímulos similares como conejos, peluches blancos o abrigos; en palabras técnicas, Albert Generalizó el estímulo condicionado (Ormart et ál., 2013). El término generalización de estímulo, “describe el hecho de que el control adquirido por un estímulo es compartido por otros estímulos con propiedades comunes o, para decirlo de otro modo, que el control es compartido por todas las propiedades del estímulo tomadas por separado." (Skinner, 1953. P. 143). Lo contrario a la generalización de estímulo es la Discriminación, término que alude a la emisión de una respuesta ante un estímulo especifico (Kazdin, 2009). Un ejemplo claro de discriminación es el niño que realiza pataletas en el centro comercial cuando va con la madre, y no cuando los acompaña su padre, seguramente porque las consecuencias que obtiene en cada circunstancia por la misma conducta, son notoriamente distintas. La última de las características centrales de la conducta respondiente y el condicionamiento clásico es la Extinción. De la misma manera en que Pavlov encontró que las respuestas pueden asociarse a estímulos específicos condicionándolos con otros, descubrió que tales relaciones pueden debilitarse y desaparecer si el EC se presenta repetidamente en ausencia del EI (Cooper et ál., 2019). El condicionamiento respondiente en sí mismo es capaz de explicar una gran cantidad de conductas en los humanos que se caracteriza por ser de tipo reflejo, ya sean innatas o aprendidas; no obstante todas las conductas de los humanos y de los organismos en general no son de este tipo; por el contrario, un amplio repertorio comportamental no mantiene una relación tan evidente con un estímulo específico, así como estos tampoco generan un efecto tan directo y de 41 fácil observación como en el caso de las conductas respondientes, a este conjunto aparentemente indeterminado e impredecible de comportamientos, entre los cuales se haya la conducta verbal y el pensamiento, se le denomina conducta operante, concepto protagonista en el trabajo de BF Skinner (Plazas, 2006). Aprendizaje por consecuencias y condicionamiento operante Como ya se mencionó, los actos humanos nunca tienen lugar en el vacío, siempre hay algo que les antecede y les sigue (Törneke, 2016). Cuando una persona emite un comportamiento genera cambios en el ambiente que le estimulan (consecuencias) y que afectan la probabilidad de emisión de esa misma clase de conducta en el futuro; a su vez el nuevo ambiente reformado por la propia conducta del organismo, le estimula y se convierte en la antesala (estímulos antecedentes) para un nuevo comportamiento (Skinner, 1957). El primer psicólogo en estudiar los efectos de las consecuencias sobre los actos fue Edward Thorndike, quien utilizando a un gato como sujeto experimental, encontró que estos lograban escapar de las cajas problemas en las que los ubicaba, cada vez con mayor facilidad (Fuentes, 2019); a este fenómeno lo llamó “Ley del efecto” que en forma sintetizada estipula que todo comportamiento que sea seguido por un efecto satisfactorio se repetirá con mayor frecuencia (Fuentes, 2019). Esta máxima de Thorndike influyó fuertemente en los estudios de Skinner, quien, utilizando procedimientos experimentales, logró realizar múltiples aportes al entendimiento de la conducta de los organismos. Skinner nombró a este nuevo tipo de conducta como Operante, comprendiendo que proviene del término “operari” que refiere a obrar o trabajar obteniendo algún resultado, 42 aludiendo a su característica por antonomasia de generar cambios en el ambiente, es decir producir consecuencias (Pérez, 2004). Respecto a estas últimas, gracias a los experimentos, Skinner descubrió que las consecuencias realizan un proceso similar al hecho por la selección natural descrita por Darwin; mientras que la selección natural determina los rasgos genéticos que se heredan de generación en generación en cada especie por su utilidad en la adaptación a los cambios del ambiente, las consecuencias seleccionan las conductas que permiten al organismo operar efectivamente en su entorno; Tal como dice Skinner (1973) “la función es semejante a la de la selección natural , aunque a una escala de tiempo muy distinta" (p. 28). En este sentido, las consecuencias afectan la probabilidad de aparición de las operantes, incrementando o decrementando según el tipo de consecuencia que le siga (Kazdin, 2009). A las consecuencias Skinner (1953) las clasifica según el tipo de efecto que tenga en la conducta (Tabla 2); las consecuencias que incrementan la frecuencia de una clase de conducta se les llama Reforzadores, existiendo tres tipos de ellos: los primarios, siendo estímulos que resultan apetitivos para el organismo de forma innata, tal como la comida, la bebida o el contacto sexual; los reforzadores secundarios, son los estímulos asociados por medio de condicionamiento clásico con reforzadores primarios, así como también lo son la retirada de estímulos aversivos para el organismo; por último, los reforzadores generalizados, son aquellos reforzadores asociados a los primarios y secundarios con la característica de que son aplicables a múltiples circunstancias a diferencia de los dos primeros, por ejemplo el dinero, la aprobación o la atención, entre otros (Bados y García-Grau, 2011). A las consecuencias que decrementan la aparición de la conducta les denomina Castigo; así mismo comprendió que se puede reforzar y castigar la conducta añadiendo elementos, Consecuencias positivas, o por el contrario retirando los estímulos Consecuencias negativas. 43 Tabla 2 Tipos de consecuencias Tabla 2: En esta tabla se especifican los tipos de consecuencias y sus abreviaturas. La existencia de estas consecuencias son plenamente identificables en la cotidianidad, por ejemplo: Una madre que le compra un juguete a un niño que realiza pataleta en el supermercado para que este se detenga, está presentando un refuerzo positivo (R+) al muchacho, no obstante cuando la madre le cuenta lo sucedido al padre, este le reprocha (C+) por haberle dado gusto al muchacho; enseguida busca al niño y le decomisa (C-) el juguete por haberse comportado de forma inapropiada en el supermercado. En cuanto al Refuerzo negativo, este puede aumentar la conducta eliminando un estímulo aversivo, sea por evitación, cuando impedimos la aparición del estímulo aversivo, o por escape cuando el estímulo aversivo ya está presente y logramos eliminarlo (Bados y García-Grau, 2011). Un hecho que ejemplifica el R- por escape es un niño que realiza los quehaceres para que la madre detenga sus regaños; en cuanto al R- por evitación puede presentarse nuevamente al niño que, a sabiendas de los quehaceres que debe hacer y del regaño que le dará su madre si no los realiza, hace las actividades correspondientes con antelación, evitando la estimulación aversiva antes de que aparezca. En este punto, hay que tener en cuenta ciertas consideraciones sobre las consecuencias; en principio es necesario comprender que las consecuencias no alteran la probabilidad de una topografía específica de conducta, sino que actúan sobre una clase de respuestas que, como se explicó a inicios de este apartado, refiere a un conjunto de conductas que aunque pueden variar 44 topográficamente cumplen la misma función, es decir obtienen la misma consecuencia (Skinner, 1953); por ejemplo, una persona que busque silencio para concentrarse y realizar sus trabajos para la universidad puede cerrar la puerta de su cuarto y obtener el silencio que buscaba (R+), esto en efecto aumentará la probabilidad de cerrar la puerta en circunstancias parecidas, a pesar de ello, el refuerzo no implica que en todas las ocasiones cierre la puerta con la mano derecha, puede hacerlo con la mano izquierda o incluso con el pie, obteniendo el mismo resultado. Así mismo, es necesario comprender que no hay eventos o estímulos que sean reforzantes per se. Un reforzador se define por los efectos que genera en la frecuencia de la conducta, no por concreciones fisicoquímicas que posea (Cooper et ál., 2019); en este sentido, algo reforzante para un individuo no lo es para otro solo porque parece ser algo “agradable”, así como un estímulo que resulta reforzante para un sujeto en determinado momento puede no serlo en otro instante, todo ello depende de la historia de aprendizaje de la persona en cuestión, de su estado de privación actual así como la relación que presenta con la persona que suministra el estímulo supuestamente reforzante, entre otros (Bados y García-Grau, 2011). Por ejemplo, si alguien está con Andrés (el personaje del ejemplo 2 en la tabla 1) y este manifiesta tener mucha hambre, podría aprovechar la ocasión y decirle “lava la loza sucia y te doy algo de comer”, Andrés por su estado de privación de alimento probablemente acceda, no obstante si al volver por la consecuencia prometida le entregan un paquete de maní, aunque Andrés tenga hambre y el maní sea un tipo de alimento, este no actúa como reforzador, por el contrario es la presentación de un estímulo aversivo (C+) que por su historia de aprendizaje (el condicionamiento clásico al que fue sometido), castigara su conducta y decrementará la probabilidad de aceptar tratos de este tipo en situaciones similares; pero por otra parte, si el paquete fuese entregado a otra persona con una 45 historia de aprendizaje distinta, este podría funcionar como reforzador y probabilizar la aparición de la misma clase de conductas en un futuro. Otro aspecto a considerar sobre el refuerzo, y las consecuencias en general, es que estas mantienen una correlación negativa entre la capacidad de alterar la probabilidad de conducta y la demora temporal existente entre la emisión de la conducta y la presentación de la consecuencia, es decir, a menor tiempo que transcurra entre la respuesta objetivo y la aparición del reforzador (Contigüidad), mayor efectividad presenta (Domjan, 2007; Martin y Pear, 2008; Williams y Lattal, 1999). El carácter temporal de las contingencias de refuerzo, entiéndase por contingencia la relación de dependencia entre una respuesta y los estímulos que la preceden y le siguen (Bados y García-Grau, 2011), lo resalta Skinner (1973) quien señala que el quid de la relación conducta- reforzador, no es teleológico en el sentido de ser el objetivo o meta de las operantes, sino es de tipo temporal; “La conducta es seguida por el reforzamiento; no lo persigue y lo alcanza” (Skinner, 1973, p. 179). En este sentido se comprende también la prevalencia de comportamientos que en apariencia no reciben reforzamiento directo, pues, aunque no se refuerce cada segmento de la corriente conductual, el comportamiento en tanto que es una cadena de actos ininterrumpida, está inmersa en sistemas de reforzamiento extendidos en el tiempo, por lo cual “aunque no todas las conductas sean reforzadas, no quiere decir que no dependan del reforzamiento” (Pérez, 2004. p 30), por el contrario, el ambiente selecciona y encadena conductas (Skinner,1953). En últimas, quien se toma un vaso de leche primero tuvo que caminar hasta la nevera y servir el líquido o solicitar a alguien que le sirviera, en cualquier caso, estas conductas quedan reforzadas intrínsecamente por permitir la aparición del refuerzo final como flujo comportamental que es. 46 La anterior cuestión fundamenta la distinción entre un análisis molar y un análisis molecular de la conducta, por una parte un análisis molecular de la conducta se caracteriza por examinar eventos momentáneos brindando información sobre los antecedentes y consecuentes de una operante en un momento específico; mientras que un análisis molar presenta mayor extensión en el tiempo y analiza contingencias de amplio espectro (Peña-Correal, 2010; Sanabria, 2002). En ocasiones resulta suficiente realizar análisis molecular para lograr explicar la conducta, en el sentido de predecirla y controlarla; no obstante en ocasiones un análisis molecular es insuficiente, por ejemplo el caso de un oficinista que programa una cena con su jefe a pesar de que lo deteste; en este caso la consecuencia que le sigue a la conducta no es coherente con el hecho de que esta se presente, pues el jefe en sí mismo es un evento aversivo que bajo condiciones moleculares, debería en principio provocar conductas de evitación por parte del oficinista; en esta situación la conducta claramente no corresponde con una contingencia que se dé a corto tiempo, es entonces necesario realizar un análisis molar; si se analizan las contingencias de amplio espectro en que está inmerso el oficinista, las conductas aparentemente incoherentes demuestran su sentido. Continuando con el ejemplo, el oficinista puede estar bajo control de consecuencias que no se presentan inmediatamente, sino que están diferidas en el tiempo, como podría ser la posibilidad de un ascenso en su empresa en la próxima reunión de gerentes si este logra ganar el favor de su jefe en la cena. En este caso la contingencia que devela el porqué de la conducta, está explayada en un mayor lapso temporal, que aunque entra en aparente contradicción con lo mencionado respecto a la eficacia del reforzador y la contigüidad entre la conducta-consecuencia, revela otra característica especial de la misma, denominada Calidad y Magnitud del reforzador. 47 La calidad y magnitud del reforzador alude a capacidad de un estímulo para actuar como reforzador, es decir, hay reforzadores que pueden ser más efectivos que otros, mientras que la magnitud refiere a la cantidad del mismo (Domjan, 2007; Martin y Pear, 2008). La importancia de estos factores radica en que influyen notablemente en el aumento o disminución de una conducta (Chóliz, 2004; López y Menez, 2008; Zenón-Autora y Reséndiz, 2019) y permiten explicar comportamientos que de otra manera parecerían inexplicables por lo aquí planteado. Por ejemplo, una persona que ahorra por 5 años, no recibe un refuerzo por cada peso que no gasta o por cada vez que se acerca al banco y deposita su dinero, por el contrario parece privarse a sí mismo de estímulos apetitivos que podría obtener si gastara ese dinero (C-), a pesar de esto su conducta se mantiene; esto es debido a la contingencia amplia en la que está sumergido la cual incluye un estímulo altamente reforzante para la persona, como podría ser la compra de una casa con el dinero ahorrado. Por otra parte, aunque hasta el momento se ha dicho que la conducta operante no tiene una relación directa y aparente con los estímulos antecedentes, el que una persona decida, en efecto, realizar una conducta y no otra en un momento determinado, no es una cuestión azarosa o que se deba a la autonomía y voluntad creadora de quien comete la acción; por el contrario, a pesar de que en un principio Skinner (1953) califique a este tipo de conducta como aquella que "surge espontáneamente en ausencia de cualquier estimulación con la que pueda ser específicamente correlacionada" (p. 19); él mismo aclara que esta es solo una ilusión, pues el ambiente determina el tipo de conducta que será susceptible de ser reforzada en cada momento. A las condiciones u elementos que señalan la ocasión en que probablemente una operante en específico será seguida de un reforzador, se les denomina Estímulo discriminativo (Ed) (Martin y Pear, 2008). Por ejemplo, cuando un profesor dice a su clase “¿Alguien tiene dudas?” su 48 verbalización funciona como Ed, el cual señala la ocasión para que si algún estudiante alza la mano (operante) el profesor le preste atención (R+). De igual modo, existen estímulos que se asocian con la ausencia del reforzamiento, a estos se le llama Estímulos delta (E△) (Kazdin, 2009). Continuando con el ejemplo, una vez el profesor se da vuelta y posa su mirada en el tablero, actúa como E△ ante lo cual la conducta de levantar la mano no será reforzada. Aunque tanto en el caso de la conducta respondiente como en la conducta operante la respuesta del organismo siga al estímulo, estos presentan diferencias; por una parte el estímulo en el condicionamiento clásico provoca una respuesta refleja con una clara relación mecánica de tipo causal la cual se observa fácilmente; en cambio, el estímulo discriminativo comparte su capacidad de control con otras variables contextuales, y su efecto no es tipo causal sino probabilístico, es decir, “el estímulo discriminativo no provoca una respuesta, simplemente altera la probabilidad de que ocurra” (Skinner, 1953, p. 115). Cuando una operante deja de recibir refuerzo en las condiciones que anteriormente lo hacía, disminuye la probabilidad de que vuelva a ejecutar los mismos comportamientos, a este proceso se le denomina Extinción operante. El proceso de aprendizaje por consecuencias aquí descrito se denomina Condicionamiento operante o instrumental, su unidad básica de análisis se compone entonces del estímulo discriminativo, la conducta operante y la consecuencia, unidad a la que se conoce como Contingencia de tres términos o el ABC de la conducta (ABC por las siglas en inglés de Antecedent - Behavior - Consequence) (Törneke, 2016). El estudio del condicionamiento operante tal como se mencionó, fue ampliamente desarrollado por Skinner y posteriores analistas de conducta; logrando que la ciencia del comportamiento, con los principios que se derivaron de la experimentación básica, adquiriera una gran capacidad de control y predicción de la conducta humana, lo cual impulsó la aplicación 49 de las técnicas de modificación de conducta en diferentes ámbitos, como por ejemplo en el mundo laboral para aumentar la productividad de las personas (Jiménez, 1978; Meliá et ál., 1999), en la psicología educativa y la enseñanza (Aponte, 2009; Benites, 1985; Paredes, 1982; Quiróz, 1982), en la psicología de la salud y la adherencia a tratamientos (Cabrera y García, 1991; García, Ríos y Montero, 2004), así como en el tratamiento de trastornos psicológicos (Alessandri, Thorp, Mundy y Tuchman, 2005; Bastidas, 2015; Carrasco y De la Vega, 2019; Carranza, 2014), entre otros campos. Este cúmulo de conocimientos sentó las bases de posteriores investigaciones que aportarán más luz sobre la conducta humana en general y sobre el estudio del pensamiento y el lenguaje en específico. Aunque el estudio de la conducta compleja ya había sido brevemente tratado por Watson, daría su primer gran paso de la mano de Skinner, quien utilizando la teoría del condicionamiento operante realizaría la primera explicación sistemática de este tema en la escuela conductista, tal como veremos a continuación. Lenguaje y pensamiento, dos tipos especiales de operantes. Tal como se ha descrito hasta el momento, los humanos son capaces de generar cambios en el mundo a través de su comportamiento, estableciendo contacto directo con los objetos y alterándolos. Por ejemplo, una persona puede tomar un cincel y un martillo y usarlos para crear una escultura, mientras tanto otra puede mezclar algunos ingredientes y preparar la cena; en ambos casos, son las mismas personas quienes modifica el ambiente y contactan las consecuencias, no obstante no es la única forma de operar en el mundo; el habla, denominada desde el AEC como Conducta verbal, es otra forma de conducta que permite establecer contacto 50 con el mundo a través de un sistema de herramientas de forma mediada, es decir sin hacer contacto directo con las cosas (Pérez, 2004). Skinner (1938), dijo que bajo su concepto, lo único que diferencia a los animales de los humanos es la conducta verbal. Este tipo específico de conducta es moldeada por las contingencias de refuerzo desde temprana edad, teniendo la peculiaridad de que su refuerzo se da de forma indirecta, es decir, aunque estas no tienen la capacidad de afectar el mundo, tiene la potencialidad de hacerlo por medio de la conducta de otras personas (Peña-Correal y Robayo- Castro, 2007). En sí mismas, las formas de conducta verbal que emitimos no tienen relación directa con las concreciones fisicoquímicas de las cosas, lo cual significa que son arbitrarias, pero no por ello son inefectivas al ejecutarlas frente al Ed adecuado, pues como señala Skinner (1953) “La respuesta <>, no tiene ningún efecto sobre el medio ambiente mecánico, pero en un medio ambiente verbal apropiado puede conducir a un refuerzo primario" (p. 284). Dicho lo anterior se comprende pues, que la conducta verbal, como cualquier otra operante, cumple con la estructura de la contingencia de tres términos y su prevalencia se debe a la existencia de reforzadores que, gracias al adecuado entrenamiento de un oyente para responder ante la conducta verbal del hablante, pueden obtenerse. Skinner (1957), define entonces a la conducta verbal como aquella que es reforzada a través de la mediación de un oyente que fue entrenado para responder efectivamente ante la conducta del hablante. Habiendo definido la Conducta verbal y haciendo uso del análisis funcional, Skinner genera una taxonomía de la misma en la cual, el criterio de demarcación entre cada tipo de operante son las variables antecedentes que la controlan (Peña-Correal y Robayo-Castro, 2007). 51 Dentro de la clasificación se encuentran: Mandos, Ecoicas, Textuales, Intraverbales, Tactos y Autocliticos. A continuación, se expondrá la mencionada taxonomía, tomando como base el libro Conducta verbal de Skinner (1957). Clase de operante verbal: Mando Un mando es “una operante verbal en la cual la respuesta es reforzada por una consecuencia característica y, por tanto, está bajo el control funcional de las condiciones relevantes de deprivación o de estimulación aversiva” (Skinner, 1957, p. 35 - 36). Está operante verbal se caracteriza porque el hablante es capaz de discriminar su estado de privación o el estímulo aversivo del cual desea escapar o evitar, indicando explícitamente la operante que al ser ejecutada por el oyente, reforzará al hablante. Por ejemplo, el mando “Cállate. necesito concentrarme”, específica su refuerzo, en este caso el silencio del oyente que claramente es un estímulo aversivo del que el hablante desea escapar. De igual manera que ocurre con el resto de operantes, el mando puede generalizarse y caer bajo el control de estímulos que comparten propiedades similares a las situaciones en que se aprendieron. Este hecho da origen a lo que Skinner (1957) denomina como mandos extensos, los cuales explican el uso de conductas verbales en situaciones específicas en las que no han sido reforzadas anteriormente, tal como una persona que solicita que le sirvan un plato que nunca ha comido; o cuando se emplean mandos que son imposibles de reforzar con lo indicado por la verbalización, los cuales se conocen como mandos irracionales y mágicos. Tal es el caso del mando “bájame la luna”, aunque hasta el momento nadie haya obtenido la consecuencia que se especifica en esta operante verbal, su existencia indica claramente la presencia de reforzadores 52 que, en este caso, pueden relacionarse con algún halago o comentario agradable que realice el oyente al primer hablante. Como se ha descrito, el mando es una operante verbal controlada por estimulación aversiva o condiciones de privación, así mismo existe conducta verbal que cae bajo el control de otros estímulos verbales, tal es el caso de la conducta Ecoica, Textual e Intraverbal, las cuales se distinguen por las formas de estímulo y respuesta que generan. Clase de operante verbal: Ecoica La conducta Ecoica, está bajo el control de estímulos verbales, donde la respuesta “genera una pauta de sonidos similar a la de los estímulos” (Skinner, 1957, p. 69). Este tipo de conducta es característica de los procesos de aprendizaje del lenguaje, donde un representante de la comunidad verbal, como puede ser un padre o un maestro, actúan como modelo de conducta, enseñando al niño al pronunciar las palabras tal como él lo hace reforzando cada aproximación hasta lograr la conducta adecuada en un proceso que se denomina moldeamiento; no obstante, las operantes verbales ecoicas se pueden observar en múltiples momentos, por ejemplo cuando un estudiante repite la pregunta que le hace su docente brindándole así mayor tiempo para pensar su respuesta, o cuando una persona canta su canción favorita. Esta conducta adquiere su refuerzo dependiendo de la correspondencia morfológica entre el estímulo escuchado y lo que dice el hablante, es decir por su efecto de eco o imitación. Las primeras conductas ecoicas que adquiere un niño son unidades verbales muy amplias, tales como “mamá”, “papá” “tetero”; el aprendizaje de pautas menores de sonidos se adquiere posteriormente con el correcto reforzamiento, donde el niño, ahora con la capacidad de emular 53 sonidos menores como vocales y letras por separado, adquiere un repertorio básico que le permite aprender a decir nuevas palabras e implementarlas en otras operantes verbales (Centeno y Dellagiovanna, 2019). Clase de operante verbal: Textual La operante Textual también está controlada por estímulos verbales, aunque a diferencia de la conducta ecoica, estos no son auditivos (Pérez, 2012). La conducta textual no presenta similitud morfológica con el estímulo que le precede, aunque sí guarda una correspondencia entre diferentes sistemas dimensionales, pues en todo caso su refuerzo se debe a que el hablante diga lo que ve escrito y no otra cosa. Por ejemplo, si una persona no leyera lo dicho en una receta culinaria, el chef que le escucha acabaría con un plato completamente distinto al deseado. Un caso especial de conducta textual es la transcripción, en la cual el hablante responde a un estímulo no auditivo emitiendo una respuesta en la misma dimensión, es decir escrita, o cuando por el contrario la respuesta escrita está controlada por un estímulo vocal, como es el caso de un estudiante que escribe lo que le dicta un compañero. Clase de operante verbal: Intraverbal. La conducta Intraverbal alude a las operantes verbales que están controladas por otros estímulos verbales con los que, a diferencia de la conducta