HECHA LIBRO 1. Comienza desde casa Mamá, de nada vale obligar a tu pequeño a leer si tú no lo haces. Esta es una forma de enseñar disciplina positiva, de ahí la necesidad de que seas su mejor ejemplo. Si desde temprana edad te ve con un libro en mano, llegará el momento en que se interese, te consulte y quiera imitarte. 2. Libros atractivos a los 1, 2, 3… años Que esté pequeño no es sinónimo de que no entienda. Antes de que tu bebé comience a hablar entiende una infinidad de palabras, afirma la psicóloga Valeria Sabater en un artículo del sitio La mente es maravillosa. Ofrécele libros coloridos. Siéntate con él (ella). Le encantará escuchar el sonido de tu voz y poco a poco se imaginará escenas en la medida que crece. Todo esto debe iniciarse antes de los tres años para que el niño se interese por los aspectos sonoros. 3. Organización Establece horarios. Los niños necesitan seguir reglas y obligaciones de acuerdo a su edad. Así le inculcarás que existen momentos de esparcimiento, pero también de responsabilidades. Claro está que a la hora de leer, el ambiente debe ser ameno y divertido. Nunca lo muestres como una tortura u obligación. 4. Déjale elegir Ponle atención a sus gustos y preferencia. Mamita, nunca le impongas lo que necesita leer. Tampoco te preocupes por los textos con los que comienza: comics, fantasías, aventuras o ciencia – Ficción. Tu labor es ser una guía porque los niños entre más grandes tendrán nuevos gustos y necesidades. Hazle saber que existen películas de televisión basadas en libros y que también podría dedicar tiempo para descubrir la historia a través de la lectura. 5. Escúchalo ¿Cómo educar a un niño? Esta es una manera de hacerlo. Si le pides que te escuche, él también requiere que tú lo hagas. Responde sus preguntas, ideas o comentarios. Dedícale tiempo. Hazle saber que estás ahí para aclararle sus incógnitas. Cómo incentivar a tu hijo a leer? 1 CuentosCuentos 1. Comienza desde casa Mamá, de nada vale obligar a tu pequeño a leer si tú no lo haces. Esta es una forma de enseñar disciplina positiva, de ahí la necesidad de que seas su mejor ejemplo. Si desde temprana edad te ve con un libro en mano, llegará el momento en que se interese, te consulte y quiera imitarte. - ¡Sí mamá! La niña caminaba tranquilamente por el bosque cuando el lobo la vio y se acercó a ella. - ¿Dónde vas Caperucita? - A casa de mi abuelita a llevarle esta cesta con una torta y mantequilla. - Yo también quería ir a verla…. así que, ¿por qué no hacemos una carrera? Tú ve por ese camino de aquí que yo iré por este otro. - ¡Vale! El lobo mandó a Caperucita por el camino más largo y llegó antes que ella a casa de la abuelita. De modo que se hizo pasar por la pequeña y llamó Había una vez una dulce niña que quería mucho a su madre y a su abuela. Les ayudaba en todo lo que podía y como era tan buena el día de su cumpleaños su abuela le regaló una caperuza roja. Como le gustaba tanto e iba con ella a todas partes, pronto todos empezaron a llamarla Caperucita roja. Un día la abuela de Caperucita, que vivía en el bosque, enfermó y la madre de Caperucita le pidió que le llevara una cesta con una torta y un tarro de mantequilla. Caperucita aceptó encantada. - Ten mucho cuidado Caperucita, y no te entretengas en el bosque. a la puerta. Aunque lo que no sabía es que un cazador lo había visto llegar. - ¿Quién es?, contestó la abuelita - Soy yo, Caperucita - dijo el lobo - Que bien hija mía. Pasa, pasa El lobo entró, se abalanzó sobre la abuelita y se la comió de un bocado. Se puso su camisón y se metió en la cama a esperar a que llegara Caperucita. La pequeña se entretuvo en el bosque cogiendo avellanas y flores y por eso tardó en llegar un poco más. Al llegar llamó a la puerta. - ¿Quién es?, contestó el lobo tratando de afinar su voz- Soy yo, Caperucita. Te traigo una torta y un tarrito de mantequilla. - Qué bien hija mía. Pasa, pasa Cuando Caperucita entró encontró diferente a la abuelita, aunque no supo bien porqué. - ¡Abuelita, qué ojos más grandes tienes! - Sí, son para verte mejor hija mía - ¡Abuelita, qué orejas tan grandes tienes! - Claro, son para oírte mejor… - Pero abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes! - ¡¡Son para comerte mejor!! En cuanto dijo esto el lobo se lanzó sobre Caperucita y se la comió también. Su estómago estaba tan lleno que el lobo se quedó dormido. En ese momento el cazador que lo había visto entrar en la casa de la abuelita comenzó a preocuparse. Había pasado mucho rato y tratándose de un lobo…¡Dios sabía que podía haber pasado! De modo que entró dentro de la casa. Cuando llegó allí y vio al lobo con la panza hinchada se imaginó lo ocurrido, así que cogió su cuchillo y abrió la tripa del animal para sacar a Caperucita y su abuelita. - Hay que darle un buen castigo a este lobo, pensó el cazador. De modo que le llenó la tripa de piedras y se la volvió a coser. Cuando el lobo despertó de su siesta tenía mucha sed y al acercarse al río, ¡zas! se cayó dentro y se ahogó. Caperucita volvió a ver a su madre y su abuelita y desde entonces prometió hacer siempre caso a lo que le dijera su madre. ca pe ru ci ta r oj a 2. Libros atractivos a los 1, 2, 3… años Que esté pequeño no es sinónimo de que no entienda. Antes de que tu bebé comience a hablar entiende una infinidad de palabras, afirma la psicóloga Valeria Sabater en un artículo del sitio La mente es maravillosa. Ofrécele libros coloridos. Siéntate con él (ella). Le encantará escuchar el sonido de tu voz y poco a poco se imaginará escenas en la medida que crece. Todo esto debe iniciarse antes de los tres años para que el niño se interese por los aspectos sonoros. 3. Organización Establece horarios. Los niños necesitan seguir reglas y obligaciones de acuerdo a su edad. Así le inculcarás que existen momentos de esparcimiento, pero también de responsabilidades. Claro está que a la hora de leer, el ambiente debe ser ameno y divertido. Nunca lo muestres como una tortura u obligación. 4. Déjale elegir Ponle atención a sus gustos y preferencia. Mamita, nunca le impongas lo que necesita leer. Tampoco te preocupes por los textos con los que comienza: comics, fantasías, aventuras o ciencia – Ficción. Tu labor es ser una guía porque los niños entre más grandes tendrán nuevos gustos y necesidades. Hazle saber que existen películas de televisión basadas en libros y que también podría dedicar tiempo para descubrir la historia a través de la lectura. 5. Escúchalo ¿Cómo educar a un niño? Esta es una manera de hacerlo. Si le pides que te escuche, él también requiere que tú lo hagas. Responde sus preguntas, ideas o comentarios. Dedícale tiempo. Hazle saber que estás ahí para aclararle sus incógnitas. 2 - ¡Sí mamá! La niña caminaba tranquilamente por el bosque cuando el lobo la vio y se acercó a ella. - ¿Dónde vas Caperucita? - A casa de mi abuelita a llevarle esta cesta con una torta y mantequilla. - Yo también quería ir a verla…. así que, ¿por qué no hacemos una carrera? Tú ve por ese camino de aquí que yo iré por este otro. - ¡Vale! El lobo mandó a Caperucita por el camino más largo y llegó antes que ella a casa de la abuelita. De modo que se hizo pasar por la pequeña y llamó a la puerta. Aunque lo que no sabía es que un cazador lo había visto llegar. - ¿Quién es?, contestó la abuelita - Soy yo, Caperucita - dijo el lobo - Que bien hija mía. Pasa, pasa El lobo entró, se abalanzó sobre la abuelita y se la comió de un bocado. Se puso su camisón y se metió en la cama a esperar a que llegara Caperucita. La pequeña se entretuvo en el bosque cogiendo avellanas y flores y por eso tardó en llegar un poco más. Al llegar llamó a la puerta. - ¿Quién es?, contestó el lobo tratando de afinar su voz- Soy yo, Caperucita. Te traigo una torta y un tarrito de mantequilla. - Qué bien hija mía. Pasa, pasa Cuando Caperucita entró encontró diferente a la abuelita, aunque no supo bien porqué. - ¡Abuelita, qué ojos más grandes tienes! - Sí, son para verte mejor hija mía - ¡Abuelita, qué orejas tan grandes tienes! - Claro, son para oírte mejor… - Pero abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes! - ¡¡Son para comerte mejor!! En cuanto dijo esto el lobo se lanzó sobre Caperucita y se la comió también. Su estómago estaba tan lleno que el lobo se quedó dormido. En ese momento el cazador que lo había visto entrar en la casa de la abuelita comenzó a preocuparse. Había pasado mucho rato y tratándose de un lobo…¡Dios sabía que podía haber pasado! De modo que entró dentro de la casa. Cuando llegó allí y vio al lobo con la panza hinchada se imaginó lo ocurrido, así que cogió su cuchillo y abrió la tripa del animal para sacar a Caperucita y su abuelita. - Hay que darle un buen castigo a este lobo, pensó el cazador. De modo que le llenó la tripa de piedras y se la volvió a coser. Cuando el lobo despertó de su siesta tenía mucha sed y al acercarse al río, ¡zas! se cayó dentro y se ahogó. Caperucita volvió a ver a su madre y su abuelita y desde entonces prometió hacer siempre caso a lo que le dijera su madre. ca pe ru ci ta r oj a 3 Autor: Charles Perrault Lupo era un sapo muy especial que vivía en una charca con sus padres y sus hermanos pequeños. Le encantaba jugar entre los juncos y saltar al agua. Lo que pasaba es que estaba un poco celoso porque pensaba que sus padres hacían más caso a sus hermanos pequeños. A él le pedían que cazase sus propias moscas para comer y que fuese al bosque a buscar hojas con las que taparse por las noches. Pero a sus hermanas todo eso se lo daban hecho, las moscas listas para comer y las hojas mulliditas preparadas para protegerse del frío. Cansado de todo aquello, Lupo se fue a ver a un mago y le pidió que volviese a convertirle en un sapo bebé para que sus padres hiciesen todas esas cosas por él. Lo que pasó fue que, de vuelta a charca, sus padres no le reconocieron y se pusieron muy triste pensando que su hijo Lupo había desaparecido. Decidió entonces volver al mago y decirle que quería volver a ser como antes. El mago le dijo que le ayudaría, pero que debía entender que era normal que sus padres prestasen más atención a sus hermanos pequeños. Que cuando él era como ellos también cuidaban de él, le daban de comer y le arropaban por la noche. El mago le hizo entender que sus hermanos no sabían hacer esas cosas solos y que por eso necesitaban la ayuda de un adulto. -También la de su hermano mayor, recuérdalo, Lupo. Le explLupo y sus hermanosicó, además, que el hecho de que sus padres le pidiesen que hiciera todas esas cosas solo no significaba nada malo, sino que confiaban en él y que sabían que se estaba convirtiendo en un sapo adulto y responsable. Que si le pedían que fuese a cazar moscas o a buscar hojas sabían que no haría nada peligroso y que volvería sano y salvo a la charca. Lupo entendió todo aquello perfectamente y desde entonces nunca más tuvo celos de sus hermanos. lupo y sus hermanos 4 Autor: Silvia Garcia Mario era un niño bueno, pero tan impaciente e impulsivo que pegaba a sus compañeros casi todos los días. Laura, su maestra, decidió entonces pedir ayuda al tío Perico, un brujo un poco loco que le entregó un frasco vacío. - Toma esta poción mágica que ni se ve, ni se huele. Dásela al niño en las manos como si fuera una cremita, y dejará de pegar puñetazos. La maestra regresó pensando que su locuelo tío le estaba gastando una broma, pero por si acaso frotó las manos de Mario con aquella crema invisible. Luego esperó un rato, pero no pasó nada, y se sintió un poco tonta por haberse dejado engañar. Mario salió a jugar, pero un minuto después se le oía llorar como si lo estuvieran matando. Cuando llegó la maestra nadie le estaba haciendo nada. Solo lo LA RIDICULA CREMA INVISIBLE miraban con la boca abierta porque… ¡Le faltaba una mano! - ¡Ha desaparecido! ¿Qué pasó? ¡Haz ese truco otra vez! - decía Lola. Pero Mario no había hecho ningún truco, y estaba tan furioso que trató de golpear a la niña. Al hacerlo, la mano que le quedaba también desapareció. Laura se llevó corriendo a Mario y le explicó lo que había ocurrido, y cómo sus manos habían desaparecido por usarlas para pegar. A Mario le dio tanta vergüenza, que se puso un jersey de mangas larguísimas para que nadie se diera cuenta, y ya no se lo volvió a quitar. Entonces fueron a ver al tío Perico para que deshiciera el hechizo, pero este no sabía. - Nunca pensé darle la vuelta. No sé, puede que el primo Lucas sepa cómo hacerlo… ¡Qué horror! El primo Lucas estaba aún más loco que Perico, y además vivía muy lejos. La maestra debía empezar el viaje cuanto antes. - Voy a buscar ayuda, pero tardaré en volver. Mientras, intenta ver si recuperas tus manos aguantando sin pegar a nadie. Y Laura salió a toda prisa, pero no consiguió nada, porque esa misma noche unas manos voladoras -seguramente las del propio Mario- se la llevaron tan lejos que tardaría meses en encontrar el camino de vuelta. Así que Mario se quedó solo, esperando a alguien que no volvería. Esperó días y días, y en todo ese tiempo aguantó sin pegar a nadie, pero no recuperó sus manos. Siempre con su jersey de largas mangas, terminó por acostumbrarse y olvidarse de que no tenía manos porque, al haber dejado de pegar a los demás niños, todos estaban mucho más alegres y lo trataban mejor. Además, como él mismo se sentía más alegre, decidió ayudar a los otros niños a no pegar, de forma que cada vez que veía que alguien estaba perdiendo la paciencia, se acercaba y le daba un abrazo o le dejaba alguno de sus juguetes. Así llegó a ser el niño más querido del lugar. Con cada abrazo y cada gesto amable, las manos de Mario volvieron a crecer bajo las mangas de su jersey sin que se diera cuenta. Solo lo descubrió el día que por fin regresó Laura, a quien recibió con el mayor de sus abrazos. Entonces pudo quitarse el jersey, encantado por volver a tener manos, pero más aún por ser tan querido por todos. Tan feliz le hacía tanto cariño que, desde aquel día, y ante el asombro de su maestra, lo primero que hacía cada mañana era untarse las manos con la crema mágica, para asegurarse de que nunca más las volvería a utilizar para pegar a nadie. Fin 5 Mario era un niño bueno, pero tan impaciente e impulsivo que pegaba a sus compañeros casi todos los días. Laura, su maestra, decidió entonces pedir ayuda al tío Perico, un brujo un poco loco que le entregó un frasco vacío. - Toma esta poción mágica que ni se ve, ni se huele. Dásela al niño en las manos como si fuera una cremita, y dejará de pegar puñetazos. La maestra regresó pensando que su locuelo tío le estaba gastando una broma, pero por si acaso frotó las manos de Mario con aquella crema invisible. Luego esperó un rato, pero no pasó nada, y se sintió un poco tonta por haberse dejado engañar. Mario salió a jugar, pero un minuto después se le oía llorar como si lo estuvieran matando. Cuando llegó la maestra nadie le estaba haciendo nada. Solo lo miraban con la boca abierta porque… ¡Le faltaba una mano! - ¡Ha desaparecido! ¿Qué pasó? ¡Haz ese truco otra vez! - decía Lola. Pero Mario no había hecho ningún truco, y estaba tan furioso que trató de golpear a la niña. Al hacerlo, la mano que le quedaba también desapareció. Laura se llevó corriendo a Mario y le explicó lo que había ocurrido, y cómo sus manos habían desaparecido por usarlas para pegar. A Mario le dio tanta vergüenza, que se puso un jersey de mangas larguísimas para que nadie se diera cuenta, y ya no se lo volvió a quitar. Entonces fueron a ver al tío Perico para que deshiciera el hechizo, pero este no sabía. - Nunca pensé darle la vuelta. No sé, puede que el primo Lucas sepa cómo hacerlo… ¡Qué horror! El primo Lucas estaba aún más loco que Perico, y además vivía muy lejos. La maestra debía empezar el viaje cuanto antes. - Voy a buscar ayuda, pero tardaré en volver. Mientras, intenta ver si recuperas tus manos aguantando sin pegar a nadie. Y Laura salió a toda prisa, pero no consiguió nada, porque esa misma noche unas manos voladoras -seguramente las del propio Mario- se la llevaron tan lejos que tardaría meses en encontrar el camino de vuelta. Así que Mario se quedó solo, esperando a alguien que no volvería. Esperó días y días, y en todo ese tiempo aguantó sin pegar a nadie, pero no recuperó sus manos. Siempre con su jersey de largas mangas, terminó por acostumbrarse y olvidarse de que no tenía manos porque, al haber dejado de pegar a los demás niños, todos estaban mucho más alegres y lo trataban mejor. Además, como él mismo se sentía más alegre, decidió ayudar a los otros niños a no pegar, de forma que cada vez que veía que alguien estaba perdiendo la paciencia, se acercaba y le daba un abrazo o le dejaba alguno de sus juguetes. Así llegó a ser el niño más querido del lugar. Con cada abrazo y cada gesto amable, las manos de Mario volvieron a crecer bajo las mangas de su jersey sin que se diera cuenta. Solo lo descubrió el día que por fin regresó Laura, a quien recibió con el mayor de sus abrazos. Entonces pudo quitarse el jersey, encantado por volver a tener manos, pero más aún por ser tan querido por todos. Tan feliz le hacía tanto cariño que, desde aquel día, y ante el asombro de su maestra, lo primero que hacía cada mañana era untarse las manos con la crema mágica, para asegurarse de que nunca más las volvería a utilizar para pegar a nadie. Fin 6 Autor: Pedro Pablo Sacristan Había una vez un hermoso árbol plantado en un granbosque, con tronco recto y fuerte de color marrón.Sus ramas eran finas, sus hojas de color verdeoscuro y sus flores muy l lamativas que muchas veces se convertían en ricas frutas, En su copa había un nido con dospichoncitos y cada mañana se podía escuchar ala madre de éstos dando la bienvenida al día quecomenzaba a través de su dulce canto.Este maravilloso árbol daba sombra y frescor, sus ramas brindaban asientos y cuando éstas jugaban conel viento dejaban caer sus ricas frutas al suelo las cualesservían de suculento alimento.Sin embargo, a su lado, vivía otro árbol seco, feo ypequeñito que le miraba con mucha envidia, ¿Qué haces para estar tan bello y frondoso? Porque yo lo he intentado y no he podido lograrlo _ preguntó el árbol seco.No puedes ser bello y frondoso porque estás podrido de envidia y malos sentimientos en tu interior_ explicó el frondoso árbol. _ ¿Y qué debo hacer? _ preguntó tristemente el árbol seco con lágrimas en sus dos únicas hojitas. Debes curarte por dentro para que pueda brotar la belleza que duerme entu interior _ expuso el frondoso árbol. Entonces el árbol seco reflexionó y decidió sacar todos los malos sentimientos que le habían hecho permanecer podrido y seco durante tanto tiempo, Y desdeese momento la hermosura que había dentro del él comenzó a agitarsehaciendo que salieran ramas y hojas verdes, bellas flores y ricas frutas alcanzando así una gran altura,Ante este interesante acontecimiento ambos árboles lo celebraron muyfelices con un concierto de ruiseñores en sus ramas y se hicieron muybuenos amigos. El árboL / envidioso Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 7 Autor: Maria Abreu La lengua a don Matías le gustaba comer bien y ordenó, cierta vez, a su cocinera:—Hoy me presentarás a la mesa lo mejor que puedas encon-trar en el mercado. Y la cocinera, para agradar al amo, le preparó un apetitoso guiso de lengua. Otro día, insistiendo el patrón en sus refinados gus-tos, dijo ser servidora: —Tráeme hoy el bocado más ordinario que halle s en el mer- cado. Y la cocinera volvió a traerle lengua. Don Matías, muy extrañado, le interrogó: —¿Cómo se explica esto? —La lengua, don Matías, es, a la vez, lo mejor y lo peor que hay en este mundo —arguyó la cocinera---. Si es buena, no existe cosa mejor; y si, por el contrario, es mala, no hay cosa peor. La lengua No hay cosa más amarga ni más dulce que la lengua. Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 8 Autor: Sabino Pérez Ramírez LAS GALLINAS GORDAS Y LAS FLACAS Vivían en cierto corral varias gallinas: unas gordas y bien cebadas, y otras, por lo contrario, flacas y desmedradas. Las gallinas gordas, orgullosas de su buena facha, se burlaban de las flacas, llamándolas esqueletos vivientes, muertas de ham-bre, etc. Mas he aquí que el cocinero, debiendo preparar algunos platos para el banquete de Año Nuevo, bajó al gallinero y eligió las mejores que allí habían. La elección, lector, no fue dificil Las gallinas gordas, viendo su fatal destino, envidiaron entonces la mejor suerte de sus compañeras flacas y esqueléticas. La suerte de la fea, la bonita la desea Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 9 Autor: Fábulas de Esopo Una liebre preguntó, en cierta ocasión, a la zorra: —¿Podrías informarme si tienes de verdad muchas ganancias en tus correrías y por qué te llaman astuta? —Ya que no lo sabes —respondió la zorra—, ven a mimodestísima casa y cenemos juntas.La ingenua liebre aceptó la invitación; más, en casa de la embustera no había otra comida que la misma liebre. Entonces ésta, resignada a morir, le dijo: —Ahora sé, para mi mal, de donde viene tu nombre. No es de las ganancias, sino de tus embustes. -—iSi no fuera por mi astucia, amiga mía, el hambre me aniquilaría! —le replicó la sabida raposay la liebre y la zorra La curiosidad pena y el curioso se condena. Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 10 Autor: Fábulas de Esopo EL LEON Y LA CABRAEL LEON Y LA CABRA Un león hambriento, viendo que no le era fácil subir a los riscos en que pastaba una cabra, se fue acercando poco a poco. Pronto se dio cuenta que le sería imposible llegar hasta la cabrita y entonces, le dirigió cariñosas frases invitándola a pastar juntos la fresca y aromática hierba de la pradera, —Veja estas peñas estériles —le dijo— y baja a los prados donde yo habito, amiga mía! —Tienes razón, así lo haré —replicó la cabra—, pero cuando estés muy lejos de este lugar. No escuches del enemigo el consejo, si no quieres perder el pellejo. Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 11 Autor: Félix Maria Samaniego La sirvienta de una casa, por descuido, derramó buenacantidad de miel sobre el piso. —Aquí está la fuente de vida eterna —pensaron las moscas que, guiadas por el olfato, se abalanzaron sobre el dulce charco. Ocurrió que al posarse sobre la miel quedaron de patas y alas pegadas, sin poder volar, —iAy, pobres de nosotras que, por mísera golosina, encontramos la muerte!—, así se lamentaban en la agonía. Y, aunque parezca exageración, miles de moscas murieron como las primeras. Placeres en exceso, males en proceso. las moscas Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 12 Autor: Horacio Quiroga Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. LA PRECIOSA LEYENDA MAYA DE LA LUCIÉRNAGA Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 13 Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. 14 Autor: Desconocido Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. Una familia de ratones vivía en la cocina de una enorme casa. Ellos eran muy felices, hasta que un día la dueña del hogar adoptó un lindo gatito. El gatito creció y se convirtió en un gran cazador que estaba siempre al acecho. Cansados de vivir en peligro, los ratones se reunieron para ponerle fin a tan difícil situación. En la reunión se discutieron muchos planes, pero ninguno parecía ser bueno. Por fin un joven ratoncito se levantó y dijo: —Tengo un plan muy sencillo, pero puede ser exitoso. Atemos un cascabel al cuello del gato y por su sonido sabremos siempre el lugar donde se encuentra. La ingeniosa propuesta fue acogida por todos los ratones. De repente, un viejo y sabio ratón se levantó y les preguntó: – Muy bien, pero ¿quién de ustedes le pone el cascabel al gato? Todos los ratones se quedaron calladitos. Moraleja: Es más fácil decir las cosas que hacerlas. EL CASCABEL DEL GATO 15 Autor: Félix Maria Samaniego Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. A un lobo que comía un hueso, se le atragantó el hueso en la garganta, y corría por todas partes en busca de auxilio Encontró en su correr a una grulla y le pidió que le salvara de aquella situación y que enseguida le pagaría por ello. Aceptó la grulla e introdujo su cabeza en la boca del lobo, sacando de la garganta el hueso atravesado. Pidió entonces la cancelación de la paga convenida. - Oye amiga - dijo el lobo - ¿ No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca ? Moraleja: Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías si te dejan sano y salvo. EL LOBO Y LA GRULLA 16 Autor: Fabula de Sopo Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. Érase una vez una gallinita roja que encontró un grano de trigo. —¿Quién plantará este grano? —preguntó. —Yo no —dijo el perro.Yo no dijo el gato.Yo no dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo! Y plantó el grano de trigo y este creció muy alto. —¿Quién cortará este trigo? —preguntó la gallinita roja. —Yo no dijo el perro.Yo no dijo el gato.Yo no dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo dijo la gallinita roja. ¡Clo, clo! Y cortó el trigo. ¿Quién llevará el trigo al molino para hacer la harina? —preguntó la gallinita roja.Yo no dijo el perro.Yo no dijo el gato.Yo no dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo! Llevó el trigo al molino y más tarde regresó con la harina. —¿Quién amasará esta harina? —preguntó la gallinita roja. —Yo no —dijo el perro.Yo no dijo el gato.Yo no dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo dijo la gallinita roja. ¡Clo, clo! La gallinita amasó la harina y luego horneó el pan. —¿Quién se comerá este pan? —preguntó la gallinita roja. —Yo dijo el perro.Yo dijo el gato.Yo dijo el cerdo. —No, me lo comeré yo dijo la gallinita roja. ¡Clo, clo! Y se comió todo el pan. Moraleja: No esperes recompensa sin colaborar con el trabajo. LA GALLINITA ROJA 17 Autor: Fabula de Sopo Autor: Ronne Randall Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. Había una vez un hombre que tenía un caballo y un asno. Una tarde, cuando iban de camino a la ciudad, el asno, muy agotado por llevar toda la carga le dijo al caballo: —Por favor, amigo, tú no llevas nada, ayúdame con una pequeña parte de esta carga. El caballo, siendo muy egoísta, se hizo el sordo. En la mitad del camino, el asno se desplomó víctima de la fatiga. El dueño le echó toda la carga al caballo, incluyendo al asno enfermo. El caballo, suspirando dijo: — ¡Qué mala suerte tengo! Por no haber querido ayudar ahora tengo que cargar con todo, y hasta con el asno. Moraleja: Aquel que no ayuda a su prójimo cuando lo necesita, tarde o temprano termina perjudicándose a sí mismo. EL CABALLO Y EL ASNO 18 Autor: La Fontaine Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. Una paloma vio caer a una hormiga en un arroyo. La hormiga luchó en vano por llegar a la orilla y, compadecida, la paloma dejó caer la hoja de un árbol junto a ella. Aferrándose a la hoja como un marinero náufrago, la hormiga flotó a salvo hasta la orilla. La hormiga estaba muy agradecida con la paloma por salvarle la vida. Al día siguiente, la hormiga vio a un cazador apuntando a la paloma con una piedra. Sin pensarlo dos veces, se metió dentro del zapato del cazador y le picó el pie, haciéndolo perder el tiro del dolor. De esa manera, la hormiga salvó la vida de la paloma. Moraleja: Una buena acción es recompensada con otra buena acción. Y LA PALOMA LA HORMIGA 19 Autor: Esopo Hace mucho, mucho tiempo en el Mayab (la Tierra en sus comienzos), existió un hombre que podía curar todas las enfermedades. La noticia se extendió y pronto llegaron hasta él muchas personas en busca de sanación. Para curar sus males, él sacaba una pequeña piedra verde de su bolsillo y susurraba unas palabras. Esto bastaba para curarles. Pero un día, el hombre salió a pasear por la selva. Caminó tanto que cansado, decidió dormir un rato bajo un árbol. Pero al cabo de unos minutos, una intensa lluvia le despertó, y salió corriendo hacia su casa, con tan mala fortuna, que con las prisas la piedra verde se cayó de su bolsillo. Al llegar a su casa, una mujer le esperaba. Necesitaba que curara a su hijo. Pero cuando fue a buscar su piedra, no la encontró. Entonces pensó en cómo encontrar algo tan pequeño en una selva tan grande. – ¡Ya lo tengo!- dijo el hombre esperanzado- ¡Pediré ayuda a Cocay! Cocay era un insecto volador pequeño pero muy ágil y rápido. ¡Y conocía muy bien todos los rincones de la selva! Así que Cocay se prestó voluntario para buscar la piedra. Se metió en todos los rincones, incluso entre las hojas y la hierba. Buscó entre las ramas de los árboles y el agua del riachuelo. Y a pesar de estar agotado, cocay no quiso parar. Cuando se echó a noche encima, Cocay lloró desconsolado porque quería seguir buscando y no podía ver. Entonces, su pequeño cuerpo empezó a brillar e iluminado, el pequeño insecto siguió buscando… hasta encontrar la pequeña piedra verde. Cocay llevó muy contento la piedra a su dueños y éste, al ver al pequeño insecto brillar, se sintió tan orgulloso que le dijo: – Has demostrado tu entrega, esfuerzo y perseverancia. Tienes luz propia, pequeño Cocay, pero a partir de ahora la tendrás siempre. Tu cuerpo brillará en medio de la noche. Y desde aquel día, Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas. Con esta preciosa leyenda, podemos trabajar estos valores: – El valor de la generosidad. – La bondad. – El esfuerzo y la perseverancia. ADENTRANDOSE LECTURA CREANDO SUS PROPIOS CUENTOS 20 Había una vez una hermosa niña llamada Daniela que su mama la consentía mucho y le gustaba estudiar matemáticas, un día la profesora decidió hacerles un examen para saber cómo estaban en su aprendizaje. Daniela que le encantaba su materia preferida fue la primera en terminar y la mejor del grupo. La profesora felicito su buen desempeño cuando Daniela llego a su casa tan feliz su mamita le pregunto ¿porque estas tan feliz? Y ella muy feliz le respondió que su profesora le había felicitado por su desempeño en el colegio. Su mamita muy orgullosa de su hija Daniela le preparo una rica torta para festejar su desempeño en el colegio LA MATEMATICALA MATEMATICA autor: daniela diaz ( 6 años ) 2121 Una mariquita que se llamaba Sofía fue a pasear al bosque. En el bosque había un periquito y un estanque con ranas y cisnes. Llego un mosquito y le chipo la sangre. Entonces Sofía se quedó sin sangre y no podía pensar. El periquito como estaba vigilando lo vio todo y lo ayudo dándole queso y picos porque dan mucha fuerza cuando Sofía se puso bien ya podía pensar le dio las gracias y un paquete al periquito. Dentro del paquete había un quimono el periquito se lo puso y le gusto porque era muy cómodo. LA MARIQUITA Y EL MOSQUITO autor: hanna sofia garzon ( 5 años ) 22 Había un niño que deseaba ser arquero, una vez un profesor de futbol lo eligió para que jugara en su equipo, él jugaba, en el puesto que lo ubicaban, pero él no se sentía bien; un día estaban iniciando torneo muy importante y el arquero no pudo asistir porque tuvo que viajar el profesor muy preocupado por la falta del arquero pregunto a sus jugadores que si alguno quería tapar, el niño levanto la mano y dijo //yo// y así fue, tapo todo el tiempo hasta que quedaron campeones y se hizo titular del equipo. UN SUEÑ HECHO REALIDAD autor: daniel martinez( 5 años ) 23 el guerrero y el oso Había una vez un valiente guerrero que fue a buscar un oso muy bravo en la selva. el guerrero coloco una trampa para capturar el oso, pero el oso era muy inteligente. Y para no caer en la trampa consiguió dos árboles y coloco un árbol a un lado y el árbol salto tan alto que no cayó en la trampa. El oso decidió volver y quitar los árboles que cubrían la trampa. El guerrero pasaba revisar a trampa pero sin darse cayo en la trampa pero sin darse cuenta cayo en la trampa y el oso fue a ayudarle. Le dijo al guerrero que “un guerrero no maltrataba a los animales”. El oso y el guerrero se hicieron amigos, desde aquel día ellos cuida os animales de la selva de todo peligro y colorín colorado este cuento se ha terminado autor: carlos alberto vargas( 6 años ) 24 Un día la pollita danna, se soñó con un arcoíris de colores hermosos, cuando despertó busco un espejo, se vio y dijo me gustaría ser de colores así como el arcoíris. Fue corriendo a hablar con sus hermanitos, pero ellos se reían de danna …¡danna la loca, danna la loca decían sus hermanos, el papa la vio triste y le compro una caja de pinturas ella tan feliz, hizo un dibujo de ella y su familia cada uno de color diferente y dibujo un arcoíris. UNA POLLITA LLAMADA danna autor: LEIDY GARZON PEREZ( 6 años ) 25 UNA OSA DORMILONA habia una osaque se llamaba harina y todos la molestaban porque se la pasaba durmiendo, pero a ellale daba igual porque ella descubrio que no era igual a los otros osos, ella era de la familia de los osos dormilones. autor: HEYDI VALENTINA PINZON ( 5 años ) 26 en limA Habia una vez una niña llmada valentina que vivia en un a casa que estaba encima,de un conejo que se llamaba lina.que ella saliopor un agujero a valentina le gustaba mucho su casa porque queria mucho a su casa, su casa brincaba hasta el colegio y por eso nunca llegaba tarde, todos sus amigos tenian casas parecida a la de ella con animales. Pero valentina amaba y le parecia unica su casa de conejo. Fin mi casa autor: ANDRES FELIPE TORREZ ( 6 años ) 27 Había una vez en un cuarto dos niños que dormían muy tranquilamente, hasta que oyeron unos ruidos muy extraños y decidieron averiguarlo que sucedía uno de los niños prendió la linterna. El niño que estaba encima cogió la almohada y miró en el ropero, vió como la gorra, chaqueta, pantalón y zapatos armaban una persona y el niño de la cama de abajo vio como cobraba vida. Se levantaron un poco asustados pero prendieron la luz y empezaron a jugar. Ellos bailaron, saltaron y jugaron cuando abrieron la puerta era su papa que llego y los sorprendió jugando. Un cuarto alborotado autor: MARIA JOSE BELTRAN ( 6 años ) 28 Había una vez una bruja que patinaba en un circo. ¡Ella un día estaba volando en su escoba pero estaba muy aburrida cuando a lo lejos vio algo muy brillante, bajo a ver que era, se sorprendió al encontrar una bellos patines rojos, pero ella no sabía patinar, la bruja busco un lugar para aprender y buscando encontró un circo. En el circo había una jirafa que patinaba muy bien la bruja le dijo a la jirafa que le enseñara, pero la jirafa se reía y le dijo- no porque yo soy la única estrella que patina, la bruja se puso triste y empezó a llorar, las lágrimas cayeron en los patines y de repente ella recordó un hechizo para aprender cualquier oficio ella lo recito y los patines mágicamente aparecieron en sus pies, ella empezó a patinar, hacia acrobacias y el dueño del circo la vio y le dijo quiero que trabaje en el circo. Pero la jirafa se enojó y la bruja le dijo no El señor dijo porque, ella dijo porque no me gusta quitarle el trabajo a nadie, la jirafa s sintió agradecida y le dijo a la bruja que trabajaran juntas y ella le contesto que si entre las dos hicieron el mejor espectáculo del circo La bruja y sus patines circo autor: TATIANA GOMEZ ( 5 años ) 29 UN LIBRO ES UNA VENTANA A UN MUNDO LLENO DE AVENTURAS, FOMENTAR LA LECTURA DESDE LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA TIENE GRANDES BENEFICIOS PARA CADA NIÑO, ES TAREA DE TODOS QUE NO SE EXTINGA. RECUERDA “ SI QUIERES AVENTURA LANZATE A LA LECTURA ” Mientras más lees, más cosas sabrás. Cuantas más cosas aprendas a más lugares viajaras. - Dr. Seuss Doris Johana Vega Benitez LIC. PEDAGOGÍA INFANTIL