1 "tü wayatainkat suka wajapuu shia kapulainka atuma wayaa" (Lo que hacemos con las manos es lo que importa para nosotros) Irene Iguarán 2 FORTALECIMIENTO DE LA IDENTIDAD DEL SER WAYUU A TRAVÉS DE LA CONSTRUCCIÓN DE CAPITAL SIMBÓLICO MEDIANTE LA RECUPERACIÓN DE LA PRÁCTICA DEL TEJIDO DEL CHINCHORRO. UNA EXPERIENCIA EN LA COMUNIDAD DE PUERTO ESTRELLA, ALTA GUAJIRA, COLOMBIA. TRABAJO DE GRADO PARA OPTAR EL TÍTULO DE: MAGÍSTER EN COMUNICACIÓN, DESARROLLO Y CAMBIO SOCIAL ARIEL CUELLO DE LA OSSA JENNIFER IGUARÁN PIMIENTA TUTOR: JAIR VEGA CASANOVA CORPORACIÓN UNIVERSITARIA MINUTO DE DIOS BOGOTÁ D.C., 2019 3 AGRADECIMIENTOS Este trabajo es posible gracias a cada una de las personas de Puerto Estrella que participaron activamente de los talleres, encuentros y actividades desarrolladas en diferentes momentos. A cada una de ellas, gracias por su confianza, entrega y actitud positiva. Le agradecemos a Dios por brindarnos la sabiduría necesaria para desarrollar este trabajo de grado y culminarlo satisfactoriamente. A nuestros padres y familiares por acompañarnos durante todo el proceso académico de la Maestría. Un agradecimiento especial a Jair Vega, nuestro tutor, por creer en este proyecto, por los consejos y orientaciones; por alentarnos cada día con algo que parecía difícil. Sin duda alguna, su optimismo nos motivó. También, a las entidades y amigos que apoyaron con recursos físicos y financieros el proceso/etapa de implementación de este trabajo de grado. Finalmente, agradecemos profundamente a las directivas y docentes de la Maestría en Comunicación, Desarrollo y Cambio Social por cada uno de los momentos de aprendizaje que nos brindaron; a María Fernanda Peña y a David Fayad por orientarnos académicamente sobre cómo hacer un buen trabajo de gestión. Este es el resultado. 4 CONTENIDO CONTENIDO 4 INTRODUCCIÓN 6 COMPRENSIÓN DE LA SITUACIÓN 14 Chinchorro: origen, significado y usos. Una mirada desde la identidad 15 Una mirada económico-social del chinchorro 20 El Chinchorro, un saber ancestral que necesita ser transmitido 22 ÁRBOL DE PROBLEMA 28 ANÁLISIS DE LAS PERSONAS Y ACTORES CLAVES 30 RESUMEN DE ANÁLISIS 36 FORMAS DE COMUNICACIÓN 38 REFERENTES TEÓRICOS Y CONCEPTUALES 43 ESTADO DEL ARTE 50 DISEÑO Y FORMULACIÓN DEL PROYECTO 55 JUSTIFICACIÓN 55 OBJETIVO GENERAL 59 OBJETIVOS ESPECÍFICOS 59 OBJETIVOS DEL PLAN DE COMUNICACIÓN 59 METODOLOGÍA 61 Selección de modelo de comunicación para el cambio social 61 Recolección de la información 64 Formulación del plan 67 Resumen del plan formulado 71 Metas 80 IMPLEMENTACIÓN 81 Proceso formativo en Institución Educativa Rural de Puerto Estrella 82 Encuentro de experiencias sobre el tejido del chinchorro 85 Encierro wayuu 89 Otras acciones realizadas 89 Una agenda y un lapicero 89 La postal 90 5 El logo del proyecto 90 Comunicado de prensa y publicaciones en medios de comunicación 91 SEGUIMIENTO Y EVALUACIÓN 92 PLAN DE MONITOREO Y EVALUACIÓN 92 EVALUACIÓN 95 PRESUPUESTO 114 FUENTES DE FINANCIACIÓN 116 LOGROS Y RESULTADOS DEL PROCESO DE FORMULACIÓN DE LA ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN 117 El vínculo con el tejido se recupera con la transmisión de conocimiento: 118 El interés de los jóvenes por aprender a tejer chinchorro se despierta 121 Es importante la vinculación de otras entidades a estos procesos 123 APRENDIZAJES 128 APORTES DE A LA COMUNICACIÓN COMO CAMPO DISCIPLINAR 131 REFERENCIAS 134 ANEXOS 137 Anexo 1- Tabla de Segmentación de los Interlocutores 137 Anexo 2 - Perfiles de los interlocutores. 139 Anexo 3 - Encuesta de Percepción y Conocimiento sobre el Chinchorro Wayuu 142 Anexo 4 - Instrumentos 144 Anexo 5 – Actas de entrega de donación 149 Anexo 7 – Modelo de carta – empresas convocadas 151 Anexo 7 – Infografía del proyecto 153 Anexo 8 – Inserto en agenda 154 Anexo 9 – Diseño de postales 155 Anexo 10 – Boletín de prensa 158 Anexo 11 – Artículo en periódico Universo U de la Universidad de Cartagena 159 6 INTRODUCCIÓN Escribir el resultado de un ejercicio de investigación/gestión en primera persona podría parecer, en principio, una decisión que responde a los retos comunicativos producto de la exigencia de comunicar mejor sus hallazgos, o tal vez, una decisión producto de alguna definición metodológica. Sin embargo, en nuestro caso, más que una decisión consciente fue una forma que se fue legitimando en nuestra forma de escribir en la medida en que la experiencia nos iba implicando, en principio a mí (Jennifer) y luego también a mí (Ariel). Fueron las mismas visitas a la comunidad de Puerto Estrella, las charlas con nuestros familiares, las emotivas jornadas de asesoría con nuestro tutor y nuestras propias conversaciones las que nos fueron llevando a incorporar un “nosotros”… fuimos, hicimos, sentimos, que a la vez se iba llenando de contenido con un “yo” sentí, pensé, hice, porque en mi caso (Jennifer) comencé a entender en el proceso que ese deseo de separar el “yo” (mi identidad, ahora más urbana) de un “ellos”, la comunidad de Puerto Estrella, terminaba siendo imposible porque precisamente por el lazo cultural terminábamos siendo un “nosotros”. De la misma manera, mi “yo” (Ariel) en la medida que veía el involucramiento de Jennifer, comenzó a implicarse también desde esa identidad étnica, que si bien no es común a partir del hecho de compartir los mismos códigos culturales, sí lo es en la medida que ha sufrido procesos, en muchos casos similares, de aculturación, de pérdida de la valoración del capital simbólico reflejado en nuestras prácticas que se han ido perdiendo porque son valoradas negativamente inclusive por nuestras propias comunidades. Se podría decir entonces, que este trabajo que realizamos como proyectos de grado fue una conjunción de interés entre nosotros, quienes lideramos la iniciativa, Jennifer Iguarán Pimienta y Ariel Cuello de la Ossa, estudiantes de la Maestría en Comunicación, Desarrollo y 7 Cambio Social de Uniminuto, en conjunto con muchas personas de la comunidad de Puerto Estrella, en la Guajira colombiana, algunas entidades públicas y privadas, así como de nuestro tutor, Jair Vega Casanova. En mi caso, y aquí habla Jennifer Iguarán, mi motivación principal al iniciar este proyecto de gestión, fue la posibilidad de trabajar sobre una necesidad que hacía algún tiempo tenía en mente y que es la de recuperar tradiciones propias de mi cultura, particularmente de mi pueblo original, Puerto Estrella, una comunidad wayuu de la parte alta del departamento de La Guajira, perteneciente al municipio de Uribia, con más de 150 años de historia. El origen de esta comunidad tiene una doble connotación, ya que sus primeros pobladores fueron miembros de la familia Iguarán que llegaron a Riohacha en barcos provenientes de España, y desde la capital del departamento emprendieron un viaje en mula hasta llegar a este territorio wayuu, donde se encontraron con una población indígena en expansión. De esa mezcla surge mi familia y otras más que fundaron la comunidad de Puerto Estrella. Fueron 4 hombres españoles que llegaron y dejaron su descendencia en estas tierras wayuu, sin embargo, su legado cultural europeo no tuvo una sola huella en nosotros, nuestra madre es Mma (tierra), y aunque nuestro apellido provenga de otro continente, nuestra esencia es indígena. Mi preocupación estaba centrada en recuperar de este legado wayuu la tradición del tejido del chinchorro, elemento esencial de nuestra tradición cultural que por diversas razones se ha ido perdiendo; por ello, mis esfuerzos iniciales se centraron en esta iniciativa, tal vez sin dimensionar lo que esta práctica implicaba en todo el contexto de nuestra cultura. En mi caso, y ahora habla Ariel Cuello, compañero de estudios en la Maestría, coincidí con Jennifer en el proceso de formulación de este proyecto, a partir tanto de intereses académicos como personales, dado que venía desarrollando trabajos con comunidades indígenas asentadas en 8 la ciudad de Cartagena y tenía gran interés por la cultura wayuu; por ello, consideré pertinente que juntos pudiéramos abordar este proyecto, desde una misma esencia Caribe y con percepciones territoriales diferentes. Sin embargo, si bien en un principio veía el trabajo como un estudio una acción sobre un “otro”, tal vez un poco lejano, distinto y distante a mí, el ejercicio mismo me fue llevando a entender que al involucrarme en una mirada desde dentro de la cultura wayuu, también estaba profundizando en una mirada sobre mí mismo y sobre los retos que tengo en mi contexto sobre mi propia cultura afrodescendiente. A nivel personal (Jennifer), considero que durante este proceso mis apellidos Iguarán Pimienta comenzaron a tomar fuerza, durante el proceso participativo con la comunidad de Puerto Estrella y gracias al análisis académico de lo étnico, de lo wayuu, y en especial del chinchorro, me di cuenta de que la problemática central tenía que ver no solo con la identidad de mi pueblo en general, sino con mi propia identidad como indígena; por eso, me cuestioné. Preguntas como ¿por qué yo no sé tejer chinchorros?, ¿por qué no sé hablar wayuunaiki?, ¿por qué mi madre no me enseñó a tejer?, ¿salir del territorio influyó en mi separación con el ser wayuu?, surgieron en mí, y entendí que la pérdida de este conocimiento ancestral no era un problema solo de otras personas, sino que yo misma me incluía en esta problemática sobre la cual ahora estaba centrada mi atención. En las reflexiones con Ariel y con nuestro tutor, nos fuimos dando cuenta de que, más allá del tejido, el tema era la desconexión con formas de socialización propias de la cultura, la cual se da, bien sea, porque nacimos por fuera de la comunidad o por la temprana partida de nuestro territorio; y comprendí que la distancia nos alejó de las prácticas y formas de comunicación propia del ser wayuu. 9 Este proceso de introspección y reflexión nos permitió darnos cuenta que espacios y rituales como el Sutapaulu -encierro de la majayut-1 (niña que se convierte en mujer) y el encuentro intergeneracional familiar y comunitario, constituían esas formas de socialización propias que se han venido perdiendo. Y que, si bien en nuestras escuelas existe una propuesta de etnoeducación en muchas oportunidades prácticas como la del tejido no se incorpora, bien porque no cuentan con los recursos para ello (telares, hilos, etc.) o porque los productos del tejido mismo no son valorados ni simbólica, ni económicamente. Por ello, aunque la tesis sigue teniendo como eje central el chinchorro, el tema de fondo consiste en cómo éste se convierte en un motivo para generar una conexión que nos permite afirmarnos en nuestras propias prácticas culturales y comunicacionales. Este hallazgo nos dio un giro al tema central de este trabajo; el chinchorro sigue siendo un eje importante, pero el foco de atención está en la reconfiguración de esas prácticas identitarias del ser wayuu, para permitirnos a las generaciones que no tuvimos esa socialización inicial, o que nacimos fuera del territorio originario, establecer una conexión a través de la propia experiencia, y que el chinchorro sea el motivo para reconstruir el vínculo ancestral. Otro aspecto que fue un reto para nosotros fue el de construir un abordaje que nos permitiera comprender este proceso de pérdida, que fuera a su vez lo suficientemente potente como para contribuir a un proceso de transformación a partir de un proyecto de gestión. Fue en este momento en el que en un diálogo afortunado con nuestro tutor nos lanzamos en la aventura, un poco compleja, de retomar un diálogo similar al de la conformación de nuestro territorio y 1 “Periodo en el que las niñas que van a tener su primera menstruación son encerradas en rigurosa soledad en una ranchería tapada por cortinas para dejarse inculcar valores y costumbres femeninas propias de la comunidad y que dan paso a la edad adulta. Se trata de un ritual ancestral que, aunque pueda resultar chocante para la cultura occidental, es considerado por los Wayuú como un honor para la mujer y su familia, que logran obtener un nivel de respeto superior después de salir exitosas de este sacrificio personal”. Recuperado en: https://sites.google.com/site/twayuu/nacion-wayuu/sutapaulu https://sites.google.com/site/twayuu/nacion-wayuu/sutapaulu 10 que implicaba poner a dialogar, por un lado, la concepción de comunicación propia, la cual se ha ido construyendo desde los mismos procesos de los pueblos indígenas de este continente, con algunos conceptos europeos en los cuales encontramos una gran potencia y afinidad para poder entender y proyectar nuestras dinámicas culturales, como lo es de capital simbólico. No estamos aún seguros de haber articulado completamente este diálogo, pero confiamos en que el avance que logramos desarrollar, al menos nos lleva a pensar en la posibilidad y utilidad de este tipo de diálogos conceptuales para entender nuestra cultura. En lo metodológico, como es natural en este tipo de procesos, todo el tiempo estuvimos tentados a desarrollar un proceso esencialmente participativo, liderado en mayor medida por la propia comunidad. Sin embargo, nos fuimos haciendo conscientes de que un abordaje de estas características no es fácil de alcanzar a desarrollar en los plazos y tiempos dedicados a un trabajo de grado de maestría. Por tal razón, buscamos un modelo de gestión intermedio, que nos permitiera en primer lugar analizar el contexto de una manera compleja, estableciendo diferentes interacciones, así como formular una propuesta de gestión que involucrara distintas estrategias y diferentes actores, de acuerdo con su rol, en la cual si bien en principio las decisiones no son tomadas de manera directa y autónoma por los mismos sujetos, la idea fue de invitarlos y seducirlos a participar en propuestas previamente formuladas, pero que fueron consultadas con ellos y que finalmente pudieron ser readaptadas de acuerdo con sus procesos e incorporadas a sus propias dinámicas. Con este norte fijado, y con el apoyo de la comunidad de Puerto Estrella y sus artesanas, a quienes agradecemos profundamente, nos embarcamos en esta linda y nutrida aventura, que narramos en las siguientes páginas. 11 En un primer capítulo encontrarán una comprensión de la situación del proceso de pérdida de la práctica del tejido del chinchorro y los roles y sentidos que involucraban a distintos actores en este proceso, construida a partir de los testimonios y percepciones de la comunidad, para lo cual desarrollamos tres visitas a Puerto Estrella, donde a través de grupos focales, entrevistas y talleres con madres, jóvenes, abuelas y artesanas se lograron entender los principales focos de problema y las posibles alternativas de solución. Luego, un segundo capítulo que contiene los referentes teóricos y conceptuales que logramos definir para sustentar el proyecto. Para ese fin, como mencionamos hace un momento, decidimos asumir una aventura, que se podría definir como un tanto ecléctica, para la comprensión y valoración de los saberes ancestrales y su rol dentro del proceso identitario de la comunidad. En tal sentido, abordamos, por un lado, la compresión de los saberes ancestrales, que según la Organización de las Naciones Unidas “son un patrimonio cuyo valor no se circunscribe sólo a las comunidades originarias, sino que constituye un valioso recurso para toda la humanidad” (Unesco, 2001), y la identidad étnica a partir de la comprensión de los procesos de producción cultural desde Clifford Geertz, comprender la cultura como un entramado que sustenta la identidad de sus miembros. Ahora bien, entendiendo que tanto el tejido como los mismos saberes ancestrales, producto de los procesos de colonización, se mueven en un proceso de intercambio de valoraciones sociales, en torno a los sentidos de las mismas prácticas, asumimos que una lectura de estos saberes desde la perspectiva de los capitales simbólicos de Bourdieu podría ser muy útil al momento de pensar en procesos de revalorización de los saberes y de la misma cultura ancestral. Finalmente, la comprensión de la comunicación se asume desde dos perspectivas: en primer lugar, entendiendo las dinámicas de comunicación propia, que caracteriza las formas de interacción de la cultura wayuu y, en segundo lugar, una perspectiva de 12 la denominada “comunicación para el cambio social” como un sustento de la estrategia de comunicación que se propone en la medida en que este abordaje pone como sujetos y actores de la comunicación a la misma comunidad. En el tercer, cuarto y quinto capítulo abordamos el diseño y formulación del proyecto que busca fortalecer esa identidad pérdida del ser wayuu; allí incluimos entre otras cosas la estrategia a implementar con sus actividades específicas, el plan de seguimiento y evaluación, y el presupuesto. Vale la pena resaltar que, gracias a las entrevistas y grupos focales que realizamos con jóvenes y mujeres mayores de la comunidad y a la información recogida, fueron surgiendo ideas sobre las acciones más asertivas a implementar como estrategia de comunicación, adicionalmente en discusiones con nuestro tutor, Jair Vega Casanova, encontramos que el modelo más pertinente era el Modelo SBCC. (Manual profesional. Social and Behavior Change Communication. C Modules: Módulos 1, 2, 3, 4, y 5). En el sexto capítulo presentamos el proceso de implementación y los resultados principales obtenidos de las actividades de comunicación ejecutadas. Aquí mostramos el trabajo desarrollado con las estudiantes, profesores y directivos de la Institución Educativa Rural de Puerto Estrella, con quienes se hicieron talleres, cursos y procesos asociativos sobre el tejido y el chinchorro. Adicionalmente, incluimos las actividades realizadas con mujeres tejedoras, jóvenes y formadoras que viven en Puerto Estrella. Así mismo, los procesos de gestión que realizamos tanto con empresas privadas como con entidades públicas, de tal forma que se posibilitara el desarrollo de este piloto, así como la posible continuidad del proceso. Finalmente, se concluye con los logros y conclusiones del proceso de implementación de la estrategia, nuestros aprendizajes y contribuciones, a partir de este ejercicio, con una academia interactuante con las comunidades. 13 Les invitamos entonces a continuación, a acompañarnos, con su propia lectura, en el proyecto “Fortalecimiento de la identidad del ser Wayuu a través de la construcción de capital simbólico mediante la recuperación de la práctica del tejido del Chinchorro. Una experiencia en la comunidad de Puerto Estrella, Alta Guajira, Colombia”. 14 COMPRENSIÓN DE LA SITUACIÓN Para el abordaje del proyecto tomamos como base el módulo 1 del Modelo SBCC (Social and Behavior Change Communication), que no utiliza los conceptos de diagnóstico o análisis del problema para esta primera fase de aproximación investigativa, sino el de comprensión de la situación, porque más que enfatizar casi que de manera exclusiva en las carencias, limitaciones o problemáticas, lo que hace es analizar una situación dentro del contexto en el cual se presenta, incluyendo por supuesto su expresión problemática que nos llama a su abordaje, pero comprendiéndola en su contexto, incluyendo tanto las dinámicas que la originan, la forma como se comunica (o se incomunica), así como los potenciales que existen en el mismo contexto para construir soluciones o alternativas de acción. El concepto de comprensión de la situación se ajusta más a lo desarrollado y a los hallazgos encontrados. Como lo expresamos en la introducción, inicialmente nuestro foco de atención fue el chinchorro, y en torno a él elaboramos una estructura de trabajo en la comunidad. Desarrollamos un proceso de consulta participativa en el corregimiento de Puerto Estrella, Alta Guajira, involucrando en un primer momento como público interlocutor a mujeres wayuu con algún conocimiento sobre el chinchorro. Se podría decir que el número de mujeres artesanas de este corregimiento es aproximadamente de 70, de la cuales por lo menos el 50% conoce el arte de la tejeduría del chinchorro (Artesanías de Colombia, 2018). En principio, desarrollamos un grupo focal en el que participaron 10 mujeres artesanas; 12 entrevistas con mujeres artesanas y no artesanas, entre los 25-55 años de edad, provenientes de distintas comunidades del corregimiento de Puerto Estrella, y un taller con 25 jóvenes, hombres y mujeres, estudiantes en los grados 9, 10 y 11 de la Institución Educativa Rural de Puerto Estrella. El grupo focal y el taller se desarrollaron en lugares públicos de la comunidad en 15 el propio municipio, mientras que las entrevistas se aplicaron en los lugares de residencia que actualmente tienen las mujeres oriundas del corregimiento, tales como la comunidad de Nazaret, Santa Ana (Alta Guajira), el municipio de Maicao (Media Guajira) y Canadá (vía Skype). De manera simultánea a estas visitas, para comprender de mejor manera la situación de pérdida de la práctica de la tejeduría del chinchorro, fuimos adelantando una revisión bibliográfica que nos permitió darnos cuenta de la inexistencia de trabajos que aborden el tema de la ‘tejeduría del chinchorro wayuu’ desde un enfoque socio-cultural y comunicativo. Los trabajos investigativos sobre el tejido en la Guajira y en la cultura wayuu están relacionados con el tejido de la mochila y la incidencia de la artesanía en los procesos económicos. Este hallazgo, más que una limitación, lo tomamos como una justificación que afianza la importancia de este trabajo para el fortalecimiento de la identidad del ser wayuu. Los resultados que obtuvimos en este proceso los dividimos en tres segmentos de la siguiente forma: origen, usos y significado del chinchorro, perspectiva económica-social, y problemática en la transmisión del saber - posibles soluciones. Chinchorro: origen, significado y usos. Una mirada desde la identidad “Quisiera aprender porque es la máxima expresión del tejido wayuu, a nivel de identidad es muy importante saberlo, sobre todo a nivel técnico es muy interesante. Pocas culturas han desarrollado diversidad técnica en un telar vertical como lo hace la cultura wayuu. Sí me gustaría aprenderlo y manejar la técnica”, Jennibeth Iguarán (2018), mujer wayuu, residente en Bogotá, nunca aprendió el tejido del chinchorro. Pudimos constatar que para las mujeres del corregimiento de Puerto Estrella la importancia del chinchorro radica en su uso, en su elaboración y en su valor cultural como elemento transmisor de la identidad del ser wayuu, a través del tiempo. Su uso no está limitado a 16 ser un objeto que facilita el descanso y la comodidad, para ellas el chinchorro es una estrategia de comunicación propia que estimula el diálogo y la reflexión del conocimiento. Kadry Suárez (2018), integrante de la comunidad de Taguaira, nos decía que “cuando uno quiere pensar, no se sienta en una silla, sino que se recuesta en un chinchorro”. El chinchorro está presente en todas las etapas importantes de la vida de un wayuu: al nacer, el jou (bebé) siempre permanece en él, cuando la niña se convierte en majayut y es llevada al encierro (práctica que en la actualidad poco se realiza), la mayoría del tiempo está recostada en su chinchorro y es allí donde lo aprende a tejer; en momentos de conflictos el laula (adulto mayor/viejo) , cuya palabra es respetada y acatada por sus familiares, habla desde su chinchorro, y finalmente cuando muere un wayuu y cuando se realiza su segundo entierro, es velado en su chinchorro. La tejeduría del chinchorro es una labor que se realiza colectivamente. En este proceso participan integrantes de una misma familia o amigas cercanas. 17 En palabras de las mujeres, la importancia de su proceso de creación y elaboración, particularmente para las mayores tejedoras, radica en la dedicación, el esfuerzo y la interacción social que se logra en el proceso de tejeduría del chinchorro. El chinchorro es visto por ellas como un medio de subsistencia, como una actividad que les permite mejorar la calidad de vida de sus familias, así lo reconoce Sorleydis Romero (2018), una joven tejedora, perteneciente a la comunidad indígena de Puerto Estrella, quien resalta la labor de las madres: “muchas de las que tejen aquí, lo hacen para darle estudio a sus hijos y eso es un gran esfuerzo, estar sentadas casi todo el día, nos duele la columna y la vista”. Debido a la complejidad de la técnica del tejido que se requiere para la elaboración del chinchorro, su proceso necesita del trabajo conjunto de varias mujeres. Tradicionalmente el núcleo familiar se reunía para su elaboración, así lo describe la tejedora Madeleine Morales (2018), integrante de la comunidad de Mamatoco, Puerto Estrella: “mi grupo somos mis hermanas y mi mamá, cada una en su casa va haciendo, pero tenemos las costumbres de reunirnos los domingos”. En la actualidad esta práctica no es exclusiva la relación de familiaridad y se extiende a las vecinas, amigas, etc., tal como lo expresaron la mayoría de las participantes en el grupo que entrevimos en esta primera etapa, el cual está conformado por amigas cercanas, comadres y familiares. Encontramos también, en cuanto al valor del chinchorro como elemento de la identidad del ser wayuu, que el tejido se convierte en la forma de comunicar las concepciones sociales, naturales y cosmológicas propias del territorio indígena. Las mujeres jóvenes entrevistadas coincidieron en percibirlo como la máxima expresión de la cultura. En palabras de Carol Solano (2018), integrante de la comunidad de Santa Ana, “es donde se teje la expresión, los colores y las cosas que a diario se vive y lo que han vivido nuestros ancestros. Con el tejido nos comunicamos 18 y nos conectamos con nuestra identidad”. Es decir, allí se plasman las costumbres tradicionales, cada parte del chinchorro tiene representaciones del territorio, de los clanes, de la estética del mundo indígena; incluso, hay dibujos que se heredan a través de las generaciones. Todas las mujeres entrevistadas en este momento de comprensión de la situación, tanto las artesanas mayores, como las jóvenes, coinciden en que el chinchorro es un elemento básico de la identidad wayuu. Particularmente las mujeres jóvenes, tejedoras o no, resaltan su valor. Enunciaciones como: “expresión de la tradición y la cultura”, “es un arte”, “representación de los wayuu”, se repiten al describir el significado del chinchorro. La joven artesana Gala Kuasth (2018) específica en una frase su importancia: “hace parte del ser wayuu”; para ella “wayuu que no tenga chinchorro, no es wayuu”. Y es que, a pesar del costo de los chinchorros, toda mujer y todo hombre de la etnia, sin importar su condición, tiene su chinchorro; la madre de Gala, Digna Kuasth (2018), lo aclara con la siguiente afirmación: “el pobre, por muy pobre que sea, no duerme en el piso, duerme en su chinchorro”. El wayuu atesora sus chinchorros, son guardados y cuidados como objetos de altísimo valor. El chinchorro en el que duermen a diario en sus rancherías no es el mismo que llevan a los cementerios cuando hay sepelios o exhumación, de hecho, para esas ocasiones buscan y escogen el que consideren mejor, porque es el escenario más propicio para exhibirlos. El chinchorro es parte elemental del wayuu, no solo como un objeto sino como una representación de su ser. Así lo han expresado este grupo de mujeres del corregimiento de Puerto Estrella, mayores y jóvenes, tejedoras o no tejedoras, quienes coinciden en definirlo como un elemento básico de la cultura que narra historias de vida, y que habla del esfuerzo y el talento de quienes lo elaboran. 19 En la actualidad, así como en el chinchorro se expresa la riqueza tradicional, también se plasman situaciones externas a la cultura wayuu que en ocasiones generan choques con la tradición y que han caracterizado momentos históricos determinantes en la historia. Jennibeth Iguarán, mujer wayuu de la comunidad de Santa Ana lo explica de la siguiente forma: “se ha influenciado mucho porque vienen estas modas de hacer los dibujos del contexto como hacer unos burros, la familia en los flecos, o de flores, o marcados. Un mal ejemplo son los chinchorros que no tienen nada wayuu, que son influenciados por marcas comerciales, por ejemplo, los chinchorros de la marca Tommy Hilfiger, o los de Old Parr” (Iguarán, 2018). Es decir, el tejido en los chinchorros narra historias y la tendencia en sus diseños demarca ciclos sociales y culturales en la vida de los wayuu. Los chinchorros con imagen de productos como los que menciona Jennibeth Iguarán responden un periodo histórico en el que, en el departamento de La Guajira, y particularmente en la etnia wayuu, el contrabando fue el motor de desarrollo por ser la principal fuente de empleo para miles de indígenas. Con el contrabando la región se llenó de productos extranjeros, entre ellos el whiskey, los cigarrillos y la ropa, que aún hoy persisten como diseño elegido en chinchorros y mochilas. Tal como lo explicamos en párrafos anteriores, el oficio de la tejeduría de manera general aún existe como elemento vital de la vida cotidiana, gracias a la transmisión del conocimiento de forma generacional; aunque en la producción se reconoce la elaboración de unos productos más que otros. Por ejemplo, los fajones son poco utilizados, ya que la forma de vestir de los hombres wayuu ha cambiado a lo largo del tiempo, en la actualidad solo algunas comunidades usan el taparrabo; los chinchorros, pese a que aún son tejidos y producidos de manera regular, con el relevo generacional están sometidos a una latente amenaza de extinción, porque según un grupo 20 de artesanas de Puerto Estrella a las jóvenes no les gusta ni les interesa tejer. De hecho, Anelee Kuasth (2018), joven de 16 años de edad expresa: “no me gusta tejer porque me aburre y me da sueño”. Elizabeth Pushaina (2018), de 17 años, asegura: “me gustaría aprender, pero no para hacerlo siempre, porque la verdad no soy muy constante y no tengo mucho tiempo”. Las jóvenes se interesan más por el tejido de la mochila. Una razón de ello, según Juana Iguarán (2018), es que para la realización de un chinchorro se requiere del trabajo de 5 o 6 personas al tiempo, los valores de comercialización por unidad oscilan entre 800 mil pesos y dos millones pesos y su tejido requiere alrededor de 3 o 4 meses; mientras que las mochilas han ganado fuerte relevancia en la economía y en el entorno social de los habitantes de la Región Caribe. En la actualidad, hay un interés por volver a los diseños tradicionales, pero en la técnica ha habido cambios que responden a una necesidad social y económica: realizar el chinchorro en el menor tiempo posible para venderlo igual de rápido y poder obtener el sustento de la familia. En este afán se pierde la calidad del tejido, y el precio depende de la necesidad de la artesana y no del valor real de su producto, así lo reitera Madeleine Morales (2018): “la calidad desmejoró bastante, tal vez por el afán de terminar, ya no tienen paciencia, ya buscan es tener rápido el trabajo para tener la plata”. Una mirada económico-social del chinchorro La comercialización del chinchorro, y en general de los productos artesanales wayuu, se ha visto viciada por la negativa de los compradores a pagar el precio justo. Es recurrente la dinámica aventajada de quien compra a un precio mínimo para revender, manifiesta la artesana Digna Kuasth (2018), quien puntualiza que el caso de las mochilas “hay personas que no quieren 21 pagar el valor, para después venderlo hasta por el triple en la ciudad. Una vez fui a Bogotá y vi una mochila en 400 mil pesos, las que venden en 70 u 80 en Riohacha”. Si así sucede con las mochilas, con el chinchorro cuyo precio mínimo es de $800.000, el panorama es más complicado; recalca Madeleine Morales (2018) que “los chinchorros no son fáciles de vender a veces uno dura hasta tres meses vendiendo un chinchorro”. La realidad social, económica y política de la etnia wayuu, ha tenido afectaciones sobre su cultura, sin embargo, la esencia y el valor representativo de sus elementos permanece. El chinchorro, a pesar de los cambios en su diseño, conserva sus usos y proceso de elaboración, y con ellos su representación simbólica. Existe una concepción negativa de la tejeduría del chinchorro como oficio, tal como lo mencionaron las artesanas, puesto que esta demanda demasiado tiempo de elaboración y la rentabilidad económica es muy baja; lo que obliga a buscar las formas de que la comunidad desdibuje dicha percepción. Algo que en la actualidad dista mucho de la realidad, pues la dedicación en cuanto a tiempo utilizado para tejer un chinchorro, los costos de los materiales necesarios y el valor que los comerciantes ofrecen por el producto hacen que para algunos artesanos no sea rentable. “El valor promedio de un chinchorro es 1 millón 500 mil (en pesos), a veces cuando nosotras necesitamos mucho la plata vamos para Maicao y lo vendemos allá mínimo en 800 mil o 1 millón de pesos porque estamos necesitando el dinero y eso, y es ahí donde los alijunas se aprovechan del wayuu, quieren el producto casi regalado. Ellos deben tener en cuenta el esfuerzo que nosotros hacemos, estar sentadas casi todo el día a veces nos duele mucho la columna y la vista”, comenta Juana Iguarán (2018). 22 Así mismo, hay quienes creen que, pese a que la tejeduría del chinchorro wayuu brinda las condiciones mínimas para vivir, siempre y cuando existan compradores fijos, no las garantiza en un 100% por las dificultades de conseguir un buen comprador. “A veces cuando nos encontramos necesitados nos toca revender el chinchorro y ya que se vende afuera nos toca esperar desde que sale de ahí hasta que llegue a Maicao. Un ejemplo sería el chinchorro que le vendí a la señora Juliana, me duró como un año en pagar”, precisa Juana Iguarán (2018). Y hay quienes tildan el oficio como una actividad que demanda completa dedicación, como es el caso de Digna Kuasth (2018) quien cree que “el chinchorro es muy esclavizante”. “Yo para hacer chinchorro necesito todo el día porque si no, nunca voy a terminar”, agrega. La ubicación y distancia de Puerto Estrella, y de la Alta Guajira en general, con el resto del país, es otro de los factores que actúan negativamente en el proceso de comercialización, y que a su vez impide la catalogación de tejeduría del chinchorro como oficio; por ejemplo, Puerto Estrella se distancia de Riohacha, la capital del departamento de la Guajira, por casi 290 kilómetros, lo que representa un viaje en carro particular de 7 horas aproximadamente, en condiciones viales algo deplorables (vías en muy mal estado). De allí que Madeleine Morales y otras indígenas creen las nuevas tecnologías puedan brindar algunas soluciones en ese punto. Pues, pese a que las distancias no disminuirían, si ayudarían a mostrar sus productos y venderlos en diferentes latitudes, creando redes de comercialización. El Chinchorro, un saber ancestral que necesita ser transmitido En la historia de Colombia existen algunos ejemplos de pueblos ancestrales que perdieron unas o todas sus costumbres por la falta de relevo generacional, por la no difusión de los saberes 23 a las nuevas generaciones o por el exterminio y/o desplazamiento de las comunidades, como es el caso de la cultura Zenú2. Pero, hoy en día, nos enfrentamos a una nueva amenaza mucho más avasalladora, la digital, esa que se propone homogeneizar a la sociedad, eliminar la diversidad, amenaza que en tan poco tiempo ha logrado desplazar las relaciones personales hacia relaciones digitales, el trabajo presencial hacia el teletrabajo, mediado por las tecnologías, las noticias publicadas en medios tradicionales con amplio bagaje investigativo hacia las noticias cortas, simples, y en algunos casos falsas, por mencionar algunos casos; una era que muchos investigadores y académicos denominan “banal ” (Dinnen, Z. 2018); y que hace parte de esa comunicación apropiada que a diario penetra la cultura wayuu. Por esta razón es a través de la transmisión del conocimiento en tradiciones que permitan una socialización desde el fortalecimiento de la comunicación propia, que el arte de tejer se mantendrá vivo; una transmisión en la que las nuevas y antiguas generaciones tienen un papel fundamental. Los jóvenes han crecido en el siglo de la instantaneidad, de lo rápido y del ahora, de las nuevas tecnologías. Esta generación poco utiliza los encuentros grupales para hablar con los demás; por el contrario, conversan en reuniones mediadas por dispositivos y aplicaciones móviles. Por ello, este grupo social termina siendo un foco de atención que motiva a trabajar con mayor énfasis, para lograr que estas nuevas formas de comunicación del mundo globalizado, en vez de disminuir y/o impedir el interés por el desarrollo de la tejeduría del chinchorro, sirva de 2 En publicación del periódico El Tiempo, titulada “La lengua perdida de los Zenú”, escrita por Laura Cardona Muñoz en 2001, se afirma que “La lengua perdida de la tribu zenú es una de las principales preocupaciones de los indios de los 19 cabildos de Sucre y Córdoba”. Se afirma que esta lengua empezó a perderse con la llegada de los españoles al continente americano, y el posterior traslado de los indígenas a las ciudades; donde recibieron educación occidental. Recuperado en: http://eltiempo.com/archivo/documento/MAM-437164 24 un lado como vehículo de oportunidades en el ámbito comercial, y por el otro, como potencializador de la identidad wayuu. Por tal razón, es importante una construcción colectiva de estrategias de empoderamiento y aprendizaje que propendan para el mantenimiento de la tejeduría del chinchorro wayuu para lograr, de forma articulada, el fortalecimiento de esa identidad del ser wayuu; y para ello, tal como lo reconoce la comunidad a la cual entrevistamos, es relevante la participación de todos los wayuu: de las abuelas dueñas del saber ancestral, de los padres y madres formadoras, de las y los jóvenes que habitan el territorio, y de esos indígenas que han salido del territorio en búsqueda de nuevas oportunidades; pero sobre todo, de las y los niños que son el futuro viviente de la cultura wayuu; algo sobre lo que Sorleydis Ramírez (2018) diría: “para que el chinchorro se mantengan en el tiempo se debe enseñar de generación en generación. Por ejemplo, en mi casa todas tejemos porque mi mamá nos enseñó, a mi mamá la enseñó mi abuela y yo le estoy enseñando a mis hijas; es así como hacemos que la tejeduría del chinchorro permanezca en el tiempo”. Por otro lado, pese a que el chinchorro sigue siendo parte de la identidad wayuu, en la actualidad es evidente su baja evolución en materia de realización y comercialización, por ejemplo, es sorprendente escuchar decir por algunas jóvenes: “no sé cómo se hace un chinchorro”, “no conozco el telar”, “mi mamá no sabe, por eso yo tampoco sé”, etc. Según el grupo de tejedoras a quienes consultamos esta baja relación de los jóvenes con el tejido, específicamente del chinchorro, se debe a tres factores fundamentales: (1) la falta de enseñanza y aprendizaje en el núcleo familiar, que a su vez genera (2) desinterés en los menores, y (3) una mayor disposición para otros proyectos. La relación de la cultura wayuu con personas de otras culturas, que llamamos alijunas (en mi caso, Jennifer), ha representado cambios sustanciales en la vestimenta, en las formas de 25 alimentarse, en el idioma y en muchas otras costumbres tradicionales nuestras; esa relación artesanal y social ha variado con el tiempo; de allí que lo que significó el chinchorro para nuestros ancestros, se aleja mucho de lo que significa hoy en día para los y las jóvenes. Para Yeraldin Ramírez (2018), perteneciente a la comunidad indígena de Puerto Estrella: “los tiempos están pasando, ya las niñas no se ponen las mantas, van dejando la cultura de lado, por lo menos yo soy wayuu, pero no se hablar wayuu, yo me crié en Venezuela y porque me alejé de la comunidad perdí la lengua y las costumbres, pero yo sé tejer. Solo lo hago cuando vengo a la Guajira, si yo tejo un chinchorro sola no doy”. Por su parte, Digna Kuasth (2018), oriunda de Puerto Estrella, quien se desempeña como artesana, es mucho más enfática al nombrar la consecuencia de la creciente pérdida de la tejeduría del Chinchorro; para ella, la crisis artesanal radica principalmente en que la “mamás no les enseñan a las niñas a tejer”, lo que ocasiona que ruptura generacional en esa tradición. Esta tesis es reforzada por Fabielis González (2018), joven de 17 años, quien afirma que “de mi familia la única que sabe tejer es mi abuela, pero mi mamá nunca aprendió entonces yo no tuve quien me enseñara”; y Yasmeli González (2018), de 18 años, quien comenta que “ni mi abuela, ni mi mamá, ni mi tía tienen tiempo para enseñarme a tejer, por eso yo nunca aprendí”. El hecho de que las y los indígenas mayores no socialicen el conocimiento con las y los jóvenes acorta el diámetro de crecimiento y fortalecimiento de la tejeduría del chinchorro, lo que de manera potencial ocasionará la pérdida total de este oficio artesanal a mediano o largo plazo, y debilitará de manera progresiva la identidad del ser wayuu. Es así como, las estrategias comunicativas implementadas con la comunidad deben aprovechar y fortalecer los pensamientos de algunas de ellas que aún se interesan por catalogar la 26 tejeduría del chinchorro como oficio, como parte de la identidad wayuu, y a su vez, lograr el cambio de percepción de algunas otras que no se interesan por este arte. Por ejemplo, Gala Kuasth Pushaina, quien se ha dedicado a la tejeduría gran parte de su vida, de manera esporádica, cree que las mujeres deben aprender a tejer desde que son niñas, para que logren cogerle amor al arte y lo puedan ver como oficio. “Yo todavía tejo. Cuando estaba en la universidad me ayudaba vendiendo las cosas que tejía. Cada que puedo lo hago así sea un monederito que esté tejiendo, si yo pudiera dedicarme de lleno, lo haría. Me gustaría que mi hija aprendiera, incluso antes del desarrollo para que sea una experta después”, dijo Kuasth Pushaina (2018). Por su parte, Carol Solano Iguarán, de la comunidad indígena de Santa Ana, cree que, pese a que la tejeduría del chinchorro hace parte de la cultura wayuu, y que le hubiese gustado aprender, no está en su proyecto de vida a sus 30 años. “En este momento no tengo como, ya perdí la experiencia, ya perdí la oportunidad que tuve, pero sí hay algo que me hubiera gustado es aprender a tejer chinchorros y a tejer, porque hace parte de nuestra cultura, de todas las cosas que debemos aprender como wayuu como nuestros abuelos”, puntualiza Solano Iguarán (2018). El trasfondo de todo lo que encontramos en esta comprensión de la situación es que más allá de un elemento, lo que hay es precisamente una pérdida de la identidad del ser wayuu en niñas y jóvenes, en el que una complejidad de factores juega papeles importantes. No se trata sólo del chinchorro, sino de la pérdida de diferentes formas de trasmisión de comunicación propia, como el ritual del encierro, que constituye un momento crucial de enseñanza y aprendizaje para las mujeres wayuu, en el que se les prepara para la vida adulta, y donde el tejido 27 cobra protagonismo. Así como otros espacios de diálogo intergeneracional familiar y comunitario que se daban precisamente en torno al tejido del chinchorro. Fue precisamente en este momento en que comprendimos que, al no haber participado de estos espacios, tanto yo (Jennifer), como las jóvenes wayuu que consultamos, se produjo una ruptura en nosotras que nos privó de desarrollar una forma de comunicación propia de nuestra etnia, ya sea por no haber nacido en el territorio propiamente, como es mi caso, o por haber salido de él a temprana edad. Corroboramos que el tejido del chinchorro sí seguía siendo estructurante, pero que estaba relacionado con otros elementos como el estigma de que el oficio artesanal no garantiza una vida digna; el desinterés de las niñas y las jóvenes por aprender a tejer y dedicar parte de su tiempo a elaborar chinchorros; y porque las mujeres mayores (madres y abuelas) no comparten su conocimiento con las jóvenes. A lo anterior se le suman factores externos como la falta de políticas locales y regionales que incentiven la preservación de la cultura wayuu. El resultado a largo plazo de todos estos elementos, conducirán a la pérdida del conocimiento ancestral de la tejeduría del chinchorro en la comunidad de Puerto Estrella, y al debilitamiento de la identidad del ser wayuu. A continuación, un árbol de problema que recoge todo lo expuesto con anterioridad. Allí se presenta el problema central, sus causas directas, indirectas y de fondo, y su efecto a largo plazo. 28 ÁRBOL DE PROBLEMA Haciendo el abordaje diagnóstico en la comunidad de Puerto Estrella, Guajira, identificamos que la problemática central es la pérdida del saber ancestral wayuu en los jóvenes, en especial, el relacionado con la tejeduría de chinchorro, como consecuencia de la pérdida de la comunicación propia, la salida masiva de las jóvenes del territorio y el poco fomento de este arte ancestral en la escuela; lo que a largo plazo producirá la pérdida de la identidad del ser wayuu en las nuevas generaciones. Cabe aclarar que estas no son las únicas causas y efectos; sino, son las que se sintetizan para definir la estrategia de comunicación a implementar, entendiendo que la misma no puede responder a todas las causas ni a todos los efectos; pero si es la base para priorizar los públicos interlocutores y los actores claves con los cuales interactuará dicha estrategia; en este caso las jóvenes quienes han perdido un saber ancestral propio, las madres y abuelas responsables, históricamente, del proceso de comunicación propia por los cuales se da la transmisión del saber, y las escuelas, que si bien no hacen parte de los procesos de comunicación ancestral, sino de las proceso comunicativos de occidente, las políticas estatales los vinculan en los procesos de aprendizaje. 29 30 ANÁLISIS DE LAS PERSONAS Y ACTORES CLAVES En el proceso de tejeduría de chinchorro wayuu intervienen diferentes personajes, algunos con factores de influencias y otro como afectados. Se entiende como afectados ese grupo generacional que por las condiciones del problema planteado en esta compresión de la situación son el principal foco de atención. A este grupo pertenecen las jóvenes que por diversos factores culturales, sociales, económicos y personales no están aprendiendo a tejer chinchorro. La principal fuente de aprendizaje del arte de tejer estaba en cabeza de la familia (madre - abuela), por ello, este último grupo termina siendo la principal influencia de la problemática. El interés, ese que según las tejedoras de la comunidad de Puerto Estrella es la segunda causa del bajo aprendizaje de la tejeduría del chinchorro, comienza desde la casa. Por ejemplo, era la madre y la abuela materna Jóvenes wayuu oriundas de Puerto Estrella Madre y abuela, tejedoras oriundas de Puerto Estrella. Alcaldía de Uribia, Gobernación de la Guajira, Mincultura, Artesanías de Colombia y empresa privada. Institución Educativa Rural de Puerto Estrella. Fuente: elaboración propia a partir de Modelo del SBCC, módulo 1 (pág. 10 - 11) 31 las encargadas de preparar a las jóvenes para la vida, para asumir las labores de la casa cuando se casen, para desarrollar las artesanías, e incluso, de enseñarles a tejer. Sorleydis Romero (2018) asegura que las nuevas generaciones no aprenden a tejer porque: “no les ponen interés a esas cosas. Ellas dicen “mi mamá lo hace”, “ella trabaja por nosotras”, “nosotras estamos estudiando y cuando seamos profesionales las vamos a ayudar a ellas”. Esos son los pensamientos de las muchachas hoy en día, pero ellas no se dan cuenta de que su mamá necesita un apoyo”. Hoy en día, esa labor de enseñanza del tejido en general se le ha encomendado a las escuelas, internados y tejedoras, por ello, estas tres entidades hacen parte del segundo grupo de influencia directa en la problemática expuesta. En las escuelas e internados, por ejemplo, solo se enseña a tejer mochilas, por la rapidez y facilidad en el proceso de elaboración; el chinchorro por su parte no está incluido en el proceso de aprendizaje escolar. En el caso puntual de Institución Educativa Rural de Puerto Estrella, este último no se realiza por la falta de hilos y telar. Cuenta Denis Hernández, docente de la institución, “contamos con un sabedor (maestro) que se encarga de enseñarle a hombre y mujeres las artesanías, pero no trabajamos chinchorros, porque los materiales que tenemos (hilos) no son suficientes para ese tejido; además no tenemos un telar para enseñarle a las niñas” (Hernández, 2018). En cuanto a las mujeres mayores tejedoras, estas le enseñan a su grupo familiar más cercano, y a las niñas que por su propia voluntad se interesan en aprender. Pero en los años antiguos era casi que obligatorio que una mujer supiera a tejer chinchorro, era una condición esencial del ser wayuu, eso permitía y aseguraba la existencia de este conocimiento indígena, y 32 eran las madres y abuelas las encargadas de transmitirlo a las nuevas generaciones; esencialmente a través del encierro wayuu. El encierro wayuu es ese trance físico en el que la mujer, que pasa de la niñez a la adolescencia (majayut), era aislada de cualquier contacto con el exterior, durante 2 o 3 años. En este tiempo la abuela y la madre se encargaban de enseñarle todas las costumbres tradicionales de la identidad wayuu. Era un proceso de comunicación puro en el que la nueva mujer aprendía desde cómo atender el hogar, hasta cómo tejer las artesanías, incluido el chinchorro. Según la cosmovisión wayuu en este proceso natural el cuerpo de la mujer presenta diversos cambios en la piel y el organismo, por ello, ésta debe permanecer en reposo en un chinchorro, su cabello es cortada hasta el pegue, la única alimentación permitida es el agua de maíz, la piel no puede recibir los rayos solares, y como símbolo de su trabajo y aprendizaje durante el tiempo del encierro, debe tejer su propio chinchorro. En la actualidad esta actividad no se realiza de la misma manera; el encierro demora entre 2 o 3 días y la mujer sólo debe permanecer acostada en un chinchorro, en reposo; los demás procesos de aprendizajes son omitidos. Cabe destacar que las jóvenes que tempranamente salen del territorio no viven el encierro. Un tercer grupo de influenciadores que identificamos son la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), la Alcaldía de Uribia, por ser Puerto Estrella circunscripción territorial de este municipio, la Gobernación de la Guajira, el Ministerio de Cultura, Artesanías de Colombia y los comerciantes externos y/o empresas privadas; estas entidades y autoridades locales, departamentales y nacionales inciden en las políticas, proyectos y estrategias destinadas para la preservación de las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas, inclusive en el abordado particularmente en esta Comprensión de la Situación, pero su influencia en esta problemática se da de forma indirecta. 33 Todos estos sujetos y entidades participan de forma activa, con diferentes escalas, en el proceso de fortalecimiento de la identidad del ser wayuu, a través del mantenimiento de la tejeduría del chinchorro que plantea este proyecto. El ideal es lograr espacios que ayuden a preservar este saber ancestral de la cultura, logrando su relevo generacional, a través de procesos de comunicación propia y comunicación apropiada, enfocados principalmente a los jóvenes. Los jóvenes “no les ponen mucho interés o no les gusta porque les da pena mostrar nuestra cultura, porque quieren utilizar otras costumbres y cambiar las vestiduras; quieren ponerse vestido o pantalón”, comentó Juana Iguarán (2018). Serán ellos, los jóvenes, los encargados de mantener la tejedura del chinchorro a lo largo del tiempo; ellos ayudarán a que la identidad wayuu no se pierda, que esa relación territorio- comunidad-ancestralidad se fortalezca y que las relaciones y redes socio-familiares que se dan alrededor del telar permanezcan. A continuación, presentamos una síntesis del resumen de los públicos y actores claves, que abarca a las personas con directa afectación, de acuerdo a lo planteado en el módulo 1 de la Modelo SBCC. Este análisis nos permitió tener un panorama más amplio de los roles de las diferentes poblaciones, lo que nos ayudará posteriormente a abordar la estrategia de comunicación. 34 Lo que sabemos acerca del contexto de las personas Personas afectadas directamente Personas que ejercen influencia directa sobre ellas Personas que ejercen influencia indirecta sobre ellas Público interlocutor directo Jóvenes wayuu oriundas de Puerto Estrella Tejedoras wayuu oriundas de Puerto Estrella Familia (madre - abuela) Comerciantes externos y Artesanías de Colombia Alcaldía de Uribia, Gobernación de la Guajira y Mincultura Internados religiosos y escuelas de Puerto Estrella. Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC Información Saben o no tejer. Saben tejer Saben tejer. Los comerciantes compran los chinchorros a bajo precio para venderlos, en la mayoría de los casos, a precios elevados. Artesanías de Colombia aportan el fortalecimiento del tejido wayuu. Distribuyen los recursos culturales y del Estado en el territorio nacional mediante convocatorias. Participan del proceso formativo de las jóvenes. Velan por el desarrollo de las políticas sociales en las comunidades indígenas que aportan a fortalecimiento cultural y social. Motivación (actitudes, creencias) Aprender. Recuperar su cultura. Reconectarse con lo perdido. Enseñar, comercializar. No tienen como prioridad enseñar. Económica, vender productos indígenas como el chinchorro. Fortalecer el proceso comercial del tejido. Preservar las manifestaciones culturales en el país, el departamento y el municipio. Formación. Fortalecimiento de la autonomía y óptimos desarrollos de los derechos de los pueblos indígenas. 35 Capacidad de actuar Saben tejer. Disposición para aprender. Están agrupadas para tejer colectivamente chinchorros. Saben tejer Apoyan el proceso de comercialización del chinchorro. Distribuyen los recursos destinados para el fortalecimiento de la cultura en el país. Participan del proceso formativo de las jóvenes. Tienen incidencia en la apropiación de recursos para comunidades indígenas. Normas Es algo que hacen los mayores. Se ha hecho normal para ellas no tejer. A las nuevas generaciones les da pena tejer. Apoyan el proceso de aprendizaje de los jóvenes. Participan en el proceso de comercialización . Son ellas las encargadas de enseñar a sus hijas e hijos. Debe ser rentable para ellos el proceso de comprar y vender los chinchorros. Deben apoyar los procesos de fortalecimiento de la cultura wayuu. Aportan en el proceso de las competencias básicas y culturales de los jóvenes. Aportan a la integración de la comunidad y el fortalecimiento cultural. Fuente: elaboración propia a partir de Modelo del SBCC, módulo 1 (pág. 13 - 15) 36 RESUMEN DE ANÁLISIS El desconocimiento del tejido del chinchorro wayuu como oficio por parte de las mujeres jóvenes del corregimiento de Puerto Estrella (Alta Guajira), está contribuyendo a la pérdida de un saber ancestral propio de la identidad wayuu. Las madres, abuelas y mujeres mayores en general, no transmiten su conocimiento a las jóvenes, los comerciantes ofrecen precios que no reflejan el valor real de cada producto, y las organizaciones públicas carecen de iniciativas de apoyo para las tejedoras de chinchorros. Para superar este problema se requieren una serie de cambios por parte de cada una de las personas, grupos u organizaciones que intervienen directa o indirectamente en él. Las jóvenes wayuu necesitan motivación para aprender la tejeduría del chinchorro, y ver este oficio como parte fundamental de la cultura wayuu. Las mujeres mayores (madres, abuelas, y artesanas) necesitan propiciar encuentros con las jóvenes en los que puedan transmitir su conocimiento y recuperar aquellas costumbres que tenían este mismo propósito. Las entidades públicas, organizaciones independientes y asociaciones locales necesitan crear políticas públicas, gestionar recursos y apoyar iniciativas encaminadas a fortalecer el oficio de la tejeduría del chinchorro wayuu y la comercialización justa de los productos. ¿Qué está sucediendo? Se está perdiendo el saber ancestral wayuu, en especial el de la tejeduría del chinchorro. ¿Dónde y a quién? Entre las jóvenes de Puerto Estrella, Alta Guajira. ¿Cuál es el efecto? La pérdida de la identidad wayuu. ¿Quién y qué influye en la situación y con qué efecto? Las mujeres mayores no transmiten los conocimientos ancestrales a las nuevas generaciones; ni las motivan, ni les enseñan el arte de la tejeduría del chinchorro; esto, además de no garantizar el aprendizaje del tejido del chinchorro, genera la pérdida de este arte a largo plazo. 37 Así mismo, las jóvenes abandonan el territorio y se desconectan con la cultura, la identidad y el conocimiento ancestral. En la escuela, a pesar de tener un proceso de comunicación propia no incluye este tipo de saber ancestral. ¿Y como resultado de qué causas? El desinterés de las jóvenes por aprender el arte de tejer chinchorro, y el estigma de que de la tejeduría del chinchorro no se puede vivir. Planteamiento final del problema: Así como el mundo y la ciudad han cambiado, las culturas indígenas, que han sido las más resistentes a esos cambios, están afrontando procesos sociales, económicos y culturales que amenazan con eliminar ciertas manifestaciones culturales. En el caso puntual de Puerto Estrella la tejeduría del chinchorro wayuu es uno de ellos, lo que repercute en la pérdida de la identidad del ser wayuu. Las nuevas generaciones no están aprendiendo este arte, y el conocimiento de dicho tejido se está quedando a manos de las abuelas y madres. Las actuales formas de comunicación, la colonización cultural y las herramientas tecnológicas desvían el interés por el dicho aprendizaje y ofrece nuevos escenarios de relacionamiento social y cultural. El hecho de que este conocimiento no se transmita de generación en generación tendrá como consecuencia a largo plazo la pérdida del tejido del chinchorro y por lo tanto la pérdida del ser wayuu. Cambios que requiere el problema: Las jóvenes deben participar en procesos de aprendizajes de la tejeduría del chinchorro wayuu. Las mujeres mayores deben compartir el conocimiento con sus hijas para garantizar la apropiación de este arte en las nuevas generaciones. Las artesanas, la escuela y las entidades de gobierno deben participar de proceso de fortalecimiento del oficio cultural. Fuente: elaboración propia a partir de Modelo del SBCC, módulo 1 (pág. 33 - 35) 38 FORMAS DE COMUNICACIÓN Al iniciar este proceso, lo hicimos con la claridad de que existían formas de comunicación propia y apropiada, pero la principal sorpresa a la que nos enfrentamos fue encontrarnos con que el chinchorro es una de las formas de comunicación propia más importantes para los wayuu; a través de sus dibujos, y sus colores, hay una simbología que plasma su cosmovisión. Para la comunicadora Nasa Dora Muñoz, esas formas de comunicación propia en lo indígena están representadas en: “(1) La comunicación espiritual: relacionada con el origen cósmico, los seres espirituales y los mensajes de la Madre Tierra. (2) La comunicación familiar: Se basa en la trasmisión de saberes, conocimientos, prácticas de vida y de relación con el territorio y todos los seres. (3) La comunicación comunitaria: que se establece en espacios de información y toma de decisiones como las Mingas y asambleas. (4) La articulación: entre los medios y tiempos propios y aquellos que ofrecen las tecnologías de información, se incorporan elementos como la radio, lo audiovisual, lo escrito y las redes sociales” (Muñoz D., 2017) En el proceso de elaboración del chinchorro wayuu esta forma de comunicación está presente en cada uno de los dibujos que se plasman en el chinchorro, en los encuentros y desencuentros que sirven para tejer colectivamente, e incluso, en el proceso innato de comunicación con el que se transmitir el conocimiento del tejido del chinchorro a otras personas. Gala Kuasth Pushaina, integrante de la comunidad indígena de Santa Ana, Guajira, afirma que: “El chinchorro es parte básica de la tradición y de la cultura. Uno ve que ahora encierran a las muchachas, si acaso las encierran, pero les enseñan lo mínimo, solo a hacer mochilas y ya. Antes a uno lo encerraba la abuela y le ponían el telar y le enseñaban 39 diferentes tejidos. Ahora solo aprenden para vender, no para tener un conocimiento. Es necesario que se recupere, el paisano ahora teje el básico, el que usa y no hace más, entonces podría desaparecer” (Kuasth, 2018), Otras formas de comunicación propia presentes en la cultura wayuu son las Asambleas Indígenas y el Yanama (jornadas colectivas ceremoniales), ambos espacios en donde participa la comunidad y que sirven para conversar sobre la cultura, el territorio y sus necesidades; el voz a voz, y el reciente Festival de la Cultura Wayuu, que se ha ido consolidado como un escenario de fortalecimiento cultural. Así mismo, el encierro, por ser el eje fundamental de trasmisión de la cultura para las mujeres wayuu, también se constituye una forma de comunicación propia. Cuando la niña llega al desarrollo, es aislada de su comunidad y su familia, confinada a un espacio que compartirá solo con la abuela y la madre, quienes serán las encargadas de cuidar de su cuerpo y su espíritu durante el tiempo que ellas determinen debe durar el encierro. En ese lapso de renovación, se le enseña a la majayut el arte del tejido y se le prepara para el rol de líder que debe asumir en su familia. Ella entra al Encierro como una niña, pero sale como una mujer sabia y respetuosa de su cultura indígena. Aquí, el chinchorro, ese que aprendió a tejer y que ha tejido para ella con sus propias manos, simboliza el proceso de aprendizaje y la culminación de una etapa importante en su vida y el inicio de otra. Las reuniones familiares alrededor de la cocina, del comedor, y las que sucedían en las terrazas y en los dormitorios servían como mecanismo comunicativo propio de trasmisión de conocimiento. 40 Para Kadry Suárez el arte del tejido wayuu: “se está perdiendo, ahora solo los mayores, las abuelas, las mamás son las que hacen. Ya los hijos no lo hacen; como ellos no lo hacen, los que vienen más adelante, menos. Ya ni saben cuál es el significado de las figuras, se está perdiendo bastante eso y se está desvalorizando, por eso es importante que se sepa”. Durante el proceso de desarrollo de este proyecto nos resultó interesante ver cómo en el internado (escuela), también se están reproduciendo las formas de comunicación propia y que en ese espacio que podría ser apropiado, por conservar la forma de la escuela tradicional, se va constituyendo en un punto importante que cumple una función determinante en la comunidad. Las formas de comunicación apropiadas también juegan un papel importante, ya que les permite a las artesanas establecer conexión entre ellas y les facilita el proceso de comercialización. En la casa de Irene Iguarán el telar para hacer el chinchorro está ubicado en el kiosco donde toda la familia se sienta a comer. Ella vive en Maicao, Guajira, pero se trajo esta costumbre de Puerto Estrella, ya que el ejercicio de tejer le permite comunicarse con los demás integrantes de su familia y con visitantes. 41 “Cuando llaman para encargar un chinchorro, mi mamá llama a su comadre y a todas ellas, cada una hace una parte en su casa y allá las ayudan sus hijas. Aquí en la casa se sientan todas por ratos, una prima, una sobrina, las niñas” (Iguaran, J. 2018). Según Juana Iguarán así funciona el encargo (relación para elaboración, compra y venta) de los chinchorros. En este proceso el teléfono celular, elemento propio de la comunicación que ha sido apropiada de un entorno distinto al de la cultura wayuu, toma un papel fundamental al momento de hablar con los demás. A través de una llamada el comerciante, ya sea amigo o familiar, solicita un chinchorro bajo ciertas características; la líder de grupo se comunica vía telefónica con sus compañeras tejedoras: familiares, amigas o vecinas, para acordar el proceso de elaboración y la disponibilidad de tiempo de cada una de ellas para participar en el proceso y reunirse eventualmente; los avances, cambios y dificultades que se presentan durante el proceso, generalmente se informan por el teléfono. Así mismo, los dispositivos tecnológicos y las plataformas digitales ayudan en el proceso. Por ejemplo, la aplicación WhatsApp y los grupos que esta App permite se convierten en un medio de comunicación, ya sea para conversar o para mostrar sus productos mediante fotografías capturada con estos aparatos móviles. En la antigüedad no era posible tener un registro fotográfico de los tonos, diseños y dibujos; hoy en día con el despliegue de cámaras fotográficas en distintas herramientas tecnologías es posible fotografiar y compartir esas imágenes con otros dispositivos ya sea por Email, WhatsApp, Facebook, Instagram, Skype, etc. En la actualidad, tanto la comunicación propia como la apropiada representan un valor importante para la cultura wayuu, pero es necesario fortalecer y volver a esos procesos 42 comunicativos, de aprendizaje y de transmisión de conocimiento que utilizaban los ancestros, es decir, los propios de la cultura; ya sean de forma permanente o de manera simbólica. Así mismo, es importante que exista una sinergia entre los mecanismos de comunicación propia y apropiada para fortalecer, de manera puntual, la elaboración y comercialización del tejido del chinchorro wayuu. Así como lo sugiere Madeleine Morales: “La tecnología nos puede ayudar porque ahora uno tiene la facilidad de montar una página en internet y vender sus productos y enseñar a hacerlos. Eso le abre muchas puertas a uno. Lo mismo para venderlo, la gente de afuera que quiere un chinchorro se puede contactar con uno, y nos dice cómo lo quiere y hacer los pedidos”. En este sentido, la comunicación, las nuevas tecnologías y la globalización, en una convergencia, deberán ayudar a que tanto nativos (indígenas) como alijunas (no indígenas) encuentren en el chinchorro wayuu una forma de seducción, una pantalla para mostrar sus productos, y una herramienta para la difusión del conocimiento. Formas de comunicación más frecuente Comunicación propia Comunicación apropiada El tejido. Los dibujos que se plasman en el tejido. El encierro wayuu. Las asambleas indígenas. El Yanama. Voz a voz. Festival de la Cultura Wayuu (Uribia, La Guajira) Las llamadas telefónicas. Los chat y grupos por WhatsApp. Muestra de Cine y Video Wayuu (Uribia, La Guajira) Fuente: elaboración propia. 43 REFERENTES TEÓRICOS Y CONCEPTUALES Por tratarse de un trabajo de grado de una Maestría que requiere una fundamentación académica y teórica del proceso, decidimos mirar esta pérdida de identidad del ser wayuu, desde cinco conceptos claves: (1) capital simbólico (2) capital cultural, ambos conceptos referenciados en muchos de los textos de Pierre Bourdieu; (3) saber y conocimiento ancestral, (4) comunicación propia, introducido por la comunicadora Nasa Dora Muñoz; y (5) comunicación para el cambio social, como una manera autónoma de comunicar el conocimiento ancestral, articulando la comunicación propia con la comunicación apropiada. Pierre Bourdieu, en su artículo “Los tres estados del capital cultural” referencia este tipo de capital a partir de tres estados: el incorporado, que se relaciona con el organismo, con el ser; el objetivado, presente en los bienes culturales; y el institucionalizado, que es el que se debe garantizar. Refiriéndonos con mayor precisión al estado incorporado, el autor lo define así: “La acumulación del capital cultural exige una incorporación que, en la medida en que supone un trabajo de inculcación y de asimilación, consume tiempo, tiempo que tiene que ser invertido personalmente por el "inversionista" (al igual que el bronceado, no puede realizarse por poder): El trabajo personal, el trabajo de adquisición, es un trabajo del "sujeto" sobre sí mismo (se habla de cultivarse). El capital cultural es un tener transformador en ser, una propiedad hecha cuerpo que se convierte en una parte integrante de la "persona", un hábito”. (Bourdieu, 1987) Por su parte, Tania Pérez-Bustos aborda un concepto que puede relacionarse con este que propone Bourdieu, el conocimiento incorporado, que según ella se refiere a “un saber que se ancla y es posible gracias al cuerpo, que está en el cuerpo. Todo conocimiento está incorporado, pero no siempre ponemos de relieve el lugar de incorporación del conocimiento para legitimar su validez”. (Pérez, T. 2016) 44 Es este sentido, podríamos decir que podríamos abordar la tejeduría del chinchorro wayuu a partir de estos conceptos en la medida que no es transmisible inmediatamente de forma hereditaria, sino que se transmite con el aprendizaje, y es un conocimiento que transmite un portavoz a los demás. Un niño no nace sabiendo cómo tejer, pero su relación cultural en el territorio, y su vínculo materno sí le permite aprender este oficio rápidamente, de allí que puede ser objeto de transmisión hereditaria, y por consecuencia funcionar como capital simbólico. José Manuel Fernández, basando en el planteamiento de Pierre Bourdieu, en su texto “Capital simbólico, dominación y legitimidad. Las raíces weberianas de la sociología de Pierre Bourdieu” se refiere a este último concepto como algo que: “no es un tipo más de capital, sino un modo de enfatizar ciertos rasgos relacionales del capital en general. Por un lado, la noción de capital simbólico es inseparable de la de habitus, ya que tiene su origen en la necesaria dimensión fenomenológica de lo social, esto es, en el conocimiento y en el reconocimiento de los demás tipos de capital por parte de unos agentes sociales que disponen de determinadas categorías de percepción y de valoración” (Fernández, 2013). En este sentido, el capital simbólico “es un poder reconocido, a la vez que desconocido, y, como tal, generador de poder simbólico y de violencia simbólica (Bourdieu, 1991). La pérdida o ganancia de símbolos es entonces también una pérdida o ganancia de capital, de poder y de autonomía. Por ello la importancia de valorar un símbolo como propio, para que los demás hagan de él un reconocimiento y de esta forma se va reconociendo la fortaleza de la cultura. Por esta razón cuando las jóvenes dejan de reconocer el valor que tiene el tejido, le restan capital, y cuando por el contrario lo valoran, lo convierten en un capital simbólico y cultural que genera un reconocimiento. 45 Otro concepto que vale la pena revisar desde una perspectiva académica es el de comunicación para el cambio social; ya que la comunicación es eje central del proceso planteado en estas hojas, por la incidencia de las formas de comunicación propia y apropiada en el fortalecimiento de la identidad del ser wayuu, y los cambios que se propone generar a largo plazo las diferentes estrategias propuestas. Sobre este tema Alfonso Gumucio dice lo siguiente: “la comunicación para el cambio social es una comunicación ética, es decir de la identidad y de la afirmación de valores; amplifica las voces ocultas o negadas, y busca potenciar su presencia en la esfera pública. Recupera el diálogo y la participación como ejes centrales; ambos elementos existían entrelazados con otros modelos y paradigmas y estaban presentes en la teoría como en un gran número de experiencias concretas, pero no tenían carta de ciudadanía entre los modelos dominantes de modo que no alimentaron suficientemente la reflexión”. (Gumucio, A. 2004) Desde otra perspectiva, no solo se trata de aproximarse a nuevas formas de interacción y campos académicos; sino también, a cosmovisiones diferentes que han existido durante toda la historia, pero cuyo reconocimiento ha tomado tiempo. Por eso, quisimos conectarnos con una mirada diferente, que nace desde la razón de ser de los pueblos indígenas de Latinoamérica, y que ha surgido con fuerza durante los últimos 10 años aproximadamente; se trata de la comunicación propia, que integra las diferentes formas de interactuar y concebir el mundo de estos pueblos. Como hemos descrito anteriormente, Dora Muñoz, comunicadora Nasa del Norte del Cauca, identifica en las diferentes etnias, diversas formas de comunicación y de transmisión de conocimientos “nosotros también nos comunicamos o contamos de otras formas, no solo en 46 palabras y letras” (Muñoz, D. 2017) afirma. Se trata de una comunicación propia alimentada por el diálogo y el aprendizaje, en la que se comparte y se construye de forma colectiva. Desde este concepto, la comunicación está basada en “la trasmisión de saberes, conocimientos, prácticas de vida y de relación con el territorio y todos los seres” (Muñoz, S.F.,), en donde la mujer juega un papel determinante por ser la portadora de la cultura; por lo tanto, es protagonista en la trasmisión del saber ancestral de los pueblos indígenas ya que “ella garantiza la reproducción de la vida, la conservación de la memoria, la que interpreta la sabiduría de la madre tierra, es quien asegura la permanencia de la lengua y quien posibilita que las nuevas generaciones mantengan ese cordón umbilical” (Mincultura, 2017). Las comunidades indígenas tienen diferentes escenarios y elementos de comunicación propia. El tejido es uno de ellos, en él se expresa la simbología de cada etnia, es un lenguaje no verbal que integra cuerpo, pensamiento, historia y naturaleza. En las memorias del Encuentro de Escuelas y Procesos de Formación en Comunicación Indígena, realizado en 2017, se escribe: “para los pueblos indígenas su vida está escrita en la simbología que representa una mochila o jigra, un chumbe, un sombrero, un canasto, un okama o collar, una manilla, una mola, una estera o los utensilios necesarios para su casa a partir de elementos que brinda la madre tierra” (Mincultura, 2017). Es el caso de la cultura wayuu, en la que el oficio artesanal desarrolla una forma de comunicación propia a través del tejido. Es un arte aprendido de generación en generación, como una representación del conocimiento ancestral. Tradicionalmente es desarrollado por las mujeres mayores, quienes son las encargadas de enseñar a las más jóvenes. En esta cultura el arte de tejer incluye procesos culturales y productivos tales como la fabricación de mochilas, mantas, waireñas y chinchorro; siendo este último el que menos se 47 realiza en la actualidad en la comunidad de Puerto Estrella, Uribia, Guajira, por el tiempo y las exigencias que devenga su proceso de elaboración. Por tal razón, este ejercicio académico abordará directamente lo relacionado con este producto artesanal. Sobre el chinchorro, en el libro “Memoria de Oficio. Tejeduría del Pueblo Indígena Wayuu” publicado por Artesanías de Colombia, se explica que “son tejidos en telares, principalmente de horquilla, y consta de tres partes: el cuerpo, la cabecera y algunas veces la guarnición o flecos. La cabecera y el cuerpo van tejidos juntos, la guarnición se teje aparte y es cosido al chinchorro” (Artesanías de Colombia, 2016). La tejeduría wayuu se enmarca dentro del amplio concepto de artesanía, ya que los productos que de ella se derivan son realizados con técnicas manuales. Por ello incluimos el concepto de artesanía. La Unesco define la artesanía así: “los productos artesanales son los producidos por artesanos, ya sea totalmente a mano, o con la ayuda de herramientas manuales o incluso de medios mecánicos, siempre que la contribución manual directa del artesano siga siendo el componente más importante del producto acabado. Se producen sin limitación por lo que refiere a la cantidad y utilizando materias primas procedentes de recursos sostenibles. La naturaleza especial de los productos artesanales se basa en sus características distintivas, que pueden ser utilitarias, estéticas, artísticas, creativas, vinculadas a la cultura, decorativas, funcionales, tradicionales, simbólicas y significativas religiosa y socialmente”. (UNESCO, 1997) En este sentido, en el caso wayuu encontramos que sus productos están vinculados a su tradición y la cultura, en la medida en que la tejeduría, para su mantenimiento a través de los años, necesita de una trasmisión de generación en generación de ese saber ancestral. 48 La Unesco en su declaración universal de 2001 sobre la diversidad cultural establece que “los saberes tradicionales y ancestrales son un patrimonio cuyo valor no se circunscribe únicamente a las comunidades originarias, sino que dichos saberes constituyen un importante recurso para toda la humanidad, en tanto enriquecen el conocimiento mutuo por medio del diálogo, y permiten conservar el amplio espectro de la diversidad cultural existente en un territorio dado” (Unesco, 2001). En Colombia, con la promulgación de la Constitución Política de 1991 que abrió paso a lo pluriétnico y multicultural, se sentaron las bases para el reconocimiento del valor de los saberes y conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas; que hasta ese entonces no hacían parte de los currículos académicos de los colegios y universidades. Este avance permitió que, por ejemplo, hoy en día, en la Institución Educativa Rural de Puerto Estrella se dicte una clase sobre saberes ancestrales. El saber ancestral se expresa desde una cosmovisión profunda de una etnia, junto con otros saberes y conocimientos que configuran su identidad, de allí que el chinchorro se vincula a esta definición, desde una mirada wayuu. Su conocimiento se ha conservado a lo largo del tiempo por medio de la tradición oral y práctica, transmitida de generación en generación de madre a hija y/o de abuela a nieta. El sociólogo y teórico Aníbal Quijano asegura que “históricamente los saberes y conocimientos ancestrales, tradicionales y populares han sido víctimas de lógicas de colonialidad de poder y de saber” (Quijano, 2010 p 124); de allí que trabajar desde el concepto de saberes ancestrales permite decolonizar el conocimiento y darles un fuerte valor a los saberes occidentales, a los saberes de los pueblos originarios. 49 Es importante poner a dialogar los saberes ancestrales con los saberes científicos, tal como lo pretende este trabajo de grado. Este diálogo Boaventura de Sousa lo aborda en sus aproximaciones sobre ecología de saberes así: “es un conjunto de prácticas que promueven una nueva convivencia activa de saberes con el supuesto de que todos ellos, incluyendo el saber científico, se pueden enriquecer en ese diálogo. Implica una amplia gama de acciones de valoración, tanto del conocimiento científico como de otros conocimientos prácticos considerados útiles, compartidos por investigadores, estudiantes y grupos de ciudadanos, sirve de base para la creación de comunidades epistémicas más amplias que convierten a la Universidad en un espacio público de Inter. -conocimiento donde los ciudadanos y los grupos sociales pueden intervenir” (De Sousa Santos, 2004 p156). 50 ESTADO DEL ARTE Quisimos también revisar la literatura que se había escrito al respecto en proyectos como el nuestro y nos encontramos con trabajos realizados por Artesanías de Colombia, que si bien propende directamente por la comercialización y el emprendimiento de los artesanos del país, bajo el objetivo misional de incrementar la participación de los artesanos en el sector productivo nacional; ha realizado diferentes diagnósticos en las comunidades de la alta Guajira, pero con un enfoque netamente técnico centrado en la tejeduría como actividad económica. Es el caso del documento realizado en el 2016, en el que desarrollaron un trabajo de gestión comunitaria en la población de Puerto Estrella, lugar en el que se centra nuestra investigación. En dicho trabajo se analizó el papel de la tejeduría wayuu a partir del oficio y la técnica, la tradicionalidad en el tejido, las herramientas y equipos para la elaboración de las artesanías, la cadena, los procesos productivos y otras condiciones propias del tecnicismo de este oficio. En el trabajo titulado “Diagnóstico de la comunidad de Puerto Estrella” se presentan definiciones de tres productos tradicionales propios de sus procesos productivos, la mochila, los flecos y el chinchorro; sobre este último se escribe que: “es una pieza cuyo cuerpo es más o menos elástico y transparente, compuesta por tres partes básicas: el cuerpo (tejido central realizado en el telar vertical), la cabecera (serie de mallas trenzadas con los hilos terminales de la urdimbre) y las cabeceras (tejido de argollas que rematan en una agarradera anudada). El cuerpo es decorado por un par de flecos süpüna, piezas de textura acanalada que cuelgan de los lados del chinchorro. El cuerpo, es tejido en telar vertical con diversas técnicas, que dan nombre a tres diferentes 51 grupos: el trenzado o de tripa; el de cadeneta y el de cadeneta doble faz.”. (Artesanías de Colombia, 2016, pág. 8) Como se ha explicado, este trabajo brinda unas bases claras para abordar la tejeduría wayuu desde una mirada general bajo la lupa de lo técnico y lo productivo; pero no desde el campo social, simbólico y cultural que representa este oficio en una comunidad indígena wayuu; algo que nos ocupa en este proyecto de gestión, anclado directamente a la tejeduría del chinchorro wayuu en la comunidad de Puerto Estrella. Desde el campo académico referente a la producción simbólica y al fortalecimiento identitario en comunidades indígenas con similitudes al objeto de estudio de este trabajo se ha encontrado un limitado desarrollo académico del tema, pues el interés más evidente es el de producción económica. Así mismo, pese a que existen investigaciones y proyectos que abordan como tema central la tejeduría, son muy limitados los que se ocupan del chinchorro. La colombiana Tania Pérez Bustos en su investigación titulada “El tejido como conocimiento, el conocimiento como tejido”, resume la sistematización de experiencias y diseño participativo del tejido como práctica de cuidado en Cartago, Valle del Cauca. Su foco de atención se centra en el saber-hacer y el conocimiento de las caladoras, haciendo referencia a que es un conocimiento que se encuentra en las manos de las artesanas. (Pérez B, T. 2016) Durante el trabajo comunitario la investigadora participó en algunos intentos realizados para que un grupo de ingenieros pudieran “mecanizar” las técnicas con las que dichas mujeres realizan los calados, con el objetivo de que tuvieran resultados similares en calidad. Sin embargo, el proceso no fue posible solo con la observación, las mujeres no pudieron transmitir su conocimiento con explicaciones orales, sino que la manera de enseñar lo que ellas saben hacer fue a través de sus manos, enseñando el ejercicio de trabajar con textiles, hilos y agujas. En este 52 sentido, el artículo que se produce de esta investigación sustenta que la artesanía no se puede descontextualizar de su entorno local. Si damos una mirada al trabajo investigativo de otros autores en el contexto latinoamericano encontramos que en países como Argentina y México se ha abordado las prácticas artesanales indígenas teniendo como referente el capital simbólico y social del oficio. Alejandra López Salazar y Ricardo Contreras Soto, por ejemplo, a partir de los conceptos de Capital social, Capital simbólico, Capital Cultural y Capital Comercial analizaron las empresas tradicionales de Celaya - México, específicamente los talleres artesanos. Su investigación titulada “Análisis sobre capital social, cultural y simbólico en las empresas tradicionales de Celaya: talleres de artesanos”, encontró que el capital cultural está presente en el 72.22% de los casos. El capital simbólico se manifiesta en el 33.33% de los talleres artesanos. El capital comercial está presente en el 27.77% de los talleres de artesanos. El capital financiero se presenta en el 38.88% de las actividades de emprendimiento de talleres artesanos. La presencia de la tecnología es muy baja en el gremio de los artesanos al representar sólo el 11.11%. (Lopéz, A y Soto, R. 2009) Los autores revisaron 420 testimonios a partir de la pregunta abierta: ¿Nos podría contar brevemente la historia de la empresa, qué problemas tuvo y cómo los solucionó? A partir de dicha pregunta se reconstruyeron los entramados sociales y culturales implicados de acuerdo al discurso, en los procesos en que las personas emprenden un negocio. En este mismo sentido, la investigación “Las potencialidades artesanales. Un análisis desde la perspectiva de desarrollo sostenible para su revalorización y empresarialidad turística”, de María Verónica Campaña, Cristian R. Molina y Ariel Romero Fernández, identificó la forma 53 en que las potencialidades artesanales pueden incidir en el crecimiento económico de los artesanos, particularmente dentro del sector del turismo. “es una forma de compartir sus conocimientos heredados y su cultura. Para lograr el crecimiento esperado es necesario darle un mejor aprovechamiento a las habilidades con las que cuentan los artesanos para que su oficio les permita tener los ingresos necesario para una vida digna”. (Campaña, M., Molina, C. y Romero, A. 2015) Este trabajo permitió diseñar una herramienta para el inventario de las potencialidades basado en los cuatro capitales, el mismo que debe rediseñar sus indicadores de acuerdo a las particularidades propias del sector al que se aplica. Se crea a partir de este estudio la metodología P.A.R.E. “Potencialidades Artesanales hacia la Revalorización y Empresarialidad” la misma que, utiliza como base de su diseño metodologías como Marco Lógico y P.R.A. organizando los procesos que les permitan a las asociaciones del sector emprender acciones para elevar sus niveles de ingresos, llevando los pequeños talleres a convertirse en micro empresas y a éstas al siguiente nivel revalorizando su oficio en la sociedad. Por su parte, en Argentina, Mónica B. Rotmán realizó un estudio de caso de la Feria de Artesanías y Tradiciones Populares del barrio Mataderos de la ciudad de Buenos Aires; en el cual se analizaron algunos aspectos característicos de las artesanías que allí se exhiben y se venden. El estudio se tituló “Artesanías y recreación de una identidad nacional”. Según la autora, el gran objetivo de la Feria en Matadero es “el fortalecimiento de la identidad nacional, que algunos llaman argentinidad. De allí, la importancia que representa la iconografía y los símbolos que se exhiben y se recrean durante este evento, que termina aportando a de manera constructiva a la experiencia e identidad de todos los participantes y visitantes”. (Rotman, M. 2017) 54 La misma autora a través de una revisión bibliográfica publicó una construcción conceptual titulada “Modalidades productivas artesanales: expresiones de “lo local” en un mundo globalizado”, en el cual infiere que las artesanías dan cuenta de una diversidad de situaciones productivas y de comercialización asociada con una multiplicidad de particularidades culturales; lo cual “ha dado un nuevo protagonismo a lo nacional y a lo local y a la construcción de diferentes identidades, particularmente al oficio de los artesanos que hacen parte del patrimonio cultural de los países”.(Rotman, M. 2005) Para Rotmán, “Lo nacional’ debe ser planteado desde una perspectiva comprensiva de la diversidad, cabe insistir en las posibilidades de construcción de la nación a partir del reconocimiento de las diferencias existentes. Se llega a lo nacional no sólo a través de las diferencias provinciales, sino también mediante la consideración de las heterogeneidades que plantean los pueblos originarios”. (Rotman, M. 2005) Por todo lo anterior, y por los pocos trabajos de investigación, participativos y de gestión que se han realizado, es válido abordar el tema de la tejeduría del chinchorro wayuu desde una perspectiva social y relacional. 55 DISEÑO Y FORMULACIÓN DEL PROYECTO JUSTIFICACIÓN La justificación de un proyecto como este implica hacerla desde tres ámbitos: el personal, el disciplinar y el social. La justificación personal de quienes realizamos este proyecto, está anclada a nuestra historia personal y familiar, a la necesidad de recuperación de símbolos perdidos durante los caminos transitados, que, a pesar de habernos llevado a diferentes lugares, nos retornan hoy a nuestro origen y nos retan a recuperar todo lo perdido. Mi nombre es Jennifer Iguarán Pimienta, indígena wayuu del clan Uriana, casta heredada de mi madre y mi abuela. Mi territorio ancestral es la Alta Guajira, sin embargo, a los 7 años salí de La Guajira para emprender un improvisado proyecto de vida familiar, muy lejos de nuestras raíces. El desarraigo me impidió conectarme con mi cultura en la forma en que una mujer wayuu debe hacerlo. La distancia me privó de aprender la lengua materna, y me imposibilitó adquirir el conocimiento y la espiritualidad que comienza con el rito que marca la vida de toda mujer wayuu: el encierro. Todo lo que debí aprender en mi ranchería, encerrada con mi abuela, lo tuve que observar de lejos en las demás mujeres, en una lengua que no entendía. El telar, los hilos y las agujas nunca llegaron a mis manos, entonces esa conexión que establecen las mujeres wayuu a través del tejido, tampoco la obtuve. Sin lengua y sin conocimiento alguno del oficio natural de nuestras mujeres, decidí buscar mi propia forma de reconectarme con el universo indígena y de aprender a tejer sin hilos. Tejer para mí, ha sido volver al territorio, investigarlo, reconocerlo y aprenderlo. 56 Yo por mi parte, Ariel Cuello de la Ossa, un alijuna oriundo de Sincé – Sucre; vivo en Cartagena desde 2009 cuando comencé a estudiar Comunicación Social. Desde mi formación académica he tenido un fuerte interés por los procesos culturales y comunicativos de los pueblos indígenas. En 2011 realicé una investigación sobre la Yonna, baile típico del pueblo wayuu y posteriormente, en 2014 trabajé con el actual Cabildo Indígena Zenú de Membrilla, Cartagena, con quienes a través de procesos comunicativos se logró un reconocimiento a nivel local. Con estos procesos académicos y diversas situaciones que he experimentado desde mi formación profesional y personal, me he interesado por los procesos culturales y artesanales de los indígenas. Y desde que inicié esta maestría, que me enseñó la incidencia de la comunicación en la generación de cambios sociales, y conocí a mi compañera Jennifer y su propuesta de trabajo a favor de la comunidad wayuu, me interesé por apoyar este proceso, del que cada día me he enamorado. En este transitar por la cultura pudimos reconocer que el saber ancestral de la tejeduría del chinchorro, considerado parte fundamental de la identidad de la etnia wayuu, peligra por falta de relevo generacional y puede producir rupturas en la trasmisión de la identidad, del conocimiento y del sentido de pertenencia. Para evitar dichas rupturas entendimos que era necesario construir puentes o, mejor dicho, tejerlos, así como se teje un chinchorro, en colectividad. También comprendimos que es necesario recuperar el capital simbólico a través del uso y el reconocimiento. Cuando mi familia y yo (Jennifer) llegamos a vivir a Bogotá, en cada casa que vivimos, buscamos la forma de colgar chinchorros en los cuartos, a pesar de que la infraestructura no estaba hecha para tal uso. Sin embargo, lográbamos la forma de colgar en un cuarto de una casa en Bogotá, el mismo chinchorro que provenía desde la Alta Guajira. Mi 57 familia y yo, sin saberlo al usarlos, nos estábamos apropiando de un capital simbólico de los wayuu, y dándole reconocimiento, aún sin estar en el territorio ancestral. La comunicación para el cambio social es el hilo que puede permitir la construcción de sentido y propiciar un encuentro entre artesanas mayores y mujeres jóvenes que ayude a reconocerse como parte del mismo origen, del de los saberes indígenas wayuu. La elaboración del chinchorro es un acto comunicativo en todo su esplendor. Por eso debe ser la misma comunicación la que permita integrar en ese proceso a las jóvenes, y de esta manera involucrarlas en la protección del conocimiento y las tradiciones wayuu para salvaguardarlas. En segundo lugar, una justificación disciplinaria. Ya que este proyecto contribuye al empoderamiento, la autonomía y la autodefinición de una comunidad en específica, la wayuu de Puerto Estrella; el campo de la comunicación para el cambio social aporta en la manera como se utiliza el Modelo SBCC (Social and Behavior Change Communication) para trabajar en temas como el de la comunicación propia y la comunicación apropiada adaptado a poblaciones étnicas y a procesos de identidad; en donde además existe un diálogo entre referentes conceptuales occidentales/europeos con procesos de comunicación y transmisión de conocimientos locales. Se establece una relación entre el capital simbólico y la comunicación propia que supera una discusión histórica entre lo foráneo y lo propio. En tercer lugar, una justificación social. Colombia requiere por un lado, un trabajo dedicado y significativo que permita reconectar a las nuevas generaciones de los pueblos indígenas, y de los grupos étnicos en general, con su legado cultural para cerrar las brechas y fortalecer procesos de identidad; y por otro lado, estrategias que ayuden a que personas externas a las culturas indígenas valoren los saberes ancestrales y las costumbres tradicionales de los 58 pueblos indígenas, para que estos a su vez, repercutan en políticas públicas que los beneficien directamente. Para resignificar los pueblos originarios es necesario recrear nuevas formas de aproximación y asumir otras alternativas de trabajo. Este proyecto es una apuesta a eso, a fortalecer una forma de trasmisión del conocimiento ancestral y tradicional indígena, para conectar a las nuevas generaciones con la identidad del ser wayuu. 59 OBJETIVO GENERAL Contribuir al fortalecimiento de la identidad del ser wayuu, en la comunidad de Puerto Estrella en la Alta Guajira, a través de la construcción de capital simbólico mediante la recuperación de la práctica del tejido del Chinchorro. OBJETIVOS ESPECÍFICOS - Reconfigurar, a través de procesos participativos, la valoración simbólica que tienen tanto las jóvenes, artesanas y mujeres mayores wayuu, en la comunidad de Puerto Estrella, en relación con la práctica del tejido del chinchorro como elemento de identidad cultural. - Establecer las limitaciones y potencialidades existentes en la comunidad de Puerto Estrella, Alta Guajira, para que la práctica del tejido de chinchorro pueda constituirse en un referente de construcción de capital simbólico. - Potencializar procesos de comunicación propia y apropiada que permitan que la práctica del tejido del chinchorro siga constituyéndose en un referente de fortalecimiento de la identidad cultural wayuu. OBJETIVOS DEL PLAN DE COMUNICACIÓN - Al finalizar el proyecto se habrá incrementado el número de jóvenes wayuu, oriundas de Puerto Estrella, que comienzan a conectarse con los saberes ancestrales, a través del aprendizaje del tejido del chinchorro. - Al finalizar el proyecto al menos 10 mujeres wayuu (prioritariamente las jóvenes), a través del aprendizaje del tejido del chinchorro, expresan la intención de mantenerse en contacto con el territorio y permanecer en constante conexión con su cultura. 60 - Al finalizar el proyecto se habrá incrementado el número de mujeres mayores, que, a través de procesos de comunicación propia, interactúen con jóvenes en procesos de aprendizaje sobre la tejeduría del chinchorro. - Al final el proyecto, la Institución Educativa Rural de Puerto Estrella, habrá institucionalizado dentro del proceso de enseñanza de saberes ancestrales, con estudiantes de secundaria, el tejido del chinchorro con resultados evidentes. - Al menos 3 entidades se habrán vinculado a la realización de actividades de fortalecimiento de la identidad del ser wayuu. 61 METODOLOGÍA Selección de modelo de comunicación para el cambio social Para realizar el abordaje de esta temática hicimos una revisión analítica de los difere